Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
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Heredera
A la mañana siguiente, cuando el sol apenas comenzaba a iluminar los tejados del pueblo, Leilani ya estaba lista.
Había comprado lo básico para la casa.. una cama sencilla pero firme, mantas gruesas, utensilios de cocina, un baúl resistente con cerradura doble y algunas provisiones. Nada lujoso. Nada que llamara la atención.
Solo lo necesario.
Guardó cuidadosamente el libro de magia y los documentos dentro del baúl antes de salir. Aún no tenía el dinero, pero pronto lo tendría… y necesitaba actuar con calma.
La oficina del reino estaba ubicada cerca de la plaza principal, en un edificio de piedra gris con columnas sobrias y el escudo real grabado sobre la entrada. No era ostentosa, pero sí imponente.
Al entrar, el ambiente era formal. Hombres y mujeres con túnicas administrativas revisaban pergaminos y sellaban documentos con meticulosa precisión.
Leilani sintió un ligero temblor en el estómago.
Este era el momento.
Se acercó al mostrador principal.
—Buenos días. Vengo a cobrar una herencia —dijo con voz firme, aunque por dentro su corazón latía con violencia.
El hombre que la atendió era de mediana edad, rostro severo pero no cruel. Tomó los documentos y los examinó con detenimiento. Revisó cada sello, cada firma, cada marca notarial.
Luego levantó la vista.
—Su identificación.
Leilani entregó el documento a nombre de Leilani Vitra Baston… aunque públicamente se presentara solo como Baston. El hombre comparó nombres, fechas, sellos.
El silencio se hizo pesado.
Demasiado pesado.
Finalmente, el funcionario frunció el ceño ligeramente.
—Falta algo más.
El mundo se inclinó.
Leilani sintió que el aire desaparecía de sus pulmones. Sus dedos se enfriaron. Por un segundo creyó que todo había terminado. ¿Habían invalidado los papeles? ¿Su padre había hecho algo? ¿La estaban rastreando?
—¿Q-qué falta? —preguntó, controlando a duras penas su voz.
El hombre la miró con cierta sorpresa ante su evidente tensión.
—No se alarme. Los documentos están protegidos con magia de sangre. Necesitamos confirmar la línea hereditaria.
Leilani parpadeó.
[¿Magia… de sangre?]
—Es un procedimiento comun cuando se trata de sumas altas.. Una gota será suficiente.
El aire volvió a sus pulmones.
No era una trampa.
Era seguridad.
Asintió.
Una asistente se acercó con una pequeña aguja de plata grabada con runas finas. Le tomó la mano con cuidado.
—Solo un momento.
El piquete fue leve. Apenas una punzada.
Una gota de sangre roja brillante cayó sobre el espacio marcado del documento.
Durante un segundo no ocurrió nada.
Luego, el pergamino reaccionó.
Un tenue resplandor verde.. su verde.. recorrió las líneas escritas. El sello familiar se iluminó con claridad, revelando un emblema que había permanecido oculto.. el símbolo materno de los Baston entrelazado con una rama estilizada.
La prueba era inequívoca.
Ella era la heredera.
El funcionario asintió con aprobación.
—Confirmado. Le corresponde la totalidad de la herencia estipulada.
Se levantó y desapareció por una puerta trasera que conducía a la cámara de resguardo.
Mientras esperaba, Leilani permaneció de pie, inmóvil.
Pero por dentro…
Los pensamientos se arremolinaban.
Magia de sangre.
Eso significaba que nadie más podía cobrar ese dinero.
Ni siquiera Lord Vitra.
Solo ella.
Entonces una idea se formó, lenta y fría.
Quizás por eso.
Quizás por eso su padre nunca la había expulsado del todo.
La había ignorado. Humillado. Permitido que la acosaran.
Pero nunca la había eliminado.
Nunca la había enviado lejos definitivamente.
Porque necesitaba que estuviera viva.
Porque en algún momento, para acceder a esa fortuna… necesitaría su sangre.
Su presencia.
Su existencia.
Leilani sintió una mezcla de náusea y lucidez.
No había sido compasión.
No había sido deber.
Había sido conveniencia.
La puerta se abrió.
El funcionario regresó acompañado por dos asistentes que transportaban una caja fuerte pequeña de hierro con cerradura sellada y varios documentos bancarios.
—Puede retirar una parte en efectivo o mantenerlo bajo resguardo en nuestras bóvedas del reino.. También puede transferir fondos a otras oficinas oficiales en distintas ciudades.
Era mucho dinero.
Mucho más del que había imaginado.
Leilani mantuvo el rostro sereno.
—Retiraré una parte.. El resto permanecerá bajo resguardo por ahora.
No sería imprudente.
No llevaría encima una fortuna que pudiera convertirla en objetivo.
Firmó los registros.
Recibió las bolsas selladas con el adelanto que había solicitado y los documentos que acreditaban su patrimonio.
Cuando salió del edificio, el sol parecía más brillante.
No por la luz.
Sino porque, por primera vez en su vida en ese mundo…
No dependía de nadie.
No era la hija ignorada.
No era la niña débil.
Era Leilani Baston.
Heredera legítima.
Y ahora tenía poder real.
No el poder prestado de un apellido paterno.
Sino el poder que su madre le había dejado.
Y esta vez, nadie podría arrebatárselo.