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EL PROYECTO DOMO

EL PROYECTO DOMO

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis
Popularitas:231
Nilai: 5
nombre de autor: Luis Ochoa

En la ciudad de Arcadia, la rutina terminó en un instante 🔥. Lo que comenzó como un supuesto accidente químico terminó convirtiéndose en el encierro más grande de la historia moderna 💥. Un domo de energía azul eléctrico cubre la ciudad completa: bloquea señales, distorsiona el aire y descarga electricidad a cualquiera que intente cruzarlo ⚡️. Nadie entra. Nadie sale 🚫.

Mientras el caos consume las calles, una infección conocida extraoficialmente como VX-17 comienza a propagarse 🔴. No mata de inmediato. No destruye el cuerpo. Destruye la conciencia 🧠.

Los infectados —apodados Los Vacíos— no sienten dolor, no sienten miedo… solo un impulso violento que los vuelve más rápidos, más agresivos y más activos en la oscuridad 💀.

Pero el verdadero horror no está solo en ellos 🤯. Un grupo de jóvenes atrapados en el Instituto Central Arcadia deberá aprender que sobrevivir no significa seguir siendo humanos 👥. Aislados, vigilados desde el exterior por drones militares 🚁.

NovelToon tiene autorización de Luis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17

La biblioteca del Instituto Central Arcadia ya no era un lugar seguro. El silencio que antes parecía una protección ahora se sentía como una trampa. Tony seguía cerca de la puerta, con el oído pegado al metal. Afuera el pasillo estaba inquietantemente callado… pero ese silencio no era tranquilidad. Era espera.

Rubí estaba de pie cerca de la ventana que daba al patio interior. El cielo comenzaba a cambiar de color. La tarde se estaba muriendo lentamente, tiñendo las paredes del instituto con un tono naranja apagado. Estaba empezando a oscurecer. Y con cada minuto que pasaba, la sensación de encierro se volvía más pesada.

Agustina estaba sentada junto a la chica que habían dejado entrar. La muchacha seguía temblando, abrazándose a sí misma como si su propio cuerpo fuera la única protección que le quedaba. Nadie había hablado en varios minutos.

El estómago de Rubí gruñó suavemente. El sonido la hizo fruncir el ceño. Hambre. También tenía sed. Y el cansancio comenzaba a acumularse detrás de sus ojos como una presión constante.

Habían pasado horas desde que todo empezó. Horas corriendo, escondiéndose, intentando entender lo imposible. Pero no habían comido nada. No habían bebido agua. Y dormir… dormir parecía algo que pertenecía a otro mundo.

Rubí apoyó una mano en la mesa de lectura más cercana. La biblioteca siempre había sido su lugar favorito del instituto.

Un recuerdo cruzó su mente. Unos días antes. Ella estaba sentada exactamente en esa misma mesa, rodeada de libros. Afuera el instituto estaba lleno de ruido y estudiantes corriendo por los pasillos, pero ahí dentro todo era tranquilo.

Su madre estaba sentada frente a ella.

...—Rubí —le había dicho con una sonrisa cansada—, no tienes que quedarte aquí todos los días después de clases....

Rubí había levantado la mirada del libro.

...—Me gusta....

...—¿Leer sobre virus y epidemias también?...

Rubí había encogido los hombros.

...—Es interesante....

Su madre, enfermera en el hospital de Arcadia, había suspirado.

...—A veces entender las cosas no las hace menos peligrosas....

El recuerdo se desvaneció. Rubí volvió al presente. A la biblioteca. A la oscuridad que comenzaba a llenar el edificio.

Agustina habló en voz baja.

...—¿Cómo te llamas?...

La chica tardó un momento en responder.

...—Daniela. Su voz estaba rota....

...—Soy Daniela....

Rubí se giró lentamente hacia ellas.

...—Daniela… ¿qué viste exactamente?...

Daniela levantó la mirada.

...—Ellos… empezaron a atacarse....

Agustina tragó saliva.

...—¿Atacarse?...

Daniela asintió.

...—Primero pensé que era una pelea… pero luego uno de ellos… mordió a otro....

Rubí no apartó la mirada.

...—¿Cuántos eran?...

...—Cuatro… tal vez cinco....

...—¿Y atacaban a todos?...

Daniela negó lentamente.

...—No....

Rubí frunció el ceño.

...—¿A quiénes atacaban?...

Daniela respiró con dificultad.

...—A los que estaban solos… o caídos....

Algo hizo clic en la mente de Rubí. Se giró hacia la ventana. El patio interior estaba casi oscuro ahora. Entonces vio movimiento. Tres Vacíos. Uno de ellos tenía a un estudiante tirado en el suelo.

Rubí observó con atención. El Vacío se inclinó. Y mordió.

El estudiante gritó. Pero lo que realmente perturbó a Rubí fue lo que hacían los otros dos. No atacaban. Solo observaban. Esperaban.

Un segundo recuerdo apareció en su mente. Hospital de Arcadia. Rubí estaba sentada en una silla giratoria en la sala de descanso de enfermería mientras su madre terminaba su turno. En la televisión estaban pasando un documental.

“Los depredadores en la naturaleza no atacan al azar. Evalúan. Observan. Eligen a la presa más vulnerable.”

Rubí recordó haber preguntado:

...—¿Los humanos hacen eso?...

Su madre había respondido:

...—A veces....

El recuerdo desapareció. Rubí volvió a mirar el patio.

...—Tony…...

Tony se giró.

...—¿Qué pasa?...

Rubí habló despacio.

...—No están atacando al azar....

Tony caminó hacia la ventana.

...—¿Qué?...

Rubí señaló el patio.

...—Están eligiendo....

Tony observó con atención. Agustina también se acercó.

...—¿Qué están viendo?...

Rubí respondió:

...—Algunos los matan....

Hizo una pausa.

...—Y a otros los muerden....

Tony frunció el ceño.

...—¿Por qué harían eso?...

Rubí tragó saliva.

...—Porque algunos les sirven para comer… Señaló al estudiante en el suelo....

...—Y otros para convertirlos....

Agustina sintió un escalofrío.

...—Eso es imposible…...

Rubí negó lentamente.

...—No. Sus ojos seguían analizando el patio....

...—Mira bien....

Tony observó otra vez. Y entonces lo notó. Los Vacíos rodeaban primero a los estudiantes más débiles. Los que estaban heridos. Los que apenas podían moverse.

Tony murmuró:

...—Están cazando…...

En ese momento—

BOOM

Un golpe brutal sacudió la puerta de la biblioteca. Agustina gritó. La mesa se movió unos centímetros.

Tony reaccionó de inmediato.

...—Atrás....

Otro golpe.

BOOM

Las sillas vibraron contra el metal. Rubí sintió el miedo subirle por el pecho.

...—Nos encontraron....

Agustina miró la puerta.

...—Van a entrar…...

Tony tomó una decisión inmediata.

...—Nos vamos....

...—¿A dónde? —preguntó Agustina....

Tony respondió mientras quitaba una silla.

...—Al edificio administrativo....

Rubí lo miró.

...—¿Por qué ahí?...

Tony empujó la mesa.

...—Ahí están las oficinas del director. Quitó otra silla....

...—Radios. Empujó la mesa....

...—Teléfonos. Miró a las chicas....

...—Computadoras....

Otro golpe sacudió la puerta.

CRACK

Tony habló con firmeza.

...—Si hay alguna forma de comunicarnos con el exterior… —es ahí....

Entonces Rubí vio algo. Daniela estaba sudando. Respirando mal.

Rubí se acercó.

...—¿Estás bien?...

Daniela no respondió.

Rubí bajó la mirada. Y vio la mordida. Marcas profundas de dientes en su antebrazo. La sangre seca alrededor.

Rubí sintió que el mundo se detenía.

...—Tony…...

Tony se acercó. Y lo vio.

Silencio.

Daniela empezó a llorar.

...—No quería decirlo…...

Agustina retrocedió.

...—No…...

Daniela temblaba.

...—Pensé que… tal vez… no pasaría nada…...

BOOM

La puerta volvió a sacudirse.

Tony cerró los ojos un segundo.

...—Nos vamos ahora....

Tony abrió la puerta. Miró el pasillo. Oscuro. Vacío.

...—Ahora....

Salieron corriendo. El pasillo estaba en penumbra. Las luces del instituto comenzaban a apagarse lentamente. El día estaba muriendo. La noche venía. Y en la oscuridad… los Vacíos eran más peligrosos.

Corrieron. Rubí escuchaba su respiración. Su estómago vacío. La sed quemándole la garganta. Pero detenerse significaba morir.

Entonces escucharon algo detrás. Pasos. Muchos pasos.

Rubí giró la cabeza. Y los vio. Los Vacíos salían del pasillo de la biblioteca. Corriendo. En manada.

Tony gritó:

...—¡AL EDIFICIO ADMINISTRATIVO!...

Doblaron una esquina. Daniela tropezó. Rubí la sostuvo. Pero entonces sintió algo. El brazo de Daniela temblaba violentamente.

Rubí levantó la mirada. Los ojos de Daniela estaban cambiando.

Daniela susurró con voz débil:

...—Lo siento…...

Detrás de ellas… los Vacíos corrían cada vez más cerca.

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