Anna despierta en el cuerpo de Adalia Mordrith, una noble comprometida con el hermano menor del emperador tirano.
En la historia original, Adalia estaba destinada a morir traicionada y ejecutada por su propio esposo, manipulado por su ambiciosa concubina.
Decidida a cambiar su destino, Anna solo quiere una cosa: romper el compromiso y escapar antes de que la tragedia vuelva a alcanzarla.
Pero el imperio no es tan fácil de burlar.
El emperador Azrael Thorne es frío, implacable y temido por todos. Un hombre cuya sola mirada puede condenar a cualquiera. Exactamente el tipo de persona al que Adalia debería evitar.
Y, sin embargo, por una razón que nadie puede explicar… él puede escuchar sus pensamientos.
En un imperio donde una sola palabra del emperador decide la vida o la muerte,
él escucha lo que nadie más puede oír.
Cuando ella entra a su vida, no imagina que su mente es un libro abierto para el tirano más temido del imperio.
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Capítulo 18 - Maratón 2/4
El silencio que quedó en la sala después de las palabras de Azrael era pesado.
Adalia todavía sostenía las manos sobre su falda, pensando en todo lo que acababa de decir. Aún le sorprendía que el emperador la hubiera creído con tanta facilidad.
Finalmente, levantó la mirada hacia él.
—Majestad… —dijo con cierta duda.
Azrael alzó ligeramente la vista hacia ella.
—¿Sí?
Adalia respiró hondo antes de preguntar:
—¿Por qué me creyó tan rápido?
Azrael guardó silencio por un momento.
Luego una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Se reclinó ligeramente en la silla, como si la pregunta le resultara curiosa.
—Porque Godric siempre ha sido ambicioso.
Adalia lo miró con atención.
Azrael continuó con tranquilidad:
—No me sorprende que quiera hacer algo como esto.
Su tono era calmado, casi indiferente.
—Además… no es como si mi hermano y yo fuéramos cercanos.
Se levantó lentamente de su asiento.
Sus pasos fueron tranquilos mientras caminaba alrededor de la mesa.
Hasta detenerse frente a Adalia.
Ella levantó un poco la cabeza para mirarlo.
Azrael se inclinó apenas hacia ella, con esa sonrisa ladeada que parecía aparecer siempre que estaba cerca.
—Godric es hijo de una concubina.
Adalia parpadeó sorprendida.
Azrael continuó hablando como si contara una historia antigua.
—Una mujer que utilizó trucos bastante sucios para meterse en la cama de mi padre.
Su voz no tenía emoción.
Era fría.
—Gracias a eso logró convertirse en concubina.
Adalia escuchaba en silencio.
—Pero mi padre nunca volvió a tocarla después de esa noche.
Azrael cruzó los brazos mientras recordaba.
—Aun así… al poco tiempo ella anunció que estaba embarazada.
Adalia abrió ligeramente los ojos.
—De Godric.
Azrael suspiró con suavidad.
—Yo era solo un niño cuando ocurrió todo eso.
Sus ojos se desviaron un momento hacia la ventana.
—Pero recuerdo muy bien cómo mi madre reaccionó.
Su expresión cambió ligeramente.
—Estaba muy triste.
Adalia sintió un pequeño nudo en el pecho al escucharlo.
—Recuerdo también cómo mi padre le suplicaba perdón.
Azrael dejó escapar una pequeña risa sin humor.
—Aunque yo era demasiado joven para entenderlo completamente… era evidente que él estaba arrepentido.
La sala quedó en silencio otra vez.
Adalia miraba a Azrael con sorpresa.
No esperaba escuchar algo así.
Durante un momento ninguno de los dos habló.
Hasta que Adalia rompió el silencio.
—¿Y sus padres?
Azrael volvió a mirarla.
—¿Los ex emperadores?
Adalia asintió.
—¿Dónde están ahora?
Azrael volvió a sonreír ligeramente.
Pero esta vez la sonrisa era más tranquila.
—Ah…
Se acercó a la ventana, mirando los jardines del palacio.
—Están de viaje.
Adalia levantó una ceja.
—¿De viaje?
Azrael asintió.
—Después de abdicar el trono decidieron disfrutar de su vejez.
Sus labios se curvaron levemente.
—Ahora mismo deben estar recorriendo algún rincón del imperio… viviendo la vida que nunca pudieron tener mientras gobernaban.
Adalia lo observó en silencio.
Y por primera vez desde que entró en esa sala…
Sintió que estaba viendo un lado diferente del emperador.
No al tirano del que todos hablaban.
El silencio volvió a instalarse entre ellos.
Pero esta vez no era incómodo.
Azrael seguía mirando los jardines por la ventana, pensativo.
Adalia lo observó unos segundos más antes de hablar.
—Majestad.
Azrael giró ligeramente la cabeza hacia ella.
—¿Sí?
Adalia se acomodó un poco en la silla.
—Hay algo más que debería considerar.
Azrael alzó una ceja con interés.
—Lo escucho.
Adalia lo miró fijamente.
—Si todo lo que escuché en esa taberna es cierto… su hermano no está solo en esto.
Azrael apoyó un hombro contra la ventana.
—Eso es evidente.
Adalia continuó:
—Había otros nobles con él.
Sus dedos se tensaron ligeramente sobre su falda.
—Hablaban con demasiada seguridad.
Azrael entrecerró ligeramente los ojos.
—Eso significa que llevan tiempo planeándolo.
Adalia asintió.
—Exactamente.
El emperador guardó silencio unos segundos antes de hablar otra vez.
—Eso complica las cosas.
Adalia inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué?
Azrael la miró directamente.
—Porque no puedo arrestarlos sin pruebas.
Adalia suspiró suavemente.
"Claro… política."
Azrael escuchó el pensamiento con claridad.
Al menos entiende cómo funciona esto.
El emperador se separó de la ventana y caminó lentamente hacia la mesa.
—Si actuamos ahora —continuó— solo lograríamos que destruyan cualquier evidencia.
Adalia lo miró con calma.
—Y desaparecerían.
Azrael asintió.
—Exactamente.
Adalia cruzó los brazos.
—Entonces quiere atraparlos a todos de una vez.
Azrael sonrió ligeramente.
—Veo que entiende rápido.
*No era difícil de deducir*
pensó Adalia con cierta ironía.
Azrael contuvo una risa.
Adalia entrecerró los ojos.
—¿He dicho algo gracioso?
—No —respondió Azrael con calma.
Luego añadió:
—Pero sí hay algo que necesito.
Adalia alzó una ceja.
—¿Y qué sería eso?
Azrael apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Pruebas.
—Cartas.
—Registros.
—Nombres de los nobles implicados.
Adalia lo miró fijamente.
—Eso significa que alguien tiene que seguir de cerca a mi tío… y a su hermano.
Azrael sostuvo su mirada.
—Exactamente.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Adalia lo observó unos segundos antes de hablar.
—Quiere que sea yo.
No fue una pregunta.
Azrael sonrió de lado.
—Usted está en la posición perfecta.
Adalia suspiró.
"Genial… ahora soy espía del emperador."
Azrael casi se ríe al escucharla.
Adalia frunció el ceño.
—Otra vez está sonriendo.
Azrael se aclaró la garganta.
—Nada importante.
Luego volvió a ponerse serio.
—Necesito que siga actuando como siempre.
Adalia rodó los ojos.
—¿Como la prometida enamorada del príncipe?
"Dios… qué papel tan patético."
Azrael no pudo evitar una pequeña sonrisa.
Adalia lo miró con sospecha.
—Majestad, empiezo a pensar que está disfrutando demasiado esta conversación.
Azrael se recostó ligeramente en la silla.
—Tal vez un poco.
Adalia suspiró.
—Bien.
Luego lo miró con seriedad.
—Pero si voy a meterme en medio de una conspiración contra el emperador…
Se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Espero que tenga un buen plan para cuando todo esto explote.
Azrael sostuvo su mirada con absoluta calma.
—Lo tengo.
Adalia lo observó unos segundos más.
"Más le vale… porque no pienso morir por culpa de ese par de idiotas."
Azrael sonrió de nuevo.
—Empiezo a pensar, señorita Adalia… que usted será una gran aliada.
Adalia levantó ligeramente la barbilla.
—Más le vale pensar eso, majestad.
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