Morí… y ahora soy la esposa omega del villano.
Según la historia, debía morir.
Según yo, voy a conquistarlo primero.
El problema…
Es que el villano empezó a obsesionarse conmigo antes de lo previsto.
Y ahora no sé quién está reescribiendo a quién.
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Capítulo 1-Morí… y desperté en el lugar equivocado
Me llamaba Mateo Valdés.
Tenía 27 años, cero citas exitosas y una obsesión poco saludable por los villanos incomprendidos.
La última cosa que recuerdo fue estar acostado en mi cama, con el celular sobre la cara, llorando por el final injusto de mi novela BL favorita.
—Cassian D’Avermont merecía algo mejor… —murmuré.
En la historia, el villano terminaba solo, frío y obsesionado con un protagonista que jamás lo eligió.
Y su esposa omega…
Un personaje débil que solo existía para morir trágicamente en el capítulo 23.
Suspiré.
—Si yo estuviera ahí, te trataría mejor.
Dolor en el pecho.
Oscuridad.
Silencio.
Y luego…
El sonido de cortinas moviéndose con el viento.
Abrí los ojos.
Un techo alto decorado con molduras doradas.
Sábanas de seda.
Un aroma desconocido impregnando el aire.
Me senté de golpe.
Algo cayó por mi hombro.
Cabello.
Largo.
Plateado.
Mi respiración se cortó.
Corrí hacia el espejo.
Y lo vi.
Un rostro delicado.
Ojos claros y brillantes.
Piel impecable.
Una silueta esbelta.
No era Mateo.
Era…
—Elian Virel… —susurré.
La esposa omega de Cassian D’Avermont.
El personaje destinado a ser ignorado.
Humillado.
Y eliminado.
Retrocedí un paso.
—No. No, no, no. Yo debía reencarnar como el protagonista. ¡Como mínimo como el rival atractivo!
Pero no.
Era el omega decorativo del villano.
Respiré hondo.
Está bien.
Piensa.
En la novela, Elian era tímido, temeroso, siempre con la cabeza baja.
Yo no.
Si el destino quiere que muera en el capítulo 23…
Tendrá que trabajar más duro.
Un golpe seco en la puerta interrumpió mis pensamientos.
—Señor Elian, el duque lo espera.
El duque.
Mi esposo.
Cassian D’Avermont.
El villano más frío y elegante del imperio.
Mi corazón dio un salto extraño.
Yo lo admiraba.
Lo defendía en comentarios.
Lo analizaba como si fuera real.
Y ahora…
Lo era.
Sonreí lentamente.
Si estoy aquí… no será para seguir el guion.
Será para romperlo.
El comedor principal era imponente.
Y en la cabecera, vestido completamente de negro, estaba él.
Cassian D’Avermont.
Cabello oscuro como tinta.
Ojos profundos.
Expresión impenetrable.
Incluso sentado parecía dominar la habitación.
Cuando entré, apenas levantó la vista.
—Llegas tarde, Elian.
Su voz era baja. Controlada. Fría.
En la historia original, Elian habría bajado la cabeza.
Yo no.
Caminé directo hacia él.
Me detuve frente a su silla.
Y sin pedir permiso…
Me senté en sus piernas.
El silencio fue absoluto.
Un sirviente dejó caer una cuchara.
El cuerpo de Cassian se tensó bajo el mío.
Lentamente, alzó la mirada.
Oscura.
Peligrosa.
—¿Qué estás haciendo?
Incliné el rostro con una sonrisa suave.
—Sentarme con mi esposo.
Un músculo en su mandíbula se marcó.
—Levántate.
—No quiero.
Su mano se apoyó en mi cintura.
Firme.
Caliente.
Demasiado firme.
—Estás actuando diferente.
Me acerqué a su oído.
—Tal vez decidí empezar a comportarme como alguien que ama a su marido.
Silencio.
Sus dedos se tensaron apenas.
Sus ojos descendieron a mis labios.
En la novela, él jamás miraba a Elian así.
Jamás.
—No juegues conmigo —murmuró.
Mi corazón latía rápido.
Pero no de miedo.
De emoción.
Porque Cassian D’Avermont…
Me estaba mirando.
No como un adorno.
No como una carga.
Sino como un desafío.
Apoyé la frente contra la suya.
—Entonces no me provoques.
El aire cambió.
Su agarre se volvió más firme.
—No sabes lo que estás empezando, Elian.
Sonreí.
Oh, sí lo sé.
Estoy empezando mi supervivencia.
Y tal vez…
Tu obsesión.