En la vibrante metrópolis de Shanghái, la sangre no solo corre por las venas; es la moneda de cambio de un imperio que ha gobernado desde las sombras durante milenios.
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 08
Zixuan habló entonces, su voz filtrada por un cariz de dureza, como si cada palabra fuera un sello que sellaba un pacto no escrito.
—Hagamos de esta noche un recordatorio. El Grupo Li no negocia con rumores. Si alguien quiere traer rumores a la mesa, que traiga pruebas, o que se esconda entre los gestos de los diplomáticos. Aquí, las palabras deben ser más fuertes que las heridas.
Lin Mei inclinó la cabeza ligeramente, aceptando el reto silencioso. Wang Yu observó con interés, y a su lado, Chen Wei, el hombre de seguridad, parecía medir a Yan con una mirada que decía: “no eres más que una jugadora en un tablero que no te pertenece”.
La gala continuó. Pero para Yan, cada momento se volvía una escena de tensión con un trasfondo de hambre: hambre de verdad, hambre de venganza, hambre de una historia que no estaba segura de entender. En medio de tortuosas conversaciones sobre inversiones, sobre redes digitales y sobre la posibilidad de que el mundo fuera a girar hacia otro eje si ciertos vínculos se consolidaban, Yan descubrió una especie de verdad oculta: el poder vampírico, en todas sus dimensiones, no era solo sangre y deseo; era un juego de sombras que exigía una precisión quirúrgica. Y Yan, inevitablemente, entraba en ese juego sin saber en realidad cuántas piezas quedaban por descubrir.
La noche terminó con un pequeño acto ritual que, para la gente normal, podría haber parecido una simple firma en un libro de visitas. Para Yan fue un signo enorme: Li Zhou apretó la mano de Zixuan durante un segundo más de lo necesario, y luego dejó la sala sin decir palabra, dejando que el silencio lo sustituyera. Yan se encontró a solas con Zixuan durante un momento que pesaba más que cualquier conversación. Sus ojos, ya cansados de la máscara, reflejaban una mezcla de cansancio y una especie de extraña promesa.
—La gala ha terminado —dijo él, aunque la hora en su reloj indicaba lo contrario. Su voz tenía un tinte de cansancio que poco le quedaba a una criatura que no debería cansarse nunca.
—¿Qué significa todo esto? —preguntó Yan, sin apartar la vista de sus ojos, que parecían buscar en ella una respuesta que no existía.
—Significa que este juego se está volviendo demasiado personal —respondió él, con una frialdad que no era solo cálculo—. Significa que no somos solo dos piezas, sino una duplicación de lo que podríamos ser si lo permitimos. Significa que Li Zhou sabe que te has acercado a la gente que podría hacerle tambalear el reino. Y significa que, si quieres quedarte aquí, tendrás que aprender a moverte entre sombras sin perder lo que eres.
Yan no supo si la respuesta era una promesa o una amenaza. Pero en ese momento, mientras la galería de sombras dejaba a los presentes con la sensación de que algo importante había cambiado, algo se aferró en su interior: la certeza de que ya no podría volver a la vida anterior, que el mundo que conocía estaba roto para siempre y que la única manera de sostenerlo era seguir de pie, con la frente en alto, y con un corazón dispuesto a arriesgarse.
El regreso a la habitación de Zixuan no fue un retorno inocuo. En la penumbra, él parecía más bajo de lo habitual, más vulnerable de lo que ella había visto antes. Sus ojos, que en otras ocasiones parecían vaciarse de humanidad, ahora brillaban con una especie de luz contenida, como si la luna misma se hubiera dejado verse a través de los ventanales para comprobar su propio reflejo en los ojos de Li Zixuan.
—¿Qué te dio esto a cambio? —preguntó Yan, acercándose a él, consciente de que cada paso era un acto de valentía y, a la vez, de temeridad.
—La ciudad no duerme, Yan. Pero tampoco lo hacen las sombras. En estas sombras, tú y yo podemos vernos sin el velo de la mentira. Si sigues aquí, si continúas con este juego, entenderás que el verdadero enemigo no es la gente que quiere cambiar las reglas del juego, sino la gente que quiere que nunca cambien las reglas, para que puedan seguir jugando siempre.
Yan observó la frialdad de sus palabras, el eco de un pasado que parecía pedírseles a ambos que sigan adelante a pesar de todo.
—¿Entonces, cuál es la opción? —preguntó—. ¿La opción es quedarme y aprender a vivir con el miedo que se oculta en cada palabra que dices, o irme y dejar que el mundo que tanto te gusta se hunda en su propio abismo sin mí?
Zixuan dio una pequeña inclinación de cabeza, una señal de aprobación o quizás de resignación.
—La opción es decidir quién vas a ser cuando las luces se apaguen. Si te quedas, tendrás que demostrar que eres capaz de hacer grandes sacrificios. Si te vas, tendrás que vivir con la certeza de que no tuviste el valor de enfrentarte a la verdad.
Yan dejó de hablar. Se acercó un par de pasos más y, sin pronunciar palabra, colocó su mano en el pecho de Zixuan. Notó, con una extraña mezcla de placer y miedo, el pulso de su corazón: un latido que parecía tardío, como si su existencia se resistiera a la idea de ser vivo y al mismo tiempo a la idea de dejar de estar.
Y entonces, en un silencio que parecía contener toda la eternidad, se acercó y lo besó, no con la violencia de aquella vez en el ascensor, sino con una promesa lenta y contenida. Fue un beso que dejó un sabor a promesa y a peligro, a deseo y a decisión.
Cuando se separaron, Zixuan susurró apenas:
—Que este beso no sea el único pacto que hagamos esta noche, Yan.
Ella respondió con una respiración entrecortada:
—Prometeré que aprenderé a explicarme.
La sala, ya vacía, guardó su silencio y, con él, la certeza de que la historia estaba lista para desbordar su propio cauce. La gélida belleza de Li Zixuan, su poder y su hambre habían dejado de ser una simple sombra que acechaba la vida de Yan para convertirse en una presencia que exigía un juramento verdadero: que a partir de ese instante, todo, incluso la humanidad de Yan, sería una cuestión de elección y de coraje.