Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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Se convirtió en Alexandra
Parecía haber pasado una eternidad, y Antonieta abre los ojos al fin, al hacerlo, ve un lugar extraño para ella.
Su mente no asimilaba el entorno y por lo tanto mira a su alrededor para reconocerlo.
Todo lo que veía su vista era desagradable, parecía estar en una casa vieja.
Vieja no, se estaba cayendo a pedazos, parecía una choza más que una cabaña o casucha.
Ella lleva su vista a dónde estaba acostada, y ve que estaba sobre una cama vieja y las sábanas estaban casi transparentes.
Movida por la curiosidad, toma entre sus manos la sábana que estaba sobre su cuerpo, y nota que sus manos eran pequeñas y delgadas.
El pánico se apoderó de ella, puesto que, en los últimos días ha escuchado hablar a sus colaboradoras sobre esas cosas, la cual solo acontece en historias de fantasía.
De pronto, una mujer con ropa desgastada entra a la habitación con un cuenco pequeño.
Esa mujer se veía cansada y demacrada.
—Hija, me has dado un susto de muerte, te desmayaste de la nada— dice la mujer con voz pesada y los ojos llenos de lágrimas.
Antonieta no entiende nada y por eso pregunta
—¿Quién eres y dónde estoy?— pregunta Antonieta y la mujer coloca en una mesa vieja el cuenco que tenía en las manos.
—Quién más sino mi hija Alexandra, hija sé que esto es difícil para ti, pero debes ser fuerte, sé que la situación con el duque va a mejorar, tengamos fe— dice la mujer mientras toma las dos manos de Antonieta.
Al escuchar el nombre de aquella chica, Antonieta abre los ojos como platos, y aleja sus manos de la mujer.
Con un terror inmenso, ella se levantó de la cama, y al hacerlo se sintió mareada, el mareo no llegó solo, sino que también llegaron de repente las memorias de ese cuerpo.
Su cuerpo se tambalea, pero la mujer fue rápida y la logró sostener.
Con delicadeza ella la lleva a la cama y la arropa con la sábana desgastada.
—Quédate en la cama, voy a hablar con el duque, le rogaré si es necesario para qué mande a este lugar al médico familiar, tiene que hacerlo, somos su familia — dice la mujer para luego intentar levantarse, pero Antonieta, aún sin asimilar del todo su situación, la detiene.
Si es como lo que acaba de recordar, ella se metió en un mundo mágico, y se ha convertido en Alexandra Zalazar, esa pobre niña que tuvo un final trágico al igual que su madre y su hermano.
—Madre— logró decir ella por fin y la mujer se sienta otra vez a su lado y le toma las dos manos.
—Hija, el duque tiene que escuchar, déjame ir y no me detengas— dice la mujer con cara de preocupación y Antonieta, quien se dio cuenta de que es Alexandra Zalazar, decide intervenir.
—No gastes energía en hablar con ese señor, no tiene caso, él solo ve por aquella prostituta y sus hijos, mejor vámonos de este ducado antes de que perdamos la vida— casi grita ella y la mujer quien lleva por nombre Eloisa, comenzó a llorar.
Le duele en su corazón ver la situación de sus hijos.
—No sé que he hecho mal para merecer está injusticia, si de mí dependiera nos vamos de este lugar cuanto antes, pero no tenemos adonde ir, regresar a casa es hacer que mi familia entre en vergüenza— se lamenta la mujer y Alexandra le da algunas palmadas en el hombro en forma de consuelo.
—No llores, mejor hagamos un plan para destruir a esos infelices, seamos más inteligentes que ellos, usaremos mi magia para sobrevivir — consuela ella a su madre y la mujer dejó de llorar.
—Nunca has recibido entrenamiento, ¿Cómo usarás tu magia? — pregunta ella.
— Al menos tendré que improvisar por mi misma, no tenemos dinero para un maestro de magia— dice ella y su madre se secó las lágrimas y sonrió.
—Cuando nos echaron de la mansión principal, tomé algunas de mis joyas y las escondí en mi ropa interior, las tengo escondidas por si en algún momento tenemos un caso de vida o muerte, si deseas puedo buscar en secreto a un maestro de la torre— dice ella y Alexandra la detiene.
—Lo que pasa en la torre es conocido por aquel hombre, y no nos conviene llamar su atención, tú en tu juventud recibiste entrenamiento, tú puedes enseñarme al caer la tarde— propone ella
—No lo había pensado así, pero si nos encuentran haciendo cosas a espaldas del duque, tengo miedo de que nos hagan algo— dice la mujer con un poco de temor.
—Eso es un riesgo que tenemos que correr, al paso que vamos, moriremos de hambre, solo miranos, hemos perdido nuestras vidas por culpa de aquella mujer y sus dos hijos, no se me hace justo para nosotros tres— dice ella seria.
Si ya se ha convertido en alguien más, no dejará que la maten sin pelear.
Dados sus recuerdos, falta medio año para el debut, lo que significa, que en seis meses si no hace algo, caerá en la trampa de esa mujer.
No, de ninguna manera pasará por algo como eso.
La mujer a su lado ya no dijo nada, pero se fue a la mesita vieja y tomó el cuenco con el que había entrado al lugar, y se lo pasó a su hija.
—Estos son sobras del desayuno de los sirvientes en la mansión, tu hermano robó un poco para los tres— dice ella un poco avergonzada.
Alexandra no dijo nada, y con su vista miró con dirección a una ventana y ve que aún es de mañana.
Luego de comprobar ese hecho, volvió su vista a la mujer que tiene en esos momentos por madre y ve que esa mujer tiene una mirada transparente y sin malicia.
Lástima que haya terminado viviendo una vida tan mala como la que estaba viviendo.
Ella no dice nada, pero tomó el cuenco entre sus manos, el cual tenía una cuchara de madera.
Sin prisa, ella se lleva el primer bocado a la boca de lo que parece ser sopa, pero una sencilla. Su estómago lo recibe con gusto.
El sabor de los alimentos no era tan malo, aunque la sopa, o el intento de una que solo es agua con algunos vegetales, no estaba tan mala como se ve.
“Tengo que ayudar a esta dos personas a sobrevivir, sería una tragedia grande, que esos infelices se salgan con la suya”
Reflexiona Alexandra mientras comía los alimentos del cuenco.
Al terminar, se lo entrega a su madre y ella lo toma y tras darle una mirada rápida, sale de la vieja habitación.
Alexandra se quedó sola, y entonces sí, entró en pánico ahora que no la estaban mirando.
Gracias por llevarnos a vivir tan emotiva novela.