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LA VENGANZA ES UN ARTE

LA VENGANZA ES UN ARTE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una joven heredera de un imperio financiero y de la mafia, que ocultó su verdadera identidad por amor, sufre la pérdida de su bebé y el desprecio absoluto de su esposo y su suegra tras un atentado cruel. Renacida de las cenizas, regresa para ejecutar una venganza implacable, mientras se ve atrapada en un matrimonio concertado con un titán de los negocios tan arrogante y dominante como ella, uniendo dos mundos donde el poder se paga con sangre y orgullo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SOMBRAS EN EL HORIZONTE CORPORATIVO

Los primeros rayos del sol de una nueva mañana se filtraban con pereza a través de los ventanales polarizados de la suite principal, pintando franjas de luz dorada sobre las sábanas revueltas de la cama. La tormenta de la noche anterior se había desvanecido por completo, dejando tras de sí un silencio pesado y denso que presagiaba la calma antes del siguiente gran movimiento en el tablero.

Isaías abrió los ojos con la lentitud de un depredador que descansa pero nunca baja la guardia. Su brazo derecho seguía cruzado sobre la cintura firme de Verónica, sintiendo el compás pausado de su respiración contra su pecho. Por primera vez en muchos años, el magnate no sentía la urgencia inmediata de levantarse para revisar los informes bursátiles o repasar la agenda del día. Su mente, habitualmente fría y calculada, estaba atrapada en la desconcertante certeza de que la mujer que dormía a su lado se había convertido en una pieza irremplazable de su existencia.

A pocos centímetros de él, Verónica abrió los ojos de golpe. Su mirada no tenía nada de somnolienta; estaba completamente alerta, clara y afilada como el acero. Al notar la cercanía de Isaías, lejos de apartarse o suavizar el gesto, esbozó una sonrisa de lado, una mueca de victoria silenciosa.

—Buen despertar, San Román —saludó Verónica con su voz ronca de las mañanas, deslizando una mano por el pecho desnudo de su esposo hasta trazar círculos lentos sobre sus costillas—. Veo que sobreviviste a la noche sin pedir tregua.

Isaías soltó una carcajada ronca, un sonido profundo que vibró en el pecho de ambos. Con un movimiento rápido y ágil, giró su cuerpo para atraparla bajo el suyo, inmovilizándola contra el colchón con una posesividad arrolladora pero tierna.

—No te equivoques, Verónica —murmuró él, bajando el rostro hasta quedar a escasos milímetros de sus labios—. La que casi pide tregua al amanecer fuiste tú. No trates de reescribir la historia a tu conveniencia.

— Pruébalo cuando quieras, macho alfa —retó ella con una chispa de picardía en la mirada, antes de morderle suavemente el labio inferior en un arranque de provocación deliberada.

Dos horas más tarde, el contraste entre la intimidad de la suite y la realidad corporativa era abrumador. En el piso ejecutivo del Conglomerado San Román, la actividad bullía con la intensidad de un panal de abejas.

Verónica ocupaba su asiento en el directorio, vistiendo un traje sastre en tono gris perla que realzaba su imponente presencia ejecutiva. Tenía frente a ella los expedientes de liquidación definitiva de los bienes embargados a la Inmobiliaria Benítez. Cada firma suya representaba un clavo más en el ataúd financiero de su exmarido.

La puerta de su despacho se abrió de golpe, revelando la figura de su hermano Víctor Comellas. El heredero del clan familiar entró sin pedir permiso, con el rostro serio y un sobre manila cerrado en las manos.

—Buenos días, hermana —saludó Víctor de manera seca, arrojando el sobre sobre el escritorio de caoba con un golpe seco—. Veo que la prensa de farándula te ama tanto como las finanzas del banco. Pero te sugiero que dejes de jugar un momento con los restos de los Benítez y prestes atención a lo que tengo aquí.

Verónica arqueó una ceja, dejando a un lado su bolígrafo y tomando el sobre. Lo abrió con parsimonia y extrajo varias fotografías impresas en alta calidad junto con un informe de inteligencia privada.

—¿Qué es esto? —preguntó ella, frunciendo ligeramente el ceño al examinar las imágenes.

—Es el rastro de la desesperación —respondió Víctor, cruzando los brazos e inclinándose sobre el escritorio—. Reinaldo Benítez está tocando fondo, pero no de la manera pacífica que esperabas. Vendió lo poco que le quedaba de valor en el mercado negro, despidió al resto de su personal y, según mis fuentes, ha estado intentando establecer contacto con viejos socios de dudosa reputación en los muelles del sur. Alguien le prestó una suma considerable de dinero a cambio de una garantía peligrosa.

Verónica analizó las fotografías con detenimiento. En una de ellas se veía a Reinaldo hablando con un hombre con antecedentes penales por extorsión y tráfico de influencias; en otra, aparecía Carolina llorando en la parte trasera de un auto viejo frente a una casa de empeño.

—¿Crees que intente algo desesperado contra nosotros? —inquirió Verónica con absoluta calma, sin un solo atisbo de miedo en su voz.

—No contra mí, ni contra los Comellas... contra ti, Verónica —advirtió Víctor con un tono sombrío y protector—. Un hombre que lo ha perdido todo y cuyo ego fue destruido por una mujer a la que menospreciaba es capaz de cualquier estupidez. Está acorralado, y una fiera herida es más peligrosa.

En ese preciso instante, la puerta principal del despacho volvió a abrirse. Isaías entró con paso firme, vistiendo su habitual traje negro y una corbata impecable. Al notar la tensión en el ambiente y ver las fotografías sobre el escritorio de su esposa, su rostro se endureció de inmediato, adoptando una máscara de hielo puro.

—Veo que la visita matutina trae noticias del exterior —comentó Isaías con su voz barítono, deteniéndose junto a Verónica y posando una mano protectora pero firme sobre el respaldo de su silla—. ¿De qué se trata? ¿El insecto sigue intentando patalear?

—Está buscando aliados en el bajo mundo corporativo, San Román —respondió Víctor con frialdad—. Cree que puede jugarse una última carta sucia.

Isaías bajó la mirada hacia Verónica. Sus ojos oscuros brillaban con una furia contenida, una advertencia silenciosa de que nadie en este mundo tocaría a su esposa mientras él respirara.

—Déjalo venir —dijo Isaías con una calma mortal, apretando ligeramente el hombro de Verónica—. Si Reinaldo Benítez quiere cavar su propia tumba hasta el fondo del infierno, nos aseguraremos de arrojarle la última palada de tierra nosotros mismos.

Verónica levantó la vista hacia su esposo y en esa mirada compartida se selló una nueva fase de la guerra: los lobos estaban listos para cazar, y el final del camino para los Benítez estaba más cerca que nunca.

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Patricia
bendito karma estos tres la están pagando duro, pero algo malo han de hacer
Patricia
me encanta imaginar a Isaías estético, pero me da pesar por los empleados maltratados por el ogro
Patricia
hola querida escritora, está novela está muy interesante, me tiene totalmente enganchada
Naibelys Perez: ❤️🥰me alegro mucho que le gusten mis novelas. 👏
total 1 replies
Miriam Piedrabuena
Me gustó
Becky Navarro
esto ya aburrio
Becky Navarro
ya me aburrio parecen niños caprichosos son mafiosos autora ceos se pasan ni un decomiso ni enfrentamientos secuestros el otro chillón del el ex
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