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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:105
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20 — La llegada a Ravenshire

Britania era distinta de lo que Kang Min-Jae imaginaba.

Cuando el avión aterrizó, observó el paisaje por la ventanilla.

Campos verdes se extendían hasta el horizonte.

Pequeños pueblos asomaban entre colinas suaves.

Todo parecía tranquilo.

Sereno.

Muy distinto del ajetreo constante de Seúl.

A su lado, Ji-Ho miraba el mismo paisaje.

—Entonces...

Min-Jae ya conocía ese tono.

—No.

—Ni siquiera pregunté nada.

—Vas a preguntar.

—Es cierto.

Ji-Ho sonrió.

—¿Estás nervioso?

Min-Jae tardó unos segundos en responder.

—Un poco.

—¿Solo un poco?

—Quizá más que un poco.

—Por fin una respuesta honesta.

El viaje hasta Ravenshire duró algunas horas.

Durante todo el trayecto, Min-Jae no dejó de mirar el paisaje por la ventanilla del vehículo.

Cada detalle le resultaba familiar.

Y eso era extraño.

Porque nunca había estado ahí.

Pero Ethan había descrito ese lugar tantas veces que parecía un recuerdo prestado.

Los campos.

Las cercas antiguas.

Los caminos angostos.

Los jardines.

Todo existía exactamente como en las cartas.

El corazón se le aceleraba con cada kilómetro.

Cuando por fin vieron el letrero de la ciudad, Ji-Ho sonrió de oreja a oreja.

—Bienvenido a Ravenshire.

Min-Jae se quedó inmóvil.

Porque ese nombre aparecía en casi todas las cartas.

Ahora estaba frente a él.

Real.

Tangible.

Cercano.

Muy cercano.

El equipo fue instalado en una posada reservada para los participantes de la misión.

El lugar era cómodo.

Tradicional.

Con paredes de piedra y ventanas antiguas.

Pero Min-Jae apenas le prestó atención.

Tenía la mente demasiado ocupada.

Porque Ethan estaba ahí.

En algún lugar de esa ciudad.

Quizá caminando por las calles.

Quizá cuidando las flores.

Quizá escribiendo otra carta.

Solo unos kilómetros los separaban.

Por primera vez.

Mientras tanto, Ethan sentía una inquietud extraña.

Desde el inicio de la mañana.

Una sensación difícil de explicar.

Como si algo estuviera a punto de suceder.

Como si el mundo contuviera el aliento.

—Estás distraído.

Clara lo observaba mientras él acomodaba rosas.

—¿Sí?

—Sí.

—Todo el mundo me lo dice.

—Porque es verdad.

Ethan suspiró.

—Quizá dormí mal.

Pero sabía que no era eso.

Había algo diferente en el aire.

Algo que no lograba identificar.

Al final de la tarde, decidió caminar por la ciudad para despejarse.

Necesitaba ordenar sus pensamientos.

Necesitaba dejar de imaginar cosas.

Necesitaba olvidar que le había confesado su amor a un hombre imposible.

El viento frío soplaba por las calles cuando pasó por la plaza central.

Algunos niños jugaban cerca de la fuente.

Ancianos conversaban en las bancas.

Todo parecía normal.

Hasta que oyó a alguien hablando coreano.

Ethan se detuvo.

Se volvió.

Del otro lado de la plaza había un pequeño grupo de militares extranjeros.

Probablemente participantes de algún programa internacional.

Nada fuera de lo común.

Aun así, algo llamó su atención.

Quizá el uniforme.

Quizá el idioma.

Quizá solo la curiosidad.

Pero su mirada se demoró unos segundos más de lo debido.

Sin darse cuenta, uno de los hombres también miró en su dirección.

Solo por un instante.

Antes de volver a conversar con sus compañeros.

Ethan siguió caminando.

Sin imaginar que acababa de pasar a pocos metros de Ji-Ho.

A esa misma hora, Min-Jae seguía en la posada analizando documentos de la misión.

O al menos fingiendo analizarlos.

Porque su concentración era inexistente.

Ji-Ho entró al cuarto.

—Acabo de volver de la plaza.

—¿Y?

—Linda ciudad.

—Bien.

—También vi a un florista.

Min-Jae levantó los ojos de inmediato.

Ji-Ho sonrió.

—Ah, eso sí te llamó la atención.

—Ji-Ho.

—¿Qué?

—No empieces.

—Solo dije que vi a un florista.

—Sabes perfectamente lo que haces.

—Sí.

—Eres insoportable.

—También lo sé.

Esa noche, Ethan volvió a casa todavía con aquella extraña inquietud.

Después de la cena, se sentó frente al escritorio.

Como siempre.

Tomó papel.

Como siempre.

Pero esta vez se quedó mirando la hoja más tiempo.

Como si esperara algo.

Como si buscara palabras.

Por fin empezó a escribir.

Querido capitán Kang Min-Jae,

Una pequeña sonrisa asomó.

Hoy fue un día extraño.

Contó la sensación que lo acompañaba desde la mañana.

El paseo por la ciudad.

Los militares extranjeros que había visto en la plaza.

Y entonces añadió:

Tengo la impresión de que algo importante está a punto de pasar.

Se detuvo.

Pensativo.

Luego escribió una frase más.

Quizá sea solo mi imaginación.

Dobló la carta.

Sin saber que, por primera vez desde el comienzo de aquella historia, la imaginación estaba mucho más cerca de la realidad de lo que jamás habría podido sospechar.

Porque en esa misma ciudad.

Bajo el mismo cielo.

Respirando el mismo aire.

Kang Min-Jae contemplaba desde la ventana de la posada las luces de Ravenshire.

Sin saber que Ethan había pasado a pocos metros de su mejor amigo.

Sin saber que el destino acortaba la distancia entre ellos a cada hora.

Sin saber que el encuentro tan esperado estaba más cerca que nunca.

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