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El Hombre Que Me Eligió

El Hombre Que Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:167.3k
Nilai: 3
nombre de autor: MeriGrei

A pocos días de su boda, Valentina descubre que su hermana está embarazada de su prometido y que su familia apoyaba esa infidelidad. Valentina no lloro, no grito, no reclamo, solo hizo las maletas y salió de esa casa donde siempre ha sido la que sobra.
Pero justo cuando ella creía estar sola, aparece en su vida Mateo Alcázar, el hermano mayor de su ex prometido. Mateo siempre llega en el momento justo cuando ella necesita respaldo y para poder protegerla de todo lo que está por venir, Mateo le pide que se case con él, así estará bajo su protección y nadie podrá volver a humillarla.
¿Aceptara Valentina la propuesta? ¿Por qué Mateo está dispuesto a protegerla?

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Capítulo 23

Capítulo 23

Bruno sobrevivió.

Cuando el cirujano lo dijo, me largué a llorar en el pasillo del sanatorio como si me hubieran soltado una soga del cuello.

Mateo no lloró.

Claro que no.

Mateo cerró los ojos, apoyó una mano contra la pared y respiró una vez. Una sola. Pero yo lo vi. Vi el miedo salirle del cuerpo por un segundo antes de que volviera a ponerse la armadura.

—Quiero verlo —dije.

—Está dormido.

—No me importa.

El médico nos dejó entrar de a uno. Bruno estaba pálido, lleno de cables, con cara de haber discutido con un camión y ganado por poco.

Me acerqué a la cama.

—Sos un idiota —susurré.

No podía oírme. Mejor.

—No tenías que ponerte delante.

Mateo, desde la puerta, dijo:

—Sí tenía.

Me giré.

—No empieces.

—Es su trabajo.

—No me digas eso.

—Valentina...

—No. No me lo reduzcas a trabajo porque si lo hacés voy a odiarte un poco.

Mateo se calló.

Bien.

A la salida, me encontré con Federico en el pasillo.

No sé quién le avisó. Quizá Camila. Quizá la prensa. Quizá el mismo sistema asqueroso que hacía que todos supieran todo cuando convenía.

—¿Estás bien? —preguntó.

Me quedé mirándolo.

—¿En serio?

—Me enteré de lo que pasó.

—Qué rápido te llega lo que no te compromete.

Federico bajó la vista.

—Camila no tuvo que ver.

Me reí. Me dolió la cara por la cachetada.

—¿Ya estás defendiéndola antes de que la acusen?

—Está embarazada. Está alterada.

—Yo estuve secuestrada y no me ves armando videos.

Mateo apareció detrás de mí.

—Federico.

El tono fue suficiente.

Federico enderezó la espalda, pero no se movió.

—No podés culparla de todo.

—No necesito culparla de todo. Con lo suyo alcanza.

—El bebé...

Mateo lo cortó.

—¿Estás seguro de que es tuyo?

El pasillo se quedó helado.

Federico abrió la boca.

—¿Qué dijiste?

Yo miré a Mateo.

No.

No ahí.

No así.

—Mateo —murmuré.

Pero él ya había hablado.

Federico me miró a mí.

—¿Vos sabías?

Sentí una vergüenza horrible. No porque hubiera hecho algo malo, sino porque su dolor me tocó una parte que yo creía muerta.

—No lo usé —dije.

—Pero sabías.

—No estaba claro.

—¿Qué cosa no estaba clara? —Su voz se quebró—. ¿Qué cosa?

Mateo dio un paso.

—Preguntale a tu esposa.

Federico se fue.

Yo esperé a que doblara la esquina para girarme hacia Mateo.

—¿Por qué hiciste eso?

—Porque iba a defenderla otra vez.

—¿Y eso te daba derecho?

—Sí.

—No.

—Valentina, esa mujer acaba de participar, directa o indirectamente, en algo que casi te mata.

—Y aun así el hijo no tiene la culpa.

—El hijo quizá no es suyo.

—¡Ese no es el punto!

Mateo se quedó quieto.

Yo estaba gritando en un sanatorio. Genial.

Bajé la voz.

—No quiero ser parte de eso. No quiero que uses información médica, bebés, sangre, dolor, todo como si fueran piezas.

—No son piezas.

—Para vos sí cuando te enojás.

La frase le pegó.

Lo vi.

No pidió perdón. Mateo no era de pedir perdón rápido. Pero miró hacia la habitación de Bruno y después a mí.

—Tenés razón.

Me dejó sin aire.

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Decirme que tengo razón cuando estoy lista para pelear.

—Perdón.

Peor.

Mucho peor.

Esa tarde, la noticia explotó igual. No por Mateo. Por Federico.

Alguien lo grabó saliendo del sanatorio, pálido, gritando por teléfono: “Decime de quién es”.

Internet hizo el resto.

Camila llamó a mi teléfono veinte veces.

No atendí.

Mandó un audio.

Lo escuché con Mateo al lado.

—Sos una basura, Valentina. Vos y tu marido. ¿Estás contenta? ¿Querías verme destruida? Si pierdo a mi bebé, va a ser culpa tuya.

Me quedé helada.

Mateo me sacó el teléfono con cuidado.

—No cargues eso.

—No puedo evitarlo.

—Sí podés.

—No sabés.

—Sé que no pusiste a ese bebé en medio. Ella sí.

Quise creerle.

Pero esa noche, cuando me miré al espejo y vi la marca roja en mi cara, pensé en Camila con una mano en la panza, llorando frente a una cámara.

La odiaba.

También tenía miedo por ella.

Qué agotador era sentir varias cosas a la vez.

Cuando Federico se fue, me quedé con una sensación amarga.

No era amor. Eso ya no estaba. Pero durante años mi vida había estado atada a la suya, y ver cómo se le rompía la cara al escuchar una sospecha tan íntima me movió algo viejo. No quería volver con él. Ni perdonarlo. Ni abrazarlo.

Quería que todos dejáramos de lastimarnos con bebés, muertos y documentos.

Qué pedido tan ingenuo.

Mateo caminó conmigo hasta la máquina de café del sanatorio. Compró dos. Los dos horribles.

—Esto es un crimen —dije después del primer sorbo.

—Puedo comprar el sanatorio y cambiar la máquina.

—No hagas chistes de rico cuando tengo sueño.

—No fue chiste.

Lo miré.

—Peor.

Casi sonrió.

Me apoyé contra la pared.

—Federico cree que yo sabía y quise destruirlo.

—Federico cree lo que le permite no mirarse.

—Eso no significa que no le duela.

—No.

—¿No te importa?

Mateo tardó.

—Me importa que a vos te importe.

Esa respuesta me cansó y me calentó la cara al mismo tiempo.

—No uses mis emociones como brújula moral. Es mucha responsabilidad.

—Entonces decime dónde mirar.

—No sé. A Bruno. A Camila. A ese bebé. A cualquier cosa que no sea ganar.

Mateo bajó la vista a su café.

—Ganar es más fácil.

—Sí. Se nota.

El médico apareció y dijo que podíamos ver a Bruno unos minutos más. Antes de entrar, Mateo me tocó la muñeca.

—No vas a cargar con esto.

—Lo voy a intentar.

—No. Lo vas a hacer.

Iba a discutir.

Pero estaba demasiado cansada para rechazar una orden que, por una vez, quería obedecer.

El teléfono quedó boca abajo sobre la mesa durante horas. Igual yo lo sentía vibrar aunque no vibrara. Ese era el problema con las amenazas: después seguían sonando adentro de una, aunque nadie llamara.

Preparé café. Lo arruiné. Lo tiré. Preparé otro.

Mateo apareció cuando estaba por quemar la tercera tanda.

—Eso ya es ensañamiento con los granos —dijo.

—No estoy de humor.

—Lo noté.

Me sacó la cafetera de la mano con una prudencia casi ofensiva.

—Puedo hacer café.

—Podés declarar guerras corporativas. No sé si eso incluye café.

—Incluye leer instrucciones.

Me senté en la mesada, agotada.

—¿Vos nunca tenés miedo?

Mateo no contestó enseguida. Midió el café, puso agua, hizo algo doméstico con manos que yo había visto manchadas de sangre.

—Sí —dijo al fin.

—¿De qué?

—De llegar tarde.

Siempre esa respuesta.

Esta vez no discutí.

—Yo tengo miedo de acostumbrarme a que llegues —dije.

Mateo se quedó quieto.

—No sé si eso es malo.

—Yo tampoco.

El café salió decente.

No arregló nada.

Pero me calentó las manos.

1
Eva Muñoz
bueno me gustó pero faltó embarazo pero después de tanta pelea como que faltó más drama


👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Eva Muñoz
estoy cansada de ver tanta pelea🤭
Mirian Lucrecia Massaro
autora la trama es interesante, pero la forma en q redactas confunde....
Ana Maria Rouvier Rodriguez
y el final??? cuando llega??????
Edith Nebbia
es lamentable repetir capitulos y hacer una novela tan larga y tampoco me está gustando
Ruth Chaves Zamora
Si que aburrífo y edo q aparecen personajes así de la nada y aveces los capítulos no tienen coherencia, primero dice ya en el carro y luego dice q lo tomo de la mano la verdad no entiendo y después repito lo de otro capitulo
Ruth Chaves Zamora
Si que raro eso aburre yo pensé q me avía equivocado de capitulo
Tere Jimenez
gracias por compartir esta muy interesante
Teresa Rodriguez
porque existe tantas diferencias y enrredos entre estas dos familias
Silvia Mariela Niveyro Paiz
que lío haces con los nombres... revisa toda la historia porque mareas confundiendo los nombres de todos
Patricia Fernández
Por que repites párrafos de capitulos anteriores, la historia se está enredando
Patricia Fernández
porque repite lo de algunos capitulos
Mercedes Pereira
estoy de acuerdo ya se torna aburrido
Yalinet Castro Pardo
Para, mi Camila está embarazada es del hermano del esposo, ella envidia a la, media hermana, que no creo que sea hermana de verdad.
Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.
Yalinet Castro Pardo
Para, mi Camila está embarazada es del hermano del esposo, ella envidia a la, media hermana, que no creo que sea hermana de verdad.
Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.
Guerrera del reino
muy aburrida y con la asquerosa de Valentina, ya no voy a seguir leyendo
Guerrera del reino
Es como para darle una cachetadas a esa Valentina, chocante
Guerrera del reino
Mateo debe de dejarla que ella resuelva todo a ver si puede por si misma, ya cae mal Valentina y la novela ya es aburrida
Guerrera del reino
Valentina es muy grosera, sin educación le dijeron que pueden matarla y hace lo que quiera todo le vale es muy malcriada, chocante y muy tonta
Guerrera del reino
apenas llevamos 9 capítulos, ya me cae mal Valentina
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