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Engañada Desde El Primer "Sí"

Engañada Desde El Primer "Sí"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Autosuperación
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula_noches de tintas

"—Nos vamos a casar y punto. No tienes opción.
Esa fue su 'propuesta'. Sin anillo, sin flores, sin un 'te amo'. Solo un arrebato de control cuando intenté dejarlo."

Valeria siempre fue la esposa abnegada, la que esperaba en casa, la que justificaba cada desplante de Adrián pensando que el trabajo era su única prioridad. Nunca imaginó que el engaño no era otra mujer, sino la mentira sobre la que construyó toda su vida: él jamás la amo.
Atrapada en una jaula de cristal donde su voz no cuenta, aparece Dorian, un hombre cuya sola presencia impone respeto y temor. Él ve el dolor detrás de los ojos de Valeria y decide intervenir.

Dorian no pide permiso; destruye las defensas de Valeria con una devoción obsesiva y protectora que la hará dudar de todo lo que conoce.

Un matrimonio por manipulación. Un deseo peligroso. ¿Qué pasa cuando el hombre equivocado decide que eres suya?

NovelToon tiene autorización de Paula_noches de tintas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo la sombra de la élite

El espejo del vestidor refleja a una mujer que apenas reconocía. El vestido blanco de seda se ajusta a mi figura con una caída ligera, resaltando mi figura con una elegancia que mi propia timidez suele ocultar. Mi cabello negro cae en ondas profundas sobre mis hombros, creando un contraste marcado con la palidez de mi piel.

Se supone que debo lucir como la esposa perfecta de un Van Doren. Y lo hago. Pero por dentro, me siento como un adorno bellamente empaquetado para una exhibición. La venda de mis ojos ha caído, sí, pero la costumbre, el miedo a las consecuencias y los años de condicionamiento no desaparecen de la noche a la mañana. La libertad es algo que ni siquiera sé cómo empezar a imaginar; por ahora, obedecer a Adrián sigue siendo mi único mecanismo de supervivencia.

—Te ves aceptable —dice la voz de Adrián desde la puerta, rompiendo el silencio.

Se acerca mientras se ajusta los gemelos de la camisa. Su mirada me recorre de arriba abajo sin un solo destello de admiración verdadera; solo la inspección fría de un dueño asegurándose de que su propiedad no tenga defectos antes de mostrarla en público.

—Asegúrate de no hablar de más esta noche, Valeria. Habrán ejecutivos que estarán observando y la prensa no perderá detalle. El apellido Van Doren representa perfección, y espero que te comportes a la altura.

—Entiendo, Adrián —respondí de inmediato, bajando la mirada en un ademán de obediencia automática.

El trayecto en el auto hacia la gala transcurrió en un silencio pesado. Al llegar al salón del gran hotel, los destellos de las cámaras y el murmullo de la alta sociedad nos envuelven. Adrián me toma del brazo, fijando su agarre con una presión sutil pero firme: la señal implícita de que debo mantenerarme pegada a su costado como una sombra silenciosa.

Durante la primera hora, cumplí mi papel al pie de la letra. Adrián conversa sobre inversiones y transmite una imagen impecable mientras yo permanezco a su lado, ofreciendo sonrisas ensayadas cuando me presentan como «la señora Van Doren».

Hasta que el ambiente en el salón cambia drásticamente.

Un murmullo sordo recorre la sala y la atención de los presentes se desvía hacia la entrada principal. Incluso Adrián detiene su conversación, endureciendo la mandíbula mientras una tensión palpable se apodera de sus hombros.

Ahí está él.

Dorian Blackwood entra al salón con una presencia tan dominante que el resto de los presentes parecen pasar a un segundo plano. Viste un traje impecable que resalta su porte imponente, y una mirada, fría y calculadora, escanea el lugar con la serenidad de quien habita en la cima del poder. El apellido Blackwood evoca un imperio intocable, un nivel de estatus que incluso Adrián envidia.

—Quédate aquí y no te muevas —me ordenó Adrián en un susurro áspero, soltando mi brazo bruscamente para adelantarse a saludarlo y buscar una oportunidad de negocios.

—Sí, Adrián —murmure, acatando la orden al instante.

Me quedo sola en un rincón cerca de un ventanal, con las manos entrelazadas sobre el vestido y la cabeza levemente inclinada. Desde mi lugar, obserbava cómo Adrián intenta abordar a Dorian con una sonrisa servil.

—Señor Blackwood, un honor contar con su presencia esta noche —escuché decir a Adrián con un tono forzado—. Como representante de la familia y de la firma Van Doren, sería un placer coordinar una reunión...

Dorian detiene su paso. Su postura es firme, sobria. Sus ojos oscuros apenas se detienen un segundo en Adrián, desestimando la interrupción con una cortesía fría y distante.

—Buenas noches, Van Doren. Por el momento no estoy interesado —responde Dorian con una voz grave y pausada que resuena con una autoridad natural.

En ese instante, mientras Adrián intenta mantener la compostura, la mirada de Dorian continúa su recorrido por el salón hasta dar directamente conmigo.

Nuestros ojos se cruzan por primera vez.

Un escalofrío helado y desconocido me recorrió la columna. No hay arrogancia en su mirada, sino una intensidad seria, analítica y extrañamente atenta. Por un segundo que se siente eterno, quedo paralizada bajo la fuerza de su presencia. Asustada por la intensidad de la situación y recordando las advertencias de mi esposo, bajo la cabeza rápidamente, apretando la seda de mi vestido entre los dedos y refugiándome de nuevo en mi postura sumisa.

Dorian asiente de forma casi imperceptible en mi dirección, un gesto aristocrático y distante que marca un breve contacto antes de continuar su camino hacia los organizadores del evento.

Adrián regresa a mi lado de inmediato, tomándome del brazo con una presión firme que clava sus dedos en mi piel para descargar la frustración de haber sido ignorado.

—Nos vamos, Valeria —ordena en tono cortante.

—Sí, Adrián —respondí de inmediato, inclinando la cabeza y siguiendo sus pasos sin cuestionar absolutamente nada, sintiendo aún el eco de esa mirada oscura quemándome la memoria.

El trayecto de regreso en el auto se convirtió en un tormento silencioso. Adrián conducía fijando la vista en la carretera, apretando el volante con tal fuerza que sus nudillos lucían blancos. Conocía esa tensión. Sabía que la indiferencia de Dorian Blackwood había herido su orgullo y que, en su mente alguien debía pagar por ese trago amargo.

—No dijiste una sola palabra inteligente en toda la noche, Valeria —soltó de pronto, rompiendo el silencio con esa voz helada que siempre hacía que se me encogiera el estómago.

—Lo siento, Adrián —respondí con rapidez, bajando la mirada hacia mis manos entrelazadas sobre el vestido—. Intenté mantenerme al margen como me pediste.

—Te pedí que fueras una esposa impecable, no un adorno inútil —reprochó en un tono áspero, deteniendo el vehículo de golpe en el garaje de la casa—. Blackwood ni siquiera se molestó en escuchar mi propuesta. Y tú estabas ahí, parada como una tonta.

El aire en el auto se volvió sofocante. La rabia de saber que mi matrimonio era una mentira seguía ardiendo en mi pecho, pero la costumbre de someterme y el miedo a desatar una discusión peor me paralizaban.

—Haré lo que me pidas la próxima vez —respondí en un susurro, cumpliendo una vez más con la reacción que él esperaba.

Adrián soltó un suspiro de desprecio, bajó del auto y cerró la puerta de un golpe. Yo esperé unos segundos, tomando aire para contener el nudo en mi garganta, y caminé detrás de él como una sombra obediente.

 ***

A la mañana siguiente, el ambiente en la casa continuaba cargado. Preparé el desayuno con la precisión de siempre, asegurándome de que todo estuviera servido a la hora exacta en la que Adrián bajaba a su despacho.

Él bajó las escaleras revisando su teléfono, completamente ajeno a mi presencia mientras se sentaba a la mesa. Serví su café en silencio y me mantuve cerca, atenta por si necesitaba algo más.

—La próxima semana habrá una cena de negocios con los socios principales de la firma —comentó Adrián sin levantar la vista de su pantalla—. Quiero que te encargues de todos los detalles de la cena aquí en casa. No quiero fallas, Valeria. Esta vez la imagen de la familia debe quedar intacta.

—Entendido, Adrián. Me encargaré de todo —respondí de inmediato, inclinando levemente la cabeza.

—Bien. Tengo que irme a la oficina —dijo, poniéndose de pie sin probar casi nada del desayuno y retirándose sin despedirse.

Cuando escuché el motor de su auto alejarse por la entrada, al fin dejé salir el aire que parecía tener atrapado en el pecho. Me dejé caer lentamente en una de las sillas del comedor, abrazándome a mí misma en medio de la inmensidad de esa casa vacía.

Por más que intentara concentrarme en mis deberes, la imagen de la gala no dejaba de repetirse en mi cabeza. Pero no era el desprecio de Adrián lo que volvía a mi memoria... sino el recuerdo helado y profundo de los ojos de Dorian Blackwood cruzándose con los míos.

Era la primera vez en años que la mirada de un hombre no me hacía sentir insignificante, sino observada con una atención que me asustaba y me perturbaba a partes iguales.

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Melody
Me engancho esta muy buena sigue adelante 🥰
Paula Nuñez: "¡Awww, mil gracias por leer y apoyar! 🥰 Se vienen muchas sorpresas en los próximos capítulos, no te los pierdas. ❤️"
total 1 replies
Jose Rozo
la verdad ya me arte de esta historia que pereza
Paula Nuñez: ¡Lamento que la historia haya tomado un rumbo que no te gusta! Gracias por haber leído hasta aquí de todos modos.
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Jose Rozo
ya me esta aburriendo el papel de la protagonista ese estado de sumisión es cansancio que pereza leer historias así
Paula Nuñez: ¡Gracias por tu comentario! Es comprensible sentir frustración, pero a veces los personajes necesitan tocar fondo o pasar por situaciones difíciles para poder reaccionar. Su historia apenas comienza a dar un giro. ¡Ojalá le des una oportunidad a lo que viene!
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