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SOY LA VERDADERA HEREDERA - RENACIDA PARA VENGARME

SOY LA VERDADERA HEREDERA - RENACIDA PARA VENGARME

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:47.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Gala Ponce murió sola, atropellada en una calle oscura, huyendo de un esposo que la despreciaba, de una hermana que la destruyó y de una familia que nunca la quiso.

Pero el destino le dio otra oportunidad.

Despertó diez años atrás, en la piel de la joven ingenua que alguna vez fue, con todos los recuerdos de la tragedia que estaba por venir. Esta vez, no permitirá que la manipulen. No dejará que la casen a la fuerza. No dejará que la atropellen.

Pero lo que Gala no sabe es que el hombre que más la odió —ese esposo frío y despiadado que la convirtió en prisionera— fue también el único que lloró su muerte.

Y cuando él descubra la verdad... ya no habrá vuelta atrás.

Porque a veces, el peor enemigo es también el único que puede salvarte.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Lorgio entró primero. Gala lo vio cruzar las puertas de cristal con su traje oscuro y su rostro impasible. La reconoció de inmediato, aunque en esta vida nunca se habían visto. Era él. El mismo hombre silencioso, eficiente, peligroso.

—Buenas noches, señor Lorgio —dijo Gala, manteniendo la compostura—. Todo está preparado. Los invitados pueden llegar cuando gusten.

En esta vida, se suponía que no se conocían. Ella debería tratarlo como a un completo extraño.

Lorgio la miró por tres segundos más de lo que solía mirar a cualquiera. Sus ojos oscuros se posaron en ella con una intensidad que hizo que Gala temblara por dentro. Luego, asintió, callado, siempre silencioso, y se dirigió al salón privado.

Unos minutos más tarde, llegó Boris Ricci.

El hombre entró en el vestíbulo del hotel como si fuera el dueño de todo lo que pisaba. Alto, imponente, con su traje negro perfectamente cortado y sus ojos grises que parecían taladrar el alma de quien osara mirarlo. No le dio importancia a la gente que lo atendía; Lorgio se encargaría de eso. Pero su mirada se dirigió a la hermosa jovencita de ojos verdes que estaba de pie junto a la entrada del salón.

No fue solo por su belleza. Algo en ella lo hizo detenerse. Algo en esos ojos verdes como de gata.

—¿Tú eres la encargada del salón? —preguntó Boris, una tontería, porque el gafete de la chica decía claramente su nombre y su cargo: Gala Ponce — Coordinadora de Eventos Ejecutivos.

—Presidente Ricci —Gala contestó con cortesía, su voz firme a pesar del terror que la consumía por dentro—. Soy la encargada del evento. Estoy a su disposición.

Por dentro, Gala estaba muerta de miedo. De terror. De agradecimiento. De una confusión de emociones que amenazaba con desbordarla. Pero debía mantener distancia. No podía enredarse con esa gente. No esta vez.

Boris asintió y se fue a sentar. El resto de los invitados entró enseguida: dos franceses, un alemán, varios ejecutivos locales. La reunión comenzó, y pronto se hizo evidente que necesitaban la intervención de Gala. El traductor que trajeron los franceses no era muy bueno, y la comunicación se puso lenta. El traductor del alemán no llegó nunca. Así que Gala se batió en ambos lados, su mente ágil ayudando a que la comprensión de los negocios fuera más fluida.

Boris la observaba.

No podía evitarlo. La hermosa jovencita era realmente muy buena en su trabajo. Anotaba cosas importantes y las corroboraba con el celular; había palabras que podían interpretarse de diferente forma cuando se hablaba de negocios, y Gala lo sabía. Su concentración era absoluta. Su profesionalismo, impecable.

Jorge Lima, que estaba ahí representando los intereses del hotel, miró la situación y sonrió. Se dio cuenta de que su amigo estaba más que prendado de Gala. Y lo entendía. Todos en el salón estaban mirando a Gala con no muy buenas intenciones, pero ella era tan profesional en el trato que no había cómo acercarse.

—Amigo, esa jovencita es realmente hermosa, y muy inteligente —dijo Jorge, casi susurrando—. Esa niña te ha deslumbrado, ¿no?

Boris dejó de mirarla y gruñó, prácticamente al verse descubierto.

—Cállate, idiota —dijo, mientras sus ojos volvían a posarse en ella, con curiosidad—. Esa linda gatita... siento que la he visto antes. ¿Pero dónde? ¿Cómo?

La reunión terminó tarde. Serían cinco días de negociaciones, y Gala estaba en el ojo del huracán.

Cuando todos salían para volver a casa, y Gala, ya terminado su turno, buscaba un taxi —salía a las 12:00 a.m. y solo podía tomar un taxi por seguridad—, un auto negro, un Mercedes-Benz Clase C, se detuvo frente a ella.

Lorgio bajó del asiento del copiloto y se acercó a Gala.

—Señorita —dijo, con su tono impasible de siempre—. Es tarde. El presidente Ricci quiere llevarla a su casa. Es una cortesía por la gran ayuda de esta jornada. Habríamos tenido muchos problemas sin su colaboración.

Gala se quedó muda. Quería correr, pero sus piernas no respondían.

La ventanilla se abrió y el apuesto rostro de Boris apareció.

—Señorita Ponce, suba —dijo el hombre, su voz profunda y autoritaria—. Ya cae una tormenta y será incómodo.

Como si fuera una orden que ella no podía desobedecer, Gala se acercó al auto, pálida, con las manos temblando ligeramente.

Lorgio le abrió la puerta trasera. Gala titubeó un segundo, dos. Luego, respiró hondo y entró.

El interior del auto olía a cuero y a madera cara. Boris estaba sentado en el asiento trasero, con su laptop abierta y una expresión indescifrable. Gala se sentó lo más lejos posible de él, pegada a la puerta, con las manos cruzadas sobre el regazo.

El auto arrancó.

El silencio era sofocante.

—¿Dónde vive? —preguntó Boris, sin apartar los ojos de la pantalla.

—En la residencia estudiantil de la universidad —respondió Gala, su voz apenas un susurro.

Boris levantó la vista, sorprendido.

—¿Estudia y trabaja?

—Sí, señor.

—¿Qué estudia?

—Administración de empresas.

Boris asintió lentamente. Sus ojos grises se posaron en ella con una intensidad que hizo que Gala sintiera que podía ver a través de ella.

—Es usted... interesante, señorita Ponce —dijo, y había algo en su tono que Gala no supo interpretar.

—Gracias, señor —respondió ella, mirando por la ventana.

La lluvia comenzó a caer, golpeando el cristal con un ritmo hipnótico. Gala cerró los ojos, sintiendo el peso de su presencia a su lado. En su vida anterior, este hombre había sido su carcelero. La había odiado. La había encerrado. Y al final... al final había llorado su muerte.

No puedo confiar en él, se dijo. No puedo.

Pero cuando el auto se detuvo frente a la residencia estudiantil, y Boris le abrió la puerta con un gesto que casi parecía caballeroso, Gala no pudo evitar mirarlo a los ojos.

—Gracias por la cortesía, presidente Ricci —dijo, con una pequeña inclinación de cabeza.

—Boris —corrigió él, con una media sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Puede llamarme Boris.

Gala sintió que el aire le faltaba.

—Buenas noches, presidente Ricci —dijo, y se giró, caminando rápido hacia la entrada de la residencia, sin mirar atrás.

Boris la vio desaparecer en el edificio, con una expresión pensativa en el rostro.

—Lorgio —dijo, cuando volvió a subir al auto.

—¿Señor?

—Averigua todo lo que puedas sobre Gala Ponce. Todo.

Lorgio asintió, y el auto se alejó en la noche.

Mientras tanto, Gala subió las escaleras de la residencia con el corazón latiéndole con fuerza. Al entrar a su habitación, encontró a Eliana esperándola, con una taza de té en la mano.

—¿Qué tal la reunión? —preguntó Eliana, con su sonrisa habitual.

Gala la miró, y por un momento, sintió el impulso de contarle todo. Que su hermano la había llevado a casa. Que la había mirado como si la conociera de otro tiempo. Que le había dicho que lo llamara por su nombre.

Pero no lo hizo.

—Bien —dijo, forzando una sonrisa—. Solo... cansada.

Eliana la estudió por un momento, pero no insistió.

—Bueno, descansa. Mañana será otro día.

Gala asintió, se quitó los zapatos y se dejó caer en la cama.

Mientras el sueño la alcanzaba, no pudo evitar pensar en Boris. En sus ojos grises. En su voz profunda. En la forma en que la había mirado.

No puedo confiar en él, se repitió.

Pero en el fondo de su corazón, una pequeña voz le susurró algo diferente.

¿Y si esta vez es diferente?

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Vianey Hernandez Ortiz
Que el abogado no fué a entregarle la herencia a Gala??, la cual no se le había entregado hasta ahora por la querella que alguien puso en contra de Gala🤷🤷 Pero él está ahí para hacer la entrega 🤔🤔
Vianey Hernandez Ortiz
Esto está cada vez más misterioso 🤔🤔🤔
Johann
🤭🤭🤭🤭
Johann
👏👏👏👏
Johann
🤔🤔🤔🤔
Vianey Hernandez Ortiz
Ay Boris aunque te hagas el frío, ya estás ardiendo por Gala🤭🤭🤭
Nancy Parraga
Que irá hacer Boris con las mentiras de los ponces?
ya quiero leer que va a pasar con la intrigosa de Elia
Nancy Parraga
Nos corto en lo mejor 😂😂😂
Vianey Hernandez Ortiz
Será que Boris recuerde en algún momento??🤔🤔🤔
Nancy Parraga
bien Boris has que esos desgraciados le entreguen lo que le corresponde a Gala
Nancy Parraga
Esa víbora 🐍 es una desgraciada quiere quedarse con la herencia de Gala que gente más hdp
Nancy Parraga
Ahora ya ellos saben la verdad y quién los drogo
Elvira Fretes
emocionante ❤️, esa cena será épica 😂😂
Kely Medina
Dios esto se ba poner de infarto ba correr sangre
Elvira Fretes
seguro fue Elia y quizás en complot a sus padres y hermanos
Elvira Fretes
mmm, quien será ?, bueno ya se aclaro el tema Boris, ahora a proteger a Gala
Filomena Ramírez Jiménez
Interesante novela, como todas las q escribes Adriana, contamos q pronto escribas los siguientes capítulos. Gracias
Miriam Colín
Me encanta la historia, felicidades autora. No nos abandones tanto tiempo querida autora plis.
Miriam Colín
En espera de más capitulos emocionantes, deseo leer que va pasar en esa cena.
Jose Salazar
cada vez más atrapante
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