Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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Demasiado cerca
Capítulo 23
—¿Qué es eso? —preguntó Valentina, señalando el sobre.
Él no respondió inmediatamente.
Solo la miró.
Y esa mirada hizo que Valentina olvidara por un segundo lo que estaba preguntando.
—Algo que encontré —dijo finalmente.
—Eso ya lo dijiste.
—Entonces deja de mirarme así.
Valentina frunció el ceño.
—¿Así cómo?
Él soltó una pequeña risa.
—Como si quisieras descubrirme y golpearme al mismo tiempo.
—Quizá quiero hacer las dos cosas.
—La primera no te está funcionando.
—¿Y la segunda?
Él dio un paso hacia ella.
—Todavía no lo intentas.
Valentina se quedó callada.
Había algo diferente aquella noche.
Algo en el aire.
Él estaba demasiado cerca.
Tanto que podía sentir el calor de su cuerpo.
Valentina retrocedió instintivamente.
Él avanzó un poco más.
—¿Por qué estás nerviosa?
—No estoy nerviosa.
—Te tiemblan las manos.
Valentina escondió las manos detrás de la espalda.
—Hace frío.
Él sonrió.
—Claro.
—No te burles.
—No me estoy burlando.
Sus ojos bajaron por un instante hasta los labios de Valentina.
Ella lo notó.
Y eso fue suficiente para que su corazón comenzara a latir más rápido.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Nada.
—Me estabas mirando.
—Sí.
—¿Por qué?
Él guardó silencio.
Valentina levantó ligeramente la barbilla.
—Dímelo.
Él se acercó otro poco.
—Porque cuando te enojas eres más bonita.
Valentina abrió los ojos.
—¿Qué clase de respuesta es esa?
—La verdadera.
—Pues no deberías decirme esas cosas.
—¿Por qué?
Ella no respondió.
Porque ni siquiera ella sabía la respuesta.
Él levantó lentamente una mano y apartó un mechón de cabello que había quedado junto a su rostro.
El movimiento fue suave.
Casi demasiado.
Valentina dejó de respirar por un segundo.
—¿Te acuerdas de esto? —preguntó él.
—¿De qué?
—De cuando hacía esto.
Ella lo miró confundida.
—Nunca me has tocado así.
La expresión de él cambió.
—Eso es lo que tú crees.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Pero él no contestó.
En cambio, bajó la mirada.
—Significa que quizá ya me conocías antes de perder tus recuerdos.
El corazón de Valentina dio un vuelco.
—Entonces dime quién eras para mí.
Él la miró directamente a los ojos.
—Eso es precisamente lo que estoy intentando descubrir.
—¿Y por qué siento que me estás ocultando algo?
—Porque te estoy ocultando algo.
Valentina se quedó helada.
—¿Qué?
Él acercó su rostro al de ella.
Por un instante, ninguno de los dos habló.
Estaban tan cerca que Valentina podía sentir su respiración.
Ella sabía que debía apartarse.
Pero no lo hizo.
Él tampoco.
—Esto es una mala idea —susurró ella.
—Probablemente.
—Entonces aléjate.
—Dímelo mirándome a los ojos.
Valentina levantó la mirada.
Y no pudo.
Porque cuando sus ojos se encontraron, toda la seguridad que había fingido desapareció.
Él sonrió apenas.
—Eso pensé.
Valentina puso una mano sobre su pecho para apartarlo.
Pero él sujetó suavemente su muñeca.
No con fuerza.
Solo lo suficiente para detenerla.
—Valentina...
—¿Qué?
—Si te beso ahora, ¿vas a arrepentirte?
Ella se quedó completamente quieta.
—No lo sé.
—Entonces no lo haré.
Él la soltó.
Y se apartó.
Valentina sintió una extraña decepción.
—¿Eso es todo?
Él arqueó una ceja.
—¿Querías que hiciera algo más?
—Yo no dije eso.
—Pero lo pensaste.
—Eres insoportable.
—Y tú eres pésima mintiendo.
Valentina intentó contener una sonrisa.
No pudo.
Él la miró y sonrió también.
Durante unos segundos, el misterio, los recuerdos y el miedo desaparecieron.
Solo estaban ellos.
Hasta que...
PUM.
Un ruido seco resonó desde el pasillo.
Los dos se giraron.
La sonrisa desapareció del rostro de él.
—Quédate aquí.
—¿Qué?
—No salgas.
Él caminó hacia la puerta.
Valentina lo siguió.
—No pienso quedarme sola.
Él se giró.
—Valentina, esta vez tienes que hacerme caso.
—¿Por qué?
Él apretó la mandíbula.
—Porque alguien acaba de entrar a la casa.
Silencio.
Valentina sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué?
Él abrió lentamente la puerta.
En el suelo, justo frente a ellos, había una fotografía.
Valentina se agachó y la recogió.
La miró.
Y dejó de respirar.
Era una fotografía de ella.
Pero no era reciente.
Era de varios años atrás.
Y estaba abrazada a él.
Ambos sonreían.
En la parte posterior había una frase escrita a mano:
"Ella no perdió la memoria por accidente."
Valentina levantó lentamente la mirada.
Él ya estaba pálido.
—Tú sabías esto —susurró ella.
—Valentina...
—Tú sabías.
—No todo.
—¡Entonces dime qué sabes!
Él cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, había algo diferente en ellos.
Miedo.
—Sé quién te hizo olvidar.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—¿Quién?
Él miró hacia el final del pasillo.
—La misma persona que acaba de volver por ti.