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Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amor-odio
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Guadalupe Garza

Trilogía: Pecados de Élite

Libro 1: Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Ella es la Teniente Morgan de la Fuerza Especial de Élite Militar (F.E.E.M.), una mujer de hierro acostumbrada a tener el control. Durante años, ha construido una relación estable y segura con su novio, el capitán Cross, el hombre que representa su futuro y su puerto seguro.

Pero tras dos semanas de ausencia de ella por un luto familiar, todo cambia al volver a la base. Allí es recibida por la imponente presencia del nuevo coronel: un hombre magnético que se convierte en su tentación más oscura, un pecado inconfesable y, probablemente, su mayor error.

El verdadero peligro se revela cuando descubre la verdad: ambos hombres comparten la misma sangre.

Ahora, atrapada en un triángulo de lealtad y deseo, su mente jura que su corazón le pertenece al capitán, pero su cuerpo arde por el coronel.

Cuando el deber militar choca contra una pasión prohibida entre hermanos, el peligro aumenta.

¿Qué podría salir mal?

NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El peso del amanecer

Victoria Morgan.

El silencio del bosque de Layer de la Haye se sentía diferente a la luz del alba. Ya no era el refugio místico y apartado que nos había robado del mundo durante las últimas cuarenta y ocho horas; ahora pesaba como una sentencia de muerte anunciada.

Abrí los ojos despacio, sintiendo el calor sólido del cuerpo de Alec contra mi espalda, con su brazo pesado y posesivo cruzado firmemente sobre mi cintura, manteniéndome atrapada en su órbita incluso mientras dormía. Giré el rostro con cuidado sobre la almohada para mirarlo. Tenía los rasgos relajados, la respiración profunda y constante, y las marcas de mis propias uñas ligeramente cruzadas sobre su piel bronceada del hombro. Por un segundo absurdo, un eco patético en el fondo de mi cabeza deseó que el tiempo se congelara allí mismo, en esa cabaña de madera rústica, ignorando el uniforme, las placas militares, la F.E.E.M., la mafia italiana y las seis malditas semanas de infierno que me esperaban al otro lado del océano.

—No finjas que estás dormida, sé perfectamente que tienes los ojos abiertos y la mente a mil por hora, Darling —su voz ronca, destilada por el sueño y cargada de una advertencia sola para mí, retumbó contra mi nuca antes de que su mano apretara aún más mi cadera contra su ingle.

Solté un suspiro tembloroso, rindiéndome a la evidencia. Me giré por completo entre sus brazos, quedando cara a cara con él, con mis dedos trazando la línea de su mandíbula varonil.

—No estaba fingiendo, solo intentaba calcular cuántos minutos nos quedan antes de que este maldito sueño se convierta en cenizas, Coronel —le susurré, con la voz apenas rota.

Alec abrió los ojos, revelando ese azul zafiro intenso que tenía la capacidad de desarmar mis defensas con solo una mirada. Sin mediar palabra, inclinó el rostro y me besó; no con la urgencia salvaje de las primeras horas, sino con una lentitud desesperante, casi dolorosa, como si intentara grabarse el sabor exacto de mis labios en la memoria celular.

—El tiempo no se ha acabado todavía —me murmuró contra la boca, mientras sus dedos se enredaban en mi cabello—. Tenemos el trayecto de regreso. Y no pienso desperdiciar ni un solo kilómetro de carretera.

Dos horas más tarde, el Ferrari negro de Alec devoraba los kilómetros de la autopista de regreso a Londres. La atmósfera dentro del auto era densa, cargada con la electricidad inevitable de lo que sabíamos que se aproximaba. Ninguno de los dos encendió la radio; el único sonido era el rugido del motor y el golpeteo rítmico de la lluvia fina que comenzaba a empañar los cristales, dándole un tono grisáceo y melancólico al paisaje de Essex.

Cuando el vehículo se detuvo finalmente en el perímetro exterior de la base militar de la F.E.E.M., sentí que el aire se me escapaba de los pulmones. Las instalaciones se veían imponentes, frías y clínicas, listas para devorarme de nuevo.

—Has estado demasiado callada en los últimos treinta minutos, Victoria —rompió el silencio Alec, apagando el motor pero sin soltar el volante, con los nudillos ligeramente blancos por la presión.

—Estoy procesando la realidad, Alec —respondí girándome hacia él, cruzando los brazos sobre el pecho con una coraza que intentaba parecer indestructible—. Sé perfectamente a lo que voy. Sé que en menos de cuarenta y ocho horas estaré pisando suelo italiano, metiéndome en la boca del lobo con Salvatore Varone y la 'Ndrangheta, mientras tú te quedas aquí al mando de las operaciones tácticas.

—No te estoy pidiendo que me recuerdes el organigrama de la misión —me cortó él con aspereza, girándose en su asiento para clavarme los ojos con una intensidad feroz—. Lo que me importa eres tú. Eres consciente de que una vez que cruces esa puerta principal, la tregua se acaba. Volvemos a ser el Coronel Cross y la Teniente Morgan. No habrá cabañas, no habrá nombres cariñosos, ni concesiones. ¿Estás lista para eso?

—Fui yo la que te dijo que estaba lista para arder en tu infierno, Coronel... no finjas que ahora te da miedo quemarte —le devolví el desafío con una sonrisa amarga, aunque por dentro sentía que las entrañas se me retorcían.

Alec soltó un gruñido bajo, se desabrochó el cinturón con un movimiento brusco, se inclinó sobre la consola central del auto y me atrajo hacia él con una fuerza desesperada, estampando sus labios contra los míos en un beso rudo, posesivo y profundamente hambriento que supo a despedida y a desafío al mismo tiempo. Sus manos me sujetaron el rostro, marcando mis mejillas, asegurándose de que entendiera exactamente a quién le pertenecía antes de poner un pie dentro de la base.

—Vete ya... antes de que pierda la maldita cabeza, cancele tu traslado a Italia y decida encerrarte en una celda de máxima seguridad donde nadie pueda ponerte un dedo encima —me susurró en la boca, con la respiración pesada.

Me separé de él con un movimiento seco, abrí la puerta del copiloto y bajé bajo la fina llovizna que caía sobre el asfalto. Tomé mi bolso de mano y cerré la puerta del coche. No miré hacia atrás. Sabía que si lo hacía, si me detenía a ver su rostro endurecido observándome desde el retrovisor, todo mi autocontrol se vendría abajo.

Caminé con paso firme, la espalda recta y la barbilla en alto hacia las puertas de seguridad de la base. Al cruzar el control de acceso, el sargento de guardia me cuadró el saludo militar, al cual respondí con un movimiento de cabeza.

El verdadero infierno estaba a punto de comenzar. Y esta vez, ni siquiera el recuerdo del fuego de la cabaña iba a ser suficiente para abrigarme.

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NOTA:

Si algo se me a pasado estos primeros 20 capítulos, díganme, o díganme si deje algo que las dejo con duda para resolverselos en los siguientes capítulos...

Obvio reelere mis capítulos para asegurarme que no se me a olvidado nada....

Y un aviso o poco de Spoiler.... Se viene capítulos algo intensos (dramas, celos, acción) y algo donde se quedan en shock tal vez un poco de sufrimiento o dolorocito.... Pero todo lo compensaré 🔫❤️‍🔥💀🔞📚💣😢😭💔🫦🔫

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Greys Diaz
Cual van a hacer los otros dos títulos d la saga, para poder buscarlo
Estefanny Castro
me encanta la novela me gustaría que subieras más capitulos o que hicieras un maratón
Estefanny Castro: cuál es el nombre de la otra plataforma para leer las historias que has hecho
total 3 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Alec estás jugando con fuego y te vas a quemar 🔥
Guadalupe Garza: yo diría que los dos 🤭
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Peligroso muy peligroso 🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Dios mío ésto está que arde🔥
Guadalupe Garza: Y lo que falta
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente comienzo
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