Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.
Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.
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Cap20
Haniel permaneció varios minutos mirando la dirección que había recibido.
No era una dirección cualquiera.
Era su antigua escuela.
El mismo lugar donde había conocido a Olivia y Zamira.
El mismo patio donde habían compartido secretos.
Los mismos pasillos donde habían aprendido a mentirle a los profesores para poder escaparse juntas.
Y ahora alguien quería que regresaran allí.
Las tres.
«Trae a Olivia y a Zamira.»
Haniel volvió a leer el mensaje.
—Esto no me gusta —murmuró.
Tomó el teléfono y llamó primero a Olivia.
—Dime que estás despierta.
—Son las diez de la noche, Haniel.
—Entonces estás despierta.
—¿Qué pasó?
Haniel le contó todo.
Cuando terminó, Olivia permaneció callada.
—¿Y la dirección?
—La antigua escuela.
—No.
—¿No qué?
—No vamos.
Haniel frunció el ceño.
—Tenemos que ir.
—Precisamente por eso no quiero.
—Olivia...
—Haniel, alguien sabe demasiado sobre nosotras. Sabe dónde vivimos, conoce a tu madre, conoce a Gabriel y ahora quiere que vayamos las tres a un lugar específico.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué estás pensando en ir?
Haniel miró nuevamente el mensaje.
—Porque si esa persona sabe tanto, probablemente ya sabe que vamos a ir.
Olivia suspiró.
—Esa lógica tuya algún día va a matarnos.
—Por eso te quiero conmigo.
—Voy a matarte yo primero.
Haniel sonrió.
—Llama a Zamira.
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Una hora después, las tres estaban conectadas.
Zamira había revisado la dirección, la hora y los mensajes.
—No encuentro nada —dijo.
—¿Nada? —preguntó Olivia.
—Nada sospechoso sobre el lugar. La escuela está prácticamente vacía a esta hora. Pero encontré algo interesante.
Haniel se acercó a la pantalla.
—¿Qué?
—El 17 de agosto de hace siete años cayó en jueves.
Haniel se quedó quieta.
—¿Y?
—Ese día hubo un evento privado en la escuela.
Olivia frunció el ceño.
—¿Qué evento?
—Una reunión de padres, antiguos profesores y algunos representantes de empresas que financiaban actividades escolares.
Haniel sintió un escalofrío.
—Mi madre estuvo allí.
Zamira levantó la mirada.
—¿Estás segura?
—Acaba de decirme que conoció a Zayd esa noche.
Ninguna habló durante unos segundos.
—Entonces no quieren que recordemos nuestra amistad —dijo Zamira finalmente—. Quieren que recordemos algo que ocurrió antes de que nos conociéramos.
Haniel sintió que aquella posibilidad era mucho peor.
---
A las once y veinte de la noche, las tres estaban frente a la escuela.
Olivia había viajado para encontrarse con ellas.
Zamira había regresado temporalmente al país después de recibir los documentos que su padre había encontrado.
Ninguna quería reconocer cuánto miedo tenía.
Pero ninguna se fue.
—¿Recuerdan la primera vez que entramos aquí después de clases? —preguntó Olivia.
Haniel sonrió.
—Tú rompiste una ventana.
—Fue un accidente.
Zamira soltó una carcajada.
—Lanzaste una pelota contra ella.
—Eso sigue siendo un accidente.
Por unos segundos volvieron a ser las adolescentes de antes.
Sin amenazas.
Sin secretos.
Sin Zayd.
Solo ellas.
Hasta que Haniel miró la puerta.
—Vamos.
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La escuela estaba prácticamente a oscuras.
Sus pasos resonaban por los pasillos.
Llegaron hasta el antiguo salón de actos.
La puerta estaba abierta.
—Esto no estaba abierto cuando llegamos —dijo Zamira.
Haniel la miró.
—¿Estás segura?
—Sí.
Entraron.
En el centro había tres sillas.
Una para cada una.
Sobre ellas había tres sobres.
Haniel tomó el suyo.
Tenía escrito su nombre.
HANIEL.
Olivia abrió el suyo.
Zamira hizo lo mismo.
—¿Los abrimos juntas? —preguntó Olivia.
Haniel asintió.
—A la cuenta de tres.
Una.
Dos.
Tres.
Abrieron los sobres.
Dentro había una fotografía.
Haniel sintió que se le helaba la sangre.
No era una fotografía reciente.
Era antigua.
Ella reconoció inmediatamente el uniforme que llevaba.
Tenía catorce años.
Olivia apareció al fondo.
Zamira también.
Pero había alguien más.
Una mujer.
Irina.
Y detrás de ellas, casi oculto en la oscuridad, estaba un hombre.
Haniel acercó la fotografía a la luz.
No era Zayd.
Era Gabriel.
—¿Por qué estaba él aquí? —susurró Olivia.
Zamira volteó la fotografía.
Había una fecha escrita:
17 DE AGOSTO.
Debajo:
«La noche en que las tres fueron elegidas.»
Haniel sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Elegidas para qué?
Las luces se encendieron.
Las tres se sobresaltaron.
Una voz salió de los altavoces.
—Para algo que ninguna de ustedes debía descubrir.
Olivia tomó la mano de Haniel.
—¿Quién eres?
Silencio.
Después apareció una pantalla.
Una grabación.
Irina estaba sentada frente a una mesa.
Mucho más joven.
Frente a ella estaba Zayd.
Haniel dejó de respirar.
La grabación comenzó.
—Necesito que entiendas algo, Irina —decía Zayd—. Si aceptas este trato, tu hija quedará fuera de todo esto.
Haniel sintió que Olivia la miraba.
—¿Su hija? —susurró Zamira.
La grabación continuó.
Irina parecía aterrorizada.
—¿Y si no acepto?
Zayd respondió:
—Entonces Haniel será parte del problema.
La pantalla se apagó.
Las tres quedaron inmóviles.
—Esto no tiene sentido —dijo Olivia.
—Sí lo tiene —respondió Zamira lentamente—. Solo nos falta una pieza.
Haniel miró nuevamente la fotografía.
Y entonces la vio.
En una esquina, casi escondido detrás de Gabriel, había un documento.
Un papel con un número.
L-17.
El mismo código que habían encontrado en los documentos.
—No era una fecha —dijo Haniel.
Zamira comprendió inmediatamente.
—Era un expediente.
De repente escucharon pasos.
Los tres se giraron.
Una figura apareció al final del pasillo.
Haniel dio un paso hacia delante.
—¿Quién eres?
La figura permaneció inmóvil.
Entonces una voz masculina respondió:
—Alguien que lleva siete años esperando que recuerdes.
Y desapareció.
Haniel corrió hacia el pasillo.
Nada.
Solo encontró un teléfono en el suelo.
La pantalla estaba encendida.
Había un mensaje nuevo:
«Ahora ya saben dónde comenzó todo.»
Otro mensaje apareció inmediatamente.
«Mañana conocerán lo que Irina hizo después.»
Haniel levantó lentamente la mirada.
Olivia se acercó.
—¿Qué vamos a hacer?
Haniel guardó el teléfono.
Por primera vez no respondió inmediatamente.
Miró a sus dos amigas.
A las dos mujeres que habían estado a su lado desde que eran adolescentes.
—Vamos a descubrir la verdad.
Zamira asintió.
Olivia también.
Pero ninguna de las tres sabía todavía que aquella noche había cambiado algo más que su relación con el pasado.
Porque mientras ellas intentaban descubrir quién había movido aquella primera pieza...
alguien ya había comenzado a acercarse a Haniel por una razón completamente diferente.
Y esa persona todavía no sabía que, algún día, terminaría queriendo poseer aquello que Haniel nunca había permitido que nadie tuviera:
su corazón.