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Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4: La mansión de las pesadillas pastel

El viaje de vuelta a casa fue silencioso. El auto donde viajaba era una de esas cosas que la gente normal mira desde la vereda. Negro, brillante, con asientos de cuero que olían a dinero y un chofer que no había dicho una sola palabra en todo el trayecto. Yo iba en el asiento de atrás, apretujado entre Elvira y ese silencio incómodo que se instala cuando nadie sabe bien qué decir.

Karl iba delante, junto al chofer, y de vez en cuando giraba la cabeza para sonreírme. Una sonrisa blanca, perfecta, de esas que deben costar una fortuna en ortodoncia.

Yo no le devolvía la sonrisa, no podía, todavía tenía su olor pegado en la ropa, ese cuero con tabaco que me había revuelto el estómago. Y ahora que sabía que este cuerpo percibía los olores de otra manera, no podía evitar preguntarme: ¿será que esto que siento es instinto omega? ¿O solo es que el tipo no me cae bien?

—¿Cómo te sientes? —preguntó Karl, girándose otra vez.

—Como si me hubiera caído por unas escaleras —respondí—.

Elvira contuvo un suspiro, Karl asintió, como si mi respuesta tuviera algún sentido y se volvió hacia el frente.

Genio, pensé, este tipo es un genio de la conversación.

El portón se abrió lentamente y el auto avanzó por un camino bordeado de árboles. Y entonces la vi.

—No me digas —murmuré sin querer.

—¿Qué pasa, hijo? —preguntó Elvira.

—Nada. Es que... es grande la casa.

Grande era quedarse corto. Era una mansión, de esas con columnas en la entrada, con ventanales gigantes, con un jardín que parecía sacado de una revista de esas que venden en el supermercado y que nadie compra porque cuestan un ojo de la cara. Mi casa, la de verdad, era un departamento de tres ambientes en un quinto piso sin ascensor. La puerta era de chapa, las ventanas daban a un patio interior lleno de ropa tendida y el jardín más cercano era la plaza a tres cuadras.

Esto... esto era otro planeta.

El auto se detuvo frente a la entrada, Karl bajó rápido y me abrió la puerta. Todo un caballero.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó, tendiéndome la mano.

—No, gracias —dije, y salí por mi cuenta.

Mis piernas —las piernas de Ian— temblaron un poco al pisar el suelo, pero aguantaron.

La puerta principal se abrió y apareció una mujer con uniforme.

—Señorito Ian, qué alegría verlo de vuelta —dijo, con una sonrisa profesional—. Le tenemos todo preparado.

—Gracias... —dudé, no sabía su nombre.

—Mercedes, hijo —susurró Elvira a mi lado—. Es Mercedes.

—Gracias, Mercedes —repetí.

Ella asintió y se hizo a un lado para dejarnos pasar. Entré y por un segundo olvidé cómo se respiraba.

El recibidor era más grande que mi departamento entero. Mármol por todas partes, una lámpara de araña que parecía sacada de un palacio, un cuadro enorme en la pared que probablemente valía más que todo lo que yo había poseído en mi vida. La casa olía a limpio, a limpio de verdad, no a lejía barata. Pero había algo en ese olor que me ponía los pelos de punta, como si estuviera en un museo. Todo perfecto, todo intocable. Todo muerto.

Y al fondo... Las escaleras.

Las vi y sentí algo raro, un escalofrío que me recorrió la espalda de arriba abajo. Como si mi cuerpo —el cuerpo de Ian— recordara algo que mi mente todavía no había procesado del todo. Me quedé paralizado mirándolas. Eran amplias, de mármol blanco, con una barandilla de madera oscura. Bonitas, elegantes.

Y ahí fue donde Ian se mató.

—¿Ian? —la voz de Elvira me sacó del trance—. ¿Estás bien?

Parpadeé, respiré hondo.

—Sí —mentí—. Es que... no sé. Las escaleras.

Elvira y Karl intercambiaron una mirada que no supe interpretar.

—¿Quieres que te ayude a subir? —ofreció Karl.

—No, puedo solo.

Y empecé a subir.

Cada escalón era una batalla. No físicamente —el cuerpo dolía, pero se podía— sino mentalmente. Algo en mí sabía que ahí, en esos escalones, había pasado algo malo, muy malo. Pero seguí subiendo. Porque si iba a sobrevivir en este lugar, tenía que enfrentarme a todo, incluidas las escaleras asesinas.

 Al final de las escaleras había un pasillo largo con varias puertas. Elvira me guió hasta una de ellas y la abrió.

—Esta es tu habitación —dijo.

Entré. Y tuve que contenerme para no soltar una carcajada.

La habitación era enorme. Cama gigante con dosel y cortinas rosadas, escritorio de madera clara con un jarrón de flores, un tocador con espejo iluminado, lleno de frascos y potingues, una estantería con libros y peluches. Sí, peluches. Un oso enorme sentado en un rincón, mirándome con sus ojos de botón.

Todo era rosa o blanco o beige. O colores pastel que dolían a la vista.

—Es... muy bonita —dije, con toda la ironía que pude disimular.

—Es tu habitación, hijo —dijo Elvira, y por primera vez noté un dejo de tristeza en su voz—. La decoraste tú mismo cuando tenías catorce años. Dijiste que querías algo... femenino.

Femenino, claro. Porque ser omega significa vivir en una nube rosa con peluches.

—Ah —fue todo lo que se me ocurrió responder.

Karl se había quedado en la puerta, apoyado contra el marco, con esa sonrisa de quien cree que es dueño del lugar.

—¿Te gusta? —preguntó.

—Es... original —respondí.

No captó la ironía, por supuesto que no.

Elvira dijo algo sobre bajar a preparar algo de comer y se fue, llevándose a Karl con ella. Por fin, solo. Me quedé en medio de la habitación, girando lentamente, intentando procesar todo.

Mi antigua habitación, la de verdad, era un cuarto de tres por tres. Cabía justo mi cama, un armario de esas de plástico que se compran por partes y una silla donde amontonaba la ropa. Las paredes eran color crema, del color que pone el dueño cuando no quiere gastar en pintura buena, el suelo era de baldosas frías que en invierno helaban los pies.

Esta habitación era más grande que el piso entero de mi mamá y estaba decorada por una princesa de Disney. El oso me miraba desde su rincón con sus ojos de botón. Me acerqué, lo agarré por la oreja y lo giré para que mirara a la pared.

—Tú tampoco quieres verme, ¿verdad? —le dije.

No respondió. Mejor.

Me acerqué al armario. Era empotrado, con puertas de espejo que iban de pared a pared. Las abrí.

Y mi cerebro hizo un cortocircuito.

Ropa, montañas de ropa. Suéteres de punto fino, camisas de seda, blusas de corte fluido, jerséis de cuello alto. Todo ordenado por colores, como en una tienda. Rosas, blancos, beiges, celestes. Telas suaves, brillantes, algunas con bordados delicados. Zapatos abajo: bailarinas, zapatillas blancas, botines de tacón bajo, sandalias con flores.

—Este chico tiene más ropa que Barbie —murmuré—. Y Barbie tiene un maldito camper.

Saqué un jersey de punto color lavanda, con botones diminutos en el cuello. Suave como una nube, pero con un aire de "omega que nunca ha trabajado en su vida". Lo miré con desprecio y lo volví a colgar. Saqué una camisa de seda blanca con el cuello redondeado, parecía de anuncio de crema hidratante. La colgué. Saqué un conjunto de pijama de seda con corazones.

—Es una broma, ¿verdad?

Cerré el armario de un portazo. Demasiado, todo era demasiado. Me dejé caer en la cama (mullida, con sábanas de esas que deben costar un ojo de la cara) y me quedé mirando el dosel. Rosado, por supuesto.

—¿En serio? —pregunté en voz alta—. ¿En serio esta era su vida?

Y entonces pasó, un dolor punzante en la cabeza, como un latigazo. Me llevé las manos a las sienes, cerrando los ojos y las imágenes empezaron a llegar.

La escalera. Los escalones bajando. Una mano empujando. Un teléfono. Fotos. No alcanzo a ver bien. Una cama. Ropa. Gente.

Voces. "Es tan fácil de engañar..." "Para la diversión..."

La caída. El vacío. El frío del mármol contra la mejilla. La mano otra vez. Uñas largas. Rojas.

Y de repente, un olor. Dulzón, empalagoso, con un fondo químico. Como una flor podrida o un perfume barato echado en exceso. Me dio náuseas.

Y luego... nada.

Abrí los ojos de golpe. Estaba temblando, el corazón me latía tan fuerte que parecía querer salirse del pecho. La cabeza me dolía como si alguien estuviera taladrando dentro. Pero ahora sabía cosas. No muchas, las imágenes estaban desordenadas, como un rompecabezas al que le faltan piezas, pero había algo claro.

Una mano. Una mano empujó a Ian. Y esa mano... tenía uñas largas. Rojas.

—Una mujer —susurré—. Una mujer con uñas rojas y un perfume asqueroso.

¿Quién? No lo sabía. Pero alguien lo empujó, Ian no se cayó.

Me incorporé lentamente, esperando a que el mareo pasara. Respiré hondo varias veces, como me enseñó mi mamá cuando era chico y me daban ataques de ansiedad.

Tranquilo, Joseph, tranquilo.

Me quedé un rato sentado en el borde de la cama, con los codos en las rodillas y la cabeza baja, esperando a que el corazón dejara de galoparme en el pecho. Las manos me temblaban, las apoyé sobre las sábanas hasta que dejaron de hacerlo. Respiré. Una vez, dos, tres. Cuando por fin pude levantar la vista sin que la habitación diera vueltas, empecé a ordenar la información.

Uno: Ian no se cayó, lo empujaron.

Dos: la que lo empujó fue una mujer. Morena, por lo que alcancé a ver, con uñas rojas. Y ese olor, no sé si era perfume o feromona, o las dos cosas mezcladas. Dulzón, empalagoso, químico. Como si alguien hubiera intentado fabricar un olor a flor y le hubiera salido algo podrido.

Tres: hay algo más. Fotos, un teléfono, no sé bien qué eran, pero algo tenía que ver.

Cuatro: las voces. "Es tan fácil de engañar." "Para la diversión..." No sé de quién eran, pero sonaban... crueles.

Cinco: yo estoy aquí por culpa de alguien.

Me levanté de la cama y caminé hasta la ventana. El jardín se extendía abajo, perfecto, como un anuncio de césped artificial. Piscina, árboles, una terraza con muebles blancos.

Todo tan bonito, todo tan falso.

—Bien —dije en voz alta, porque hablar solo ayuda a pensar—. Vamos por partes.

Primero: seguir fingiendo amnesia sobre el supuesto accidente. Si alguien sospecha que recuerdo algo, se van a poner nerviosos. Esa mujer ya demostró que es capaz de empujar, no voy a darle motivos para intentarlo de nuevo.

Segundo: averiguar quién es. Morena, uñas rojas, perfume dulzón. Tiene que ser alguien del entorno de Ian, alguien que estuviera ese día en la casa.

Tercero: encontrar esas fotos, las del teléfono. No sé qué son, pero algo me dice que son importantes.

Cuarto: descubrir la verdad. Lo que sea que pasó, Ian merece que alguien la sepa.

—Un plan —murmuré—. Tengo un plan.

No era un gran plan, era más bien una lista de intenciones con un agujero enorme en medio: ¿cómo averiguo quién es ella? ¿cómo encuentro las fotos? Pero era un comienzo.

Miré el armario otra vez. Toda esa ropa, toda esa vida que no era mía.

—Lo siento, Ian —dije en voz baja—. No sé quién eras, no sé qué pasó, pero voy a averiguarlo. Por ti y por mí, porque sin lo que sea que te pasó, yo no estaría aquí.

Algo en el aire cambió, o tal vez fueron imaginaciones mías. Pero sentí, por un segundo, como si alguien me hubiera escuchado.

Tocaron a la puerta.

—¿Ian? —la voz de Elvira—. ¿Puedo pasar?

—Sí —dije, girándome.

Elvira entró con una bandeja. Té, galletas, fruta. Todo muy fino.

—Pensé que querrías algo de comer —dijo, dejando la bandeja sobre el escritorio—. ¿Cómo te sientes?

—Mejor —dije, y esta vez era casi verdad—. De hecho... creo que recordé algo.

Elvira se quedó quieta, sus ojos se abrieron un poco más, sus dedos juguetearon con el borde de la bandeja.

—¿Algo? ¿Qué cosa?

—Imágenes sueltas. La escuela, unas amigas y... —hice una pausa, midiendo mis palabras—. A Karl. Lo vi, sonriendo.

Elvira sonrió, aliviada.

—Eso es buena señal, hijo, la memoria vuelve poco a poco.

—Sí —dije, devolviéndole la sonrisa—. Poco a poco.

Pero Elvira no se fue de inmediato, se quedó ahí, de pie, con las manos entrelazadas frente al cuerpo. Su olor a azahar, leche y miel se había vuelto ligeramente amargo. Ansiedad o miedo, no sabía distinguirlo todavía.

—¿Hay algo más, hijo? —preguntó—. Algo que quieras contarme.

La miré y por un instante, sentí el impulso de soltarlo todo. De decirle: "Señora, su hijo está muerto. Alguien lo empujó por esas escaleras y yo estoy aquí, en su cuerpo, sin saber qué hacer."

Pero no lo hice.

—No —dije—. Nada más.

Ella asintió lentamente, sus ojos me escudriñaron un segundo más, como si buscara algo. Algo que no encontró o algo que encontró y no le gustó. Luego sonrió, pero la sonrisa no llegó a los ojos.

—Descansa, hijo, mañana será un día largo.

Se fue.

Y yo me quedé solo, con el olor a azahar todavía flotando en el aire, mezclado con ese otro olor. El del flashback, el de la mujer de las uñas rojas. Ella sabe algo, pensé, y no es la única. En esta casa todos esconden algo y yo voy a averiguar qué.

Me senté en el borde de la cama, con la cabeza todavía dándome vueltas y miré la habitación. Las cortinas rosadas, los peluches, el tocador lleno de potingues.

—Esto es solo el principio —susurré.

Y por primera vez en días, sentí que tenía el control.

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kohaku viento
estubo de suspenso el capítulo. 🤭🤭🤭🤭. espero el próximo y queri ver la caída de Karl
kohaku viento
vamos que se puede aquí le hecho porras 🤣🤣🤣🤣🤣
Julissa Jimenez
siiiiii por fin tiene las pruebas 😂😂😂😂😂autora más capítulos para saber cómo va utilizar esas pruebas 😍😍😍😍😊😊😊😊😊
Alex
ojalá que cuando se rompa el compromiso la solución sea comprometer a Kevn y a Ian 🙏🏼🙏🏼
Alex
espero que Diego sea amigo y no enemigo
☆Nanu☆
son muy hábiles!!!👏👏👏👏
y el pobre de Diego debería ser pronto un aliado, hay que desvaratarles el mundo, como hicieron ellos, pero con la verdad, esa es la diferencia entre unos y otros 😏💪
y también recuperar la presencia de Kevin!!! vamos muchacho, conversa con tu amiga y que te ponga en eje!!!🤭
Nidia Mojica
Se puso bueno, le hubiera dado unos chingadazos el viejo a Karl e Ian Ignora y sigue cerca de Kevin así cambia de prometido.
kohaku viento
me encantó. si karl piensa que logrará revertir esto creo que realmente está loco y es todo un idiota 🤣🤣🤣 y en cuanto al contrato también puede cambiarse digo Kevin también es su hijo 🤭🤭🤭🤭 y así no se arruinan nadien. problema resuelto solo se cambia el nombre del prometido 🤭🤣🤣🤣🤣
☆Nanu☆
por fin Kevin muestra su carta, aunque se apagó un poco con papi... pero puede que Ian lo insite a desobedecer 🤪😏🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
☆Nanu☆: me encanta!!! 😏🎉👏👏👏👏
total 3 replies
Julissa Jimenez
sigo pensando que Karl es muy poca cosa para este nuevo Ian 😊😊😊😊😊😊Kevin es mejor pareja 😍😍😍😍
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Nidia Mojica
Ya era hora que Karl se diera cuenta del gran cambio de Ian. Me encanto el capitulo.
Julissa Jimenez
estupido Karl 🙄🙄🙄🙄🙄esta bien que Ian le de hasta con le pote😊😊😊😊se lo merece y mas😊😊😊😊😊me encanta Ian y Kevin 😍😍😍😍más capítulos 😊😊😊😊😊
kohaku viento
esto ya es guerra. ya quiero ver. destrozado. a karl y definitivamente Kevin es mucho mejor para Ian 🤭🤭🤭
☆Nanu☆
se puso caliente la papa!!! 🤭 ya me gustan más estos dos casi que aliados. Espero actualización pronto porque me como los codos!!!
Nidia Mojica
Ya le cauo jna mosca a la sopa, también que estaban ellos dos.
☆Nanu☆
eh bue, lo bueno dos veces bueno, pero a veces dura poco...
Kevin, demuestre lo que realmente vale saber y querer saber del que te gusta 😉.
Será que la madre de Ian les dijo a donde iban estos dos a Karl??? 👀
Yolanda Plazola Arroyo: si creo que que ella le dijo porque es mucha coincidencia que se encontrarán ai
total 3 replies
kohaku viento
noo ya llegó la basura a arruinar el momento
Alex
ya le cayó 💩 al pastel 🙄
DAM 💜💜💜
ahora sí que no confíe en sus supuestos padres ellos saben algo o están encubriendo no lo sé tengo esa sensación
DAM 💜💜💜
Ahora sí comienza su verdadera lucha de aprender a vivir en otra piel hay me encanta
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