NovelToon NovelToon
LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance de oficina / CEO / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Christine tiene 26 años, trabaja como contable en una importante corporación alimentaria y cree ser una hoja al viento tras haber crecido en un orfanato. Su vida transcurre en calma hasta que un inesperado ascenso la lleva al último piso de la empresa, directo al despacho de Rubén, el frío y estricto CEO. Él vive atrapado en una jaula de oro, obligado a cumplir una promesa familiar y casarse con Clarisa, la caprichosa y superficial hija del socio de su padre.
Entre balances financieros y reuniones compartidas, una atracción prohibida e inevitable surge entre la contable y el director ejecutivo. Sin embargo, un trágico accidente y una inesperada emergencia médica en el hospital lo cambiarán todo, sacando a la luz una anomalía biológica que desatará las sospechas del pasado.
Nadie es quien dice ser. En un mundo de lujos falsos y secretos de alcoba, ¿qué misterio se esconde detrás de la cuna de la verdadera heredera? El altar de la verdad está listo para que caigan las máscaras.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2 LAS CADENAS DE ORO DE LA QUINTA GENERACION

Me llamo Rubén y, a mis treinta años de edad, ostento el título de ser un CEO ampliamente reconocido y respetado en el entorno empresarial de mi país. Dirijo con mano firme la mayor corporación de alimentación del territorio nacional, una empresa cuya infraestructura y volumen de negocio mueven millones al año. Ciertamente, si he de ser completamente honesto y transparente con quien lea esto, el puesto de máxima autoridad me vino dado en gran medida por la herencia consanguínea, pues nos encontramos ante una compañía netamente familiar que ya se encuentra en manos de la quinta generación en línea directa de sucesión, posición que me corresponde ocupar a mí en este momento histórico. Sin embargo, en mi propia defensa frente a los prejuicios habituales que caen sobre los hijos de papá, diré que no me limité a sentarme en el sillón presidencial a disfrutar del dinero acumulado. Fui yo mismo quien decidió, ante el aplauso y el orgullo de mi padre, que quería iniciar mi trayectoria laboral desde el escalón más bajo de la estructura corporativa. Quería conocer de primera mano y por experiencia propia cómo era el funcionamiento real de cada uno de los puestos individuales que integraban los engranajes de mi empresa.

Por esa razón, cuando ingresé en la facultad para cursar mis estudios superiores, alterné las exigentes clases de la universidad con extenuantes jornadas de trabajo físico en las diferentes áreas de la fábrica. Pasé meses cargando cajas en los almacenes de logística, operando la maquinaria de empaquetado bajo el calor de la planta y rellenando albaranes en las oficinas administrativas de menor rango. Este recorrido de aprendizaje no solo hizo que yo adquiriera una base sólida de conocimientos prácticos e indispensables sobre la realidad del negocio, sino que también me acercó de manera humana y directa a mis empleados. Logré comprender sus necesidades, sus quejas diarias y sus esfuerzos. Gracias a eso, me gané el respeto absoluto de toda la plantilla laboral a base de sudor y constancia, demostrando que no era un aristócrata mimado. Hoy en día, considero que en la empresa somos como una gran familia unida. Eso sí, que nadie se equivoque ni confunda mi cercanía con debilidad: mi mano es de auténtico hierro a la hora de dirigir las estrategias globales, negociar con los proveedores internacionales y cerrar acuerdos comerciales multimillonarios. Pero poseo la misma firmeza para premiar el trabajo bien hecho de mis empleados, otorgando bonos y reconocimientos justos a quienes demuestran lealtad y excelencia.

He de reconocer que, en líneas generales, he gozado siempre de una vida feliz, próspera y sumamente buena; sería un cínico si me quejara de mi suerte material o familiar. Si mis padres han tenido problemas conyugales en el pasado o han protagonizado discusiones fuertes a lo largo de su matrimonio, yo nunca fui testigo de ello. Ambos tuvieron la madurez y la inteligencia emocional necesarias para dejarme siempre al margen de sus diferencias individuales y me permitieron ser un niño normal durante el tiempo que debía serlo, protegiendo mi infancia de las tensiones del dinero o del estatus. No he tenido hermanos ni hermanas con quienes compartir la casa, pero tampoco es algo que haya echado en falta en absoluto a lo largo de mi crecimiento, pues tengo la fortuna de contar con mi mejor amigo, Richard, a quien conozco desde los años de la guardería infantil. Para mí, Richard es mucho más que un amigo de la infancia; es mi hermano de vida, mi confidente absoluto y el compañero inseparable de todas mis correrías. Debo admitir que, aunque ahora ya nos hemos asentado y comportado como hombres de negocios maduros y serios debido a las responsabilidades que cargamos sobre los hombros, durante la etapa comprendida entre los dieciocho y los veintipocos años fuimos un auténtico y constante dolor de cabeza para nuestras respectivas familias, protagonizando juergas memorables y escándalos menores que salían en las secciones sociales.

Pero a pesar de que la empresa se encuentra en su momento de mayor éxito financiero, expandiéndose hacia nuevos mercados internacionales, y de que mi vida cotidiana transcurre bajo una aparente tranquilidad relajada y exitosa, hay un asunto oscuro que me quita el sueño por las noches, me roba el apetito por los días y me quita las ganas de vivir en ocasiones. Se trata, ni más ni menos, que de mi matrimonio de conveniencia pactado con la hija del socio histórico de mi padre: Clarisa. Ella tiene veintiséis años y se ha convertido en mi peor pesadilla personal desde el mismísimo instante en que llegó a este mundo. Para comprender esta situación absurda, hay que mirar hacia el pasado de la corporación. La empresa de mi familia no siempre funcionó de manera tan perfecta ni boyante como lo hace en la actualidad; atravesó unos años sumamente críticos en los que las finanzas globales empezaron a complicarse gravemente debido a una mala gestión y una crisis sectorial, hasta el punto de que mis antepasados estuvieron a punto de perder el control total de la firma y caer en la bancarrota. Esos hechos ocurrieron durante la época en que mi abuelo ejercía como CEO principal. Para poder inyectar capital urgente y salvar el patrimonio familiar del desastre total, mi abuelo se vio en la estricta necesidad de vender un paquete muy importante de las acciones de la compañía. Así es como el abuelo de Clarisa entró formalmente en la sociedad, aportando una fortuna que rescató el negocio. Obviamente, con el paso de las décadas, esas acciones estratégicas pasaron en herencia directa a manos de su hijo, el actual socio de mi padre.

La verdad sea dicha: los padres de Clarisa son personas de bien, seres humanos educados, trabajadores y respetables dentro de la alta sociedad. Por lo mismo, no logro entender bajo ninguna lógica familiar cómo han sido capaces de criar y consentir a una hija con semejante personalidad. A Clarisa no la soporto; su mera presencia me altera los nervios. Es una persona insoportablemente engreída, altanera, superficial y vacía, cuyo único propósito diario y dedicación exclusiva consiste en gastar el dinero de su padre en compras compulsivas de ropa de alta costura, bolsos de diseñadores internacionales, joyas extravagantes y viajes sin sentido. Aspira, con una tranquilidad pasmosa, a continuar exactamente con ese mismo estilo de vida frívolo durante el resto de sus días, pero utilizando mis cuentas bancarias en lugar de las de su progenitor. ¿Y por qué demonios estoy prometido en matrimonio con un ser humano así? Pues porque a mi abuelo, en su lecho de muerte y guiado por una mentalidad antigua, decidió que la mejor manera jurídica y sentimental de asegurar de una vez por todas que aquellas acciones vendidas regresaran al núcleo duro de la familia original era casando a su propio hijo con la hija del socio salvador. Sin embargo, el destino se burló de sus planes iniciales, ya que ambos herederos resultaron ser varones: mi abuelo tuvo a mi padre y su socio tuvo al padre de Clarisa. Por lo tanto, el pacto de sangre y finanzas saltó automáticamente a la siguiente generación, la de los nietos. Y mira tú qué mala suerte la mía: yo salí chico y la otra parte en disputa resultó ser Clarisa. Estoy atrapado en una jaula de oro y el tiempo para la boda se agota.

1
Monica Cobos
Una tierna y hermosa historia de vida y amor 💕💕💕🍀🙋🇦🇷🇦🇷
Mirna Lobo
espectacularmente buena 👏👏😊 felicidades escritora, espero que sus problemas se resuelvan con bien y gran abrazo 🤗 y bendiciones 😊😊😊
Mirna Lobo
que bonito y que gran corazón el de Cristine , todo lo que es , se lo debe a las enseñanzas de esa gran mujer 😊👏👏👏❤️❤️
Mirna Lobo
❤️❤️❤️la corriente vuelve a su cause 👏👏😊😊
Mirna Lobo
me pregunto de dónde sacó esa señora cincuenta mil dólares para pagarle al médico ❓❓❓
Mirna Lobo
resultó que la insufrible no es hija de ella 🫢 fueron cambiadas, espero que se le bajen los humos a la lagartona de la Clarisa😠😠
Mirna Lobo
no me digas que Cristine es hermana de la insufrible 🤔😠 eso sí es tener mala suerte en la vida 😤 o al menos que las hayan intercambiado 🤔
Mirna Lobo
que maravilla que tenga sentimientos tan bonitos para la persona que la cuidó en el orfanato 😊😊
Andrea Nardelli
extraordinaria exelelentemente escrita
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play