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Bajo La Luna De Desierto: El Contrato Del Alfa

Bajo La Luna De Desierto: El Contrato Del Alfa

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Mafia / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Para salvar a su clan de la ruina, Zaira acepta un matrimonio forzado con Tariq Al-Rashid, el despiadado Alfa de la mafia vampírica de Dubái. Obligada a renunciar a su libertad, se adentra en un palacio de lujo y misterio que parece salido de Las mil y una noches. Pero el peligro real la espera al cruzar el umbral: el hombre con el que debe casarse no es su prometido inicial, sino el implacable y magnético padre de este, un inmortal de mirada abrasadora que esconde el secreto de un viaje en el tiempo. Entre sedas, dunas plateadas y miradas que queman, Zaira descubrirá que la línea entre el odio y la pasión más ardiente es tan fina como un suspiro.

NovelToon tiene autorización de Araceli Settecase para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El Legado de las Eras y la Luna Eterna

El tiempo, esa fuerza implacable que una vez amenazó con desmembrar los destinos de la dinastía, fluía ahora con la majestuosa serenidad de un río ancho y profundo. Los meses transcurrieron sobre Dubái como un manto de transformación y plenitud. El invierno dio paso a una primavera templada y, finalmente, al abrazo cálido del verano, mientras el imperio Al-Rashid vivía la era de mayor prosperidad, orden y estabilidad de toda su historia milenaria.

​La fortaleza del palacio, antes marcada por las intrigas de la traición y la amenaza de sombras ancestrales, se había convertido en un bastión inexpugnable cargado de vida. Las fronteras internacionales permanecían en calma absoluta; los consejos de las mafias europeas y asiáticas rendían tributo con puntualidad devota, sabiendo que la autoridad del Alfa supremo y de la Reina Zaira no admitía grietas ni vacilaciones.

​En el piso ochenta y cinco de la torre, en la suite imperial adaptada con terrazas ajardinadas y fuentes de agua clara que evocaban la frescura del antiguo patio de Isfahán, la atmósfera respiraba una paz dorada.

​Zaira permanecía de pie ante el ventanal principal, vestida con una túnica holgada de seda blanca con bordados de hilo de plata en el escote y los puños. Su figura, antes esbelta y felina, lucía ahora la curvatura gloriosa y prominente de la maternidad a término. Su piel canela proyectaba un resplandor casi místico, acentuado por la serenidad de sus ojos oscuros, que contemplaban el sol poniente ocultándose tras las aguas serenas del golfo Pérsico.

​A su lado, la presencia imponente de Tariq era una constante inquebrantable.

​El Alfa vestía pantalones oscuros de lino y una camisa blanca de mangas remangadas. Aunque conservaba la envergadura física de un guerrero invencible y las marcas doradas de su linaje ancestral, su mirada ya no albergaba la ferocidad sombría de los siglos pasados. Sus ojos ámbar observaban a Zaira con una mezcla de veneración devota y orgullo desmedido.

​Tariq avanzó con pasos silenciosos y rodeó a Zaira por la espalda. Sus manos grandes y cálidas se posaron suavemente sobre la plenitud de su vientre, sintiendo contra sus palmas la firmeza del latido del pequeño ser que estaba a punto de llegar al mundo. Se pegó a su espalda, apoyando la barbilla en su hombro e inhalando el aroma profundo a piel tibia y jazmín.

​—Está inquieto esta tarde —murmuró Tariq con su voz grave y cavernosa, que envió una marea de calor reconfortante a través del cuerpo de la joven—. Siente la presencia del mar y la llegada de la noche.

​Zaira sonrió, cubriendo las manos del Alfa con las suyas y recostando la cabeza contra su tórax de piedra.

​—Tiene la fuerza de su padre —respondió ella en un susurro dulce pero firme—. No deja de recordar que lleva la sangre de los Alfas y el fuego de las sacerdotisas. Ansía conocer el imperio que gobernará.

​Tariq inclinó la cabeza y rozó con sus labios la comisura del cuello de Zaira, dejando una cadena de besos lentos y ardientes que hicieron que ella dejara escapar un leve suspiro de satisfacción.

​—Este imperio es solo el marco para el mundo que construimos para él, mi luna —dijo el inmortal—. Las guerras han terminado. Jafar fue consumido por el abismo, los traidores pagan su culpa en el olvido, y nuestro amor se ha vuelto eterno.

​La conversación fue interrumpida por un leve escalofrío que recorrió la espalda de Zaira. Un espasmo firme, rítmico y profundo apretó las paredes de su vientre. La joven contuvo el aliento por un instante y apretó con más fuerza los dedos de Tariq.

​El Alfa se tensionó de inmediato. Su mirada se volvió hiperalerta en una fracción de segundo.

​—Es el momento —dijo Zaira, alzando la mirada para encontrar los ojos ámbar de su esposo con una calma majestuosa—. El heredero reclama su nacimiento.

​La llegada de la noche trajo consigo una luna llena colosal, reluciente y plateada que iluminó la bóveda celeste sobre Dubái.

​La suite imperial fue preparada bajo la supervisión directa del anciano Baraz y las matronas más experimentadas de la estirpe inmortal. Sin embargo, no hubo gritos de angustia ni caos de batalla; el recinto respiraba una solemnidad sagrada. En el centro de la gran litera imperial, vestida con sábanas de lino blanco puro, Zaira enfrentó las olas del parto con la misma valentía y templanza con la que había blandido las dagas en la necrópolis de Isfahán.

​Tariq no se separó de su lado ni un solo segundo. Permaneció sentado a la cabecera del lecho, sosteniendo la mano de Zaira con una fuerza contenida, permitiendo que la joven canalizara a través de su agarre toda la intensidad de los espasmos. El Alfa compartía el dolor y la energía del proceso a través del vínculo de sangre que los unía, susurrándole palabras de amor y dominación en la lengua antigua de los primeros Alfas.

​—Fuerza, mi reina... —murmuraba él contra su sien húmeda—. Tu sangre es la matriz del tiempo. Estás trayendo la luz a nuestra dinastía.

​Zaira apretó los dientes, cerró los ojos y concentró toda la energía bendita que latía en su alma. Una ráfaga de luz azul astral, pura y brillante, emanó de su pecho y envolvió la estancia en una atmósfera cálida que disipó cualquier rastro de cansancio.

​Con un último esfuerzo majestuoso que resonó en el corazón de la torre, un llanto fuerte, claro y vibrante rompió el silencio de la noche.

​El llanto no era el de un recién nacido común. Era un tono firme, lleno de vida y potencia, que hizo vibrar el aire de la habitación y encendió de inmediato las runas de plata de los pilares del recinto.

​Baraz tomó al pequeño entre sus manos, lo envolvió en un manto de seda borgoña bordado con hilos de oro y se lo ofreció al Alfa y a la Reina.

​—El ciclo se ha completado —proclamó el anciano con lágrimas de júbilo en su rostro ajado—. Un varón de sangre pura. El príncipe de las eras.

​Tariq tomó a su hijo en brazos con una reverencia y una delicadeza extremas. El pequeño, con un tono de piel cálido y una suave capa de cabello oscuro, abrió despacio los ojos. Para asombro del propio Alfa, las pupilas del niño mostraron un destello ámbar e iridiscente, cercado por un anillo de color azul astral profundo: la fusión perfecta entre la mirada del primer Alfa y el fuego de la sacerdotisa de la luna.

​Tariq se acercó a la cama y se reclinó al lado de Zaira, depositando con infinito amor al bebé sobre el pecho de la joven.

​Zaira abrazó a su hijo contra su piel, derramando lágrimas de puro éxtasis mientras el pequeño encontraba refugio en su calor. Tariq los envolvió a ambos con sus brazos gigantescos, cubriendo la frente de Zaira de besos apasionados y agradecidos.

​—Se llamará Kaelen —susurró Tariq, su voz vibrando con un orgullo invencible—. El guardián de la luna y el sol. El rey que consolidará nuestra estirpe por los próximos milenios.

​—Kaelen Al-Rashid —repitió Zaira con una sonrisa radiante, contemplando el rostro de su hijo y la devoción en los ojos de su esposo.

​Tres días después, la presentación del príncipe se llevó a cabo en la terraza más alta de la torre Al-Rashid, bajo el sol radiante de la mañana.

​Toda la guardia imperial en trajes de gala, los consejeros del reino y los delegados de las familias del inframundo mundial colmaban las instalaciones inferiores y los helicópteros de escolta que sobrevolaban el perímetro. Tariq y Zaira avanzaron hacia el borde de la terraza. Zaira lucía un majestuoso vestido de seda carmesí con aplicaciones de plata, recuperada su figura y su temple de reina, mientras Tariq vestía la túnica negra de los Alfas.

​Tariq alzó al pequeño Kaelen hacia el cielo abierto de Dubái.

​La multitud congregada abajo y en los recintos estalló en un grito unánime de lealtad y victoria que retumbó en las costas del golfo Pérsico. Los disparos de salva de la guardia leal y el vuelo de los estandartes de la casa Al-Rashid sellaron la coronación del nuevo heredero.

​El imperio no solo había resistido el paso del tiempo, las traiciones de la carne y las batallas contra la magia oscura del pasado; se había refundado sobre la roca inexpugnable del amor indisoluble entre el Alfa supremo y su reina de las sombras.

​Al caer la noche, cuando el estruendo de las celebraciones se retiró a los niveles inferiores, Tariq y Zaira permanecieron a solas en la terraza privada. El pequeño Kaelen descansaba en su cuna de madera de cedro en el interior de los aposentos, velado por la guardia de honor.

​Zaira se apoyó contra la balaustrada de cristal, sintiendo la brisa cálida de la noche. Tariq se posó detrás de ella, envolviendo su cintura con sus brazos y pegando su cuerpo contra la espalda de ella.

​—Atravesamos mil años de historia, luchamos contra monstruos y reescribimos el destino, pajarillo —murmuró Tariq en su oído, su voz destilando un amor eterno y posesivo.

​Zaira se giró en sus brazos, alzando el rostro para mirarlo a los ojos y enredar sus dedos en el cabello oscuro del Alfa.

​—Y lo volvería a hacer mil veces más —respondió ella con esa firmeza hermosa que encendía la alma del inmortal—. Porque mi hogar no es un siglo ni un palacio. Mi hogar eres tú, Tariq.

​Tariq sonrió con majestad absoluta, inclinó la cabeza y capturó los labios de su reina en un beso profundo, ardiente y definitivo que resonó en el universo, mientras la luna llena de Dubái vigilaba desde lo alto el reinado eterno de la dinastía Al-Rashid.

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Blanca Montero Angulo
Gracias escritora bellísima novela. Dios te bendiga infinitamente. un abrazo a la distancia. 😘😘🙏🙏🙏🙏🙏
Blanca Montero Angulo
Jajajajaja jajajajaja los personajes llevan el conteo de los capítulos que faltan 🤔🤔🤔🤔😅😅😅🤣🤣🤣🤣🤣
Blanca Montero Angulo
😘😘😘😘😍😍😍🤔🤔🤔🤔
Blanca Montero Angulo
Al fin mataron a ése infeliz de jafar 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Oh es una novela atrapante 🤔🤔🤔🤔😍😍😍😍😍😍
Blanca Montero Angulo
😍😍😍😍😍😍😍😍😍😍😍
Blanca Montero Angulo
Era en tiempo pasado 🤔🤔🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Que interesante inicio. gracias bendiciones 😘 🙏
Martha Divas Delgado
o me encantó un asta pronto creo por k una historia así es hermosa 🥰
Martha Divas Delgado
🥰continuarán con su legado k bello zaira está embarazada☺️
Martha Divas Delgado
🤭 me gusta k tariq cuente los capítulos k faltan para finalizar la historia
Martha Divas Delgado
hay dios pensé k jafar los iba a atrapar 🥹 en el pasado
Martha Divas Delgado
me encantan esta historia le doy todo
Renata Mabel
🦆✨
Martha Divas Delgado
autora no tardes mucho en actualisar
Martha Divas Delgado
hayyyyy me encanta hay muchos peligros por dios
Martha Divas Delgado
🥰 me encanta es un camino k recorrerán juntos a ver k pasa con samir
Martha Divas Delgado
🥰 se está poniendo más buenaaaaaaaaaa🤭
Martha Divas Delgado
ufffffffff empesamos bien 🤭
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