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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12: Sin pijama

La maleta equivocada no se resolvió en diez minutos.

Tampoco en veinte.

El personal del Estrella del Caribe se disculpó con una cortesía perfecta, tan pulida que parecía practicada frente a un espejo. Había, según dijeron, dos maletas blancas con etiquetas muy parecidas. Una pasajera de otra cubierta había recibido la de Ximena. El cambio estaba localizado, pero la señora había salido a una actividad de bienvenida y no contestaba en su cabina.

—Nos encargaremos con la mayor discreción, señor Montalvo —prometió el encargado.

Cristian miró la maleta de encaje cerrada junto a la pared.

—Eso espero.

Ximena, sentada en el sofá con las manos juntas sobre las rodillas, sonrió como si no hubiera una colección de prendas imposibles a dos metros de distancia.

—No se preocupe. No hay prisa.

*Sí hay prisa. Mi cepillo está allá. Mis cremas están allá. Mi pijama decente está allá. Mis vestidos de esposa fina están allá. Aquí solo tengo una maleta que grita "arráncame la vergüenza" en siete colores.*

Cristian carraspeó.

—Traerán lo necesario mientras aparece tu equipaje.

—Gracias.

*Lo necesario sería paz, ropa normal y que mi esposo deje de verse tan bien con las mangas arremangadas. ¿No entiende que una mujer débil no puede vivir de jugo de naranja y autocontrol?*

Él bajó la vista a sus propias mangas y, por puro orgullo, no las desdobló.

Al caer la tarde, Valeria llamó desde su cabina.

—Tengo una solución temporal —anunció por teléfono—. Ven. Trae cara de valiente.

Ximena miró a Cristian, que estaba revisando unos correos en la mesa del comedor.

—Voy con Val un momento.

—No tardes.

—No voy a brincar del barco.

—Eso espero.

*Qué desperdicio de autoridad. Si me hablara así pegado a una pared, quizá hasta obedecería con gusto.*

Cristian levantó los ojos de la pantalla.

Ximena ya había salido.

La cabina de Valeria no era tan grande como la suite presidencial, pero parecía contener más secretos por metro cuadrado. En la cama había tres vestidos extendidos: uno negro con espalda descubierta, uno verde esmeralda ajustado hasta la rodilla y uno plateado que brillaba como si hubiera nacido para meterse en problemas.

—No —dijo Ximena apenas los vio.

Valeria cerró la puerta.

—Ni siquiera has preguntado cuál.

—Cualquiera de esos dice "mírame".

—Estás en un crucero de lujo, no en misa de siete.

—Soy la esposa de Cristian Montalvo.

—Precisamente. Tu esposo se ve como anuncio de relojes caros todo el día. Tú también tienes derecho a causar un daño moderado.

Ximena tocó el vestido negro con la punta de los dedos.

—Me va a mirar raro.

—Ese hombre ya te mira raro.

—Val.

—Te mira como si estuviera tratando de resolver una ecuación y la ecuación tuviera piernas.

Ximena se cubrió la cara.

—No digas eso.

—Te presto ropa, no mentiras.

El vestido negro ganó por votación de Valeria y resignación de Ximena. Tenía tirantes finos, escote moderado al frente y una espalda que convertía la palabra moderado en una broma. Valeria añadió un chal ligero para "evitar que el iceberg se desmaye antes de la cena".

Cuando Ximena regresó a la suite, Cristian estaba en la terraza. Se había quitado la corbata y llevaba los primeros botones de la camisa abiertos. El viento marino movía las puntas de su cabello. La luz naranja del atardecer le marcaba el cuello, la línea de la mandíbula, la firmeza de los hombros.

Ximena olvidó durante un segundo que debía respirar.

—Hace frío —dijo ella, con voz suave.

Cristian volvió apenas la cabeza.

—Estoy bien.

*Ah, claro. El señor dramático se para en el balcón, contra el viento, con la camisa abierta, haciéndose el interesante y muriéndose de frío. ¿Qué sigue? ¿Mirar el horizonte como protagonista herido? Qué insoportable. Qué guapo. Qué ganas de meterle las manos debajo de esa camisa para "calentarlo" por razones médicas.*

Cristian apretó los dedos sobre el barandal.

—¿Ya conseguiste ropa?

—Val me prestó algo para la cena.

Él se giró.

El silencio que siguió fue breve, pero tuvo peso.

Ximena se detuvo en la puerta de la terraza. El vestido negro no era escandaloso; eso era lo peor. Era elegante, ceñido sin esfuerzo, y la espalda descubierta dejaba ver una piel que Cristian no recordaba haber mirado con tanta atención bajo ninguna luz.

—¿Está mal? —preguntó ella, enderezando los hombros.

—No.

*Dijo no como si hubiera firmado una sentencia. ¿Tan mal estoy? ¿O tan bien? Que alguien me entregue una guía para interpretar a este refrigerador con ojos.*

Cristian apartó la mirada hacia el mar.

—Ponte el chal. Hay viento.

Ximena obedeció.

*Cuidado, mundo. Mi esposo acaba de tener una emoción y la disfrazó de pronóstico del clima.*

La cena transcurrió sin incidentes graves, si no se contaba a Joaquín intentando adivinar por qué Cristian parecía querer romper la copa cada vez que un mesero miraba de más. Renata elogió el vestido tres veces. Valeria pidió pescado, hizo dos preguntas casuales a un matrimonio de la mesa vecina y obtuvo más información de la que cualquier persona normal habría sacado en una hora.

Cristian observó todo en silencio.

Ximena se comportó con una corrección impecable. Sonrió, conversó, no bebió de más y evitó tocar el tema de la maleta. La única zona fuera de control seguía siendo su mente.

*El vestido de Val está bonito. Pero la verdadera fantasía sería que Cristian usara algo así de atrevido. No vestido, claro. Aunque... no. Concentración. Camisa negra abierta, pantalón bajo, tal vez una cadena delgada. Ay, Virgen. Me estoy autocondenando en alta mar.*

Cristian dejó los cubiertos con cuidado.

—¿Te sientes bien?

—Perfectamente.

*Mentira. Estoy imaginando joyería sobre su pecho. Eso no es salud mental.*

—Comes poco.

—Estoy cansada.

—Regresemos.

Joaquín alzó las cejas.

—¿Tan pronto?

Cristian ya estaba de pie.

—Mañana tenemos actividades.

Renata sonrió detrás de su copa.

—Claro. Actividades.

Ximena le lanzó una mirada de auxilio que Renata interpretó como entretenimiento.

De vuelta en la suite, el encargado de equipaje había dejado una nota: la pasajera con la maleta correcta no había regresado aún. El intercambio se completaría a primera hora de la mañana.

Ximena leyó la nota dos veces.

—No tengo pijama.

Cristian, que se quitaba el reloj, se quedó quieto.

—Pide una al servicio.

—Me trajeron una bata.

—Usa la bata.

—Es de baño.

—Cubre.

—No es para dormir.

*También podría dormir sin nada. Total, ya sobrevivimos a cinco veces y sigo viva. Si se me resbala la sábana por accidente, tal vez el señor hielo recuerda que es esposo y no auditor de mi moral.*

Cristian abrió su maleta con una rapidez sospechosa.

—Usa esto.

Sacó una camisa blanca, de algodón grueso, perfectamente planchada. La puso sobre la cama antes de que Ximena terminara de construir su plan mental.

Ella miró la camisa.

—¿Tuya?

—Sí.

—No quiero arrugarla.

—Tengo más.

*Claro que tiene más. Tiene camisas, trajes, dinero, manos bonitas y una falta criminal de iniciativa cuando una mujer está considerando dormir desnuda por necesidad logística.*

Cristian no contestó. No podía. Si abría la boca, tal vez decía algo irreversible.

Ximena tomó la camisa y fue al baño. Tardó más de lo necesario. Cristian se sirvió agua, revisó tres veces el mismo mensaje y no entendió ninguna palabra.

Cuando la puerta se abrió, la suite pareció quedarse sin aire.

La camisa le llegaba a medio muslo. Las mangas cubrían parte de sus manos. El cuello abierto dejaba ver la línea delicada de las clavículas. No era la lencería de la maleta equivocada; era peor. Era suyo sobre ella.

Ximena bajó la mirada, avergonzada.

—¿Se ve ridículo?

*Di que sí. Di que parezco una niña robando ropa. No me mires como si estuvieras pensando cosas, porque si piensas cosas, yo voy a pensar peores, y este barco no tiene suficiente océano para apagarme.*

Cristian tragó saliva.

—Se ve bien.

Ximena levantó la vista.

—¿Bien?

—Puedes dormir así.

*Puedo dormir, puedo no dormir, puedo treparme a ese hombre y agradecerle la camisa con educación. La educación es importante.*

Cristian apagó una lámpara.

—La cama es grande. Quédate de tu lado.

—Claro.

Ximena subió a la cama con una dignidad cuidadosamente administrada. Se acostó de lado, dándole la espalda, y jaló la sábana hasta la cintura.

Cristian se acostó del otro lado, rígido como si el colchón fuera territorio enemigo.

Pasaron diez segundos.

Luego veinte.

*Su camisa huele a él. Limpio, caro, frío. No, frío no. Debajo de esa cara hay calor. Mucho. Lo comprobé. Quiero comprobarlo otra vez por motivos científicos.*

Cristian abrió los ojos en la oscuridad.

El mar golpeaba suavemente el casco del barco.

Ximena respiraba cada vez más despacio, o fingía hacerlo.

Él miró el techo y aceptó, con una honestidad que no pensaba pronunciar jamás, que darle la camisa había sido una pésima idea.

Porque ahora no podía dejar de imaginar cómo se vería si fuera lo único que ella llevara.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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