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Los Sellos Que Cruzan Universos

Los Sellos Que Cruzan Universos

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Aventura / Superpoder / Completas
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Seis meses después de renunciar al poder de los Sellos para recuperar su vida, Min‑jun y Seo‑jun por fin viven en paz: son dos chicos normales, van al instituto, comparten meriendas de leche de plátano y disfrutan de un amor que sobrevivió a mentiras, olvidos y batallas contra la oscuridad. Los Sellos brillan ahora solo como una cicatriz tenue en sus muñecas, un recuerdo bonito, no un arma.

Pero la paz se rompe cuando la mitad rota del Ónix Negro —la que quedó perdida en las ruinas del Santuario Viejo— empieza a vibrar con una energía antigua, abriendo grietas entre universos. Gente ve dobles de sí mismos en las calles, recuerdos que no les pertenecen invaden sus mentes, y una figura enmascarada aparece de la nada: **el Guardián Olvidado**, un antiguo compañero de Dae‑ho y Yeo‑wol que fue traicionado hace veinte años y atrapado entre realidades. Su objetivo: demostrar que el sistema de los Sellos es injusto en cualquier mundo, y destruirlo en todas las realidades existentes… aunque es

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 19: La sombra que olvidó su nombre

La cámara era inmensa, mucho más grande de lo que nadie habría imaginado bajo tierra. En el centro, flotando sobre un abismo de oscuridad pura, estaba ella: la Sombra Original. No tenía una forma fija. A veces parecía un manto infinito de niebla negra con ojos que brillaban en rojo. A veces tomaba las formas de personas que ellos habían perdido, de miedos que creían superados. Y cada vez que se movía, el aire se llenaba de un olor a polvo antiguo y desesperanza.

—No podéis vencerme —su voz llenó toda la sala, desde todas partes a la vez—. Soy lo que queda de todos los mundos que fracasaron. Soy el miedo que todos esconden en el pecho. ¿Creéis que unos niños con luces pequeñas pueden contra eso?

Min dio un paso adelante, manteniéndose entre sus amigos y aquella oscuridad.

—No venimos a vencerte —dijo, con la voz clara y firme—. Venimos a recordarte lo que eres. No eres solo miedo. Fuiste creada para equilibrar, no para destruir. Alguien te dio un propósito, y lo olvidaste.

La Sombra rugió, y sombras más pequeñas se lanzaron sobre ellos.

—¡Protegeos! —gritó Tae‑ho, y se colocó al frente, golpeando con su barra cualquier cosa que se acercara demasiado, manteniendo despejado el espacio alrededor de todos.

Ji‑eun y Ha‑neul trabajaron juntos, guiando la luz de las linternas y pequeños focos de energía hacia los puntos débiles que Min y Seo les indicaban, evitando que la Sombra los rodeara por completo. Pero por cada sombra que apartaban, dos más tomaban su lugar. Y la voz no paraba de hablar, susurrando directamente a cada uno de ellos:

*Tae‑ho… siempre fuiste el menos importante. Solo eres fuerza bruta. Sin ellos no eres nada.*

*Ji‑eun… tu orden no sirve aquí. El caos va a devorarte.*

*Ha‑neul… casi moriste aquí una vez. ¿Quieres repetirlo?*

Min notó que sus amigos flaqueaban. La Sombra no atacaba solo el cuerpo. Atacaba la confianza, la unidad, lo que los hacía fuertes. Y entonces entendió.

—¡No escuchéis! —gritó Min por encima del ruido—. ¡Eso es lo que quiere! Que dudéis de vosotros mismos. ¡Somos más fuertes juntos que separados!

La Sombra se volvió hacia él, enorme y aterradora.

—¿Y tú, Min‑jun? —susurró, y su voz tomó la forma de la suya propia, pero distorsionada—. Tú eres el más débil de todos. Solo brillas porque él te sostiene. Sin Seo, ¿qué eres? ¿Qué puedes darle que no le rompa?

El golpe fue duro. Min sintió que le faltaba el aire. Durante un segundo, la oscuridad pareció cerrarse sobre él. Pero entonces sintió una mano en la suya. Seo estaba a su lado, no delante, no detrás. A su misma altura.

—Eres todo para mí —dijo Seo, solo para ellos dos, pero con una claridad que cortó incluso los susurros—. No porque te sostenga. Sino porque tú me sostienes a mí. Somos iguales. Siempre.

Min levantó la vista. Sus ojos se encontraron con los de Seo, y en ese momento, las dos luces —el Jade de Min y el Ámbar de Seo— se entrelazaron, no como dos fuerzas separadas, sino como una sola llama que brillaba con un resplandor que la Sombra no pudo soportar.

—No somos perfectos —dijo Min, y su voz ya no temblaba—. Tenemos miedos. Tenemos dudas. Pero aprendimos que no tenemos que cargar con nada solos. Y eso… eso es más fuerte que todo tu odio.

Juntos, levantaron las manos. La luz combinada no era una explosión violenta. Era un abrazo cálido, constante, que llenó la sala poco a poco, empujando la oscuridad hacia atrás, hacia el centro del abismo. La Sombra se retorcía, gritando con mil voces a la vez, pero la luz no se apagaba. No se enfurecía. Solo… existía. Con la misma calma con la que existe el amanecer.

Y entonces, en el centro de esa luz, la forma aterradora de la Sombra empezó a desvanecerse. Las voces se callaron. Las sombras se disolvieron. Y lo que quedó en su lugar fue una pequeña luz oscura, tranquila, que ya no amenazaba a nadie.

—Yo… —la voz de la Sombra ya no era un rugido. Era un susurro cansado—. Yo olvidé por qué estaba aquí. Pasé tanto tiempo sola en la oscuridad… que me convertí en ella.

Min se acercó, sin miedo, extendiendo la mano.

—No tienes que estar sola. Tu propósito no era destruir. Era mantener el equilibrio. Y ahora… ahora no estás sola.

La pequeña luz oscura flotó hacia su palma y se posó allí, ligera como una pluma. El abismo bajo ellos se cerró lentamente, sellado por la misma luz que habían creado juntos.

La sala quedó en silencio. Solo se oía la respiración pesada de todos, y el sonido del polvo asentándose suavemente sobre la piedra. Estaban agotados. Tae‑ho se dejó caer sentado en el suelo, soltando su barra con un ruido metálico. Ji‑eun se apoyó en una pared, frotándose los ojos. Ha‑neul sonrió, un poco tembloroso, pero aliviado.

Seo rodeó a Min con un brazo, y Min apoyó la cabeza en su hombro, sintiendo cómo el cansancio finalmente le llegaba a las piernas. Lo habían logrado. No con violencia. No con destrucción. Sino con unidad, con compasión, con la certeza de que ninguno de ellos estaba solo.

—Subamos —dijo Min suavemente, guardando la pequeña luz oscura en un pequeño frasco que le había dado su abuela—. Mi abuela nos espera. Y Tae‑ho nos debe una cena.

Tae‑ho soltó una risa, aunque estaba agotado.

—La mejor carne que hayáis probado. Lo prometo.

Caminaron hacia la escalera de salida, esta vez sin prisa, sin miedo, sabiendo que la oscuridad ya no tenía poder sobre ellos.

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