Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Rose Jones 1
Finalmente, después de pasar varias horas intentando comprender lo que estaba ocurriendo, ella tuvo que aceptar la realidad.
Ahora era Rose Jones.
No era un sueño.
No estaba alucinando.
No estaba en el hospital.
Y, definitivamente, no había regresado a su antigua vida.
Había muerto.
Y, de alguna manera completamente inexplicable, había comenzado una segunda vida.
[Qué extraño...]
Se quedó mirando el techo mientras intentaba ordenar sus pensamientos.
[Entonces... ¿morí y reencarné?]
La idea sonaba absurda.
Pero después de haber despertado en el cuerpo de una muchacha rubia que pertenecía a un reino lleno de magia, ya no estaba en posición de exigir explicaciones lógicas.
Suspiró.
Y fue entonces cuando los recuerdos de Rose comenzaron a hacerse todavía más claros.
No solo recordaba su infancia.
Recordaba su vida completa.
Sus trabajos.
Las personas que había conocido.
Las deudas de su familia.
Los pequeños lugares donde había conseguido emplearse.
Las monedas que había logrado ahorrar.
Y, sobre todo, recordó algo importante.
Rose todavía no había ingresado a la Academia de Magia.
De hecho...
Estaba muy lejos de poder hacerlo.
—Ah...
Se dejó caer nuevamente sobre la cama.
[Esto es un pequeño problema.]
Había imaginado que, tendría inmediatamente una vida maravillosa.
Quizás una familia rica.
Quizás una casa enorme.
Quizás un talento mágico extraordinario.
Quizás incluso un padre poderoso que dijera..
"¡Hija, aquí tienes todo el dinero que necesitas para estudiar!"
Pero no.
Nada de eso.
Había recibido una familia noble arruinada.
Una casa con problemas económicos.
Y una joven que tenía que trabajar para poder cumplir sus propios sueños.
Ella se quedó en silencio.
Después sonrió.
[En realidad...]
[Esto me resulta bastante familiar.]
En su primera vida había trabajado durante años.
Había trabajado para ayudar a su familia.
Para cuidar a sus hermanos.
Para pagar cosas que necesitaban otros.
Para que los demás pudieran tener una vida un poco más fácil.
Ahora era diferente.
Esta vez...
Trabajaría para ella misma.
Y esa idea le produjo una sensación extrañamente agradable.
—Bien.
Se levantó.
Se miró nuevamente en el espejo.
—Entonces trabajaremos.
No sabía si estaba hablando con Rose o consigo misma.
Probablemente con ambas.
Y así comenzó.
Esa misma semana consiguió un trabajo como asistente en una casa de recaudación de impuestos.
No era un trabajo glamoroso.
Mientras otras personas soñaban con convertirse en grandes magas...
Ella estaba sentada frente a una montaña de documentos.
—Siguiente.
Tomó otro papel.
—Impuesto territorial...
Otro.
—Registro de propiedad...
Otro.
—Pago atrasado...
Suspiró.
[¿De verdad reencarné en otro mundo para hacer papeleo?]
Miró el documento.
[Al menos puedo leer.]
Y eso ya era una ventaja.
Rose había aprendido a leer y escribir desde pequeña, aunque su educación había sido limitada.
Ella, en cambio, había estudiado durante toda su primera vida.
No tenía conocimientos mágicos, pero sí sabía organizar información, hacer cálculos, comprender documentos y trabajar con rapidez.
Así que poco a poco se convirtió en una asistente bastante eficiente.
Su jefe comenzó a confiarle tareas cada vez más complicadas.
Y ella, naturalmente, aprovechó la oportunidad.
Trabajaba.
Ahorraba.
Y estudiaba.
Pero había un pequeño problema.
La magia.
Rose tenía afinidad con la magia de luz.
Era una magia considerada hermosa y poco común.
El problema era que Rose apenas sabía utilizarla.
Nunca había tenido un maestro.
Todo lo que sabía lo había aprendido leyendo libros.
Libros viejos.
Libros prestados.
Libros incompletos.
Algunos incluso tenían páginas faltantes.
Su conocimiento era puramente teórico.
Y su control mágico era bastante débil.
Una noche, después de regresar del trabajo, cerró la puerta de su habitación.
Sacó uno de los libros que había conseguido prestado.
Lo colocó sobre la mesa.
Respiró profundamente.
Extendió una mano.
—Luz.
Una pequeña chispa apareció sobre su palma.
Parpadeó.
La luz desapareció.
Ella miró su mano.
Volvió a intentarlo.
—Luz.
Otra pequeña chispa.
Esta vez duró un poco más.
Sonrió.
[¡Funcionó!]
La luz era tan pequeña que apenas iluminaba sus dedos.
Pero para ella era maravillosa.
[¡Tengo magia!]
Volvió a intentarlo.
—Luz.
Nada.
—Luz.
Nada.
—Luz.
Una diminuta chispa.
—¡Sí!
Celebró como si hubiera lanzado un hechizo legendario.
Después miró la pequeña luz.
[Quizás algún día pueda hacer algo realmente impresionante.]
No se desanimó.
Al contrario.
Aquella pequeña luz le daba esperanza.
Porque entendía perfectamente lo que significaba no tener ventajas.
En su primera vida tampoco había tenido una vida fácil.
Había tenido que esforzarse por todo.
Por estudiar.
Por trabajar.
Por ayudar a los demás.
Por sobrevivir.
Y ahora...
Tenía una segunda oportunidad.
No pensaba desperdiciarla.
Así que estableció una rutina.
Durante el día trabajaba.
Por la tarde regresaba a casa.
Comía algo sencillo.
Y por las noches estudiaba.
Había conseguido varios libros prestados sobre teoría mágica.
Algunos eran tan antiguos que las cubiertas estaban gastadas.
Pero ella los trataba como si fueran tesoros.
Estudiaba sobre los tipos de magia.
Los elementos.
El flujo de mana.
La concentración.
Los círculos mágicos.
La estructura de los hechizos.
Las diferencias entre magia innata y magia aprendida.
Y, por supuesto, magia de luz.
Tomaba notas.
Subrayaba.
Comparaba información.
Probaba pequeños ejercicios.
Y cuando fallaba...
Lo intentaba nuevamente.
A veces hasta quedarse dormida sobre el libro.
Una noche despertó con la mejilla pegada a una página.
Levantó lentamente la cabeza.
Miró el libro.
Después miró la vela.
Ya se había consumido casi por completo.
[Definitivamente necesito dormir.]
Se levantó.
Guardó cuidadosamente los libros.
Y antes de acostarse miró el pequeño recipiente donde guardaba sus ahorros.
Lo abrió.
Contó las monedas.
Una.
Dos.
Tres.
Muchas más.
Sonrió.
No eran suficientes todavía.
Pero cada día había un poco más.
La Academia de Magia seguía siendo un sueño lejano.
Sin embargo, ahora tenía un plan.
Trabajaría.
Ahorraría.
Estudiaría.
Y cuando llegara el momento...
Entraría a la academia.
No necesitaba que alguien la rescatara.
No necesitaba que un noble poderoso descubriera que era especial.
No necesitaba que alguien pagara sus estudios.
Ella podía hacerlo.
Después de todo...
Ya había sobrevivido una vida entera siendo independiente.
Esta vez quería utilizar esa fortaleza para sí misma.
Se acostó y cerró los ojos.
[Qué curioso...]
[En mi primera vida trabajaba para que otros pudieran vivir mejor.]
[En esta...]
Sonrió.
[Trabajaré para construir mi propia vida.]
Y por primera vez desde que había llegado a ese mundo, sintió una emoción que no había sentido durante mucho tiempo.
Ilusión.
Una ilusión enorme.
Porque no sabía qué le esperaba.
No sabía quién conocería.
No sabía qué aventuras tendría.
Ni siquiera sabía si realmente lograría convertirse en una buena maga.
Pero tenía una certeza.
Esta vez...
Quería vivir.
Y quería disfrutar cada minuto de esa segunda oportunidad.
me encanta muy divertida