Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.
Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.
Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.
Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…
ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.
NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 19: ELEGIRTE CADA DIA
Maximiliano permaneció en silencio después de escuchar a su madre.
Valentina podía notar que algo había cambiado en su expresión.
No parecía asustado.
Parecía preocupado.
—¿Qué es lo que tienes que decirme? —preguntó finalmente.
Su madre miró a Valentina.
—Preferiría hablar contigo a solas.
Maximiliano asintió.
Se volvió hacia Valentina.
—¿Puedes esperarme unos minutos?
Ella sonrió.
—Claro.
—No tardaré.
Antes de alejarse, él tomó su mano y le dio un pequeño apretón.
Valentina lo observó caminar junto a su madre hacia una zona más apartada del restaurante.
Intentó no pensar demasiado.
Pero era imposible.
---
—¿Qué sucede? —preguntó Maximiliano.
Su madre se sentó frente a él.
—Tu padre me contó que has decidido reorganizar el puesto de Valentina.
—Sí.
—Me parece bien.
Maximiliano levantó las cejas.
—¿Entonces?
—Quiero hablarte de algo mucho más sencillo.
—Te escucho.
Su madre sonrió.
—Estás enamorado.
Maximiliano quedó en silencio.
—Eso no es precisamente una novedad.
—Para ti quizá no. Para mí sí.
Él bajó la mirada.
—No sabía cómo decírtelo.
—No tienes que decirme nada.
Su madre extendió la mano y tomó la suya.
—Solo quiero que seas feliz.
Maximiliano la miró.
—¿Eso es todo?
—Eso es lo más importante.
Él respiró profundamente.
—Entonces, ¿por qué dijiste que había algo que debía saber?
Su madre sonrió.
—Porque quiero que recuerdes algo.
—¿Qué?
—No conviertas a Valentina en una responsabilidad.
Maximiliano frunció el ceño.
—No entiendo.
—La amas, o estás empezando a amarla. Está bien. Pero no intentes resolverle la vida. No la protejas tanto que termines decidiendo por ella.
Las palabras hicieron que Maximiliano reflexionara.
—Ella es fuerte —continuó su madre—. No necesita que la salves. Necesita que la respetes, que la escuches y que camines a su lado.
Maximiliano sonrió ligeramente.
—Eso intento.
—Entonces vas por buen camino.
Hubo unos segundos de silencio.
—Y hay otra cosa.
—¿Qué?
Su madre sonrió.
—Me gusta.
Maximiliano soltó una pequeña risa.
—¿Valentina?
—Mucho.
—Me alegra.
—Y creo que ella te hace bien.
Maximiliano miró hacia donde estaba Valentina.
Ella esperaba pacientemente, mirando las luces de la ciudad a través del ventanal.
—Sí —dijo él—. Me hace bien.
---
Cuando Maximiliano regresó a la mesa, Valentina inmediatamente lo miró.
—¿Todo bien?
Él asintió.
—Todo bien.
Su madre también regresó.
—Creo que hemos hablado suficiente de ustedes por esta noche.
Valentina sonrió.
—Fue un gusto conocerla.
—El gusto es mío, querida.
La mujer tomó su bolso.
—Espero volver a verte pronto.
Valentina miró a Maximiliano.
Él sonrió.
—Eso significa que te aprobó.
—¿Había una prueba?
—No oficialmente.
—Maximiliano…
—Pero la pasaste.
Ella soltó una carcajada.
—Eres terrible.
Su madre los observó divertida.
—Definitivamente hacen una buena pareja.
Valentina se sonrojó.
Maximiliano, en cambio, sonrió orgulloso.
---
De regreso al automóvil, Valentina caminó junto a él.
—Tu madre es encantadora.
—Lo es.
—Y muy diferente de lo que imaginaba.
—¿Qué imaginabas?
—Una mujer seria, distante, elegante…
—¿Y qué encontraste?
—Una mujer que te quiere muchísimo.
Maximiliano se quedó callado.
Valentina lo miró.
—¿Qué?
—Me gusta escucharte decir eso.
—¿Por qué?
—Porque durante mucho tiempo pensé que no teníamos una relación así.
Ella se detuvo.
—¿Con tu madre?
—Sí.
Valentina tomó su mano.
—Tal vez todavía pueden construirla.
Maximiliano la miró.
—¿Sabes qué me gusta de ti?
—¿Qué?
—Que siempre encuentras una manera de hacer que las cosas parezcan posibles.
Ella sonrió.
—Porque lo son.
Maximiliano se acercó.
—Entonces dime algo.
—¿Qué?
—¿Nosotros somos posibles?
Valentina lo miró fijamente.
No necesitó pensarlo demasiado.
—Sí.
La respuesta salió suave, pero segura.
Maximiliano sonrió.
—Eso quería escuchar.
La besó.
Un beso breve, dulce, sin prisa.
Cuando se separaron, Valentina apoyó la frente contra la de él.
—Pero tenemos que seguir haciendo las cosas bien.
—Lo sé.
—Y no quiero que nuestra relación cambie quién soy.
—No lo hará.
—Quiero seguir siendo Valentina.
—Y yo quiero seguir enamorándome de Valentina.
Ella sonrió.
—Creo que ya estás bastante enamorado.
—Muchísimo.
---
Al día siguiente, la noticia sobre la nueva posición de Valentina comenzó a circular por la empresa.
No tardaron en aparecer comentarios.
—¿Viste el nuevo cargo de Valentina?
—Sí. Parece que ahora estará más cerca de la dirección estratégica.
—Se lo ganó. Es muy buena.
Pero no todos hablaban igual.
Una compañera se acercó a Laura.
—Qué rápido ascendió.
Laura la miró.
—Se lo merece.
—Claro…
La palabra quedó flotando.
Valentina escuchó parte del comentario mientras caminaba por el pasillo.
Se detuvo.
No dijo nada.
Continuó hasta llegar a su oficina.
Por primera vez, sintió que quizá las palabras de los demás podían afectarla.
No quería que nadie pensara que había llegado hasta allí por Maximiliano.
Había trabajado demasiado para construir su carrera.
---
Esa tarde, Maximiliano la encontró sentada frente al computador, completamente concentrada.
—¿Todo bien?
—Sí.
Él la observó.
—No me mientas.
Valentina suspiró.
—Escuché algunos comentarios.
—¿Qué comentarios?
—Nada importante.
—Valentina.
Ella levantó la mirada.
—Que algunas personas creen que obtuve mi nuevo cargo por ti.
La expresión de Maximiliano cambió.
—¿Quién dijo eso?
—No importa.
—Para mí sí.
—No quiero problemas.
Él se sentó frente a ella.
—Mírame.
Valentina levantó los ojos.
—Tu puesto no te lo di yo. Te lo ganaste tú.
—Lo sé.
—No. Quiero que lo recuerdes.
Maximiliano se inclinó ligeramente hacia ella.
—Yo puedo darte oportunidades, pero no puedo darte talento. Eso ya lo tenías antes de conocerme.
Valentina sintió que los ojos se le humedecían.
—Gracias.
—Y si alguien vuelve a decir algo, quiero que me lo cuentes.
—¿Para que vayas a enfrentarlo?
—No.
Sonrió.
—Para recordarte que no necesitas demostrarle nada a nadie.
Valentina se levantó y caminó hasta él.
—Ven aquí.
Maximiliano abrió los brazos.
Ella lo abrazó.
—Gracias por confiar en mí.
Él la sostuvo con fuerza.
—Siempre.
Durante unos segundos permanecieron así.
Sin títulos.
Sin oficina.
Sin diferencias.
Solo ellos.
Hasta que alguien llamó a la puerta.
Se separaron rápidamente.
—Adelante —dijo Maximiliano.
Laura apareció con una carpeta.
—Perdón, señor Blackwood. Necesito que firme esto.
—Déjalo ahí.
Laura asintió y salió.
Valentina soltó una pequeña risa.
—Tenemos que aprender a despedirnos antes de que alguien entre.
—O podríamos dejar de escondernos.
Ella lo miró.
—¿Quieres hacerlo público?
Maximiliano se quedó pensativo.
—No quiero que nuestra relación sea un secreto.
Valentina sintió que el corazón le latía más rápido.
—¿Entonces?
Él tomó su mano.
—Quiero que llegue el día en que pueda tomarte de la mano delante de todos y no tenga que pensar si alguien va a cuestionar tus méritos.
Valentina sonrió.
—¿Y cuándo será ese día?
Maximiliano acercó sus labios a su frente.
—Pronto.
Ella lo miró.
—¿Prometido?
—Prometido.
Y ninguno de los dos imaginaba que, al día siguiente, una situación completamente inesperada pondría a prueba esa promesa.
Porque un nuevo hombre estaba a punto de entrar en Grupo Blackwood.
Y su llegada despertaría unos celos que Maximiliano todavía no sabía controlar. ❤️🔥