Aristia Lunari hija de un duque siempre fue rechaza por su padre desde niña y no entendía la razón
Hasta que su madre enfermo y falleció cuando aún era una niña fue un golpe duro pero para su sorpresa después de haber pasado 3 días desde el entierro de su madre
su padre trajo a una mujer y una niña de la misma de edad que ella
-ellas ahora vivirán aquí
Desde ese día fue menospreciada y olvidada su casa se convirtió en su infierno su prometido termina dejándola por su hermana y lo pierde todo
-Tu me quintaste todo mereces morir
Ella termina queriendo matar a su hermana pero es asesinada por la persona que más amaba su ex prometido atravesó un cuchillo en su pecho y termina con su vida
Ella queda como la mujer malvada que intenta matar a su hermana por envidia
y ellos consiguen su final feliz en
"De plebeya a noble"- y mi hermana es la protagonista de esta historia mal contada
Yo Katherin he reencarnado como Aristia y haré que pagen por lo que hicieron acepto ser la villana
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Capitulo 21: Sálvame
...
—¿Cómo es posible que ninguno haya podido matarla? He gastado todo mi dinero en contratar a los mejores y no pueden contra ella—
replicó la jefa de mucamas, molesta al recibir una nota informando que habían fallado. Arrugó el papel con fuerza para luego echarlo al fuego.
—¡Malditos bastardos! ¡Y se hacen llamar los mejores!—
Entonces recordó los rumores dentro de la mansión: Aristía siempre entrenaba todas las mañanas junto a Blake.
“El perro rabioso del ducado”, que ahora es el escolta personal de Aristía.
—¿Cómo es posible si nunca en su vida ha tomado una espada? ¿O será que él la protege durante las noches…?—
Pensó la situación con calma, analizando el siguiente paso que daría, mordiéndose las uñas, pues luego de enterarse de que Aristía había sido invitada al palacio por la princesa a una reunión privada, la presión era aún mayor.
—Esa mocosa va a aprovechar esa carta a su favor, estoy segura. ¡Debió quedarse callada y encerrada en su habitación, porque ahora quiere hacer un escándalo!—
Dejó de morderse las uñas y puso una expresión seria, con un plan siniestro en mente.
…
Llegué al ducado lo más animada posible. Después de la reunión con la princesa, subí a mi habitación y le expliqué todo a René.
—¿Entonces le pedirá a la princesa que le ayude a tener una reunión con el emperador?—preguntó René.
Asentí con una sonrisa.
—Sí, es correcto, pero no debo parecer tan desesperada por aprovecharme de ella, así que todo será paso a paso—
…
A la mañana siguiente, en el campo de entrenamiento, Blake me tenía noticias sobre el caballero de ojos dorados. Ese asunto aún estaba pendiente.
Blake me explicó brevemente que no había mucha información sobre el joven, tampoco nada raro.
—Pregunté a varios caballeros sobre él. Su nombre es Bastian, es un caballero de rango medio y, además… es una persona con buena reputación entre los caballeros—
Me quedé analizando la poca información. Parecía normal. Luego suspiré aliviada; no era alguien peligroso al que temerle, solo un caballero más de la guardia.
—Solo hay algo que me dejó pensando un poco… ¿un rumor?—mencionó Blake, seriamente.
—¿Rumor?—pregunté sin mucha importancia, mirando a la nada.
—Así es. Escuché entre los caballeros que el joven es cercano al emperador—
Lo miré perpleja ante ese último detalle y apreté mis manos en forma de puño. Sabía que había algo en él que no cuadraba: su mirada desafiante y una actitud que no eran propias de un simple caballero.
—¿Señorita, está bien?—preguntó Blake.
Lo miré tranquilamente.
—No es nada, Blake. Gracias por la información—
Se quedó mirándome, sabiendo que ocultaba algo, pero como siempre, se limitó a no preguntar más.
…
Por la tarde, un hombre desconocido de aspecto robusto se encontró con la jefa de mucamas en unas calles apartadas del pueblo, lejos de toda vista, para luego entregarle un paquete.
Ella lo tomó, tragando saliva, pues sabía que si no hacía bien el trabajo, las consecuencias serían graves.
—Ten, este es el dinero—
Ella entregó una bolsa llena de monedas, pues no solo pagaba por el paquete, sino también por su silencio.
El hombre sonrió, tomó el dinero y se marchó. Ella sacó lo que contenía el paquete y sonrió antes de ponerse en marcha.
…
En ese mismo instante, un ave mensajera se posó en la ventana de mi habitación. Estaba llena de trabajo, pero al observarla bien, noté que en su pata derecha traía una nota.
Me levanté del escritorio, abrí la ventana y tomé la nota. Al leerla, traía noticias tan buenas que no pude evitar reírme.
—Esto es mejor de lo que pensaba—
La noche cayó en un abrir y cerrar de ojos. Estuve disfrutando de mi cena como nunca, ignoré las palabras provocadoras de Ofelia y respondí con calma a algunas preguntas de mi madrastra. Incluso la indiferencia de mi padre no me molestó.
…
Al terminar, todos nos retiramos. Subí a mi habitación para prepararme para dormir y René me ayudó con algunas cosas antes de retirarse.
—Buenas noches, señorita—
—Buenas noches, René—
…
Me quedé despierta un rato más leyendo un libro, hasta quedarme dormida con la luz de la lámpara encendida.
Iba a ser un sueño largo.
Al poco tiempo, unos pasos sigilosos entraron a mi habitación. La puerta se abrió lentamente y volvió a cerrarse.
La jefa de mucamas se acercó a mi cama y, al ver que su plan había funcionado, una sonrisa apareció en su rostro. Tomó una almohada.
—Qué pena que todo termine aquí, Aristía—
Se acercó más, hasta quedar frente a mí, apretando la almohada con fuerza.
—No debería sentirme mal por lo que haré. Después de todo, este fue tu destino desde el inicio. Sabes, envidio un poco lo que tienes. Pudiste haber vivido bien, pero eres tan malvada que dañas a nuestra amada Ofelia y quieres destruir a esta familia. Así que, para que todos seamos felices, te enviaré con tu madre. No me odies por esto—
Sin pensarlo, cubrió mi rostro con la almohada para intentar asfixiarme. Pero antes de que ejerciera presión, la tomé del brazo y la empujé, tomándola por sorpresa.
—¡Tú! ¡Imposible!—
La miré con una sonrisa tranquila.
—¿En serio esperabas que cayera en un truco tan bajo? Eres demasiado estúpida—
Su rostro cambió a uno serio, lista para atacar.
—Agregarle a mi comida una sustancia para dormir y luego intentar matarme… es muy cobarde de tu parte. Pero supongo que no hay vuelta atrás después de esto—
Ella tomó la lámpara de noche e intentó golpearme. Me moví rápido, tomándola del brazo y deteniéndola.
—(¿Cómo puede ser tan fuerte?)—pensó la jefa de mucamas al no poder mover su brazo.
—Vamos, ¿qué esperas?—la provoqué.
Me dio una bofetada, una que dejé que me diera. Una sonrisa triunfante apareció en sus labios, confundiéndola.
—Oh, vaya… sí que golpeas fuerte, pero…—reí—¿Cómo una plebeya como tú pudo atreverse a golpear a una noble?—
Se dio cuenta de que cayó en mi provocación y respondió con furia:
—¡¿En serio piensas que le importas a alguien aquí?! ¡Incluso si te mato nadie dirá nada, porque solo eres una mujer malvada!—
Tomó la lámpara y volvió a atacarme. Me cubrí con mis brazos y aguante dos golpes, vi su verdadera naturaleza: sus ojos se volvieron los de una depredadora sedienta de sangre.
Entonces grité con fuerza:
—¡Por favor, no me hagas daño!—
Tal como lo había planeado, las puertas se abrieron de golpe y varios sirvientes entraron, sorprendidos por la escena.
La jefa de mucamas soltó la lámpara, manchada de sangre, y dijo aterrada:
—¡Yo no hice nada! ¡Esto no es lo que parece!—
El mayordomo intentó dispersar a los sirvientes, pero ya era tarde. René había alertado a todos y mi padre, mi madrastra y Ofelia llegaron.
La jefa de mucamas se arrodilló suplicando.
—Mi señora, duque, señorita… esto no es lo que parece. ¡Ella tuvo la culpa!—
René entró asustada.
—¡Señorita, traje ayuda! ¿Cómo pudieron golpearla así?—
Mi padre gritó furioso.
—¡Seline! ¿¡Qué demonios estabas haciendo!?—
La habitación se llenó de murmullos.
—Le juro que no hice nada—suplicó—. Solo vine a ver si necesitaba algo y ella empezó a hacer un escándalo—
Miró a mi madrastra pidiendo ayuda, pero hablé con firmeza:
—¿Cómo puedes negar todo cuando hay tantos testigos? Intentaste matarme en mi propia habitación. ¿De verdad crees que te salvarás?—
Ofelia la abrazó.
—Tranquila, Seline. Yo te creo. Tú jamás lastimarías a nadie—
Mi padre, harto, dijo:
—Ya es suficiente. Todos vuelvan a dormir—
Otra vez esa indiferencia suya realmente pueden haber padres que no amen a sus hijos siquiera un poco, bueno de todos modos no iba a ayudarme.
Se dio la vuelta, pero antes de que saliera, hablé:
—Me pregunto qué pensará la prensa al escuchar esta noticia: un duque que permite que sus sirvientes pisoteen a su hija mayor—
Me miró furioso.
—¿Qué estás diciendo?—
Mostré mis brazos ensangrentados.
—Esto es prueba de lo ocurrido. Si mi padre no puede protegerme, haré un escándalo—
Mi madrastra intervino nerviosa.
—No, cariño, no hagas eso—
—Tú dijiste que seríamos una familia—respondí—. ¿Le creerás a ella antes que a mí?—
Tal como pensé ellos cayeron. mi padre llamó a los guardias para que encerraran a Seline.
—¡Llévensela!—
—¡MI SEÑOR, NO! ¡MI SEÑORA, SÁLVEME!—
Esa noche marqué un nuevo inicio. Y eso no era todo lo que iba a hacer.
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