Camila lo tenía todo y usó su crueldad para doblegar a Máximiliano, un becado que se negaba a rendirse ante su vanidad.
Años después, la vida los reencuentra en la empresa de su padre, donde él trabaja y ha ganado posición, mientras ella carga con la culpa y un secreto explosivo que él desconoce.
Atrapados entre el rencor del pasado, el dolor y una atracción ineludible, ambos descubrirán que el deseo puede ser tan peligroso como la venganza.
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Capítulo 18: Voces en el asfalto
^^^(Narrado por Camila)^^^
El enfrentamiento con Máximiliano en el pasillo se desvaneció de inmediato cuando el sonido de las campanas y las risas de los chicos que regresaban al edificio principal nos obligaron a separarnos bruscamente. Él me miró una última vez con una mezcla de exigencia y advertencia antes de perderse entre la multitud que avanzaba hacia las aulas, dejándome con el corazón latiendo a mil por hora y un nudo en la garganta que apenas me dejaba respirar.
Pero lo peor no fue haberlo esquivado esa mañana; lo peor estaba por desatarse en el momento en que crucé las puertas de la cafetería principal después del almuerzo.
El bullicio habitual del Saint Mary’s Academy se detuvo de golpe, o al menos eso fue lo que sentí cuando los murmullos a media voz comenzaron a multiplicarse a mi alrededor. Las miradas de las chicas del grupo de porristas ya no eran de envidia o de falsa complicidad; eran cuchicheos venenosos, risitas ahogadas y gestos de desdén que se clavaban en mi espalda como agujas invisibles. Caminé hacia mi casillero con la cabeza en alto, intentando ponerme la máscara de fría indiferencia que siempre me había protegido, pero mis manos temblaban de forma incontrolable contra las asas de mi bolso.
—¿Es verdad lo que andan diciendo por ahí? —soltó Vanessa, apareciendo de la nada frente a mí con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre la sorpresa y la repulsión mal disimulada—. Camila, todo el mundo en el patio trasero está comentando lo de la fiesta en la Quinta. Dicen que Mateo se jactó con los chicos del equipo de fútbol de lo que pasó entre ustedes en la camioneta, que te llevó a la cama y que ya se dio el gusto de presumirte como si fueras un trofeo más.
Las palabras cayeron como un bloque de hielo sobre mi cabeza. Sentí que el suelo se derrumbaba bajo mis pies y que el aire desaparecía por completo de mis pulmones.
—Están inventando estupideces, Vane. Sabes cómo son de chismosos —mentí con la voz quebrada, sintiendo un calor sofocante subirme directo a las mejillas.
—No sé si inventan, Camila, pero Mateo ni siquiera da la cara para negarlo. Está con los muchachos riéndose en las gradas —respondió ella con desprecio, dándose la media vuelta y abandonándome allí mismo, rodeada de susurros que repetían la misma palabra una y otra vez con burla y desdén.
Salí corriendo de la escuela antes de que terminara el timbre de la última clase, incapaz de soportar un segundo más las miradas de todos esos hipócritas. Y en cuanto doblé la esquina del estacionamiento, lo vi. Mateo estaba recargado contra el capó de su camioneta, rodeado por dos de sus amigos, fumando un cigarrillo con una sonrisa cínica pintada en los labios. Al verme pasar pálida y destrozada, ni siquiera se molestó en disimular. Me miró de arriba abajo con una fría y absoluta indiferencia, como quien desecha un objeto que ya no le sirve para nada.
—¿Qué pasa, princesa? ¿No te gusta que los demás sepan lo que ya era obvio? —soltó Mateo con una risa burlona dirigida a sus amigos, antes de apagar el cigarrillo contra el suelo y subirse al vehículo sin dirigirme una sola mirada más.
En ese preciso instante, algo se rompió dentro de mí de forma definitiva. Mi estado de ánimo se desplomó en un abismo negro, frío y desolador. La fachada de reina intocable, el dinero, la belleza y la falsa perfección por la que había sacrificado mi dignidad se desmoronaron en mil pedazos. Me quedé sola al borde de la calle, abrazada a mí misma bajo el sol de la tarde, comprendiendo con una amargura insoportable que, en su afán por sentirse poderosa, había terminado convirtiéndose en la burla de todos aquellos a quienes creía dominar.
Se gradúan de la secundaria como a los 17.
En el tercero año de la universidad van a la fiesta osea de 20 años y sale panzona la Camila, más los 9 meses de panza son 21 años. Retoma la universidad y sale de 23 años. Llega a la oficina. Osea el niño anda de 2 años para 3 y ellos sobre los 24 años.
Algo así 👀👀👀👀👀
Como le va a decir bastarfo al nieto