Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.
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Capítulo 18
Capítulo 18 — La fotografía
Alexander permaneció sentado en el borde de su cama.
La fotografía seguía abierta en la pantalla de su computadora.
Mateo aparecía más joven, probablemente con dieciséis o diecisiete años. Estaba de pie junto a un hombre de unos cuarenta años.
El hombre sonreía.
Mateo también.
Alexander amplió la imagen.
No reconocía al hombre.
Volvió a leer la nota de su padre.
“Hay algo que Mateo Rivera no le ha contado a mi hijo.”
Alexander sintió una mezcla de enojo y confusión.
Quería saber quién era aquel hombre.
Pero había algo que le molestaba todavía más.
Richard había encontrado información sobre Mateo que él mismo desconocía.
Y eso significaba que su padre llevaba tiempo investigándolo.
Alexander cerró la computadora.
—No.
Se levantó.
—No voy a hacer esto.
No quería convertirse en otra persona que juzgara a Mateo basándose en un documento.
Si quería saber la verdad, tenía que preguntarle directamente.
⸻
A la mañana siguiente, Alexander llegó temprano a la universidad.
Mateo ya estaba allí.
Cuando lo vio, sonrió.
—Buenos días.
Alexander sonrió también.
—Buenos días.
Mateo lo observó unos segundos.
—¿Estás bien?
—Sí.
—No parece.
Alexander dudó.
—Hay algo que quiero preguntarte.
Mateo dejó el lápiz sobre la mesa.
—¿Qué?
Alexander sacó su teléfono.
—Mi padre me envió esto.
Le mostró la fotografía.
Mateo se quedó completamente inmóvil.
Su expresión cambió.
Alexander lo notó inmediatamente.
—¿Lo conoces?
Mateo tardó en responder.
—Sí.
—¿Quién es?
Mateo bajó la mirada.
—Se llama Thomas.
—¿Thomas qué?
Mateo respiró profundamente.
—Thomas Miller.
Alexander esperó.
—¿Y qué relación tienes con él?
Mateo permaneció callado.
Alexander no quiso presionarlo.
—No tienes que contarme si no quieres.
Mateo levantó la mirada.
—No es que no quiera.
Hizo una pausa.
—Es que no sabía cómo explicártelo.
Alexander se sentó frente a él.
—Entonces explícamelo cuando puedas.
Mateo asintió.
—Lo haré.
Alexander guardó el teléfono.
—Confío en ti.
Mateo lo miró sorprendido.
—¿Aunque no te lo explique ahora?
—Sí.
Mateo sonrió ligeramente.
—Gracias.
⸻
Daniel llegó poco después.
—¿Qué pasó?
Mateo negó con la cabeza.
—Nada.
Daniel miró a Alexander.
—¿Seguro?
Alexander asintió.
—Estamos bien.
Daniel no insistió.
Pero pudo notar que algo había sucedido.
⸻
Durante el descanso, Sophie llegó.
—¿Todo bien?
Daniel respondió:
—Más o menos.
Sophie miró a Mateo.
—¿Problemas?
Mateo sonrió.
—Nada que no podamos resolver.
Alexander lo miró.
Por primera vez desde que había visto la fotografía, sintió tranquilidad.
No porque tuviera las respuestas.
Sino porque Mateo había decidido que algún día se las daría.
⸻
Mientras tanto, Richard estaba en su despacho.
Victoria entró.
—¿Le enviaste la fotografía a Alexander?
—Sí.
Victoria frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque quiero que empiece a hacer preguntas.
—¿Y si se aleja de ti?
Richard la miró.
—No lo hará.
—No puedes estar seguro.
Richard se quedó callado.
Victoria se acercó.
—Alexander no es Ethan.
—Lo sé.
—Entonces deja de tratarlo como si fuera una pieza de tu empresa.
Richard suspiró.
—Estoy intentando protegerlo.
Victoria negó con la cabeza.
—Tal vez deberías preguntarle qué significa para él estar protegido.
Richard no respondió.
⸻
Esa tarde, Mateo y Alexander caminaron por el campus.
—¿Quieres hablar de Thomas? —preguntó Alexander.
Mateo respiró profundamente.
—Sí.
Se sentaron en una banca.
—Lo conocí cuando estaba en la preparatoria.
—¿Era profesor?
Mateo negó con la cabeza.
—No.
—¿Entonces?
Mateo miró hacia el suelo.
—Era amigo de mi familia.
Alexander esperó.
—Mi papá trabajó con él durante un tiempo.
—¿Y por qué aparece una fotografía de ustedes dos?
Mateo sonrió débilmente.
—Porque me ayudó mucho en una época complicada.
Alexander frunció el ceño.
—¿Qué ocurrió?
Mateo permaneció callado.
—No tienes que contármelo todo hoy —dijo Alexander.
Mateo lo miró.
—Gracias.
—Solo quiero entender.
Mateo asintió.
—Lo harás.
Alexander extendió la mano.
Mateo la tomó.
—No quiero que esto nos separe —dijo Mateo.
—No lo hará.
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Mientras tanto, Daniel y Sophie estaban sentados en las escaleras de otro edificio.
—Entonces…
Daniel sonrió.
—¿Entonces qué?
—¿Qué somos ahora?
Daniel fingió pensar.
—Dos personas que se gustan.
Sophie soltó una risa.
—Eso no responde nada.
—Porque no sé qué quieres que seamos.
Sophie lo miró.
—No quiero apresurarlo.
Daniel asintió.
—Yo tampoco.
—Entonces podemos empezar por salir juntos.
Daniel sonrió.
—Me parece bien.
Sophie apoyó la cabeza sobre su hombro.
Daniel se quedó quieto.
Después sonrió.
Por primera vez, la relación entre ellos comenzaba a tomar forma.
⸻
Al final de la tarde, Mateo recibió una llamada.
—¿Sí?
Era su madre.
—Hola, cariño.
—Hola, mamá.
—Quería preguntarte algo.
—¿Qué?
—¿Todo está bien con Alexander?
Mateo miró hacia donde Alexander estaba esperando.
—Sí.
Elena sonrió al otro lado.
—Me alegra.
Mateo dudó.
—Mamá…
—¿Sí?
—¿Tú conoces a alguien llamado Thomas Miller?
El silencio al otro lado de la llamada fue inmediato.
Mateo frunció el ceño.
—¿Mamá?
Elena tardó unos segundos en responder.
—¿Por qué preguntas por él?
—Encontré una fotografía.
Otro silencio.
—Mateo, ¿dónde encontraste esa fotografía?
—No importa. Solo quiero saber quién es.
Elena respiró profundamente.
—Ese hombre…
Se detuvo.
—¿Mamá?
—Es alguien de quien preferiría que no hablaras.
Mateo sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
—Porque pertenece al pasado de tu padre.
La llamada terminó poco después.
Mateo permaneció mirando el teléfono.
Alexander se acercó.
—¿Todo bien?
Mateo levantó la mirada.
—No.
—¿Qué pasó?
Mateo guardó el teléfono.
—Mi mamá conoce a Thomas.
Alexander se quedó serio.
—¿Qué dijo?
—Que pertenece al pasado de mi padre.
⸻
Esa noche, Alexander regresó a casa.
Encontró a Richard en la sala.
—Quiero preguntarte algo.
Richard lo miró.
—Adelante.
—Thomas Miller.
Richard no mostró sorpresa.
—¿Qué quieres saber?
Alexander se quedó inmóvil.
—¿Ya sabías que Mateo lo conocía?
—Sí.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no era necesario.
Alexander apretó la mandíbula.
—¿Qué relación tiene con Mateo?
Richard caminó hacia una mesa.
—Eso deberías preguntárselo a él.
—Ya lo hice.
Richard levantó la mirada.
—¿Y?
—Me dijo que lo conoció por mi familia.
Richard permaneció callado.
Alexander se dio cuenta.
—Tú sabes algo más.
—Sí.
—¿Qué?
Richard negó con la cabeza.
—Todavía no.
—¿Todavía?
Richard lo miró fijamente.
—Porque primero quiero comprobar algo.
Alexander sintió un escalofrío.
—¿Qué cosa?
Richard no respondió.
⸻
Al día siguiente, Mateo estaba en la biblioteca.
Intentaba terminar su proyecto.
Su teléfono vibró.
Era un número desconocido.
Contestó.
—¿Hola?
Una voz masculina respondió.
—¿Mateo Rivera?
—Sí.
—Soy Thomas.
Mateo se quedó completamente inmóvil.
—¿Thomas Miller?
—Sí.
Mateo se levantó de la silla.
—¿Cómo conseguiste mi número?
—Eso no importa.
—¿Qué quieres?
Hubo silencio.
—Necesito hablar contigo.
Mateo frunció el ceño.
—¿Sobre qué?
Thomas respiró profundamente.
—Sobre tu padre.
Mateo sintió un escalofrío.
—¿Qué pasa con él?
—Hay cosas que nunca te contaron.
Mateo se quedó en silencio.
—¿Qué cosas?
Thomas respondió:
—La verdad sobre lo que ocurrió hace tres años.
La llamada terminó.
Mateo permaneció con el teléfono en la mano.
Tres años.
La misma fecha de la fotografía.
El mismo período que Richard había decidido investigar.
Mateo miró hacia la puerta de la biblioteca.
Y entonces vio a Alexander entrando.
Alexander sonrió al verlo.
Mateo no pudo devolverle la sonrisa.
Porque acababa de comprender que el secreto que Richard estaba buscando no pertenecía solamente a su pasado.
También podía afectar directamente a su familia.
Y quizá, por alguna razón, alguien había esperado tres años para volver a hablar de ello.