●Secuela De La Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Separados por el engaño, la ambición y los hilos de poder de la poderosa dinastía Courteney, el tierno omega puro Cyrus se ve obligado a huir a los Hamptons para proteger el futuro de su alfa, llevando en su vientre el fruto de su amor en solitario. Durante tres largos años, Cyrus sufre la agonía de un nido vacío, consumido por la melancolía y el aislamiento de su jaula de oro, con su pequeño cachorro Cassian como único ancla para seguir adelante.
Mientras tanto, en Suiza, el desamparado alfa huérfano del pasado se ha transformado en Ethan Blackburn: un colosal, implacable y sádico magnate corporativo que ha levantado un imperio de acero para llenar el vacío de su ausencia. Armado con informes confidenciales y movido por un instinto territorial indomable, Ethan descubre la verdad sobre el sacrificio de su omega y planea una emboscada quirúrgica en Manhattan. No va a negociar.
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Capítulo 20: El bálsamo de la tormenta
Capítulo 20: El bálsamo de la tormenta
Novela: El Secreto De La Golondrina.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
El ronco zumbido de los motores del jet privado era lo único que conectaba la suite presidencial con el mundo real, suspendidos a miles de pies sobre la negrura del océano Atlántico. Dentro del cubículo fortificado, la atmósfera se había vuelto tan densa que el aire parecía vibrar con cada respiración. El aroma a pino negro y lluvia de tormenta de Ethan se filtraba por las rendijas del nido improvisado, colisionando con las notas de clavelinas de mar y la tierna manzanilla dulce del pequeño Cassian.
Ethan observó la silueta temblorosa de su omega. Debajo de la coraza de frialdad corporativa, de la sádica ironía con la que había planeado la emboscada y del orgullo herido de un alfa abandonado, una grieta profunda se abrió en la psicología del magnate. Los informes confidenciales de Ginebra, la confesión aterrorizada de Morgan y, por encima de todo, su propio instinto biológico inquebrantable le devolvieron la verdad desnuda del pasado.
Cyrus nunca lo había despreciado. Nunca había huido por ambición o por el egocentrismo de su estirpe. Había huido roto, con el alma deshecha y un cachorro recién gestado en su vientre de porcelana, engañado por la peor de las mentiras. El tierno e ingenuo omega de veinte años se había sacrificado a sí mismo, aceptando la condena de una vida de silenciosa melancolía en los Hamptons, con tal de no convertirse en la "carga" que truncara el futuro de un alfa huérfano y sin recursos.
Cyrus lo había amado con una devoción tan destructiva y pura que prefirió arrancarse el corazón antes que arrastrarlo a una miseria que, irónicamente, jamás existió. Pues mientras la golondrina lloraba en su jaula de cristal creyendo que salvaba a su alfa, Ethan tomaba posesión de una herencia multimillonaria e ilimitada, levantando un imperio de acero para rellenar el vacío de su ausencia.
Al comprender el peso absoluto de ese sacrificio en solitario, el monstruo territorial en el pecho de Ethan dio paso al compañero legítimo.
Con una lentitud inusual, desprovista de la agresividad del secuestro, Ethan Blackburn se quitó los zapatos y subió a la inmensa cama, rompiendo el perímetro del nido de seda. Cyrus soltó un sollozo ahogado, encogiéndose sobre el colchón y ocultando el rostro entre los cabellos del bebé de casi dos años, esperando el reclamo violento o la reprimenda fría de su captor.
En su lugar, el colosal cuerpo del alfa se deslizó detrás de él.
Los brazos anchos de Ethan rodearon la cintura del omega con una firmeza protectora pero sumamente delicada, atrayendo tanto a Cyrus como al pequeño Cassian contra la calidez de su amplio pecho. El magnate hundió el rostro en el hueco del cuello de su omega, justo sobre la glándula aromática que palpitaba desbocada, y liberó una ráfaga masiva, pura y reconfortante de sus feromonas, despojadas de cualquier hostilidad. El pino negro se volvió dulce, cálido, como el refugio de una cabaña alpina en mitad del invierno.
—Ya pasó, mi bella golondrina... ya pasó —susurró Ethan, con su voz grave y rasposa tornándose en un arrullo profundamente carismático y tierno, reviviendo al hombre que Cyrus creía muerto—. Perdóname... Dios, perdóname por no haberte buscado antes, por dejar que esa rata te llenara la cabeza de veneno.
Cyrus se congeló ante el cambio biológico. Al sentir los labios texturizados de Ethan rozar su piel y el bálsamo de su aroma legítimo inundar sus pulmones, el llanto del joven Courteney se transformó en un desahogo desgarrador. Sus hombros se sacudieron violentamente. El dolor reprimido de tres años de soledad, las noches enteras susurrando promesas a un nido vacío en los Hamptons y la agonía de parir y criar a su hijo sin el olor del padre estallaron en un mar de lágrimas sinceras.
—Pensé... pensé que te haría daño, Ethan... —sollozó Cyrus, girándose con torpeza entre los brazos del alfa para esconder el rostro en su camisa gris—. Morgan dijo que no tenías nada... Yo tenía tanto miedo de ser tu ruina... Me dolía tanto el vientre, Ethan... Tenía tanto miedo de estar solo...
—Lo sé, mi tierno clavel, mi amor, lo sé perfectamente —respondió Ethan, apretándolo con una posesividad obsesiva pero rebosante de una devoción infinita. Con sus dedos largos, comenzó a limpiar con paciencia las lágrimas de las mejillas de porcelana de su omega, besando sus párpados y su frente—. Sé lo duro que fue para ti tomar esa decisión por los dos. Conozco tu corazón, sé que eres demasiado puro para este mundo podrido... pero ya no tienes que esconderte detrás del oro de tu padre. Ya no soy el estudiante desamparado. Tengo el poder, los miles de millones y la fuerza para proteger este nido de cualquiera. De Louie, de tus hermanos, del mundo entero.
En medio del abrazo, el pequeño Cassian se removió, despertando por el calor de la reconciliación biológica. El tierno cachorrito de dos años miró a los dos adultos con sus grandes ojos oscuros, y al percibir que el aroma de su madre ya no exudaba la hiel de la tristeza, sino la dulzura del reencuentro, soltó una risilla cristalina. El bebé gateó sobre el pecho de Cyrus y estiró sus manitas para enredar sus pequeños dedos en la corbata desanudada de Ethan.
Ethan bajó la mirada hacia el cachorro y una sonrisa legítima, llena de un orgullo paternal incontenible, iluminó sus facciones afiladas. Con un movimiento suave, acomodó al bebé entre los dos, sellando el nido familiar con su propia anatomía.
Mientras el jet de las Corporaciones Blackburn avanzaba con paso firme hacia la inexpugnable fortaleza de Ginebra, la bella golondrina finalmente dejó de temblar. El cautiverio había comenzado, pero en los brazos de la tormenta que tanto había extrañado, Cyrus Courteney se dio cuenta de que no importaba cuántos ejércitos mandara la dinastía de su padre; su biología y su alma habían encontrado, por fin, el único nido del que nunca más querría escapar.