hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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Burlas y remordimiento
✨ Capítulo 20 — Burlas y remordimiento
Cuando Elara y Mateo llegaron al colegio, cruzaron juntos la puerta principal, pero luego se separaron en silencio y se fueron directo a sus salones para tomar asiento antes de que empezaran las clases. Pasaron las horas entre lecciones y tareas, y por fin sonó el timbre que anunciaba el recreo.
Elara salió del aula con el corazón ligero y llena de emoción: su único deseo era ir al rincón secreto del patio, donde estaba el portal que solo ella podía ver. Allí se sentó en el pasto suave, miró aquella luz brillante y tranquila que giraba suavemente, y cerró los ojos un momento para relajarse, olvidar las preocupaciones y sentir la paz que aquel lugar le daba.
Mientras tanto, Mateo estaba con un grupo de compañeros que se acercaron a él, charlando y riendo fuerte. De pronto, uno de ellos señaló con el dedo hacia donde estaba Elara y exclamó con tono burlón:
—¡Miren! Ahí está la rara… siempre sentada sola, sin que nadie quiera acercarse a ella.
Todos miraron a Mateo, esperando que él también se uniera, que dijera algo para burlarse igual que ellos. Mateo bajó la mirada un instante, y luego repitió con voz fría y cortante, aunque por dentro sentía que le dolía hacerlo:
—Es verdad… la rara, siempre sola, sin tener amigos.
Los chicos no paraban de hacerle burlas, reírse de ella y señalarla sin piedad. Elara apretó los labios para no llorar, pero no pudo aguantar más: se levantó de un salto, dio media vuelta y se fue corriendo con lágrimas que le corrían por las mejillas, sintiéndose más sola que nunca.
Justo en ese momento, se escuchó un sonido bajo y profundo, como un crujido que venía desde el suelo, un zumbido extraño que hizo temblar un poco el aire… pero los chicos no le dieron ninguna importancia, ni se detuvieron a pensar qué podía ser. Se pusieron de pie, dieron unas palmaditas en el hombro de Mateo y le dijeron con satisfacción:
—Vámonos… ¡muy bien hecho, Mateo! Qué bueno que también te burlaste de la rara, así somos todos iguales.
Se marcharon riéndose, pero Elara ya no tenía ojos para nada más que esperar. No veía la hora de que terminaran las clases para irse del colegio y poder ir al encuentro de su equipo, para trabajar y entrenar, donde al menos sentía que pertenecía a un lugar.
Cuando por fin sonó el timbre de salida, Elara salió rápido y sin mirar atrás, dirigiéndose directamente hacia el lugar secreto donde se reunían.
Mientras la veía alejarse, Mateo se quedó parado en la puerta, sintiéndose cada vez peor con lo que había dicho. El remordimiento le apretaba el pecho y sus palabras crueles le resonaban en la cabeza como un castigo. Bajó la mirada, apretó los puños y dijo en voz baja, decidido a reparar su error:
—Luego… luego me disculparme con ella, se lo prometo.
al salir del colegio se dirigió al trabajo y mateo se quedó para seguir viendo el portal.