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¡¿Tendré Un Hijo Con El CEO?! ¡Y Quiere Que Sea Suya!

¡¿Tendré Un Hijo Con El CEO?! ¡Y Quiere Que Sea Suya!

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Romance oscuro / CEO
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Tania Uribe

Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.

Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...

NovelToon tiene autorización de Tania Uribe para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El hombre detrás de la sombra

KAELYN

Tres días pasaron. Adler había pasado tres días investigando. Tres noches sin dormir. Y no porque se hubiese vuelto distante. Todo lo contrario. Estaba demasiado cerca. Demasiado.

Me abrazaba cada vez que pasaba junto a mí. Me besaba la frente sin motivo. Me buscaba durante la noche y, cuando pensaba que yo dormía, comprobaba que estuviera allí.

Con nuestros hijos era todavía peor. No dejaba que nadie los cargara. Ni siquiera mis hermanos. Ni Alisa. Solo él y yo.

Sofía podía estar en brazos de uno de mis hermanos durante unos pocos minutos y Adler aparecía.

—Dámela.

Mateo podía empezar a llorar mientras Alisa intentaba calmarlo. Adler extendía los brazos.

—Yo me encargo—Todos había terminado por comprender. No era desconfianza hacia ellos. Él tenía miedo. Adler tenía miedo.

Y yo sabía perfectamente por qué. Una noche, mientras cenábamos, finalmente dejé los cubiertos.

—¿Quién es?—Adler levantó la mirada.

—¿Quién?

—La persona que estás investigando.

Su mandíbula se tensó.

—Kaelyn...

—Necesito saberlo. No soporto que me digas que nada está pasando—. Lo miré fijamente—Sé que encontraste algo.

Permaneció en silencio. Finalmente dejó el teléfono.

—Se llama Damián Voss.

Sentí que el nombre me golpeó.

—¿Voss?—Adler asintió. Y entonces lo recordé. Hace dos años. Una reunión en la empresa. Un hombre elegante de ojos grises, reservado y muy poderoso.

Damián Voss...

Había sido uno de los empresarios más influyentes de la ciudad. Yo solo trabajé con él simplemente en asuntos relacionados con el Grupo Schneider. Nada más. Solo intercambiamos documentos. Correos. Reuniones. Conversaciones profesionales. Yo siempre fui amable. Correcta. Nada más.

—No entiendo—Adler se levantó.

—Tú no hiciste nada.

—Entonces, ¿por qué?—Su mirada se oscureció por completo.

—Porque para él, aquella amabilidad significó algo completamente diferente.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

—Está obsesionado contigo—. No pude responder—Desde hace dos años—Te ha estado observando.

—¿Dos años?

—Sí.

—¿Y los bebés?

—Son parte de su obsesión—Sentí que el miedo se estaba apoderando de mí. Pero no lo permití.

—¿Qué es lo quiere?

Adler respondió sin apartar los ojos de los míos.

—A ti.

Damián Voss no era un hombre cualquiera. Tenía suficiente poder para destruir empresas. Comprar voluntades. Hacer desaparecer oportunidades. Y, según Adler, era uno de los pocos hombres de la ciudad que podía enfrentarse al Grupo Schneider sin temerle a las consecuencias.

—Es igual de poderoso que tú.

—En algunos aspectos, más.

Aquello me inquietó.

—¿Y quieres enfrentarlo?

—Quiero destruirlo—. Su respuesta fue inmediata—Pero primero necesitamos atraparlo.

Entonces me explicó el plan. Solo lo sabrían Alisa y mis cinco hermanos. Nadie más. Ni siquiera los hombres de seguridad. La idea era sencilla. Y peligrosa. Yo debía convertirme en el cebo.

Damián creía que podía llegar hasta mí. Así que permitiríamos que pensara que podía hacerlo.

—No—. Adler lo dijo antes de que pudiera responder—No vas a hacerlo.

—Es la única forma.

—No.

—Adler.

—No voy a utilizarte para atraparlo.

Me acerqué.

—Es mi decisión.

—No—. Su voz se volvió más grave—NO voy a arriesgarte.

—¿Y si no hacemos nada?—Silencio.

—Seguirá observándonos—. Miré hacia la habitación de nuestros hijos—Seguirá tratando de llegar a ellos...

Adler cerró los ojos. Sabía que tenía razón. Pero no quería aceptarlo.

...****************...

Los días siguientes fueron extraños. Adler se volvió todavía más cariñoso. Me abrazaba por la espalda mientras trabajaba. Me besaba el cabello. A veces simplemente me observaba. Como si quisiera memorizar cada detalle de mí.

Una tarde, mientras sostenía a Sofía, me di cuenta de que no quería soltarla. La pequeña dormía contra su pecho. Mateo descansaba en el sofá. Adler lo tomó también. Uno en cada brazo.

—No voy a dejar que nadie se acerque a ustedes.

Lo dijo tan bajo que casi no lo escuché. Me acerqué.

—Lo sé—Besó la frente de Sofía. Después la de Mateo. Mis ojos se humedecieron. Aquel hombre podía parecer un monstruo para el resto del mundo. Pero... con sus hijos...

Era un padre aterrado. Con miedo de perderlos.

Mis hermanos también estaban preparados. De todos ellos, había dos que me preocupaban en especial.

Nathan y Marius. Los más discretos. Los que hablaban menos. Los que nunca necesitaban levantar la voz para hacerse entender. Marius, tenía una calma inquietante. Nathan, una mirada que podía retroceder a cualquiera.

Eran los dos más despiadados de mis hermanos cuando alguien amenazaba a nuestra familia. Y precisamente por eso eran los encargados de vigilar las partes más delicadas del plan. No necesitábamos más personas. Solo las correctas.

Aquella noche Sofía y Mateo despertaron. Los dos comenzaron a llorar. Fui hacia ellos. Los tomé en brazos y empecé a cantar. Era una canción de cuna antigua que mis hermanos me cantaban de pequeña.

Una melodía germánica que había sobrevivido en nuestra familia durante generaciones. La canté en alemán antiguo, con voz baja y tranquila.

Schlaf, mein Kleines Sternenkind,

Schlaf, wo stille Träume sind.

Mondlicht wacht an deiner Tür, keine

Angst, ich bleibe hier.

Schlaf, mein Herz, die Nacht vergeht, bis der goldne. Morgen weth. Wenn der erste Volge singt, weiß dein Herz, dass Frieden klingt.

Sofía dejó de llorar primero. Después Mateo. Continué cantando. Cuando miré hacia la puerta, Adler estaba allí. Tenía los ojos cerrados. No dijo nada. Solo escuchaba. Cuando terminé, abrió los ojos.

—¿De dónde aprendiste eso?

—Mis hermanos—Se acercó.

—Cántamela otra vez algún día.

Sonreí.

—¿Te gusta?

—Me da paz—. Besó mi frente—Y últimamente necesito mucha.

...****************...

Más tarde, cuando los niños finalmente dormían, nos quedamos solos. La tensión de los últimos días seguía allí. El miedo. El plan. Damián.

Todo parecía estar esperando detrás de la puerta. Adler me abrazó. Yo correspondí. El beso comenzó con ternura que terminó convirtiéndose en lago mucho más intenso.

No hubo necesidad de hablar.

Fuimos a la habitación. El placer. El deseo. El calor de nuestros ardiendo con cada pequeña caricia, beso.

Al llegar, cerró la puerta detrás de él. Me levantó del suelo y me sujeté de sus caderas mientras él me sostenía de las caderas. Me depositó con cuidado en la cama, sus besos que eran cada vez más salvajes nuestras respiraciones eran aceleradas, estremecedoras.

El sabor de sus labios me llamaba a pedir más. Sus besos bajaron desde mi mejilla y mentón hasta mi cuello. Sentía su respiración, su saliva recorriendo cada espacio de mi cuello, sus besos bajaron a mis pechos, me quitó la camiseta de la pijama. Sonrió lascivo. No llevaba sostén y eso a él le encantaba.

Su boca lamió y succionó con ferocidad uno de mis senos y le dio la misma atención al otro. Y siguió con ello hasta hacerme estremecer cuando sentí sus besos en mi abdomen que después del embarazo apenas estaba volviendo a ser plano, pero para él era perfecto y seductor, porque no dudó en darme mordidas y lengüeteadas en él.

Pronto llegó a la parte inferior de mi cuerpo. Separó mis piernas abriéndolas por completo. Me quitó el pantalón de mi pijama y la ropa interior. Sentí su lengua en mi vagina y en mi clítoris. Comencé a gritar de placer. Entrelazamos nuestros dedos. Seguí gritando pidiendo más hasta que me corrí. Sacó su lengua y besó cada parte de mi cuerpo con respeto, veneración y placer. Mi espalda se arqueó.

Cambiamos de posición. Ahora yo estaba arriba. Le quité la camisa y la arrojé al suelo. Comencé a besar su cuello, su pecho y cada rincón de su abdomen. Lo oí estremecerse ante mi toque. Después le quité el pantalón de pijama y lo arrojé a alguna parte de la habitación junto con la ropa interior.

Veía el deseo y la necesidad de tenerme dentro, pero primero eran mis gustos y luego los de él.

Llegué a su pene y lo besé y lamí un poco. Dio un respiro profundo mientras movía las caderas volviéndose loco de placer. Entonces me coloqué a horcajadas en su cintura y antes de poder hacer algo, él ya no pudo más y me puso debajo de él. Me besó con la misma intensidad y deseo de antes, pero con toque de ferocidad.

Pasé mis manos por su espalda ancha y clavé las uñas en esta al sentir su gran pene entrando por mi vagina. Ambos gritamos de placer.

Me mordí el labio inferior.

—Más...—Dije entre jadeos. Él me miró un segundo aún unidos. Acarició mi rostro y me dio un beso en la frente. Y de nuevo me embistió con ferocidad y no dejé de jadear ante el inmenso placer.

Salió de mi interior y nos dimos un par de besos y caricias que nos llevaron a repetir de nuevo demasiadas veces que ya había perdido la cuenta.

Tras haber llegado al clímax luego de un rato y un par de besos robados, caímos en la cama agotados, con la respiración agitada.

Llegó el amanecer, permanecimos abrazados, cansados y en silencio.

Adler acarició mi rostro.

—Todavía puedes cambiar de opinión—Lo miré.

—No.

—Kaelyn...

Acaricié su mejilla.

—Sí Damián quiere jugar. Entonces jugaremos—Su expresión se endureció.

—Pero será bajo mis reglas—Sonreí.

—Sabía que dirías eso—Besó mi frente.

—Porque eres mía.

Lo miré.

—Y tú eres mío.

Por primera vez aquella noche, Adler sonrió. No era una sonrisa amable. Era sonrisa oscura que había aprendido a reconocer. La de un hombre que acababa de aceptar que su peor miedo estaba a punto de convertirse en una guerra.

Y Damián Voss todavía no sabía una cosa. Había elegido a la mujer equivocada. Porque yo no estaba sola.

Tenía a Adler. A mis cinco hermanos. A Alisa. Ann...

Y, sobre todo, tenía algo que Damián jamás podría comprender. No tenía que poseerme para que yo me quedara.

Yo ya había elegido dónde quería estar...

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Aliz Soto
La hiatoria es buena,pero que mal que no hay mas actializaciones,lei solo hasta el capitulo 22,ya despues no hay nada escrito,no la recomiendo solo por eso
Tania Uribe: Estoy actualizando lo más rápido que puedo. He tenido mucho trabajo y he estado ocupada, pero si habrá actualizaciones 👏🙏🙏
total 1 replies
Flor R
jajajja se ve que la paso bien
Miriam Colín
No cabe duda es un lunático demente y eso lo hace muy peligroso.
Miriam Colín
😱 ¿Quién será el lunático ó loca ?, que esta obsecionado con Kaeylani.
Isis Vargas Pinzon
Mellizos 👶👶 niño y niña, que hermosura.!!!❤️❤️
Isis Vargas Pinzon
Me encanta que él quiera algo formal y buscar la familia que sueña con la mujer que ama. 💞
Isis Vargas Pinzon
Me hiciste llorar 😭 de ternura Adler, ya te estás ganando a la mujer y madre de tu hijo... vamos adelante con la historia ❤️❤️👶❤️❤️
Isis Vargas Pinzon
Woow que padrísimo, ya me enamoré de éste hombre, él está enamorado de ella, ya eso es un alivio 👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
Un bebé 🍼 es una bendición.!!!
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂
Isis Vargas Pinzon
Qué buena noche le dieron, jajajaja muy candente y bien felíz, no se cuidaron y hasta premiada se fué... cómo que se les olvidó algo tan importante y va a tener consecuencias.
Aracelis Durango
Los de seguridad están involucrados se supone que tienen seguridad extra y esa enferma logro entrar
Aracelis Durango
Empecé a leer la historia y me gusta mucho 💕
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