«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»
El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.
Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.
Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.
La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.
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CAPÍTULO 5: LA SOMBRA DE ARCADIA
LA SOMBRA DE ARCADIA
Nadie se movió.
Mis palabras quedaron flotando en el aire de la suite como un filo helado: «Sé que para ustedes mi aroma no es una tentación... es el veneno perfecto».
Eren apretó los puños, con las venas del cuello marcadas mientras luchaba por mantener el control. Kaelen me observaba con una mezcla de fascinación y cálculo político, mientras Valen permanecía petrificado a un metro de distancia. Les había recordado que el dominio había cambiado de manos, pero el universo no iba a darnos tregua.
El estruendo de una detonación sónica en el pasillo destruyó el momento. Las luces blancas parpadearon antes de teñirse de un azul eléctrico de máxima emergencia.
—Atención, sector sub-cuatro —resonó la voz autoritaria y helada del Comandante Vane por los altavoces—. Por orden del Alto Consejo de Arcadia, la directiva sobre el Sujeto Cero pasa a confiscación biológica. Los tres Pura Sangre serán juzgados por alta traición.
Valen corrió hacia la consola de control, tecleando con desespero mientras la pantalla mostraba decenas de firmas térmicas avanzando por los niveles superiores.
—Vane no viene solo —dijo Valen, con el rostro pálido—. El Consejo envió a la Guardia de Hierro. Saben que Lian no es un Omega cualquiera. Si nos atrapan, a nosotros nos ejecutarán y a él lo encadenarán de nuevo en la Cámara de Extracción.
—No voy a volver a esa camilla —dije, situándome al frente sin un solo rasgo de duda—. Valen, habla de una vez. ¿Por qué el Consejo está dispuesto a destruir este nivel entero con tal de recuperarme?
Valen dudó un segundo, mirando de reojo a Eren y Kaelen antes de soltar la verdad que había guardado durante meses.
—Porque no naciste con ese aroma, Lian —confesó Valen con un hilo de voz—. Cuando eras un niño, el Consejo usó tu glándula para el Proyecto Anomalía. Inyectaron en tu sangre un compuesto sintético derivado del azahar de sangre para crear el arma perfecta: un Omega capaz de controlar y someter a los Alfas de élite. Pero la fórmula mutó en tu biología. Tu aroma se volvió una droga destructiva... y tu sangre, la única cura contra la degradación neural que sufren los Alfas Pura Sangre.
Un silencio helado cayó sobre la habitación.
Eren soltó una carcajada oscura, cargando su pistola de pulso electromagnético.
—Conque eso era... —murmuró Eren, clavando sus ojos carmesí en mí—. Por eso el Consejo nos oculta la verdad. No solo quieren un trofeo; quieren tu sangre para mantener su imperio en pie. Y por eso Kaelen te quería en su facción militar.
—Cállate, Eren —intervino Kaelen, desenfundando una daga de cromo mientras se colocaba a mi lado, protegiéndome el flanco—. Mis motivos con el Consejo son asunto mío. Lo único que importa ahora es que si Vane le pone una mano encima, Arcadia tendrá el control absoluto de las tres castas.
—Nadie me va a usar como medicina ni como arma —sentencié, mirando la pantalla del monitor donde la carga explosiva de la puerta principal comenzaba a detonar.
El portón de titanio saltó en pedazos con un estruendo brutal. A través de la nube de chispas y humo irrumpió la Guardia de Hierro, encabezada por el Comandante Vane: un Alfa Pura Sangre veterano con una cicatriz cruzándole la cara y rifles de contención pesados.
—Ríndanse, traidores —ordenó Vane con voz de mando—. El Sujeto Cero pertenece a la élite de Arcadia.
—¡Prueba a llevártelo! —rugió Eren, embestiendo al primer soldado con la ferocidad de una bestia desencadenada, desarmándolo en pleno aire y abriendo fuego contra la vanguardia.
El tiroteo estalló en el pasillo. Kaelen se movió como una sombra ejecutando cortes precisos en las articulaciones de las armaduras blindadas, mientras Valen cubría la retaguardia desde el fondo del cuarto.
Me paré en el límite de la brecha. Cerré los ojos y forcé a mi glándula a expulsar una marea concentrada de mi aroma. Esta vez no fue una reacción involuntaria de celo, sino un ataque deliberado.
La marea dulce y tóxica de miel y azahar se expandió por el corredor como una onda de choque.
A pesar de las máscaras de filtrado de la Guardia de Hierro, la densidad de las feromonas saturó los sistemas del Consejo. Los monitores de los cascos comenzaron a pitar frenéticamente. Varios soldados cayeron sobre una rodilla, sujetándose la cabeza entre gritos de agonía mientras la sobrecarga sensorial destruía su capacidad de apuntar.
—¡Maldita sea... el aire está envenenado! —ahogó Vane, tambaleándose hacia atrás mientras perdía el equilibrio.
—Se los dije —dije con frialdad desde la bruma—. Mi sangre ya no le pertenece a Arcadia.
Eren aprovechó la ceguera del Comandante para conectarle un golpe certero que lo estrelló contra la pared de concreto.
—¡El ducto de mantenimiento hacia los sectores bajos está abierto! —gritó Valen, apartando la reja de metal del fondo—. ¡Si bajamos ahí, salimos de la jurisdicción del Consejo y entramos al territorio de los Marcados!
Kaelen me tomó de la mano, asegurando mi paso con firmeza mientras me guiaba hacia la entrada del pasadizo oscuro.
—Adelante, Lian —dijo Kaelen, mirándome a los ojos con un respeto renovado—. Salgamos de este infierno.
Salté al ducto de refrigeración mientras las alarmas de Arcadia resonaban a lo lejos. Habíamos dejado atrás el laboratorio, pero la verdad sobre mi origen acababa de salir a la luz... y la verdadera guerra por mi sangre apenas comenzaba.
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."