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TENTACIÓN PROHIBIDA CON EL TIO

TENTACIÓN PROHIBIDA CON EL TIO

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor-odio / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Emma Spencer descubrió que el hombre al que amaba y con el que mantuvo una relación secreta durante meses la iba a traicionar casándose con otra mujer. Embarazada, herida y sedienta de venganza, decide dar el golpe definitivo: casarse en secreto con el enigmático y poderoso tío de su ex. Lo que comenzó como una alianza impulsiva y fría para destruirlos a todos se convierte en un peligroso juego de secretos, poder y una pasión incontrolable que pondrá en riesgo mucho más que sus propias vidas.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 20

El eco del helicóptero al despegar hacia Manhattan aún vibraba en mis oídos, pero la verdadera batalla no se libraría en la parqué de la Bolsa ni en las salas de juntas de Wall Street. La prueba de fuego más sangrienta nos esperaba esa misma noche en el comedor principal de *The Oak Manor*.

Arthur había convocado una "cena de bienvenida y reestructuración familiar". Una tradición arcaica de los Vance para marcar el territorio tras una transición de poder. A las ocho de la noche, las puertas de la mansión se abrieron para recibir a los miembros restantes del clan: la fracción leal a la vieja guardia, los albaceas del fideicomiso y, por encima de todos, la figura más venenosa y calculadora de la dinastía: Beatriz Vance, la madre de Julián y cuñada de Arthur.

Me encontraba frente al espejo del vestidor de la suite matrimonial, ajustándome el vestido. Había elegido una pieza de seda de color verde esmeralda, de manga larga y cuello alto en la parte frontal, pero con una espalda al descubierto que descendía de manera sinuosa hasta el arranque de mis caderas. El contraste entre la sobriedad frontal y la audacia trasera era un mensaje calculado: una combinación impecable de elegancia aristocrática y abierta provocación. En mi cuello no llevaba el collar de diamantes de la boda, sino una gargantilla de platino más discreta, aunque la alianza de bodas en mi dedo anular izquierdo brillaba con el peso de una corona incontestable.

Un mareo repentino, acompañado de un ligero estallido de náuseas en la boca del estómago, me obligó a apoyarme contra el mármol del tocador. Cerré los ojos y conté hasta tres. La vida que se gestaba dentro de mí exigía su cuota diaria de presencia, recordando en silencio que cada movimiento estratégico que hiciera esa noche determinaba el futuro de mi hijo.

—Respiración profunda, mi reina.

La voz de Arthur resonó a mis espaldas. Se había acercado sin hacer ruido, vistiendo un esmoquin de corte perfecto sin pajarita, con el primer botón de la camisa de seda negra desabrochado. La madurez imponente de su figura, combinada con esa elegancia despectiva hacia las formalidades estrictas, lo hacía parecer más un soberano peligroso que un simple magnate.

Sus manos grandes y calientes se posaron directamente sobre la piel desnuda de mi espalda. Un escalofrío eléctrico recorrió mi columna vertebral. Los dedos de Arthur trazaron el contorno del vestido hasta afianzarse en la curva de mis caderas, atrayéndome con firmeza contra la solidez de su torso.

—Estás mareada —afirmó en un murmullo grave al oído, sin pedir confirmación, simplemente observando la palidez momentánea de mi rostro a través del espejo.

—La presión del día —mentí con la rapidez de un reflejo entrenado, girando levemente la cabeza para buscar su mirada—. La junta directiva de esta mañana ha sido un campo de minas.

—La junta directiva de esta mañana fue un mero formalismo —corregió él, y sus labios rozaron la curva sensible de mi cuello, sacándome un suspiro ahogado—. Lo que ocurrirá esta noche abajo es donde se prueban las garras. Beatriz viene con sed de sangre. Cree que la caída de Julián es una afrenta directa a su rama de la familia, y no perdonará que una "advenediza" haya ocupado el lugar de la matriarca.

—No soy una advenediza, Arthur —dije, dándome la vuelta entre sus brazos para clavar mis ojos en los suyos—. Soy la dueña del treinta por ciento de tus acciones y la mujer que tiene tu apellido registrado en el notario.

Arthur dejó escapar una risa baja, un sonido cavernoso que retumbó contra mi pecho. Sus ojos grises, oscuros como una noche de tormenta, ardieron con una mezcla de orgullo y posesión descarada.

—Por eso te elegí, Emma —susurró, e inclinándose, atrapó mis labios en un beso hambriento, dominador y profundo.

Su lengua exploró mi boca con la autoridad de un dueño que no admite demoras. Una de sus manos bajó por mi cadera hasta afianzarse en la seda verde de mi muslo, levantando ligeramente la falda para apretar la carne firme de mi pierna contra su cadera. La dureza de su cuerpo, despierta y lista a la menor provocación, presionó contra mi vientre, enviándome una descarga de calor instantánea que disipó las náuseas de golpe.

—Arthur... el servicio está esperando abajo... —protesté en un hilo de voz, aunque mis manos buscaron instintivamente la firmeza de sus hombros.

—Que esperen —gruñó él contra mi boca, deslizando sus dedos dentro del borde de mi lencería con una destreza devastadora—. El patriarca nunca llega tarde a su propia mesa. Simplemente marca el momento en que la cena comienza.

Su pulgar comenzó a acariciar el punto sensible de mi feminidad con un ritmo calculado, firme y lento que me hizo arquear la espalda contra el borde del tocador. Los frascos de cristal chocaron entre sí mientras el éxtasis comenzaba a concentrarse en mi vientre con la fuerza de un incendio fuera de control. Arthur me poseía con la mente, con el cuerpo y con esa aureola de poder que me atraía de una forma casi enfermiza.

—Mírame, Emma —ordenó en voz baja, aumentando la presión de sus dedos mientras su otra mano apresaba mi nuca para mantener nuestros ojos fijos—. Quiero que bajemos a esa mesa con el sabor de tu rendición aún caliente en mis labios.

—Arthur... Dios... —jadeé, sintiendo cómo los muslos me temblaban sin control.

El clímax me golpeó con una fuerza bruta, una marea de placer que me sacudió en olas prolongadas antes de que pudiera contener el gemido. Me aferré a su cuello, ocultando el rostro en su hombro mientras mi respiración se volvía un sollozo ahogado. Arthur esperó a que el último espasmo cediera antes de retirar los dedos, besando la comisura de mis labios con una ternura inesperada y voraz.

—Ahora —dijo, arreglando la seda de mi vestido con parsimonia impecable—, bajemos a cenar con los cuervos.

El comedor principal de *The Oak Manor* parecía la sala de juicios de una inquisición medieval. Una mesa de caoba para veintidós comensales, presidida por candelabros de plata maciza y vajilla de porcelana de Limoges, estaba ocupada únicamente por seis personas. El silencio en la estancia era tan denso que el crujido de las brasas en la chimenea sonaba como un disparo seco.

En el extremo opuesto a la cabecera, vestida con un traje de terciopelo negro y luciendo un collar de perlas de tres vueltas, se encontraba Beatriz Vance.

A sus cincuenta y ocho años, la madre de Julián conservaba una belleza fría, afilada y quirúrgicamente mantenida. Sus ojos, del mismo gris penetrante que los de Arthur pero desprovistos de todo calor humano, me escrutaron desde el momento en que crucé el umbral del salón colgada del brazo de mi esposo.

A su lado se sentaban dos de los abogados veteranos del fideicomiso familiar y su cuñado menor, Roberto Vance, un hombre apocado que vivía de las rentas de los dividendos anuales.

—Arthur —saludó Beatriz, con una voz fina y cortante como una hoja de afeitar—. Una convocatoria bastante apresurada. Supongo que los escándalos en la prensa no eran suficientes y necesitabas una audiencia privada para celebrar tu... trofeo.

Arthur no se inmutó. Me acompañó hasta la silla situada a su derecha, la posición de honor reservada para la consorte del patriarca, y esperó a que me sentara antes de ocupar la cabecera de la mesa.

—Beatriz —respondió Arthur, sirviéndose vino tinto en una copa de cristal de Bohemia—. Esta no es una reunión de celebración. Es una mesa de trabajo para definir los límites de la familia tras el intento de sabotaje de tu hijo.

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Lacarvel
Ella no es la que que se iba a casa r con Julián y la Beatriz la madre del mismo? Autora revisa por favor
IsaValen 💖
excelente historia
Lacarvel
Apoyemos con el like, regalos y comentarios así llega a más personas esta historia. 🥰
América Solis martinez
no entiendo en un capítulo decía que Emma tiene veintiocho y ahora que tiene treinta y dos ya no entiendo 🤔
Lacarvel: Me paso lo mismo, cuando leí. Esperemos que la autora nos diga, pero tener 32 es mejor jeje
total 1 replies
Lacarvel
Mmmm ella sabe cositas ☹️
Lacarvel
Que terror pero si 🥹
Lacarvel
Madrreeee mijaaaa esa amenaza directaaaa🤯🤯🤯🤯🤯
Lacarvel
Te lleva más de 20 años niña... Más sabe el diablo por viejo que por diablo.... Soltalaaaaaaa de una vez decileeeeee luego será peor ☹️☹️☹️☹️☹️☹️
Lacarvel
Y la que esta guardando un secreto que la va a hundir más adelante 🥹🥹🥹🥹
Lacarvel
Y si más bien le dice a él... Hay no que terror no tiene do de escapar ☹️
Lacarvel
Jum osea que en 9 Meses lo pierdes todoo querida 🤯🤯🤯🤯🤯
Lacarvel
Autora revisa los capítulos del matrimonio creo que están repetidos pero narrados en dos versiones. Perdón si te molesta la observación.
Lacarvel
Querida pero si haces las cosas en orden y dices de una vez de la existencia... Como que es mejor pa vos
Lacarvel
Esta mujer es abrumadoraaaaaa
Lacarvel
Me encantaaaaaa🥰🥰🥰
Lacarvel
Mucho desgraciado 🤯🤯🤯🤯🤯
Milcaris
😂😂😂😂 Queeee 35 capitulos 😮😮 Aquí voy pero con calma Azly y tu eres de las escritoras que vuelan.
Milcaris: Aquí eres feliz 😂😂
total 3 replies
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