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La Rosa Sin Espinas

La Rosa Sin Espinas

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Edad media / Época / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: María Esperanza Mendoza

Catalina sufre el abandono y rechazo de su padre desde muy temprana edad al morir su madre. Es entregada a su tía la condesa viuda dónde crece entre los niños de muchos matrimonios experimentando el amor y la pasión de los hombres que la rodean hasta llegar al mismísimo rey de Inglaterra.

NovelToon tiene autorización de María Esperanza Mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los fantasmas regresan

Las campanas del palacio anunciaban un nuevo amanecer, pero para mí la luz nunca lograba disipar del todo las sombras. Desde que la corona había sido colocada sobre mi cabeza, todos creían que mi vida se había convertido en un cuento de hadas. Veían las joyas, los vestidos bordados con hilos de oro, las reverencias y los banquetes interminables. Nadie veía las noches.

Porque era cuando el silencio caía sobre Hampton Court que los fantasmas regresaban.

No eran espectros de carne transparente ni almas errantes.

Eran recuerdos.

Cada rincón oscuro del palacio parecía esconder una voz conocida. Bastaba el perfume de una dama, una melodía lejana o el sonido de unos pasos para que mi mente regresara a Lambeth, a los largos corredores de la casa de la duquesa, donde aprendí demasiado pronto que una muchacha sin protección era presa fácil.

Me despertaba sobresaltada.

Sentía que alguien pronunciaba mi nombre con aquella voz que había intentado olvidar durante tantos años.

—Catalina...

Abría los ojos y solo encontraba la penumbra de mi alcoba.

Aun así, el corazón seguía golpeando mi pecho como si el peligro continuara allí.

Cada día debía sonreír frente al rey.

Enrique me observaba con una ternura que sorprendía a toda la corte. Me llamaba su Rosa sin Espinas y llenaba mis habitaciones de flores, joyas y regalos. Deseaba verme feliz.

Yo hacía cuanto podía por corresponderle.

Pero había heridas que ningún diamante podía cerrar.

Aquella mañana, mientras una doncella acomodaba mi vestido de terciopelo verde, mis manos comenzaron a temblar sin motivo aparente.

—¿Os encontráis bien, Majestad? —preguntó preocupada.

Asentí rápidamente.

—Solo estoy cansada.

Mentí.

Porque el cansancio era más fácil de explicar que el miedo.

Durante el consejo, apenas escuché las conversaciones sobre Francia, Escocia o los asuntos del reino. Mi mirada se perdió entre las ventanas mientras mi memoria reconstruía escenas que habría dado cualquier cosa por borrar.

Entonces ocurrió.

Uno de los criados anunció la llegada de un hombre relacionado con antiguos conocidos de la familia Howard.

Mi respiración se detuvo.

No era él.

Ni siquiera entró en la sala.

Pero bastó aquella simple referencia al pasado para que todo el esfuerzo que había hecho durante meses comenzara a resquebrajarse.

Comprendí algo terrible.

Mi pasado no había desaparecido.

Solo había esperado pacientemente el momento de alcanzarme.

Aquella tarde paseé sola por los jardines.

El viento agitaba los rosales y desprendía pétalos que caían sobre los senderos de piedra.

Observé una rosa marchita entre las flores recién abiertas.

Por un instante sentí que era yo.

Hermosa ante los ojos de todos.

Frágil por dentro.

Me pregunté cuántas personas conocían realmente a la mujer que se escondía bajo la corona.

No a la reina.

A Catalina.

La muchacha que alguna vez creyó que el afecto podía confundirse con el poder, y que tardó años en comprender que aquello que la había marcado no había sido amor, sino abuso y manipulación.

Las cicatrices invisibles seguían acompañándola.

Esa noche, Enrique quiso cenar conmigo en privado.

Habló de futuros viajes, de construir nuevos palacios y de la esperanza de tener un heredero.

Yo sonreía cuando debía hacerlo.

Respondía con dulzura.

Sin embargo, una parte de mí permanecía muy lejos de aquella mesa.

El rey tomó mi mano.

—¿Qué os preocupa, Catalina?

Sus ojos mostraban una preocupación sincera.

Por un instante estuve a punto de contarle toda la verdad.

Quise decirle que el miedo nunca desaparecía.

Que había recuerdos que seguían persiguiéndome.

Que existían nombres capaces de helar mi sangre.

Pero las palabras nunca salieron.

Solo respondí:

—Nada, mi señor. Solo pensaba en mi familia.

Él besó mi mano con afecto.

—Mientras yo viva, nadie os hará daño.

Sentí un nudo en la garganta.

Ojalá el pasado obedeciera las órdenes de un rey.

Cuando Enrique se marchó, permanecí junto a la ventana observando la luna.

Entonces comprendí que la verdadera batalla aún no había comenzado.

No era contra los enemigos de la corona.

Ni contra las intrigas de la corte.

Era contra los recuerdos que seguían viviendo dentro de mí.

Y aquellos fantasmas acababan de encontrar el camino de regreso.

1
Arisleidy Alvarez Santana
aparentemente parece buena vamos a ver 🤭
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