Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capitulo 23 - El rostro detrás de la máscara
"A veces la verdad no llega como una respuesta. Llega como una puerta que, una vez abierta, ya no puede volver a cerrarse."
La residencia estaba en completo silencio.
Dante seguía en su despacho, observando el papel que habían dejado sobre el escritorio.
«Deja de buscarme.»
Lo había leído tantas veces que las palabras comenzaban a perder significado.
Enzo estaba frente a él.
—Tenemos que hablar con tu familia.
—Lo sé.
—Y con la familia de Valentina.
Dante asintió.
—Que nadie salga de la residencia hasta nuevo aviso.
Enzo tomó el teléfono.
—¿Crees que el hombre que escapó volverá?
Dante miró hacia la ventana.
—No.
—¿Por qué?
—Porque ya consiguió lo que necesitaba.
Enzo frunció el ceño.
—¿Qué?
Dante señaló la carpeta que había desaparecido.
—Información.
Valentina se encontraba en el salón junto a sus hermanos.
Marco caminaba de un lado a otro.
—No me gusta nada de esto.
Luca estaba sentado frente a él.
—A mí tampoco.
Valentina los observó.
—¿Qué están pensando?
Marco se detuvo.
—Que necesitamos saber quién está detrás de todo.
—Eso es exactamente lo que Dante está intentando descubrir.
—Y por eso mismo estoy preocupado.
Valentina guardó silencio.
Su hermano se acercó.
—No quiero que te pase nada.
Ella sonrió ligeramente.
—Estoy bien.
—No tienes que fingir que no tienes miedo.
Valentina bajó la mirada hacia su vientre.
—Claro que tengo miedo.
Pero también tengo dos razones para seguir adelante.
Marco la abrazó.
—Entonces vamos a proteger esas dos razones contigo.
Dante entró en el salón.
Todos lo miraron.
—Tenemos una pista.
El padre de Valentina se levantó.
—¿Cuál?
—El hombre que escapó de mi despacho trabajaba para alguien.
—¿Para Vieri?
—No.
Dante negó.
—Para alguien mucho más cercano.
Valentina frunció el ceño.
—¿Qué tan cercano?
Dante la miró.
—Dentro de nuestras propias familias.
El silencio fue inmediato.
Su madre palideció.
—¿Estás diciendo que uno de nosotros es el traidor?
—Estoy diciendo que alguien tiene acceso a información que no debería tener.
El padre de Valentina apretó la mandíbula.
—Entonces revisaremos a todos.
Dante negó.
—No.
—¿Por qué?
—Porque si el traidor está aquí, sabrá que lo estamos buscando.
Esa noche, Dante reunió a sus dos mejores amigos.
—Raffaele, necesito que revises los movimientos de todos los empleados.
—Lo haré.
—Enzo, tú revisarás las cuentas y llamadas relacionadas con Vieri.
—Entendido.
Dante se quedó pensativo.
—Y hay algo más.
Raffaele levantó la mirada.
—¿Qué?
—Quiero que averigüen quién tuvo acceso a los archivos médicos de Valentina.
Enzo asintió.
—Eso puede llevar tiempo.
—Tómense el necesario.
Pero quiero un nombre.
Mientras tanto, Valentina estaba en su habitación.
Miró el teléfono.
No había nuevos mensajes.
Por primera vez en días, el silencio le pareció extraño.
Se acercó a la ventana.
La residencia estaba rodeada de seguridad.
Entonces vio una figura al otro lado del jardín.
Valentina entrecerró los ojos.
—¿Quién es?
La figura desapareció.
Valentina abrió la puerta.
—¡Dante!
Él apareció inmediatamente.
—¿Qué pasó?
—Vi a alguien afuera.
Dante miró hacia el jardín.
—¿Dónde?
Valentina señaló.
—Allí.
Dante llamó a los guardias.
Unos minutos después regresaron.
—No encontramos a nadie.
Dante volvió junto a Valentina.
—No vuelvas a salir sola.
Ella suspiró.
—Ya sé.
Dante la miró.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Segura?
—Sí.
Valentina hizo una pausa.
—Pero tengo la sensación de que alguien quiere que encontremos algo.
Dante frunció el ceño.
—¿Por qué lo dices?
—Porque cada vez que descubrimos una pista, aparece otra.
Dante quedó pensativo.
—Tienes razón.
A la mañana siguiente, Enzo llegó con una carpeta.
—Lo encontramos.
Dante levantó la mirada.
—¿Qué?
—El acceso a los archivos médicos.
Dante tomó la carpeta.
—¿Quién?
Enzo respiró profundamente.
—Una persona de confianza de tu familia.
Dante abrió el documento.
Su expresión cambió.
—No puede ser.
—Eso mismo pensé.
Dante volvió a mirar el nombre.
Raffaele.
Su mejor amigo.
Durante unos segundos no dijo nada.
Enzo lo observó.
—¿Qué vas a hacer?
Dante cerró la carpeta.
—Primero voy a preguntarle.
Raffaele estaba en el gimnasio cuando Dante apareció.
—Necesito hablar contigo.
Raffaele se giró.
—¿Qué ocurre?
Dante dejó la carpeta sobre una mesa.
—Explícame esto.
Raffaele la abrió.
Al leer el documento, quedó completamente sorprendido.
—Yo no hice esto.
—Tu identificación aparece registrada.
—Entonces alguien utilizó mi acceso.
Dante permaneció serio.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¿Dónde estabas esa noche?
Raffaele lo miró fijamente.
—Contigo.
Dante recordó.
Era verdad.
Habían estado juntos.
—Entonces alguien está utilizando tu identidad.
Raffaele asintió.
—Exactamente.
Enzo entró en ese momento.
—Dante.
—¿Qué pasó?
Enzo tenía el rostro serio.
—Tenemos otra prueba.
Colocó una fotografía sobre la mesa.
Era una captura de una cámara de seguridad.
Se veía a una persona entrando al archivo médico.
Dante observó la imagen.
No era Raffaele.
Pero llevaba su identificación.
—¿Puedes reconocerlo? —preguntó Enzo.
Dante acercó la fotografía.
Entonces lo vio.
—Sí.
Raffaele también quedó inmóvil.
—¿Quién es?
Dante respondió:
—El padre de uno de los antiguos hombres de Vieri.
Enzo negó.
—No.
Dante lo miró.
—¿Qué?
—Ya comprobé ese nombre.
Murió hace cinco años.
Dante quedó completamente serio.
—Entonces quien aparece en la fotografía...
—Está usando una identidad falsa.
Horas después, Vieri recibió una llamada.
—¿Ya lo descubrieron?
La voz al otro lado respondió:
—Están cerca.
Vieri cerró los ojos.
—Entonces tenemos que detenerlos.
—No.
La otra persona habló con tranquilidad.
—Déjalos seguir.
—¿Por qué?
—Porque todavía no han descubierto lo más importante.
Vieri guardó silencio.
—¿Qué cosa?
—Que el verdadero objetivo nunca fueron los documentos.
Vieri frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué quieres?
La voz respondió:
—A Valentina.
Vieri permaneció callado.
—No la tocarás.
—Tú no decides eso.
La llamada terminó.
Esa misma noche, Dante recibió un mensaje.
«Mañana tendrás la oportunidad de conocerme.»
Dante respondió:
«¿Dónde?»
La respuesta llegó inmediatamente.
«Donde comenzó todo.»
Debajo apareció una dirección.
Dante reconoció el lugar.
Era el antiguo almacén donde años atrás habían ocurrido los hechos que desencadenaron la guerra entre las familias.
Valentina entró al despacho.
—¿Qué pasa?
Dante le mostró el mensaje.
Ella leyó.
—¿Vas a ir?
—Sí.
—Entonces yo también.
Dante negó.
—No.
—Dante...
—Es demasiado peligroso.
Valentina cruzó los brazos.
—No voy a quedarme esperando mientras tú vas a encontrarte con la persona que lleva semanas amenazándonos.
Dante la observó.
—No puedo arriesgarte.
—Y yo no quiero que arriesgues tu vida solo.
Dante guardó silencio.
Finalmente llamó a Enzo.
—Prepara a todos.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Todos?
—Todos.
Esta vez no iremos a escondernos.
Al día siguiente, llegaron al antiguo almacén.
El lugar estaba abandonado.
Dante bajó del vehículo.
Valentina permaneció junto a sus hermanos y padres.
De repente, las puertas del almacén se abrieron.
Una figura apareció al fondo.
Dante avanzó unos pasos.
—¡Sal de ahí!
La persona caminó lentamente hacia ellos.
Primero pudieron ver su silueta.
Después su rostro.
Valentina abrió los ojos.
Su padre dio un paso atrás.
Marco quedó paralizado.
Dante apretó los puños.
Porque aquel rostro no pertenecía a ningún desconocido.
Era alguien que había estado sentado junto a ellos.
Alguien que había compartido reuniones familiares.
Alguien en quien todos habían confiado.
El hombre sonrió.
—Me parece que ya era hora de presentarme.
Dante lo miró con incredulidad.
—Tú...
El hombre levantó la cabeza.
—Sí.
Yo soy quien comenzó esta guerra.
Y ahora...
miró directamente a Valentina—
...voy a terminarla.
CONTINUARÁ...
🖤 Palabras de la autora
Gracias por llegar al capítulo 23. 🖤
Nos vemos en el próximo capítulo. 🖤
Con cariño,
Natalia Moreno 🖤