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Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:604
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hielo PARTE 2

El tercer día, Ren fue al jardín.

No por ninguna razón táctica. No porque el bebé se moviera o porque Kael estuviera cerca o porque el cerezo tuviera algún significado particular esa tarde. Fue porque el jardín era el espacio donde las cosas se ordenaban solas cuando en ningún otro lugar podían ordenarse, y Ren necesitaba que algo se ordenara.

Se sentó bajo el cerezo.

Puso la mano sobre el vientre.

El bebé se movió — con esa fuerza de veinticuatro semanas que ya no sorprendía pero que tampoco perdía el efecto de anclar.

«Bien», pensó Ren hacia adentro. «Tú estás bien. Eso es lo importante.»

«Lo demás», continuó el pensamiento, «es lo que tus padres van a tener que resolver antes de que llegues. Porque necesitas llegar a un mundo construido sobre algo real.»

El cerezo sobre ella tenía esa quietud de siempre — las ramas, las flores entre las piedras, la luz de la tarde que llegaba en ángulo oblicuo con la calidad específica del invierno avanzando hacia el final.

Ren pensó en Brennan Morth.

No por primera vez en tres días. Era el pensamiento que regresaba con más frecuencia que cualquier otro — más que la firma en sí, más que la imagen de Kael con veintiséis años en una reunión administrativa.

Brennan Morth era un hombre real.

Tenía un hijo.

Ese hijo tenía diecinueve años cuando su padre murió.

Ese hijo pasó quince años construyendo algo en respuesta.

Y ese hijo ahora era uno de los siete que la profecía describía como necesarios para que el camino nuevo fuera posible.

«Caelan eligió trabajar con Kael», pensó Ren. «Sabiendo lo que sabe. Eligió de todas formas.»

«¿Eso significa que el peso de lo que Kael hizo es menos real?»

«No.»

«¿Significa que Caelan lo perdonó?»

«No necesariamente. Significa que eligió que algo importaba más que esa deuda específica.»

«¿Y yo?»

El bebé se movió de nuevo.

Ren miró el cerezo.

«El padre que eligió diferente», decía la profecía. «Dos caminos tendrá el padre.»

«Kael eligió diferente. Diez años después de haber elegido el camino de siempre. Pero eligió.»

«¿Es suficiente?»

El jardín no respondió.

Las flores entre las piedras seguían ahí, como siempre, sin necesidad de que nadie las plantara ni les preguntara nada.

......................

Fue esa tarde cuando Kael hizo algo que Ren no anticipó.

No fue una conversación. No fue una pregunta. No fue el tipo de gesto que en los últimos meses había aprendido a interpretar como el lenguaje sin palabras de alguien que está aprendiendo a expresar cosas que nunca aprendió a expresar.

Fue más simple.

Kael llegó al jardín — sin pretexto, sin documentos, sin el informe de nadie — y se sentó en la silla del lateral.

No dijo nada.

Solo se sentó.

Y estuvo ahí.

Con el cerezo y la tarde y el silencio entre los dos que tenía esa temperatura diferente de los últimos tres días.

Ren lo miró.

Kael la miró.

Y en ese intercambio sin palabras — en el salón del jardín de siempre, bajo el mismo cerezo de siempre — había la pregunta que Kael no había hecho en tres días y que ahora hacía sin pronunciarla.

¿Qué pasó?

¿Qué pasó en el viaje de Elara o después del viaje de Elara o en algún momento de estos tres días que hizo que el espacio entre nosotros tenga esta temperatura?

No te estoy pidiendo que me lo digas ahora.

Solo quiero que sepas que lo noto.

Y que estoy aquí.

Ren miró el cerezo.

«Lo sé», pensó. «Sé que estás aquí.»

«Y también sé lo que está en el cajón del escritorio de mi habitación.»

«Y todavía no tengo las palabras.»

—Kael —dijo Ren finalmente.

—¿Qué.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Veinte minutos —dijo Kael.

Ren lo miró.

Veinte minutos en el jardín sin decir nada. Sin pretexto. Solo ahí.

«Aprendió a estar», pensó Ren, con algo que era calidez y dolor al mismo tiempo, la combinación específica que llevaba tres días instalada en su pecho sin que ninguna de las dos partes desplazara completamente a la otra.

—Gracias —dijo Ren.

—No me des las gracias —dijo Kael.

Ren lo miró.

Las mismas palabras que ella le había dicho a Sophia. Que Kael le había dicho a Sophia. Que ahora Kael le decía a ella.

El lenguaje del Ducado, construido en capas, circulando entre las personas que lo habitaban.

—Pronto —dijo Ren—. Hay algo que necesito decirte. Pronto. Solo necesito un poco más de tiempo.

Kael la miró.

No preguntó qué.

No preguntó cuánto tiempo.

Solo asintió — con esa brevedad suya que era a veces la forma más grande de decir las cosas.

Y se quedaron en el jardín hasta que la tarde terminó y el cerezo perdió la luz y las flores entre las piedras se volvieron solo formas en la oscuridad que avanzaba.

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