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Turquesa Eterno: Memorias De Un Amor En Varadero.

Turquesa Eterno: Memorias De Un Amor En Varadero.

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:382
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Romance en Playa Varadero ( Cuba)

NovelToon tiene autorización de piscis 1 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La sombra de la distancia.

Fue una llamada de teléfono lo que lo desencadenó todo.

Era un jueves por la tarde, y Álix estaba en el centro de conservación, revelando unas fotografías submarinas en el pequeño laboratorio fotográfico que había improvisado. Marina había salido a hacer una inspección rutinaria del arrecife con Javier y Ernesto, y él se había quedado trabajando en tierra.

El teléfono sonó tres veces antes de que decidiera contestar. En la pantalla aparecía un número francés, con prefijo de París. Pensó que sería su editor, Bernard, reclamándole el manuscrito del libro. Pero no era Bernard.

—¿Álix? Soy mamá.

La voz de su madre, Catherine, sonó al otro lado de la línea con esa mezcla de reproche y afecto que Álix conocía desde la infancia. Era una mujer elegante, culta, controladora, que nunca había entendido las decisiones de su hijo y que, sin embargo, lo quería a su manera.

—Mamá. ¿A qué debo el honor?

—No seas sarcástico. Hace meses que no me llamas. He tenido que enterarme por Camille de que estás viviendo en Cuba. ¿Es eso cierto?

—Es cierto.

—Dios mío, Álix. ¿En qué estás pensando? ¿Abandonar tu carrera, tu apartamento, tu vida entera, por una aventura caribeña?

—No es una aventura. Es una relación seria. Ella se llama Marina, es bióloga marina, y la quiero. Más de lo que he querido a nadie en mi vida.

Hubo un silencio tenso al otro lado. Álix podía imaginar a su madre apretando los labios, ese gesto suyo tan característico cuando algo no le gustaba.

—Tu padre está preocupado. Y yo también. No puedes tirar tu vida por la borda de esta manera. Tienes un talento excepcional, Álix. Siempre lo has tenido. Pero el talento necesita ser cultivado. Necesitas estar en París, cerca de las editoriales, cerca de los círculos literarios.

—Ya no necesito nada de eso. Aquí soy feliz. Aquí estoy escribiendo el mejor libro de mi carrera. Aquí tengo un propósito.

—¿Un propósito? ¿Fotografiar peces de colores?

—Documentar la recuperación de un arrecife de coral. Contribuir a la conservación del océano. Construir una vida con la mujer que amo. ¿Te parece poco?

La conversación se prolongó durante casi una hora, subiendo de tono, descendiendo, volviendo a subir. Catherine alternaba entre la súplica emocional y el chantaje afectivo, entre el orgullo herido y el miedo genuino de una madre que ve a su hijo alejarse. Álix se mantuvo firme, pero cuando colgó, se sintió agotado, como si hubiera corrido una maratón.

Lo peor llegó dos días después, en forma de un correo electrónico de su editor. Bernard le informaba de que, debido a su prolongada ausencia y a la falta de entrega del manuscrito prometido, la editorial había decidido rescindir su contrato. El adelanto que le habían pagado hacía un año debía ser devuelto en un plazo de tres meses. Una suma considerable que Álix no tenía.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Marina, cuando él le mostró el correo.

—No lo sé. Pagar la deuda, supongo. Vender el apartamento de París, quizás. Eso me daría liquidez suficiente.

—No puedes vender tu apartamento, Álix. Es tu casa.

—Mi casa está aquí. Contigo.

—Pero es tu patrimonio, tu seguridad. No quiero que te desprendas de todo por mí. No quiero que dentro de un año me lo eches en cara.

—No voy a echarte nada en cara. Lo he decidido yo.

La discusión se repitió varias veces a lo largo de aquella semana. Marina se sentía culpable, como si ella fuera la causa de todos los problemas de Álix. Él, por su parte, insistía en que la decisión era suya y que estaba dispuesto a asumir las consecuencias.

—No es justo —decía ella—. Tú lo has dejado todo por venir aquí. Tu carrera, tu familia, tu estabilidad económica. Y yo no puedo ofrecerte nada a cambio.

—Me has ofrecido tu amor. Me has ofrecido un hogar. Me has ofrecido la inspiración que había perdido. ¿Te parece poco?

—A veces el amor no es suficiente.

—El amor siempre es suficiente. Si es de verdad.

Fue en ese momento de tensión cuando apareció una nueva variable en la ecuación: una carta oficial de la embajada de Francia en La Habana. Debido a ciertas irregularidades en su visado de trabajo —un error administrativo, según decía la carta—, Álix debía presentarse en la embajada en un plazo de quince días para regularizar su situación. De lo contrario, su permiso de residencia podría ser revocado.

—¿Irregularidades? —exclamó Marina, leyendo la carta—. ¿Qué irregularidades? Si todo estaba en regla.

—No lo sé. Voy a llamar mañana para aclararlo.

Pero cuando llamó, la explicación fue vaga y burocrática. Al parecer, alguien había presentado una objeción a su solicitud de residencia. Alguien había cuestionado la validez de su contrato con el programa Vínculos Marinos. Alguien, desde Francia, había movido los hilos para ponerle las cosas difíciles.

—Camille —dijo Álix, con los dientes apretados—. Ha tenido que ser ella. O mi madre. O las dos juntas.

—¿Estás seguro?

—No tengo pruebas. Pero es demasiada casualidad. Primero la llamada de mi madre, luego la rescisión del contrato con la editorial, ahora esto. Alguien está intentando sabotearnos.

Marina palideció. La idea de que hubiera personas, a miles de kilómetros, conspirando para separarlos, le produjo una mezcla de rabia y de miedo.

—¿Y qué vamos a hacer?

—Luchar. Como siempre. No voy a dejar que nadie nos separe, Marina. Ni Camille, ni mi madre, ni la burocracia francesa, ni la cubana. Nada ni nadie.

Esa noche, abrazados en el porche, hicieron un pacto. Un pacto de resistencia, de lealtad, de amor inquebrantable. Porque si algo les habían enseñado aquellos meses de relación era que el amor verdadero no se rinde. Se adapta, se transforma, se fortalece. Pero nunca, jamás, se rinde.

—Voy a ir a La Habana —dijo Álix—. A la embajada. A arreglar esto en persona.

—Voy contigo.

—No hace falta. Es un viaje de dos días.

—Voy contigo —repitió ella, con una firmeza que no admitía réplica—. Porque somos un equipo. Y los equipos se enfrentan juntos a los problemas.

Álix la miró, y en sus ojos turquesa vio la misma determinación que lo había enamorado desde el primer día. La tomó de la mano y la apretó con fuerza.

—Juntos —dijo.

—Juntos —respondió ella.

El viaje a La Habana estaba programado para la semana siguiente. Sería un viaje decisivo, un punto de inflexión en su relación. Porque lo que descubrieran en la embajada cambiaría sus vidas para siempre.

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Norys Alvarez Alfonso
❤️❤️❤️
Norys Alvarez Alfonso
Bravo 👌
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