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LA REINA QUE NADIE PUDO DESTRUIR

LA REINA QUE NADIE PUDO DESTRUIR

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance oscuro / Completas
Popularitas:11.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Jaureguy

Durante diez años, Aurora Moretti renunció a su apellido, a su fortuna y al imperio mafioso más poderoso de Italia por el hombre que amaba. Lo apoyó cuando no tenía nada, creyó en él cuando todos le dieron la espalda y lo acompañó hasta convertirlo en el temido Rey de la Mafia.

Pero el día de su boda, Leonardo De Santis destruye su mundo al abandonarla por otra mujer, sin imaginar que la esposa a la que desprecia es, en realidad, la única heredera de la poderosa familia Moretti.

Humillada, traicionada y con el corazón hecho pedazos, Aurora regresa al lugar que juró abandonar para siempre. Allí dejará de ser la mujer enamorada para convertirse en la reina que nadie podrá volver a destruir.

Entre guerras entre las familias mafiosas italianas, alianzas inesperadas, traiciones, secretos y un amor capaz de renacer entre las cenizas, Aurora demostrará que la peor decisión que un rey puede tomar... es subestimar a su reina.

NovelToon tiene autorización de Lina Jaureguy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23 El error de Victoria

Victoria no podía quitarse de la cabeza la imagen de Leonardo hablando con Aurora.

Cada vez que la recordaba, la rabia crecía, como una marea oscura que le subía desde el pecho hasta la garganta y le impedía respirar con normalidad. No era solo celos; era una mezcla peligrosa de orgullo herido, miedo a perder el control y una obsesión que había ido creciendo en silencio durante demasiado tiempo.

Entró en su despacho sin llamar, con el paso firme y la mirada encendida.

—¿Hasta cuándo vas a seguir pensando en ella?

Leonardo levantó la vista lentamente, como si ya supiera que esa conversación era inevitable.

—¿Otra vez con lo mismo?

—No es "lo mismo". Desde que Aurora volvió, ya no me mirás igual.

Leonardo suspiró, dejando los papeles a un lado. Su paciencia, normalmente amplia, empezaba a agotarse.

—Victoria, estoy cansado. No tengo ganas de discutir.

Ella sonrió con ironía, pero sus ojos no tenían humor.

—Claro... porque ahora la única mujer que te importa es Aurora.

El nombre cayó en la habitación como una provocación directa. Leonardo golpeó el escritorio con la palma de la mano, esta vez sin contenerse.

—¡Basta!

El silencio que siguió fue pesado, casi físico. Victoria nunca lo había visto reaccionar así, no de esa manera, no por otra persona.

Por un segundo, algo en ella se quebró, pero lo cubrió rápidamente con orgullo.

Sin decir una palabra más, salió del despacho dando un fuerte portazo que resonó en todo el pasillo.

Mientras caminaba, su respiración era irregular. Sus pensamientos ya no eran solo emociones: eran decisiones.

—Si Leonardo no puede olvidarla... —murmuró para sí misma, con una frialdad nueva en la voz— voy a obligarlo.

---

Esa misma tarde, Aurora decidió visitar una pequeña capilla que solía frecuentar cuando era adolescente.

Necesitaba un momento de paz. Algo que le devolviera el equilibrio que había perdido desde su regreso a ese mundo lleno de tensiones, miradas ocultas y amenazas silenciosas.

Marco y dos escoltas la acompañaban a una distancia prudente, vigilantes, sin invadir su espacio.

Dentro de la iglesia, el aire era distinto. Más lento. Más limpio.

Aurora encendió una vela con manos suaves, como si temiera romper el silencio del lugar. Se quedó unos segundos observando la llama, hipnotizada por su movimiento.

Luego apoyó una mano sobre su vientre.

—Prometo que voy a protegerte con mi vida.

Su voz fue apenas un susurro, pero cargado de una determinación profunda. Una lágrima recorrió su mejilla sin que intentara detenerla.

No rezaba por ella.

Rezaba por su hijo.

Por ese pequeño ser que aún no había nacido, pero que ya era su razón para mantenerse firme en medio de todo lo que la rodeaba.

---

Al salir de la capilla, el cielo estaba más gris de lo que recordaba. El aire se sentía más pesado, como si algo estuviera a punto de romperse.

Un automóvil negro frenó bruscamente frente a la entrada, levantando pequeñas piedras del suelo.

Victoria descendió con una sonrisa cargada de desprecio, elegante pero venenosa.

—Qué casualidad encontrarte.

Aurora respiró hondo, intentando mantener la calma que había logrado dentro de la capilla.

—No tengo nada que hablar con vos.

—Yo sí.

Victoria dio un paso al frente, reduciendo la distancia con una seguridad intimidante.

—¿Cuánto tiempo pensás seguir persiguiendo a mi marido?

Marco se interpuso inmediatamente, colocándose entre ambas con firmeza.

—Señora, le pido que se retire.

Victoria lo ignoró por completo, como si no existiera. Su atención estaba fija en Aurora.

—Escuchame bien.

Su voz bajó, volviéndose más peligrosa.

—Si volvés a acercarte a Leonardo, voy a hacer que te arrepientas toda la vida.

Aurora sostuvo su mirada sin retroceder, aunque por dentro sentía la tensión crecer.

—Yo no busco a Leonardo.

Hizo una pausa breve, firme.

—Es él quien me busca a mí.

La respuesta fue como una chispa en gasolina. Victoria perdió el control en un instante.

Levantó la mano para abofetearla, movida por la rabia y la humillación.

Pero antes de que pudiera hacerlo, Marco sujetó su muñeca con fuerza.

—Se terminó.

La voz de Marco era fría, definitiva.

—No voy a permitir que vuelva a tocar a la señorita Aurora.

Victoria retiró el brazo con violencia, respirando agitada, humillada por la intervención.

—Esto no va a quedar así.

Subió a su automóvil sin mirar atrás y se marchó a toda velocidad, dejando tras de sí un aire cargado de amenaza.

Aurora respiró aliviada, pero el sobresalto fue demasiado fuerte. Una punzada aguda en el abdomen la obligó a llevarse la mano al vientre.

Marco la observó de inmediato, preocupado.

—Nos vamos al médico.

—No... ya estoy mejor.

—No es una sugerencia.

Su tono no admitía discusión.

—Es una orden de Don Matteo.

Aurora no discutió. Sabía cuándo no tenía sentido resistirse.

Mientras el automóvil arrancaba, una persona escondida detrás de unos árboles bajó lentamente una cámara. Había estado observando todo.

Tomó varias fotografías del encuentro, con precisión fría.

Una de ellas mostraba claramente a Victoria intentando agredir a Aurora.

Esas imágenes no tardarían en cambiarlo todo.

Y muy pronto llegarían a las manos de Don Matteo Moretti.

Cuando las viera...

Victoria descubriría que había cruzado una línea de la que ya no habría vuelta atrás.

Continuará...

1
Mireya Moreno
no comprendo si es la hija del mayor capo , victoria tiene más poder que ella y el papel de estupida no cuadra con ser una Moretti tiene más agallas victoria
Maria Josefa
preciosa y muy emocionante y interesante felicidades
Maria Josefa
me encanta esta novela felicidades por tu novela autora preciosa gracias
Maria Josefa
esta novela está muy bien interesante y emocionante esa putizorra va a saber quién NES son los moriarte
Daniela Malibu
maldito hijo de p*** ya te quiero ver arrastrándote pidiéndole perdón desgraciado🤬🤬🤬🤬🤬
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