Espero que les guste esta novela tanto como a mi...
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13
Capítulo 13: El despertar del vínculo
La mañana comenzó demasiado tranquila.
Richel despertó lentamente.
Durante unos segundos no recordó dónde estaba.
Luego sintió algo extraño.
Un calor recorría su hombro.
Se llevó la mano hacia la piel.
La marca que Ren había dejado sobre ella comenzaba a cambiar.
Antes era apenas un símbolo tenue.
Ahora brillaba ligeramente.
Richel abrió los ojos.
—¿Qué...?
La puerta se abrió de golpe.
Ren apareció.
—Richel.
Ella lo miró.
—¿Qué ocurre?
Ren se quedó inmóvil.
Sus ojos se dirigieron inmediatamente hacia su hombro.
La marca había despertado.
—Ya comenzó.
—¿Qué significa?
Ren se acercó.
—El vínculo está despertando.
Richel sintió un escalofrío.
—¿Y qué va a pasar?
—Podrás sentirme.
—¿Cómo?
—De la misma manera que yo puedo sentirte.
Richel abrió los ojos.
—¿Todo?
Ren sonrió ligeramente.
—No.
No puedo leer tus pensamientos.
Pero sabré cuándo estás triste.
Cuándo tienes miedo.
Cuándo algo te ocurre.
Richel se quedó callada.
—Eso explica por qué viniste tan rápido ayer.
—Sí.
—Sentiste que estaba en peligro.
—Sentí tu miedo.
Ren se acercó.
—Y casi perdí el control.
Richel tomó su mano.
—Pero no lo hiciste.
—Porque sabía que estabas viva.
Ella sonrió.
—Entonces quizá la marca no sea tan mala.
Ren la miró.
—Hay otra cosa.
—¿Qué?
—Ahora tú también podrás sentir cuando yo pierda el control.
Richel observó sus ojos.
—Entonces estaré ahí.
---
Mientras tanto...
En otra habitación...
Clara estaba sentada en el sofá.
Kaito había preparado el desayuno.
—Come.
Clara lo miró.
—¿Tú preparaste esto?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque ayer fue un día difícil.
Clara tomó el plato.
—Estás extraño.
Kaito se sentó junto a ella.
—¿Extraño?
—Sí.
—¿Cómo?
—Demasiado dulce.
Kaito sonrió.
—¿No te gusta?
—No.
Clara tomó un bocado.
—Me gusta demasiado.
Kaito soltó una pequeña risa.
—Entonces continuaré.
Clara apoyó la cabeza en su hombro.
—Nunca había tenido a alguien tan pendiente de mí.
Kaito acarició suavemente su cabello.
—Ahora me tienes a mí.
Clara levantó la mirada.
—Eso todavía se siente extraño.
—¿Por qué?
—Porque todo ocurrió muy rápido.
Kaito tomó su mano.
—No tienes que acostumbrarte de inmediato.
Clara sonrió.
—Pero quiero hacerlo.
Kaito besó suavemente su frente.
—Entonces iremos despacio.
Clara cerró los ojos.
Y por primera vez desde que había descubierto el vínculo...
No sintió miedo.
Solo tranquilidad.
---
Mientras tanto...
Richel intentaba escapar.
No de la casa.
De Ren.
Había cometido el error de decirle que quería caminar sola por el jardín.
Ren aceptó.
Pero cinco minutos después...
Apareció detrás de ella.
—¿A dónde vas?
Richel se giró.
—Al jardín.
—Voy contigo.
—No.
Ren parpadeó.
—¿No?
—Quiero caminar sola.
—Está bien.
Richel sonrió.
—Gracias.
Dio dos pasos.
Ren la siguió.
—¡Ren!
—¿Qué?
—Dijiste que podía caminar sola.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué vienes detrás de mí?
—No estoy detrás de ti.
Richel miró por encima del hombro.
—Estás literalmente detrás de mí.
Ren sonrió.
—Casualidad.
Ella soltó una carcajada.
—Eres imposible.
Richel aceleró el paso.
Ren hizo lo mismo.
Ella entró en la casa.
Subió las escaleras.
Entró en una habitación.
Cerró la puerta.
Silencio.
—Por fin.
Se apoyó contra la puerta.
Entonces escuchó una voz.
—¿Ya terminaste?
Richel abrió los ojos.
Ren estaba sentado en un sillón.
—¡¿Cómo entraste?!
—La puerta estaba abierta.
—¡No estaba abierta!
—Ahora sí.
Richel lo miró indignada.
—¡Ni siquiera puedo esconderme en mi propia casa!
Ren sonrió.
—Es nuestra casa.
Richel cruzó los brazos.
—Eso lo empeora.
---
Más tarde...
Richel estaba desayunando con Ren cuando apareció una mujer mayor.
Era elegante.
Serena.
Y tenía un parecido evidente con Ren.
Richel se levantó inmediatamente.
—Buenos días.
La mujer sonrió.
—Así que tú eres Richel.
Richel miró a Ren.
Él parecía ligeramente incómodo.
—Mamá...
Richel abrió los ojos.
—¿Mamá?
La mujer soltó una pequeña risa.
—Sí.
Soy Akemi.
La madre de Ren.
Richel se puso nerviosa.
—Mucho gusto.
Akemi se acercó.
Tomó las manos de Richel.
—No tienes que estar nerviosa.
—Es que...
—Llámame Akemi.
Richel sonrió.
—Está bien.
Akemi miró a su hijo.
—¿Ya le dijiste?
Ren negó.
—Todavía no.
Richel frunció el ceño.
—¿Decirme qué?
Ren se levantó.
—Mamá.
Akemi sonrió.
—Tu hijo ha tomado una decisión.
Richel miró a Ren.
—¿Qué decisión?
Ren respiró profundamente.
Luego tomó su mano.
—Quiero casarme contigo.
Richel quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
Ren sonrió.
—Quiero que seas mi esposa.
Akemi observó la reacción de la joven.
Richel abrió la boca.
—Ren...
—Antes de que digas algo...
Él continuó.
—No quiero obligarte.
Quiero que tú elijas.
Richel lo miró durante unos segundos.
Entonces sonrió.
—¿Y si ya elegí?
Los ojos de Ren se iluminaron.
—Entonces...
Sacó un pequeño sobre.
Richel lo miró.
—¿Qué es eso?
Ren lo abrió.
Dentro había un documento.
Una fecha.
Richel lo leyó.
Y sus ojos se abrieron completamente.
—¿Ya fijaste la fecha?
Ren sonrió.
—Sí.
Akemi soltó una carcajada.
—Mi hijo lleva semanas planeándolo.
Richel miró nuevamente el papel.
—No puedo creerlo.
Ren se acercó.
—¿Te arrepientes?
Ella negó.
—No.
—¿Entonces?
Richel sonrió.
—Solo me parece increíble que el hombre que decía tener miedo de lastimarme ahora esté organizando nuestra boda.
Ren tomó su mano.
—Porque ahora sé que no quiero vivir sin ti.
Akemi sonrió.
—Entonces parece que tenemos una boda que preparar.
Richel miró a Ren.
Él la observaba con esa intensidad que ya conocía demasiado bien.
—¿Cuándo?
Ren respondió:
—Dentro de tres meses.
Richel abrió los ojos.
—¡¿Tres meses?!
Ren sonrió.
—¿Demasiado pronto?
Richel lo miró.
Después sonrió.
—No.
Solo espero sobrevivir tres meses contigo.
Ren soltó una carcajada.
—No te prometo que será fácil.
—Lo imaginaba.
Y mientras Akemi comenzaba a hablar de vestidos, invitados y preparativos...
Richel comprendió que su vida había cambiado completamente.
La universitaria que nunca imaginó enamorarse de un semi zorro...
Ahora estaba a tres meses de convertirse en su esposa.
Richel todavía no podía creerlo.
Tres meses.
Solo tres meses para convertirse en la esposa de Ren.
Mientras Akemi hablaba emocionada sobre los preparativos, Richel miraba a Ren.
Él parecía completamente tranquilo.
Como si anunciar una boda fuera la cosa más normal del mundo.
—¿Por qué estás tan tranquilo? —preguntó Richel.
Ren arqueó una ceja.
—Porque llevo tiempo esperando este momento.
—¿Desde cuándo?
—Desde que entendí que eras mi pareja.
Richel sonrió.
—Eso explica muchas cosas.
Akemi se acercó.
—Y todavía falta hablar de algo importante.
Ren la miró.
—Mamá...
—¿Qué?
—No empieces.
Akemi sonrió.
—Quiero conocer a la familia de Richel.
Richel asintió.
—Claro.
—Y también quiero organizar una cena.
—¿Una cena?
—Sí. Quiero que ambas familias se conozcan.
Richel miró a Ren.
—Creo que esto se está volviendo demasiado real.
Ren tomó su mano.
—Lo es.
---
Mientras Akemi continuaba hablando sobre la boda, Richel comenzó a sentir nuevamente aquella extraña sensación en el hombro.
La marca ardía suavemente.
—Ren...
Él la miró de inmediato.
—¿Qué ocurre?
—La marca.
Ren se acercó.
—¿Te duele?
—No.
Solo está caliente.
Ren tocó con cuidado su hombro.
En cuanto sus dedos rozaron la marca...
El calor desapareció.
Richel abrió los ojos.
—¿Qué hiciste?
—Nada.
—Se detuvo cuando me tocaste.
Ren sonrió.
—El vínculo está reaccionando a mí.
Richel lo miró.
—Entonces eres como mi botón de apagado.
Akemi soltó una carcajada.
—Nunca había escuchado una descripción tan extraña de un vínculo.
Ren negó con la cabeza.
—No soy un botón.
—Para mí sí.
Richel sonrió.
Ren se acercó.
—Entonces tendré que permanecer cerca.
Richel puso los ojos en blanco.
—Eso es exactamente lo que quería evitar.
---
Por la tarde...
Clara llegó a la residencia.
Kaito iba junto a ella.
Richel salió a recibirlos.
—¡Clara!
Las dos amigas se abrazaron.
—¿Cómo estás?
—Bien.
Clara sonrió.
—¿Y tú?
Richel levantó una mano.
—Tengo algo que contarte.
Clara vio el anillo.
—¿Qué es eso?
Richel sonrió.
—Nos vamos a casar.
Clara abrió los ojos.
—¡¿Qué?!
—En tres meses.
—¡Richel!
Clara la abrazó nuevamente.
—¡Estoy tan feliz por ti!
Kaito observó a Ren.
—¿Tres meses?
Ren asintió.
—Sí.
—Rápido.
—No quería esperar.
Kaito soltó una pequeña risa.
—Eso sí te creo.
Clara miró a Kaito.
—Nosotros también deberíamos pensar en nuestra boda.
Kaito la miró sorprendido.
—¿Quieres casarte conmigo?
Clara se puso roja.
—¿No era obvio?
Kaito sonrió.
—Entonces tendremos que hablarlo.
Richel sonrió.
—Parece que tendremos dos bodas.
Ren miró a Kaito.
—Y tendremos que prepararnos.
—¿Para qué?
—Para sobrevivir a ellas.
Los dos se miraron.
Después soltaron una carcajada.
---
Horas más tarde...
Richel estaba en su habitación.
Intentaba estudiar.
Pero no podía concentrarse.
Ren había dejado de molestarla durante casi una hora.
Aquello era sospechoso.
Demasiado sospechoso.
Richel salió al pasillo.
—¿Ren?
No hubo respuesta.
—¿Ren?
Silencio.
Bajó las escaleras.
Tampoco estaba allí.
Sonrió.
—Por fin.
Decidió aprovechar la oportunidad.
Salió al jardín.
Caminó hasta una zona alejada de la casa.
Respiró profundamente.
Por primera vez en todo el día estaba sola.
Hasta que sintió una presencia.
—¿Ya terminaste de esconderte?
Richel se giró.
Ren estaba detrás de ella.
—¡No puede ser!
—Te encontré.
—¿Cómo?
Él señaló su hombro.
—La marca.
Richel se llevó la mano al hombro.
—¿Puedes sentir dónde estoy?
—No exactamente.
Pero puedo sentir cuando te alejas demasiado.
—Eso es trampa.
—Es nuestro vínculo.
Richel cruzó los brazos.
—No puedo tener privacidad.
Ren se acercó.
—Puedes.
—No parece.
—Si quieres estar sola, te dejaré.
Richel lo miró sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí.
Ren se dio la vuelta.
—Solo dime cuando quieras que regrese.
Richel observó cómo se alejaba.
Y sintió algo extraño.
Lo había querido lejos durante todo el día.
Pero ahora que realmente se marchaba...
Lo extrañaba.
—Ren.
Él se detuvo.
—¿Sí?
Richel sonrió.
—Puedes quedarte.
Ren regresó inmediatamente.
—Sabía que dirías eso.
—¡No arruines el momento!
Él se rio.
---
Esa noche...
Richel se encontraba frente al espejo.
Observó la marca en su hombro.
Ahora era más visible.
Un símbolo delicado que parecía formar parte de su piel.
Pensó en todo lo que había ocurrido.
La universidad.
El trabajo.
Ren.
El vínculo.
El enemigo.
Y ahora...
La boda.
Tocó suavemente la marca.
—¿De verdad voy a casarme contigo?
Ren apareció reflejado en el espejo.
—Sí.
Richel se sobresaltó.
—¡No hagas eso!
Él sonrió.
—Perdón.
Richel volvió a mirarse.
—¿Estás seguro?
Ren se acercó.
—Nunca había estado tan seguro de algo.
Ella se giró.
—¿Ni siquiera de tu empresa?
—Ni siquiera.
—¿Ni de tu dinero?
—No.
—¿Ni de tu poder?
Ren negó.
—Nada de eso importa tanto como tú.
Richel sonrió.
—Entonces supongo que me toca confiar en ti.
Ren tomó su mano.
—No quiero que simplemente confíes.
Quiero que me elijas todos los días.
Richel lo miró.
—Lo haré.
---
Al otro lado de la ciudad...
Una figura observaba una fotografía de ambos.
—Tres meses...
Dijo una voz.
—No podemos permitir que lleguen al altar.
Otra persona preguntó:
—¿Qué haremos?
La figura sonrió.
—Primero debemos despertar aquello que Ren teme.
—¿Su verdadera forma?
—Exactamente.
La fotografía fue colocada sobre una mesa.
En ella aparecía Richel.
Y debajo...
Una segunda fotografía.
Una imagen antigua de Ren transformado.
—Si ella ve al verdadero monstruo...
Quizá sea ella misma quien decida marcharse.
---
Mientras tanto...
En la residencia Ashikaga, Richel dormía tranquilamente.
Ren estaba sentado junto a la ventana.
La observaba en silencio.
Había prometido no apartarla.
Pero ahora sabía que alguien quería destruir su relación.
Y no sabía cuánto tiempo podría mantener a salvo a la mujer que amaba.
Su mirada se volvió fría.
—No voy a dejar que la toquen.
Pero no sabía que, en ese mismo instante...
Alguien ya estaba preparando el primer golpe contra su futura esposa.