La primera vez que se encontraron, murieron.
La segunda vez, también.
Y aun así volvieron a buscarse.
A lo largo de tres vidas, tres épocas y tres historias distintas, dos almas destinadas a amarse desafiarán al tiempo, a la muerte y al destino para volver a encontrarse.
No recuerdan quiénes fueron.
No recuerdan cómo se perdieron.
Pero sus corazones sí.
Porque algunas conexiones son más fuertes que el olvido.
Más fuertes que la distancia.
Más fuertes incluso que la muerte.
ETERNOS es una historia sobre almas gemelas, segundas oportunidades y un amor capaz de atravesar siglos enteros.
Porque hay amores que terminan.
Y hay otros que duran para siempre.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La verdad
Eleanor
Estoy tarareando mientras ordeno las flores que corté esta mañana. No recuerdo la última vez que fui tan feliz. Probablemente nunca.
Blackthorne se siente más como un hogar en una semana que Rosewood Hall en diecisiete años.
Y William... Una sonrisa aparece en mis labios.
William es amable, divertido y paciente. Escucha mis historias absurdas sin quejarse demasiado. Y cuando se queja, suele terminar riéndose.
—¿Qué tiene tan feliz a mi lady?
Levanto la vista. Luisa está cambiando las sábanas.
—Nada.
—Mentirosa —devuelve.
—Mi esposo me acusa de ese mismo pecado.
La mujer sonríe. Pero la sonrisa desaparece cuando observa la cama.
Frunce el ceño y vuelve a mirar las sábanas. Luego me mira a mí.
—¿Pasa algo, Luisa?
—No…—titubea—. Es solo que me preguntaba… Lleva casi tres semanas casada y las sábanas siguen intactas.
—¿Intactas? —pregunto sin entender.
Hace un gesto con la mano, como para que deje el tema correr, pero siento curiosidad.
—Dime.
—Mi lady —empieza a titubear, mirándome apenada.
—Háblame con total franqueza, Luisa. No tengo nada más que una excelente opinión tuya.
—¿Está siendo feliz aquí?
—Mucho.
Sus hombros parecen relajarse.
—¿Y lord Ashford la trata bien?
—Muy bien.
—¿Nunca la ha lastimado?
—Jamás.
—Gracias a Dios —susurra, pero vuelve a arrugar su ceño.
—No entiendo por qué todo el mundo parece tan preocupado por eso.
—¿Qué quiere decir?
—Mi madre también lo estaba.
Luisa se queda inmóvil.
—¿Qué le dijo?
—Que obedeciera. Que no lo hiciera enfadar. —Bajo la vista—. Y que soportara el dolor.
La habitación queda en silencio.
—¿Dolor?
—Sí.
Levanto la cabeza y sonrío.
—Pero William prometió que no me golpearía. Quizá a eso te refieres con las sábanas intactas. Quizá esperas ver las pruebas de los golpes, pero William dijo que nunca me tocaría.
La expresión de Luisa se congela por completo.
—¿Golpearla?
—Claro. Por eso crees que debería haber sangre en las sábanas, ¿verdad?
Luisa parpadea confundida.
Abre la boca, pero la vuelve a cerrar sin emitir palabra alguna.
—¿No es por eso? —insisto.
La mujer deja las sábanas sobre la cama muy despacio. Luego toma asiento frente a mí.
—¿Qué le explicó su madre sobre el matrimonio?
—Nada.
—¿Nada?
—Me dijo que obedeciera.
—¿Y lord Ashford?
Sonrío. —William me explicó.
—¿Qué le explicó?
—Que los esposos hablan.
El silencio que sigue me provoca un escalofrío.
—¿Eso fue lo que le dijo? —pregunta casi molesta.
—Sí.
—¿Y usted le creyó?
Mi sonrisa desaparece.
—Por supuesto. Es mi esposo.
Luisa cierra los ojos, como si acabara de comprender algo terrible.
—Mi pobre niña.
El miedo que sentí antes de mi boda y el primer día vuelve con intensidad.
Quizá los golpes ocurrirán. Mi hermana me lo dijo. Dijo que esperaba que mi esposo me hiciera gritar.
—¿Qué ocurre?
—Lord Ashford le mintió.
Mi corazón se detiene.
—No.
—Sí.
—No —insisto.
—Eleanor.
Nunca había escuchado mi nombre dicho con tanta tristeza.
—¿Por qué me mentiría?
Luisa guarda silencio. Demasiado tiempo.
—Porque es un cobarde.
Parpadeo.
—¿William?
—Sí.
—No es cruel.
—No he dicho que lo sea.
—Pero eso quiere decir que me golpeará, ¿verdad?
La mujer suspira.
—No, mi lady. Eso significa que está siendo egoísta.
Mi garganta se aprieta.
—No entiendo por qué mi esposo está siendo egoísta.
—Porque le resulta más fácil dejarla en la oscuridad.
—¿Sobre qué?
Luisa toma mis manos.
—Sobre lo que significa compartir el lecho con su esposo.
Sujeto su mano y me lanzo al vacío.
—Explícame, por favor. Y no me ocultes nada.
Y entonces me lo explica. Todo. Con paciencia y con delicadeza. Como si no fuera vergonzoso. Como si no fuera algo malo. Como si fuera simplemente parte de la vida.
Mientras habla, el calor abandona mi cuerpo. Poco a poco. Hasta dejarme helada porque finalmente comprendo. Comprendo por qué mi hermana gritaba. Comprendo por qué mamá habló de dolor. Comprendo por qué se esperaba sangre. Comprendo cómo llegan los niños al mundo.
Comprendo lo que ocurre entre un esposo y una esposa en el lecho.
Y entiendo algo más… William lo sabía.
Todo el tiempo.
Cada noche. Cada conversación. Cada sonrisa. Cada vez que me aseguró que los matrimonios consistían en hablar… Lo sabía. Y me dejó creer una mentira… su mentira.
Las lágrimas llenan mis ojos. No porque ahora tenga miedo. Ya no lo tengo. William jamás me haría daño. Lo sé. El problema es otro. Uno mucho peor… Confiaba en él.
—¿Por qué me mintió?
La pregunta apenas sale de mi garganta.
—Porque hay otra mujer.
El suelo desaparece bajo mis pies.
—Sarah.
No es una pregunta. Es una certeza. Porque siempre estuvo ahí. En los pasillos. En las escaleras. En las cenas. Mirándolo… Siendo mirada por él.
—Sí.
Una lágrima resbala por mi mejilla. Luego otra. Y otra más. Pero no es porque William ame a otra mujer… al menos creo que no lo es. Lo que me rompe es descubrir que todas las noches, mientras yo creía que estaba conociendo a mi esposo... Mi esposo esperaba que me durmiera para irse con ella.
Que tonta.
Cada vez que me decía que el hombre compartía la cama con su esposa por unas horas antes de ir a trabajar… le creí.
—Mi lady...
Sacudo la cabeza. No quiero escuchar más.
No quiero llorar.
No quiero sentir.
Es la primera vez en mi vida que creí que alguien podía elegirme. Y fui una estúpida. Una completa estúpida.
—Gracias, Luisa. Déjame sola, por favor.
Asiente y en cuanto estoy sola me lanzo a mi cama y dejo que los sollozos que estaba conteniendo exploten.
Que amarga es la verdad.
*****
Estoy acostada, tratando de distraerme con un libro, cuando William entra en nuestra habitación con una sonrisa cansada… como todas las noches.
Quizá comparte lecho con esa mujer incluso durante el día.
—Buenas noches, Eleanor.
Levanto la vista de mi libro y por primera vez desde nuestra boda no le sonrío.
—Buenas noches, lord Ashford.
La sonrisa desaparece lentamente de su rostro.
—¿Lord Ashford?
Cierro el libro.
—Sí.
Frunce el ceño.
—¿Ocurre algo?
—¿Por qué habría de ocurrir algo? —devuelvo.
—Eleanor...
—Estoy cansada.
Me acomodo bajo las mantas y le doy la espalda.
Silencio. Un silencio pesado invade nuestra habitación.
Es extraño.
Incómodo.
Siento sus ojos sobre mí. Esperando. Confundidos. Y aunque quiero hacer algo para eliminar esta tensión que se ha apoderado de nosotros, no lo hago, porque ahora soy yo quien conoce un secreto.
Y él todavía no sabe que lo sé.