Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.
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lo que mi corazón siente
El aire parecía diferente.
Más ligero.
Más cálido.
O quizás era simplemente la forma en que Valentina se sentía mientras observaba a Alejandro frente a ella.
El estacionamiento del hospital estaba casi vacío.
El sol comenzaba a ocultarse lentamente en el horizonte.
Y por primera vez en semanas, nada parecía interponerse entre ellos.
Ni Camila.
Ni Roberto.
Ni llamadas inesperadas.
Solo ellos.
Y las palabras que llevaban demasiado tiempo esperando.
Alejandro sostuvo su mirada.
Su corazón latía con fuerza.
Algo poco habitual en él.
Durante años había sido capaz de enfrentar reuniones importantes, negociaciones millonarias y situaciones complejas sin perder la calma.
Pero aquella mujer conseguía ponerlo nervioso con una sola sonrisa.
Y curiosamente, le gustaba.
—Antes de que sonara el teléfono...
Valentina sonrió suavemente.
—Lo recuerdo.
—Me interrumpieron.
—Eso también lo recuerdo.
Ambos rieron.
Y aquella pequeña risa ayudó a aliviar parte de la tensión.
Pero solo una parte.
Porque lo que estaba a punto de ocurrir seguía siendo importante.
Muy importante.
Alejandro tomó aire.
Y decidió dejar de esconderse.
Por una vez.
—Cuando te conocí, no esperaba nada.
Valentina permaneció en silencio.
Escuchando.
—Pensé que serías una persona más que aparecería en mi vida y luego seguiría su camino.
Una sonrisa apareció en los labios de ella.
—Qué romántico.
Él soltó una pequeña carcajada.
—Déjame terminar.
—Está bien.
—Pero entonces comenzaste a quedarte.
La expresión de Valentina se suavizó.
—Y cada día te volviste más importante.
Más necesaria.
Más difícil de ignorar.
El corazón de la fotógrafa latía tan fuerte que parecía imposible ocultarlo.
Alejandro dio otro paso hacia ella.
—Contigo aprendí cosas que creía olvidadas.
Aprendí a confiar otra vez.
A reír sin preocuparme por el futuro.
A creer que algunas heridas pueden sanar.
Valentina sintió que los ojos comenzaban a humedecerse.
Porque cada palabra sonaba sincera.
Profundamente sincera.
Y porque ella sentía exactamente lo mismo.
Durante unos segundos, el silencio volvió a instalarse entre ellos.
Pero esta vez era un silencio lleno de emociones.
Lleno de verdad.
Lleno de todo aquello que llevaban semanas guardando.
Finalmente Alejandro sonrió.
Y dijo las palabras que habían estado esperando.
—Me enamoré de ti, Valentina.
El mundo pareció detenerse.
El ruido de los automóviles.
El viento.
Las conversaciones lejanas.
Todo desapareció.
Porque solo existían aquellas cinco palabras.
"Me enamoré de ti."
Las lágrimas aparecieron en los ojos de Valentina antes de que pudiera evitarlo.
No eran lágrimas de tristeza.
Eran lágrimas de alivio.
De felicidad.
De emoción.
Porque llevaba semanas deseando escuchar aquello.
Y al mismo tiempo temiendo que nunca ocurriera.
—Alejandro...
Él observó cada una de sus reacciones.
Y por primera vez pareció vulnerable.
De verdad vulnerable.
—Si no sientes lo mismo, lo entenderé.
La respuesta llegó antes de que pudiera terminar la frase.
—Te amo.
Aquellas palabras escaparon de los labios de Valentina sin pensar.
Sin planearlas.
Sin miedo.
Simplemente porque eran verdad.
Porque ya no podía ocultarlas.
Porque su corazón había tomado la decisión mucho antes que ella.
Por un instante ninguno se movió.
Ninguno habló.
Simplemente se observaron.
Asimilando lo que acababa de ocurrir.
Hasta que Alejandro sonrió.
Una sonrisa tan feliz que Valentina supo que jamás la olvidaría.
—¿Lo dices en serio?
Ella rió entre lágrimas.
—¿De verdad me preguntas eso ahora?
—Necesito escucharlo otra vez.
Valentina negó con la cabeza.
Y luego sonrió.
—Te amo.
La felicidad que apareció en los ojos de Alejandro fue imposible de describir.
Porque después de años de dudas.
Después de años de dolor.
Después de años creyendo que nunca volvería a amar así...
Finalmente había encontrado algo real.
Y entonces ocurrió.
Sin interrupciones.
Sin llamadas.
Sin accidentes.
Sin pasado.
Alejandro levantó suavemente una mano y acarició la mejilla de Valentina.
Ella cerró los ojos durante un instante.
Disfrutando del contacto.
Del momento.
De todo lo que significaba.
Cuando volvió a abrirlos, sus miradas se encontraron una vez más.
Y lentamente él se inclinó hacia ella.
Valentina hizo lo mismo.
Reduciendo la distancia.
Centímetro a centímetro.
Hasta que finalmente sus labios se encontraron.
Fue un beso suave.
Dulce.
Lleno de emociones contenidas.
No había prisa.
No había necesidad.
Solo dos personas que llevaban demasiado tiempo esperando aquel instante.
Y cuando finalmente se separaron, ambos sonrieron.
Porque sabían que aquel beso no era un comienzo.
Era la confirmación de algo que llevaba creciendo desde el primer día.
—Hola.
Dijo Alejandro.
Valentina soltó una carcajada.
—¿Hola?
—Ahora somos novios oficialmente.
—¿Y esa es tu primera palabra?
—Entré en pánico.
Ella volvió a reír.
Y aquella risa se convirtió inmediatamente en uno de los sonidos favoritos de Alejandro.
Mientras caminaban hacia el automóvil tomados de la mano, ninguno podía dejar de sonreír.
Por primera vez en mucho tiempo, el futuro parecía brillante.
Lleno de posibilidades.
Lleno de sueños.
Lleno de amor.
Sin embargo, la vida rara vez permite que las historias permanezcan perfectas durante demasiado tiempo.
Y aunque ninguno de los dos lo sabía todavía, una nueva prueba estaba acercándose.
Una prueba que pondría a prueba no solo su amor.
Sino también la confianza que habían construido juntos.
Porque algunas historias comienzan cuando dos personas se enamoran.
Pero las verdaderas historias de amor empiezan cuando deben luchar para permanecer juntas.