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Dos Lobos, Una Luna

Dos Lobos, Una Luna

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Elena una chica humana, se ve atrapada entre dos alfas: Kael, Príncipe de los lobos de Luna Plateada, y Roran, Alfa Supremo de la manada de Ceniza que todos daban por muerta/extinta. Ambos la reclaman, se enfrentan por ella, pero Elena se niega a elegir.

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capitulo 19

... La Última Amenaza...

...****************...

La carta llegó un martes.

Sin sello. Sin firma.

Solo tres palabras escritas con tinta roja: _Entreguen a los niños._

Elena la leyó en la cocina, con Kael Roran dormido en su pecho.

No se asustó.

Se cansó.

“Otra vez”, dijo.

Kael, que estaba cortando pan, dejó el cuchillo.

Roran, que entraba del patio, se quedó quieto.

“Hijos de la Purga”, dijo Roran.

Kael asintió. “No se rinden”.

Elena dobló la carta y la metió en el fuego.

“Que se cansen ellos antes”.

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El informe

Esa tarde llegó el informe del puesto este.

Habían visto movimiento en las ruinas viejas.

30 personas. Mal armadas.

El mismo grupo de siempre.

“No van a atacar el refugio”, dijo Roran. “No son tontos”.

“Van a intentar llevarse a los niños cuando salgan del refugio”, dijo Kael.

Elena asintió.

“Entonces no salen”.

Suspendieron los viajes al norte y al este.

Cerraron el mercado por 3 días.

Pusieron guardia doble en la escuela.

Los gemelos no entendían por qué no podían ir a jugar afuera.

Elena les dijo la verdad, sin detalles.

“Hay gente mala que quiere hacernos daño. Estamos cuidándonos”.

Lira asintió seria.

Kael Jr. dijo: “Yo los peleo”.

Elena le revolvió el pelo.

“Por ahora, tú juegas adentro”.

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El plan

No iban a esperar.

No iban a atacar.

Iban a hablar.

“Si vamos los tres, es una emboscada”, dijo Kael.

“Si voy solo, piensan que tengo miedo”, dijo Roran.

“Entonces voy yo”, dijo Elena.

Los dos la miraron.

“No”, dijeron al mismo tiempo.

Elena se cruzó de brazos.

“Soy la Luna. Si me ven a mí, saben que esto es serio. Y si me pasa algo, ustedes dos terminan con esto en una hora. No es una amenaza. Es un plan”.

Kael quería discutir.

Roran no.

Roran sabía que tenía razón.

“Vas con 20”, dijo Kael.

“Vas con 30”, dijo Roran.

Elena asintió.

“Voy con 25. Y sin armas a la vista”.

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El encuentro

Salieron al amanecer.

Elena al frente, sin armadura. Solo ropa normal.

Detrás, 25 lobos desarmados.

Las ruinas viejas estaban igual que hace 5 años.

Paredes rotas, polvo, silencio.

Los Hijos de la Purga los esperaban.

30 personas. Hombres, mujeres, algunos jóvenes.

Su líder estaba al frente.

Un hombre de 40 años con una cicatriz en la cara.

“Elena de Ceniza”, dijo. “Viniste sola”.

“No sola”, dijo Elena. “Pero sin armas. Porque no vengo a pelear”.

El hombre se rió.

“Siempre dices eso. Y siempre muere gente”.

“Murió gente porque ustedes atacaron primero”, dijo Elena. “Hoy no voy a dejar que pase”.

Se acercó 5 pasos.

Se detuvo.

“Habla. Dime qué quieres de verdad”.

El hombre la miró.

“Quiero que tus hijos mueran. Son una abominación. El vínculo los va a volver débiles. Van a destruir lo que queda”.

Elena asintió.

“Eso dijiste hace 5 años. Y míranos”.

Señaló detrás de ella.

25 personas tranquilas, sin armas, sin miedo.

“Esto es lo que construimos. Gente que confía. Gente que vive. ¿Eso te da miedo?”

El hombre apretó los dientes.

“No es miedo. Es verdad”.

Elena negó con la cabeza.

“No. Es miedo. Miedo a que el mundo cambie. Miedo a que tú no tengas lugar en él”.

El hombre se quedó callado.

Detrás de él, algunos bajaron la vista.

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La oferta

Elena siguió hablando.

No gritó. No amenazó.

Habló como si hablara con un niño terco.

“Pueden quedarse aquí. Solos. Muriendo de hambre en 2 inviernos”.

Hizo una pausa.

“O pueden venir con nosotros. Trabajan. Comen. Sus hijos van a la escuela. Nadie les pregunta de dónde vienen”.

El hombre se rió.

“Y si decimos que no?”

Elena se encogió de hombros.

“Entonces se van. Lejos. Y no vuelven. Porque la próxima vez no vengo yo. Viene Roran. Y él no habla”.

Silencio.

Largo.

Incómodo.

Una mujer de atrás habló.

“Tengo un hijo de 4 años. Tiene hambre”.

El hombre la miró.

Ella no bajó la vista.

Otro hombre habló.

“Yo también”.

En 5 minutos, 20 personas dieron un paso adelante.

Se rendían.

No por miedo.

Por cansancio.

Los 10 que quedaban, incluyendo al líder, se fueron.

Corriendo.

Sin mirar atrás.

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La vuelta

Volvieron al refugio al mediodía.

20 personas con ellos.

Sin cadenas. Sin humillación.

Elena subió a la plataforma de la plaza.

La gente estaba reunida.

Esperaban sangre.

No la hubo.

“Hoy no matamos a nadie”, dijo Elena.

“Hoy 20 personas decidieron dejar de tener miedo. Van a trabajar. Van a comer. Van a vivir con nosotros. Si alguien tiene un problema con eso, habla conmigo. Ahora”.

Nadie habló.

Mireya fue la primera en aplaudir.

Luego el resto.

Kael y Roran estaban abajo.

Kael tenía cara de “te dije que no fueras”.

Roran tenía cara de “lo lograste otra vez”.

Elena bajó y abrazó a los dos.

“Se acabó”, dijo.

Roran asintió.

“Por ahora”.

Kael sonrió.

“Por ahora basta”.

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Los nuevos

Los 20 se integraron rápido.

La mayoría eran mujeres y niños.

Les dieron casa, comida, trabajo.

El hombre líder no volvió.

Nunca más se supo de él.

Una semana después, la mujer que habló en las ruinas se acercó a Elena.

“Tengo un hijo de 4 años”, dijo. “Se llama Mateo. Quiere conocer a Lira y Kael Jr.”.

Elena sonrió.

“Ven mañana. Juegan juntos”.

Así fue.

Mateo y los gemelos se hicieron amigos en 10 minutos.

Kael Roran intentó quitarle el juguete a Mateo.

Mateo se lo dio.

Elena se rió.

“Ya tenemos paz. Solo faltaba que los niños lo decidieran”.

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Noche: Conversación en la cocina

Después de acostar a los niños, los tres se sentaron en la cocina.

Cansados.

Aliviados.

“Se acabó”, dijo Elena.

Kael asintió.

Roran sonrió.

“Por fin”.

No hubo brindis.

No hizo falta.

Se fueron a dormir.

Por primera vez en años, sin guardia extra.

Sin miedo.

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Una semana después

La vida volvió a la normalidad.

Más tranquila que antes.

Los gemelos iban a la escuela.

Kael Roran caminaba por toda la casa.

El consejo funcionaba solo.

Los puestos mandaban informes y no necesitaban que fueran a resolver todo.

Una tarde, mientras Elena trabajaba, llegó Mateo con Lira y Kael Jr.

“Mamá, ¿podemos ir al río?”

Elena los miró.

“Con dos guardias. Y vuelven antes del anochecer”.

Los tres asintieron y salieron corriendo.

Elena se quedó mirándolos.

Kael entró en ese momento.

“¿Estás bien?”

Elena asintió.

“Estoy bien. Por primera vez, estoy bien”.

Kael la abrazó.

Roran entró 5 minutos después y los abrazó a los dos.

No dijeron nada.

No hacía falta.

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Noche: La última guardia

Esa noche, Roran hizo la ronda final.

No porque hiciera falta.

Porque quería.

Caminó por el perímetro.

Todo tranquilo.

Todo silencioso.

Cuando volvió, se sentó en la puerta de la casa.

Kael salió con dos tazas de té.

Se sentaron juntos.

“No hay nada”, dijo Roran.

Kael asintió.

“No hay nada”.

Se quedaron ahí 10 minutos.

Mirando el refugio dormido.

Sabiendo que estaba seguro.

1
Rosa Pandui
Que suerte tiene
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