Morir aplastada por su mayor creación (un todoterreno de última generación) fue el final lógico para una vida dedicada a la ingeniería automotriz. Despertar en el cuerpo de la protagonista de una novela absurda y mal escrita fue, sin duda, un error de cálculo del destino.
En un mundo donde la magia de metal es una rareza codiciada, su secreto ha sido expuesto. Se ve obligada a un matrimonio político con el Emperador del Este, un hombre cuya reputación de mujeriego es tan vasta como su poder.
A ella no le interesa el romance tóxico que definió a la antigua dueña de este cuerpo. No busca el afecto de un hombre que confunde el deseo con el poder.
Ha firmado un contrato matrimonial, no un pacto de sumisión. Está decidida a sobrevivir en este mundo de fantasía con la misma precisión con la que construía motores: manteniendo su independencia, sus planos y sus reglas intactas. Que el Emperador lo sepa: puede tener su firma en el contrato, pero jamás tendrá su voluntad.
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Capitulo 13: cálculos de sabana y variables ausentes
El amanecer no trajo la paz que el emperador Draken tanto ansiaba. Mientras los primeros rayos de sol se filtraron por los pesados ventanales de la suite imperial, el soberano del Imperio del Este se encuentra atrapado en el limbo del agotamiento. Apenas había podido pegar el ojo en toda la noche; la agitación mental y el eco de los acontecimientos recientes actuaron como un engranaje oxidado en su cabeza, impidiéndole conciliar el sueño.
A su lado, la realidad es diametralmente opuesta. Xena duerme con una profundidad envidiable, respirando con una tranquilidad que a Draken le resulta casi ofensiva. Cuando el reloj biológico de la ingeniera albina marcó la hora de iniciar el día, se despertó de golpe, con fuerzas renovadas y una relajación absoluta. Para ella, el matrimonio no es un freno, sino una variable más en su ecuación de supervivencia; casarse no significa, bajo ningún concepto, descuidar sus planes de expansión comercial o su agenda de desarrollo técnico.
Con una energía desbordante, Xena comenzó a moverse por la habitación. Draken, hundido bajo las sábanas, emitió un gruñido sordo, tapándose el rostro al registrar lo ruidosa que resulta su flamante esposa desde la primera hora de la mañana. El tintineo de los objetos decorativos y el andar firme de la maga de metal son una tortura para sus oídos. En cuanto ella se encerró en el cuarto de baño para realizar su aseo, al emperador no le quedó más remedio que incorporarse, arrastrando el peso de su mal humor.
Sin embargo, al apartar las mantas de seda, sus ojos aristocráticos captaron una anomalía visual en el lienzo blanco de la cama. Draken se tensó. Revisó minuciosamente la superficie del colchón, buscando el vestigio biológico que, según los estrictos manuales y tabúes de su crianza imperial, debe estar presente tras la desfloración de una mujer. No hay ni una sola mancha de sangre.
El ceño del emperador se frunció con fuerza. Sus recuerdos de la noche anterior son nítidos, grabados a fuego por la intensidad del encuentro. Recuerda con perfecta claridad el gemido de dolor que Xena había soltado cuando él, poseído por el deseo salvaje y el resentimiento, la había penetrado sin paciencia ni preámbulos. Rememoró la presión física, la sensación sofocante de sentirse envuelto y casi asfixiado por la estrechez de su anatomía; todos los indicadores técnicos de su experiencia varonil apuntan a que la virtud de la joven estaba intacta. ¿Por qué, entonces, el factor de la sangre no aparece en la ecuación?, se preguntó, devorado por la confusión y un orgullo herido que no sabe cómo clasificar.
Sus cavilaciones se interrumpieron cuando la puerta del baño se abrió. Xena emergió de la espesura del vapor con una toalla perfectamente enredada en su cabello blanco. Su cuerpo esta envuelto en una diminuta y traslúcida bata de dormir de color verde oscuro, adornada con intrincados detalles marrones y bordados dorados que imitan filamentos metálicos. La prenda posee un escote de corazón sumamente revelador y unas finas tiras que apenas sostienen la tela sobre sus hombros.
Draken tragó grueso de forma involuntaria. La condenada mujer es hermosa, una obra de arte simétrica que su cuerpo reconoció al instante, aunque su insolente personalidad le revuelve la bilis. No obstante, el deseo físico pasó a segundo plano cuando Xena, con su habitual agudeza analítica, detectó la dirección de su mirada. El emperador había estado inspeccionando las sábanas con una curiosidad tan evidente que para ella fue sumamente sencillo deducir la conclusión lógica y común de aquella época antigua.
__Si buscas rastros de la virginidad perdida, no los vas a encontrar, "Majestad"__. Habló Xena con total tranquilidad, mientras se encamina hacia el tocador. Se sentó con elegancia frente al espejo con recubrimiento de madera y oro, cuyos bordes estan incrustados con esmeraldas de corte perfecto.
__Esa virtud quedó en la cabaña privada del duque; el alma tonta y antigua que ocupaba este cuerpo se la entregó por amor y con la vana esperanza de convertirse en su duquesa. Si no se lo mencioné antes, fue simplemente porque usted no preguntó y porque, en términos de negocios, no es un dato importante para nuestro objetivo__.
Draken se quedó petrificado en la cama, sintiendo que su mente se vuelve un ocho ante la abrumadora naturalidad de sus palabras. No era virgen. El cuerpo que él había reclamado con tanta fiereza había pertenecido primero a un duque, y ella lo exponía como si estuviera leyendo un informe de inventario, desprovista de cualquier vergüenza medieval.
Sin embargo, Xena no había terminado de ajustar las cuentas. Mientras toma un cepillo, fijó sus ojos claros en el reflejo del emperador a través del espejo.
__Al final del día, cuando derrotemos al mago supremo, seremos libres de este contrato matrimonial. Entonces podrá buscar una esposa virgen para que sea su emperatriz, si es que eso complace sus estándares. Aunque, déjeme decirle, con lo usado que está usted, carece por completo de la base moral para exigir algo que jamás podrá ofrecer a cambio__.
Aquellas palabras cayeron sobre el orgullo de Draken como un juicio inapelable y una sentencia directa. El monarca apretó los puños, la mandíbula tensa por la furia, pero guardó silencio. Aunque le molesta admitirlo con todas las fibras de su ser, y jamás fuera a verbalizarlo en voz alta, la ingeniera tiene razón. Él ha perdido la cuenta de cuántas mujeres han pasado por su cuerpo; no posee la solvencia moral para exigir pureza.
Optando por una retirada estratégica para no despedazar su propia dignidad, Draken se levantó de la cama y procedió a realizar su respectivo aseo matutino. Cuando salió del baño, completamente vestido y refrescado, la escena en la suite imperial no ha mejorado para su temperamento. Xena esta sentada en el escritorio, completamente concentrada, redactando anotaciones en unos pliegos de pergamino con una caligrafía pulcra y veloz.
Los materiales de escritura pertenecen al inventario personal del emperador, lo que significa que la mujer los había mandado a traer a la habitación imperial mediante una orden directa al servicio o a través del gran mago Goran.
Incapaz de soportar el denso silencio y el aislamiento al que es sometido, Draken cruzó los brazos y se plantó cerca del escritorio. Él, un soberano acostumbrado a que nobles y mujeres compitan de forma encarnizada por un solo segundo de su atención, no logra procesar la indiferencia de su esposa. El imperio les otorga tres días de celebración privada, tres días de aislamiento nupcial donde el emperador se une a su consorte sin las distracciones de la corte. Y allí esta ella, ignorándolo como si fuera un mueble más de la estancia, cuando apenas unas horas atrás gemía bajo su peso y se movía con frenesí encima de él. Ahora parecen dos completos desconocidos, una paradoja que le irrita sobremanera.
__¿Qué se supone que haces?__. Preguntó Draken, con una nota de aspereza en la voz.
__¿Acaso estás trabajando cuando se supone que estamos en nuestros tres días de tregua y celebración privada por el matrimonio imperial?__.
Xena detuvo la pluma por un instante y levantó la mirada. Sus ojos transmiten una mezcla de incredulidad y cansancio psicológico, como si la pregunta del emperador fuera el colmo de la cursilería. Su expresión dice con claridad: "¿En serio preguntas eso cuando sabes perfectamente que no nos casamos por amor o conveniencia noble, sino por pura supervivencia?".
La albina tomó aire mentalmente, visualizando un contenedor de alta seguridad donde desearía meter al emperador y perder la llave hasta que termine la guerra contra el mago supremo. Necesita paciencia si quería sobrevivir a la convivencia con un espécimen ególatra.
__Estoy organizando mi horario y optimizando mis tiempos, Majestad__. Respondió Xena, reanudando la escritura con fluidez.
__Antes de este evento, mis objetivos eran claros: una maga de metal enfocada en diseñar un prototipo de carruaje de alta comodidad que me proporcione las riquezas necesarias para viajar, conocer este mundo y ejecutar una retribución sistemática contra el duque que engañó a la anterior dueña de este cuerpo. Ahora, la variable "Emperatriz" se ha sumado a mi ecuación. Dado que espero que este título sea transitorio, debo realizar un trabajo aceptable en el registro público. No pienso ser recordada en el futuro como una exconsorte inútil que se aprovechó del supuesto "gran amor del emperador" para holgazanear. Dejaré una imagen impecable para que, cuando mi negocio de transporte salga a la luz, la reputación juegue a favor de mi cartera de clientes. Al menos el estrés del trono debe servir para financiar mi empresa__.
Draken parpadeó, procesando el monólogo comercial de su esposa con una mezcla de fascinación y horror. Pero Xena aún no ha llegado al punto final del informe. Ella dejó la pluma a un lado, entrelazó sus dedos sobre el escritorio y lo miró fijamente, con la misma naturalidad de un socio capitalista revisando los términos de una entrega.
__Y por último, debo incluir en la planificación nuestros encuentros sexuales. Es un hecho técnico que la fricción de nuestras energías mejora notablemente el flujo de nuestras magias individuales. Así que dime, "Esposo", ¿cada cuántos días realizas tus descargas sexuales? Necesito el dato exacto para ajustar mi cronograma y cumplir de manera eficiente con los deberes de alcoba estipulados en nuestro contrato matrimonial__.
Draken se quedó completamente mudo, sintiendo que el suelo bajo sus pies se vuelve tan inestable como el de la noche anterior, pero esta vez por puro desconcierto psicológico. Definitivamente, está mujer armada con lógica y pergaminos lo va a matar de un ataque de ira mucho antes de que puedan firmar los papeles del divorcio.
me encanta
madres asi, en mi barrio hay una asi cuando sus nenas llegan a tener 14 a 15 las lleva a hombres puercos que pagan x ellas y aunque ya fue denunciada tantas veces ante las autoridades y se las wuitan despues de un tiempito vuelven toditas otra vez con ella, los vecinos ya no sabemos que hacer...xq la justicia no hace nada en lo absoluto es mas creo que alguno de ellos las aprovechan para sus deseos propios😢😭😭😭😭
si