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¿Alguna Vez Me Enamore?

¿Alguna Vez Me Enamore?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Escuela / Completas
Popularitas:547
Nilai: 5
nombre de autor: JESSE_SDV

Mey nunca imaginó que dejar la ciudad significaría dejar también la vida que conocía. Acostumbrada al ruido de las avenidas, las luces interminables y la rutina acelerada, se vio obligada a empezar de nuevo en un pequeño pueblo rodeado de campos y silencio. Todo allí parecía ajeno… hasta que conoció a Elian.
Arrogante, orgulloso y con una actitud imposible de ignorar, Elian era el tipo de chico que siempre conseguía lo que quería. Desde el primer encuentro, las discusiones entre ambos fueron inevitables. Pero detrás de su mirada desafiante y sus palabras frías, Mey comenzó a descubrir secretos que nadie más veía.
Lo que empezó como un cambio que ella nunca deseó, terminó convirtiéndose en una historia capaz de transformar sus heridas, sus miedos y hasta su forma de amar. Porque a veces, el lugar al que menos quieres ir… termina siendo donde realmente encuentras tu destino.

NovelToon tiene autorización de JESSE_SDV para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 18

Desde el incidente con la cosecha, algo en Mey había cambiado. Ya no era tan callada como antes, ni tan reservada. A pesar del dolor que había sentido al ver a su madre sufrir por la injusticia familiar, encontró en el colegio una especie de escape. Allí, podía ser ella misma, rodeada de compañeros que, aunque al principio parecían distantes, poco a poco se volvían más cercanos.

Una mañana soleada de lunes, el colegio amaneció más ruidoso de lo habitual. La profesora de comunicación había anunciado un concurso de dramatización con temáticas libres. La consigna era simple: formar grupos, elegir un tema y representar una pequeña obra frente a todo el colegio. Al principio, Mey sintió la tensión recorrerle la espalda, como siempre que se trataba de hablar frente a muchas personas. Pero esta vez, algo en ella la empujaba a intentarlo.

—¿Y si hacemos una parodia de los profesores? —dijo Guillermo en medio de la discusión grupal.

—¡Sí! Pero con respeto, ¿no? —añadió Dana entre risas.

—Obvio, pero imagínense que yo hago del profe de matemáticas... —dijo Elian, cruzando los brazos e imitando la expresión seria del docente.

Todos estallaron en carcajadas. Hasta Mey soltó una risa genuina, esa que se le escapaba cuando se sentía realmente cómoda. Su personaje sería la profesora de historia, que siempre confundía fechas y hablaba en voz tan baja que nadie entendía nada.

Comenzaron los ensayos esa misma tarde en el patio trasero del colegio, cerca del depósito de materiales. Cada uno improvisaba líneas, se vestían con cosas prestadas o hechas de cartón, y reían tanto que los profesores de verdad salían a ver qué sucedía.

Mey descubrió que, con un poco de confianza, tenía un gran sentido del humor. Imitaba tan bien a la profesora de historia que hasta Dana le dijo:

—¡Deberías hacer esto más seguido!

—¿Molestar profesores? —bromeó Mey.

—¡No! Hablar más. Tienes una voz bonita. Y haces reír.

El comentario la tomó por sorpresa. No estaba acostumbrada a recibir cumplidos, y mucho menos sobre algo tan simple como su voz.

El día de la presentación llegó más rápido de lo esperado. Los grupos estaban alineados, el escenario improvisado con cortinas de colores y sillas cubiertas con telas. Todo el colegio, incluso los más pequeños, estaban reunidos para ver las dramatizaciones. Algunos padres también habían llegado, aprovechando el evento como excusa para salir de la rutina.

Cuando fue el turno de su grupo, Mey sintió que el corazón se le aceleraba. Estaba nerviosa, pero también emocionada. Era la primera vez que no se escondía entre bastidores. Subió al escenario con su túnica de profesora, un libro falso en la mano, y comenzó a hablar tan lento y bajito que toda la audiencia empezó a reír.

—“El año... mmm... fue 18... noventay... dos...” —decía, torciendo los ojos como si estuviera recordando, mientras fingía buscar en el libro.

—¡No fue así, profesora! —gritaba Guillermo, disfrazado de alumno travieso—. ¡Eso fue el día del apagonazo!

Elian entró vestido con una chaqueta grande y una regla en la mano, como si fuera el director. Caminaba serio, pero se tropezó con una caja, cayó de espaldas y todos estallaron de la risa. Incluso el director real, que estaba al fondo, se tapaba la cara para que no lo vieran reír.

Mey se sintió viva. No solo por hacer reír, sino por sentirse parte de algo. Por fin estaba saliendo de su caparazón, conectando con los demás.

Después de la presentación, los profesores aplaudieron con entusiasmo. El grupo de Mey ganó el primer lugar y les regalaron una caja de chocolates que compartieron entre todos.

—¿Y si mañana improvisamos una obra sobre los recreos? —sugirió Guillermo mientras comía un bombón.

—¡Sí! Pero esta vez yo quiero hacer de la señora del kiosko —dijo Dana, fingiendo contar monedas imaginarias.

—Y yo haré de los que corren con la empanada a medio comer —añadió Elian, mostrando una sonrisa que Mey miró de reojo.

La escena era simple, pero valiosa: un grupo de adolescentes riendo, compartiendo, creciendo juntos.

En los días que siguieron, Mey comenzó a participar más en las clases. Se atrevía a responder preguntas, a ayudar a sus compañeros con las tareas, y hasta se ofrecía para leer en voz alta. Eso causó una pequeña revolución en su aula: la chica tímida que apenas hablaba ahora tenía una presencia alegre y contagiosa.

Una tarde, durante el recreo, Guillermo se le acercó con una sonrisa traviesa.

—Oye, Mey. ¿Quieres ver algo gracioso?

—¿Otra caída de Elian? —preguntó ella, con una media sonrisa.

—Peor. Acompáñame.

La llevó detrás del laboratorio, donde había una ventana rota que daba al salón de profesores. Allí, una de las profesoras había dejado su celular encendido con música de cumbia... ¡a todo volumen! Pero nadie se había dado cuenta.

—¿Ves? ¡Así se arma la fiesta sin permiso!

Ambos rieron tanto que terminaron sentados en el suelo, llorando de risa.

—Gracias, Guillermo —dijo Mey, aún recuperando el aliento.

—¿Por qué?

—Por hacerme reír... y sentir que no estoy sola.

Él la miró un momento, serio, y luego le dio un leve empujón en el hombro.

—Nunca estuviste sola, Mey. Solo que a veces cuesta ver quién está cerca.

Ese día volvió a casa con una sonrisa. Aunque la vida en casa seguía siendo difícil, al menos en el colegio, estaba aprendiendo a ser ella misma. A reír, a equivocarse, a confiar. Cada día descubría algo nuevo: una parte de sí que había estado dormida, esperando despertar con el sonido de una risa o una melodía de banda escolar.

El colegio no era perfecto. Había días duros, exámenes, malentendidos, y a veces discusiones tontas entre amigos. Pero también era su lugar de escape. Su mundo alterno.

Y así, Mey comenzó a escribir un nuevo capítulo en su historia. Uno donde no solo era observadora, sino también protagonista.

En los días siguientes, sus compañeros empezaron a buscarla más. Para juegos, bromas, hasta para estudiar. Incluso Elian, aunque distraído con Dana, comenzó a tratarla con más naturalidad. Mey se daba cuenta que no necesitaba competir con nadie para ser valiosa. Solo tenía que ser ella misma.

Una tarde, la profesora de música la felicitó por sus progresos con el saxofón. Le dijo que tenía buen oído y que podría tocar una canción en el próximo evento escolar. Mey sintió mariposas en el estómago. Era otro reto, pero ahora ya no le daba tanto miedo.

Antes de dormir, Mey escribió en su cuaderno: “Hoy fue un buen día. No perfecto, pero bueno. Me reí. Me tropecé. Me aplaudieron. Estoy aprendiendo a vivir, poco a poco. Y eso ya es bastante”.

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