"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
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Capítulo 20
«Betty y el comisario»
Una vez en el bar, Betty estaba muy nerviosa y Nelson lo notó.
―¿No te gusta el lugar? Lo siento, te traje sin tener en cuenta tus gustos. ―Betty rápidamente debía buscar una excusa; no iba a permitir que él notara que estar a solas con él la agobia.
―No jefe, estoy bien. Solo que no estoy acostumbrada a estar en estos lugares. ―Y es verdad, Betty solo ha piosado una vez en su vida un bar y esa vez fue inolvidable al menos para ella.
―Toma tu whisky, es de la mejor reserva que tiene este bar. ―Betty lo recibe dudosa, pero sabe que si bebe no podrá alimentar a su bebé cuando llegue a casa, pues su pequeño Ángel aún recibe pecho materno. ―Oh, qué tonto soy, no lo puedes hacer, pues tienes un niño pequeño. ¿Como es que yo no lo sabía?
Cuando Nelson Falcon dijo esto, Betty sintió que un baldado de agua fría le caía en su cabeza. Tanto que ha mantenido a su bebé fuera del radar, ahora lo sabe nada más y nada menos que el padre.
―Soy muy reservada y no me gusta hablar de mi vida personal. ―Para calmar los nervios se tomó de un solo trago el Whisky que le bajó quemando la garganta. ―Me permite darle mi informe, a eso vinimos, ¿no?
―No Betty, no vinimos a eso. Dime qué pasó hace tres años, justo un día como hoy y en este mismo bar. ―Betty dejó caer el informe que iba a empezar a leer.
―¿Ah, hace tres años? No sé de qué me habla, jefe. ―Betty negó todo, y Nelson se paró de su silla y se hizo al lado de ella, la tomó de las manos y la miró a los ojos.
―Sí, hace tres años me emborraché en este bar. Había terminado una relación de diez años con Camila, pero no fue eso lo que me hizo beber de más. Esa ruptura ya la veía venir. Lo que realmente me hizo perder los sentidos fue una chiquilla temerosa pero muy inteligente que llegó a mi división. Mi amigo me encargó enseñarle todo para que fuera un buen elemento de la policía, sin prebendas. Poco a poco se fue metiendo en mi mente.
Esa noche bebía por ti. Intenté llamarte varias veces, pero colgaba antes de que sonara, como un cobarde. ¿Qué te iba a decir? Después todo fue como un sueño, y así lo creí durante mucho tiempo.
Seis meses después terminaste tu año de entrenamiento. Decidiste hacer una especialización de un año en modalidad virtual. Y hace un año volviste a mi lado. —Betty lo miraba absorta. Aún no asimilaba que él ya sabía lo que pasó esa noche.
―¿A qué quieres llegar, je...? ―Nelson puso un dedo en su boca haciéndola callar.
―Shhh. No me digas jefe, no después de recordar todo lo que pasó.
Perdóname por haberlo olvidado. Tenía fragmentos de esa noche en mi cabeza, pero pensaba que eran sueños recurrentes porque tú eras mi obsesión. Hasta que decidí averiguar si fue un sueño o una realidad.
Investigué con el administrador del bar. Me dijo que llamó una chica llamada Agente López y que ella le indicó a uno de los conductores asignados que nos llevara a donde le dijéramos. Ese mismo chico todavía trabaja en el bar. Recordó esa noche y el hotel al que nos llevó.
Ahí todo empezó a encajar. Fue real lo que pasó, mi pequeña gatita.―Ya Nelson no aguantó más y se acercó a su boca sin dejar de tomar sus manos y la empezó a besar.
Betty sentía que estaba alucinando con ese beso. Por eso se dejó llevar; el whisky la volvió valiente y su sueño se hizo realidad.
―Es tuyo. ―Dijo cortando el beso que la había dejado sin aliento y Nelson se queda mirando extrañado. ―Mi bebé es tuyo, esa noche dejaste tu semilla en mi vientre.
―Lo sé. Solo quería que tú me lo confirmaras, y entiendo por qué me lo ocultaste.
No te preocupes, no estoy enfadado. Sí estoy triste, porque me perdí más de dos años de vida de mi hijo. Pero pienso recuperar cada día que nos perdimos. ―Nelson besó nuevamente a Betty. Esta vez era un beso más apasionado, más lujurioso, más del tipo "te quiero comer otra vez". Pasó su mano grande y tosca por la nuca de su amada para profundizar más el beso y Betty permitió que su lengua entrara a su boca y, al sentir su calidez, un gemido escapó, haciendo que Nelson se encienda aún más, así que bajó su otra mano al trasero de Betty y lo empezó a masajear.
Sin perder tiempo, él se paró de su silla, dejó dinero en la mesa y tomó a Betty de la mano. Ella reaccionó ante lo que quería Nelson, esta vez ese hombre no estaba bajo los efectos del alcohol, entonces tomó su bolso. Nelson pensó que ella también quería lo mismo que él y la jaló para llevarla a la salida del bar, pero Betty soltó su mano.
―Nelson, este fin de semana hablamos para que conozcas a Ángel. Fue liberador decir la verdad y te agradezco no hacer un drama con lo que callé; sé que es algo delicado, pero tuve mis motivos. —Nelson se queda mirando a la bella Betty y de verdad que no era eso lo que esperaban escuchar de sus labios.
―Betty, yo pensé que… ―ella lo cortó inmediatamente.
―Voy a pedir un taxi, debo ir a mi apartamento para luego buscar a mi bebé donde mi mamá; si me demoro más, lo encuentro ya dormido. ―Nelson entendió la preocupación de Betty y se ofreció a llevarla. Ella estaba reacia al principio, pero al ver la hora aceptó.
Cuando llegaron al edificio, Nelson, como todo un caballero, se bajó para abrir la puerta del copiloto, para que su dama se bajara. Cuando ella se bajó, él, en un arrebato, la jaló a su pecho, dándole un gran abrazo y, sin perder tiempo, la empezó a besar.
Ahí sí ya Betty perdió su temple y fue ella la que, ante lo que ese beso la hizo sentir, arrastró a Nelson hasta su apartamento.
Apenas Betty cerró la puerta, Nelso atacó nuevamente sus labios. Y Betty se soltó bruscamente dejando a Nelson desconcertado.
―Espera, tengo que avisarle a mamá que no voy a ir esta noche por Ángel ―Nelson asintió y, apenas Betty colgó el teléfono, la cargó en sus brazos y la llevó hasta donde supuso que era la habitación. La depositó con delicadeza en la cama y empezó nuevamente a besarla mientras quitaba su ropa prenda a prenda y cada pedazo de piel que descubría la llenaba de besos. Cuando ya la tuvo completamente desnuda, él también lo hizo y con la mirada le pidió permiso para continuar y ella le respondió abriendo sus piernas y tocando su húmeda vagina.
Esta vez Nelson sacó un preservativo de su pantalón y se lo puso, se posicionó y entró lentamente en el interior de Betty. Un gemido al unísono se escuchó en esa habitación y el baile de dos cuerpos que hicieron una pausa por dos años, esa noche por fin se encontraron.
La noche pasó y la madrugada los encontró aún entregándose sin parar, hasta que exhaustos de tanto amor se quedaron dormidos.