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Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

XVI. el despertar de la tormenta y el hierro

Zhaeryntha:

La luz del sol se filtraba por los ventanales de mis aposentos con una crueldad innecesaria, hiriéndome los ojos antes de que pudiera terminarlos de abrir. Intenté estirarme, un acto reflejo matutino, y un gemido sordo escapó de mi garganta.

Dolor. Cada fibra de mi cuerpo parecía haber sido reescrita por el fuego. Sentía una punzada sorda en los muslos, un ardor persistente entre mis piernas y una rigidez en la espalda que me recordaba, con una nitidez abrumadora, cada embestida, cada giro y cada momento en que Kaelthoryn me había reclamado contra el mármol y las sábanas. No era un dolor de herida, era el eco de una batalla física que había dejado mi piel marcada y mi voluntad rendida.

Giré la cabeza lentamente sobre la almohada de seda. A mi lado, Kaelthoryn Dravenkael dormía con una paz que me resultó casi insultante. Tenía un brazo sobre su cabeza y el otro descansando posesivamente sobre mi cadera, incluso en sueños. La luz resaltaba las cicatrices de su torso y el ligero desorden de su cabello oscuro. Se veía joven, casi vulnerable, si uno ignoraba el hecho de que era el mismo hombre que me había hecho gritar de placer hasta el amanecer.

—Maldito seas, Dravenkael —susurré, aunque mi voz no tenía veneno, solo una fatiga profunda.

Entonces, la realidad me golpeó con la fuerza de un coletazo de Vharok. Hoy.

Hoy era el día del entrenamiento físico de combate en la Academia. No era una clase teórica aburrida sobre heráldica; era la jornada de combate de dúo, espadas y arcos. Los instructores no tendrían piedad, y mis compañeros —especialmente los que aún tenían el orgullo herido por la noche anterior— estarían observando cada uno de mis movimientos.

—Kael... —le di un empujoncito en el hombro, sintiendo el pinchazo de mis propios músculos atrofiados—. Kael, despierta. Si no nos movemos ahora, llegaremos tarde al campo de entrenamiento y el Comandante nos hará limpiar los establos de los Wyverns con un cepillo de dientes.

Él gruñó, apretando su agarre en mi cadera y enterrando la cara en mi cuello. Su aliento caliente me erizó la piel, despertando un eco de la excitación de anoche que intenté aplastar de inmediato.

—Cinco minutos más, Zhaeryn... —masculló contra mi piel—. El mundo no se va a acabar porque faltemos a una práctica de esgrima.

—El mundo no, pero mi reputación de "invicta" sí —repliqué, obligándome a sentarme en la cama. El movimiento hizo que un espasmo de agujetas recorriera mi vientre bajo. Solté una maldición entre dientes—. No sé cómo voy a sostener un arco, y mucho menos cómo voy a esquivar un mandoble de práctica. Siento como si un rebaño de mamuts me hubiera pasado por encima.

Kaelthoryn abrió un ojo, observándome con una sonrisa perezosa y pecaminosa que me decía que él se sentía perfectamente bien.

—Bueno, técnicamente fue solo un jinete de frontera, no un rebaño —se burló, incorporándose con una agilidad que envidié profundamente—. Pero si te sirve de consuelo, Tormenta, te veías hermosa incluso cuando me pedías que no me detuviera.

Le lancé una almohada a la cara, ignorando el rubor que subía por mis mejillas. Teníamos que vestirnos, ocultar las marcas en mi cuello con el cuello alto de la túnica de entrenamiento y fingir que seguíamos siendo los rivales acérrimos de siempre.

Pero mientras me ponía de pie y sentía el temblor en mis piernas, supe que el combate de hoy sería diferente. Mi cuerpo recordaba el suyo, y en el campo de batalla, frente a las espadas y los arcos, el secreto que compartíamos ardería bajo nuestras armaduras de cuero como un fuego que nadie más podría apagar.

Lyndraeth de los Vientos Susurrantes:

¡Ay, por los clavos de la primera montaña! ¡Mírenlos! Aquí estoy otra vez, con las cuencas de los ojos doliéndome de tanto rodarlos. ¿Ustedes vieron eso? La "Tormenta" se ha despertado con más agujetas que un veterano de cien guerras y el "Semental de la Frontera" tiene la desfachatez de sonreír como si hubiera dormido en una nube de algodón y no en un nido de sábanas pegajosas. ¡Ush! Qué asco me dan los humanos cuando están en esa fase de "ay, qué bien la pasamos pero me duele hasta el alma".

Zhaeryntha se arrastra por la habitación como una marioneta con los hilos cortados, tratando de meterse en esa túnica de cuero ajustada que, francamente, hoy le debe apretar hasta los pensamientos. Se está peinando con una furia que solo busca ocultar que tiene el cuello más marcado que un mapa del tesoro.

> *¡Mírala! Se hace una trenza tan apretada que creo que se va a estirar las cejas hasta la nuca. Todo para esconder los "recuerditos" que el animal de Kael le dejó en la nuca. ¡Bravo, Zhaeryn! Muy discreta, sí, claro... si nadie nota que caminas como si llevaras un cactus entre los muslos, ¡nadie sospechará nada! ¡Qué optimista es la juventud!*

¿Y nuestro querido Kaelthoryn? ¡Oh, esto es lo mejor! El muy mujeriego se levanta con una agilidad que insulta a la física, buscando su ropa por el suelo. Pero, ¡un momento! ¡Paren las rotativas de la historia!

> *¡El muy imbécil no trajo nada! ¡Nada de nada! El señorito pensaba que venía a darse "una ducha rápida" y a dormir en su propia cama como un niño bueno. ¡Ja! Se trajo su ego y su... bueno, su "lanza de asalto" personal, pero se olvidó de que hoy había entrenamiento físico. ¡Qué previsor el muchacho! Seguro que piensa que puede parar una espada de práctica con su carita de ángel caído y ese mechón de pelo rebelde. ¡Qué idiota, de verdad! ¡Se durmió a media madrugada después de usar a la heredera como gimnasio personal y ahora no tiene ni una muda de ropa limpia!*

Kaelthoryn se está poniendo el mismo jubón de ayer, que ahora huele a una mezcla de sudor, sexo, humo de dragón y desesperación. Se lleva al entrenamiento... ¡absolutamente nada! Bueno, miento. Se lleva un chichón, un ego renovado y una resaca de placer que le va a durar hasta que el primer instructor le dé un golpe en las costillas con una vara de fresno.

Zhaeryntha, por otro lado, prepara su arco con unas manos que tiemblan más que un flan en un terremoto. Agarra sus flechas de práctica, su daga de cinturón y una mirada de "si me hablas, te corto la lengua", mientras Kael la sigue con las manos en los bolsillos, silbando una cancioncilla de taberna como si no tuviera el cuerpo lleno de arañazos de gata.

> *¡Ahí van los dos! ¡Hacia el campo de entrenamiento! Ella armada hasta los dientes y él con lo puesto y una sonrisa de "anoche me coroné". ¡Espero que el Comandante les meta una paliza que les quite las ganas de follar en tres meses! Aunque, conociendo lo calenturientos que son estos dos, probablemente terminarán usando las espadas de madera para algo que no está en el manual de combate. ¡Me voy a por un té de hierbas amargas, que se me está revolviendo el estómago de ver tanta tontería! ¡Ush!*

(Dos minutitos de reposo mas tarde....)

*(Se escucha el sorber pausado de una taza de porcelana y un suspiro profundo, de esos que solo sueltan las entidades milenarias cuando aceptan que el caos es inevitable)*.

Ya está. Dos minutos de paz, un té de raíz de mandrágora bien cargado y ya no tengo ganas de incendiar el manuscrito. O al menos, no tanto como antes. Respiremos. Inhalar... exhalar... ignorar que estos dos mortales tienen el juicio en los talones.

Ahí los tienen, bajando por la escalinata trasera del castillo, tratando de no hacer ruido, aunque las botas de Kaelthoryn suenan como tambores de guerra sobre el mármol. Zhaeryntha camina delante, apretando su arco contra el costado, con esa cara de "no me toques que exploto" que tanto le gusta ensayar frente al espejo.

Pero, ¡ay!, el Dravenkael no puede evitarlo. Justo antes de llegar al arco de piedra que separa los jardines del camino a la Academia, él estira ese brazo largo y, con una confianza que roza la insolencia, **la jala de la cintura hacia atrás**.

> *¡Zas! Estampada contra su pecho otra vez. ¿Es que no tienen suficiente? Zhaeryntha suelta un ruidito de sorpresa, algo entre un jadeo y una maldición, pero antes de que pueda recordarle que tiene una daga en el muslo, él le estampa un beso rápido, ruidoso y desesperadamente dulce en los labios. Un beso de esos que dicen "ayer te hice mía y hoy todavía lo recuerdo" delante de todas las estatuas de los ancestros. ¡Qué poca vergüenza, por los vientos!*

Kaelthoryn se separa apenas unos centímetros, manteniendo esa sonrisa de lobo satisfecho mientras ella trata de recuperar el equilibrio y la dignidad.

—Me voy, Tormenta —le murmura él al oído, con una voz que todavía arrastra las sábanas de la madrugada—. Tengo treinta minutos para llegar a mi torre, quitarme este olor a pecado, cambiarme de ropa y buscar mis armas antes de que el Comandante decida que mi destino es el calabozo.

Zhaeryntha lo mira de reojo, ajustándose la túnica de cuero con dedos temblorosos.

—¿Y qué piensas decirle al Comandante, genio? —sisea ella—. ¿Que te quedaste atrapado en un "torbellino" azul toda la noche?

—No, eso sería demasiado obvio —suelta él con una risita, dándole un último apretón juguetón en la cadera—. Dile... dile que me encontraste en el bosque custodiando a Vharok porque su herida empeoró.

Di que fui un héroe abnegado y que por eso llego tarde y con ojeras. Es una excusa hermosa, ¿no crees? ¡Úsala bien, Vaelkríass!

Y sin esperar respuesta, el muy mujeriego sale corriendo hacia la zona de los jinetes de la frontera, desapareciendo entre los árboles con la agilidad de un gamo, dejándola a ella allí plantada, roja como una amapola y con la tarea de mentirle al hombre más severo de toda la institución.

> *¡Mírenla! Ahí va ella sola hacia el campo de entrenamiento, ensayando la mentira mientras se toca los labios. "¡Fue un héroe abnegado!", dirá. ¡Ja! Fue un animal desatado, eso fue. Pero bueno, me voy a terminar mi té, que ahora viene lo mejor: ver cómo Zhaeryntha intenta disparar una flecha con los brazos temblando como gelatina mientras inventa cuentos de hadas sobre dragones y jinetes sacrificados. ¡Esto va a ser cine del bueno!*

Zhaeryntha:

El campo de entrenamiento de la Academia amaneció envuelto en una bruma gélida que calaba hasta los huesos, pero el calor que subía por mi cuello no tenía nada que ver con el clima. El Comandante Varek ya estaba allí, una montaña de cicatrices y armadura negra, observando a los jinetes con ojos que parecían leer cada pecado cometido bajo la luna.

—¡Vaelkríass! —rugió su voz, haciendo que mis nervios dieran un salto doloroso—. Llegas tarde. ¿Y dónde está el perro faldero de los Dravenkael?

Tragué saliva, sintiendo el roce de la túnica de cuero contra las marcas que Kael había dejado en mis hombros. Cada paso me recordaba la batalla de sábanas de la madrugada; mis muslos protestaban y una debilidad traidora amenazaba con hacerme flaquear.

—Se quedó en el linde del bosque, señor —solté, manteniendo la vista al frente con una frialdad que no sentía—. Vharok tuvo una recaída con la herida del ala. Dravenkael se ofreció a montar guardia toda la noche para que yo pudiera descansar. Es... un héroe abnegado, supongo.

Varek entrecerró los ojos, soltando un gruñido de duda, pero antes de que pudiera interrogarme, dio un golpe con su vara de mando contra el suelo de piedra.

—¡A las líneas! ¡Combate de dúo! ¡Calentamiento con espada de práctica y luego al círculo de tiro! ¡MUÉVANSE!

El entrenamiento comenzó como un torbellino de violencia controlada. Me asignaron a un jinete de tercer año, un tipo llamado Hakan que pesaba el doble que yo y manejaba el mandoble con la sutileza de un derrumbe. En cualquier otro día, lo habría despachado en diez segundos, pero hoy... hoy sentía que mis reflejos estaban sumergidos en miel.

—¿Qué te pasa, Tormenta? —se mofó Hakan, lanzando un tajo descendente que bloqueé con un esfuerzo supremo, sintiendo el impacto vibrar hasta mis dientes—. Pareces cansada. ¿Tanto te agotó coser a tu lagarto?

—Cierra la boca y pelea —siseé, girando sobre mis talones.

El acero de práctica chocó contra el suyo con un estruendo seco. Intenté una estocada lateral, pero mis caderas, todavía resentidas por la presión de Kael, fallaron en el giro. Hakan aprovechó el hueco y me lanzó un empujón con el hombro que me mandó directo al barro.

Me levanté escupiendo tierra, con la sangre hirviendo. La humillación de estar en el suelo me devolvió la chispa que necesitaba. Me olvidé del cansancio, me olvidé del roce de la ropa y me convertí en lo que era: una Vaelkríass. Cuando Hakan volvió a cargar, me deslicé bajo su guardia con una agilidad felina, golpeando su muñeca con el pomo de mi espada y pateando la corva de su rodilla. Cayó como un saco de piedras.

—¡Siguiente! —grité, con el sudor empezando a correr por mi frente, mezclándose con el kohl corrido de mis ojos.

Pasamos a los arcos. Mis dedos, acostumbrados a la delicadeza del hilo quirúrgico y al tacto de la piel de Kael, se sentían torpes al tensar la cuerda de fresno. El arco de guerra de la Academia exigía una fuerza de tensión de ochenta libras. Cada vez que abría los hombros para apuntar al centro de la diana a cincuenta metros, sentía que los arañazos en mi espalda se abrían de nuevo.

*Respira, Zhaeryntha. Imagina que la diana es la cara de Kael sonriendo.*

Solté la primera flecha. *Clac.* Justo en el círculo rojo, pero fuera del centro. La segunda fue mejor. Para la quinta, mis brazos temblaban tanto que la madera del arco parecía pesar una tonelada.

Fue entonces cuando lo vi.

Kaelthoryn apareció por el arco de entrada, corriendo con una túnica de cuero negro impecable, el cabello todavía húmedo y su equipo de combate brillando bajo el sol pálido. Se veía fresco, letal y asquerosamente radiante. Cruzó una mirada conmigo mientras saludaba al Comandante con una mentira perfectamente ensayada, y luego se dirigió directamente al estante de armas, cogiendo una espada pesada como si fuera un juguete.

Se colocó a mi lado en la línea de tiro, sacando su propio arco largo.

—Llegas tarde, Dravenkael —murmuré sin mirarlo, tensando la cuerda una vez más.

—Me entretuve puliendo mis... virtudes —respondió él en un susurro cargado de malicia, posicionándose para disparar—. ¿Cómo va ese "entrenamiento físico", Tormenta? Pareces un poco... tensa.

—Cállate y dispara —repliqué, soltando mi flecha.

La suya salió un segundo después, volando con una precisión quirúrgica que partió mi flecha por la mitad justo en el centro de la diana. El impacto resonó en todo el patio. Los demás jinetes se detuvieron a mirar. Kael me guiñó un ojo, una provocación silenciosa que me recordó que la guerra real apenas estaba empezando.

—¡Suficiente tiro! —bramó el Comandante Varek—. ¡Círculo central! ¡Dravenkael contra Vaelkríass! ¡Espadas de madera y contacto total! ¡Quiero ver si esa guardia del bosque les sirvió de algo!

Me apreté los guanteletes de cuero, ignorando el dolor punzante en mis piernas. Miré a Kaelthoryn, que ya estaba entrando al círculo de arena con esa sonrisa de lobo. Sabía que no tendría piedad, y yo tampoco la tendría. Si íbamos a fingir que nos odiábamos, tendríamos que hacernos sangrar un poco primero.

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Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
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