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LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:17.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En una guerra de orgullo y desprecio, ¿quién caerá primero? ¿El hombre que lo tiene todo o la mujer que aprendió a brillar sin luz?
Puntos clave de la trama

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 20

El amanecer en la isla no trajo la claridad que esperaba, sino una neblina dorada y húmeda que parecía pegarse a la piel como una advertencia. Me quedé inmóvil en la cama, observando cómo la luz se filtraba por las mosquiteras, creando un juego de sombras que se movían al ritmo del viento. Alexander dormía a mi lado, una visión de calma poderosa que contrastaba con el sobre que había encontrado en la terraza. Su brazo, pesado y cálido, cruzaba mi cintura con esa firmeza posesiva que se había convertido en mi único norte.

Podía oír su respiración, un sonido rítmico que antes me habría infundido paz, pero que ahora me recordaba que cada latido de su corazón estaba en riesgo por mi culpa. La traición de mi padre era una herida abierta, pero la amenaza de ese barco acercándose a la costa era una hemorragia que debía detener.

Me moví con cuidado para no despertarlo. Quería conservar un segundo más esa imagen de él desarmado, sin el traje de CEO, sin la armadura de cinismo. Sus pestañas eran largas, y había una suavidad casi trágica en la línea de su boca cuando no estaba dictando sentencias. Me acerqué y deposité un beso casi imperceptible en su hombro, inhalando su aroma a sándalo y descanso.

—Sé que estás despierta, Elina —su voz, una barítono profunda y rasgada por el sueño, me hizo sobresaltar.

No abrió los ojos, pero su mano se cerró con más fuerza sobre mi cadera, atrayéndome hacia su calor.

—Alexander, tenemos que hablar de lo que hay afuera —susurré, sintiendo el roce de su piel contra la mía, una chispa de sensualidad que intentaba disipar mi miedo.

Él abrió los ojos. Eran dos pozos de azul tormentoso que devoraron cualquier rastro de calma en la habitación. Se incorporó sobre un codo, y su mirada recorrió mi rostro con esa intensidad que me hacía sentir que podía ver cada uno de mis pensamientos.

—Julian ya me ha informado sobre el barco —dijo, y su tono recuperó ese filo de acero que usaba para dirigir imperios—. No es Marcus. Son los acreedores de tu padre. Creen que, al estar aquí, lejos de la jurisdicción de la ciudad, pueden reclamar lo que se les debe usando la fuerza.

—¿Y qué van a reclamar, Alexander? ¿A mí? ¿A la hija del hombre que los estafó? —mi voz tembló de rabia y humillación.

Él se sentó en la cama, exponiendo la musculatura tensa de su espalda y pecho. Se pasó una mano por el cabello y luego me tomó del mentón, obligándome a sostenerle la mirada. Sus dedos estaban calientes, y el contacto disparó una corriente eléctrica que me recordó cuánto dependía de él, no por necesidad legal, sino por una atracción que se había vuelto mi religión.

—No van a reclamar nada —sentenció—. Porque antes de que pongan un pie en esta arena, habrán comprendido que meterse con un Thorne es firmar su propia sentencia de muerte. Pero Elina, necesito que confíes en mí. No como la esposa de un contrato, sino como la mujer que me salvó en Ginebra.

—Confío en ti —respondí, y era la verdad más dolorosa que había pronunciado nunca—. Pero no quiero que te conviertas en un criminal por salvar los restos de mi familia.

Alexander soltó una risa seca, carente de humor. Se levantó de la cama, caminando hacia el ventanal con una elegancia depredadora. La luz del sol perfiló su figura, resaltando cada línea de su cuerpo atlético. Era un espécimen de poder absoluto, y por primera vez, comprendí que su obsesión por protegerme no era solo un deber, sino una extensión de su propia supervivencia.

—Ya soy un criminal a los ojos de muchos, querida —dijo sin mirarme—. He comprado silencios, he manipulado mercados y he destruido vidas para construir este imperio. Pero todo eso fue por ambición. Lo que haga hoy... eso será por algo mucho más peligroso.

Se giró hacia mí, y la sensualidad de su postura, con el torso desnudo y la mirada encendida, me hizo caminar hacia él. Me detuve a escasos centímetros, dejando que el calor que irradiaba me envolviera. Puse mis manos sobre su pecho, sintiendo el latido desbocado que contradecía su calma exterior. Sus manos bajaron por mis brazos hasta mis muñecas, sujetándome con una firmeza que bordeaba el dolor, pero que yo recibí como un anclaje.

—Si algo sale mal —empecé a decir.

—Nada saldrá mal —me interrumpió, y me besó con una ferocidad que me dejó sin aliento.

Fue un beso que sabía a despedida y a guerra. Sus labios reclamaron los míos con una urgencia que me hizo gemir, sus manos recorriendo mi espalda con una desesperación que revelaba cuánto miedo tenía de perderme, a pesar de su arrogancia. En ese balcón, con el mar Caribe como testigo, nos perdimos en un contacto que buscaba sellar nuestra unión antes de que la violencia llamara a la puerta. Sus caricias eran marcas de propiedad, trazando mi piel con una devoción que me hacía sentir que, si el mundo se acababa hoy, yo moriría siendo suya.

La mañana avanzó con una eficiencia aterradora. Julian y su equipo se movían por la villa como sombras armadas, instalando dispositivos y bloqueando accesos. Alexander se vistió con ropa táctica oscura, ocultando al hombre que me había amado entre sábanas de hilo bajo una capa de frialdad militar. Me ordenó quedarme en la sala de seguridad de la planta baja, una habitación reforzada que olía a electrónica y a encierro.

—Alexander, por favor... —le pedí cuando lo vi ajustar su arma en la funda de su pierna.

Él se acercó y me dio un beso rápido en la sien.

—No salgas de aquí, pase lo que pase. Julian tiene órdenes de sacarte por el túnel hacia el helipuerto si la primera línea de defensa cae.

—¿Y tú?

—Yo estaré esperándote en el otro lado —dijo, y salió de la habitación sin mirar atrás.

Me quedé sola, observando los monitores. La visión que la cirugía me había devuelto se sentía ahora como una maldición; podía ver las lanchas rápidas acercándose a la costa, estelas blancas cortando el azul perfecto del mar. Eran tres embarcaciones cargadas de hombres que no venían a negociar.

Vi a Alexander en la playa. Estaba solo, o eso parecía. Su figura se veía pequeña contra la inmensidad del océano, pero irradiaba una autoridad que incluso desde la pantalla me resultaba abrumadora. El viento agitaba su camisa oscura, y su postura era la de un rey esperando a los bárbaros en las puertas de su castillo.

Las lanchas llegaron a la orilla. Los hombres bajaron, sus siluetas distorsionadas por el calor que subía de la arena. Vi a uno de ellos dar un paso adelante, gesticulando con violencia. Alexander no se movió. Se quedó allí, con las manos en los bolsillos, hablando con una calma que parecía enfurecer más a los intrusos.

De repente, el sonido de los disparos atravesó incluso las paredes reforzadas de la villa. Me tapé los oídos, aunque mis ojos seguían clavados en los monitores. No fue una batalla, fue una ejecución táctica. El equipo de Julian, oculto en la vegetación de los acantilados, abrió fuego con una precisión quirúrgica.

Alexander permaneció impasible mientras el caos estallaba a su alrededor. Vi cómo uno de los hombres intentaba abalanzarse sobre él, pero Alexander lo derribó con un movimiento rápido y brutal, desarmándolo con una facilidad que revelaba un entrenamiento que nunca figuró en su biografía oficial. Lo sujetó por el cuello, obligándolo a mirar hacia la villa, hacia donde yo estaba.

Fue un momento de una crudeza absoluta. Alexander estaba protegiendo su propiedad, su hogar y a su mujer con una violencia que debería haberme horrorizado, pero que en ese estado de supervivencia me resultó extrañamente hipnótica. Era el héroe sombrío que la hoja de ruta de nuestra vida había prometido, el hombre que no sabía decir "te amo" con flores, pero que lo gritaba con sangre y pólvora.

La escaramuza duró apenas unos minutos. Los intrusos que quedaban en pie regresaron a las lanchas, huyendo hacia el horizonte. Alexander se quedó solo en la arena, observando cómo se alejaban. Bajó los hombros por primera vez, y vi cómo se pasaba una mano por el rostro, limpiando una salpicadura que sospeché que no era suya.

Media hora después, la puerta de la sala de seguridad se abrió. Alexander entró, su ropa manchada de arena y sudor, el olor a pólvora precediéndolo. Sus ojos me buscaron con una ansiedad febril, y cuando vio que estaba ilesa, soltó un suspiro que pareció vaciarlo por completo.

Caminé hacia él y lo rodeé con mis brazos. Estaba temblando, una reacción tardía al miedo que había estado reprimiendo. Alexander me estrechó contra él, ocultando su rostro en mi cuello, su respiración agitada quemándome la piel.

—Se acabó —murmuró, y su voz era una caricia rota—. Ya no pueden tocarte. He enviado un mensaje que no podrán ignorar.

—Alexander, estás herido —dije, notando una mancha roja en su antebrazo.

—Es solo un rasguño. No es nada comparado con lo que hubiera sentido si te hubieran puesto una mano encima.

Me llevó de regreso a la planta superior. La villa volvía a estar en silencio, pero era un silencio diferente, uno que pesaba con las consecuencias de lo ocurrido. Me senté en el sofá y él se arrodilló frente a mí, dejando que yo limpiara su herida con dedos temblorosos. La sensualidad de ese momento era distinta; era una intimidad nacida del alivio y del dolor compartido. Cada vez que mis dedos rozaban su piel, él soltaba un gemido bajo, no de dolor, sino de una necesidad de contacto que lo consumía.

—Lo que viste hoy... —empezó a decir, mirándome a los ojos—. Ese es el hombre que realmente soy cuando el mundo me presiona. ¿Todavía quieres estar al lado de alguien así?

—Ese es el hombre que me ha devuelto la luz, Alexander —respondí, acariciando su mejilla—. No puedo juzgar la oscuridad que usas para protegerme cuando yo misma soy la razón de que tengas que usarla.

Él tomó mi mano y la besó en la palma, un gesto de una ternura tan pura que me hizo llorar. Me atrajo hacia él, y terminamos en el suelo, rodeados por la luz del atardecer que empezaba a teñir la estancia de púrpuras y rojos. Nos amamos con una desesperación nueva, una entrega que aceptaba todas nuestras sombras. Ya no había deudas de juego ni contratos de matrimonio; solo quedábamos nosotros dos, intentando construir algo hermoso sobre las cenizas de una guerra que apenas estábamos empezando a comprender.

Sin embargo, mientras la noche caía sobre la isla, Julian entró discretamente en la estancia. Su rostro no traía buenas noticias.

—Señor, hemos interceptado una comunicación —dijo, mirando a Alexander con una seriedad mortal—. Marcus ha logrado salir de la cárcel preventiva bajo fianza. No sabemos cómo lo hizo, pero no está en la ciudad. Los informes indican que está en camino hacia aquí, y no viene solo con acreedores.

Alexander se puso en pie de un salto, y la luz de protección obsesiva en sus ojos volvió a encenderse con una fuerza que me hizo comprender que el verdadero clímax de nuestra historia estaba a punto de golpearnos con toda su furia.

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Clarita Gonzalez
estás istorias ya se están volviendo aburridoras asi
Clarita Gonzalez
😭😭😭😭😭
Clarita Gonzalez
Huy no está buena pero cuando terminara está istoria y como será el final no será esperar cuando pongan los otros capítulos q rrabia
Clarita Gonzalez
bueno escritora hasta cuándo esperamos los últimos capitulos ya muchas semanas y nada no deje las novelas a medias
Sonia Nalbandian
Holaa.. tendrías q buscar y utilizar otro término,ya q en infinidades de oportunidades repetis😭 SEXUALIDAD!!!
Clarita Gonzalez
🤭🤭😭😭😭
Clarita Gonzalez: q rrabia no termina las novelas completas y uno espere y espere semanas y nada
total 1 replies
Clarita Gonzalez
😭🤭
Melanny Guevara
no entendí, no la habían operado antes?
Clarita Gonzalez
😭😭
Clarita Gonzalez
hay q pereza lo dejan a uno en ascuas y la escritora no deja BN los capitulos ni los termina😭
Clarita Gonzalez
escritora lleva cuatro semanas q no escribe los capitulos de la novela porfavor son varias q se quedan así por falta de escritura
Clarita Gonzalez
cuando sube los otros capítulos escritora 👏
Clarita Gonzalez
hay escritora porq tan corto este capítulo porfavor no nos deje así en ascuas siga la lectura de la historia porfavor gracias eee dejado de leer varias novelas pensando q terminaban así 👏🥰
Clarita Gonzalez
faltan más capitulos escritora porfavor espero q estés BN para q termines los capitulos dios te bendiga grandemente tus manos para q sigas escribiendo 🥰
Luisana Carmona
me gusta el contraste de las palabras y la secuencia de la narración extensa que te atrapa y sigues leyendo cada palabra sin parar Hasta el final
Luisana Carmona
está novela oh es muy nueva o solo no comentan ☺️
Clarita Gonzalez
hay escritora q termine BN está istoria muy traumática para ellos pero el muy lindo como la proteje🥰
Betty Saavedra Alvarado
Elina te obligaron a casarte con Alexander tu le vas a dar guerra
Cliente anónimo
Por que en cada capítulo colocas al sensualidad ?
Clarita Gonzalez
escritora y como termina esta historia no hay final o sigue la otra parte y cuando
Clarita Gonzalez: si me gustó y mucho pero le falta para saber en qué termina esta maravillosa historieta 👏
total 1 replies
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