Cuando la curiosidad te quita tu primera vida.. significa ¿que deberías cambiar? Vesta no lo cree.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Vesta 1
Todavía con el corazón latiendo con fuerza, abrió la puerta de la habitación apenas unos centímetros.
Asomó primero la cabeza.
Miró hacia la derecha.
Luego hacia la izquierda.
Y se quedó completamente inmóvil.
Dos guardias permanecían de pie cerca de la entrada.
Vestían uniformes impecables, con espadas sujetas a la cintura y expresiones serias.
En cuanto la vieron, ambos inclinaron la cabeza respetuosamente.
—Señorita.
Ella abrió un poco más los ojos.
[¿Eh?]
Antes de que pudiera reaccionar, una joven doncella que caminaba por el pasillo levantó la vista y, al verla, hizo una elegante reverencia.
—¿Desea algo, señorita?
La protagonista pestañeó varias veces.
Miró a la doncella.
Miró a los guardias.
Volvió a mirar a la doncella.
La doncella seguía inclinada.
Esperando órdenes.
Cerró la puerta lentamente.
Con mucha calma.
Con muchísima calma.
Giró sobre sus talones.
Permaneció inmóvil unos segundos en medio de aquella enorme habitación.
Y entonces...
—¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
Corrió hasta la cama.
Se lanzó sobre ella de cabeza.
Rebotó entre las suaves mantas como si fuera una niña pequeña.
—¡¡SOY RICA!!
Rodó hacia un lado.
—¡¡SOY HERMOSA!!
Rodó hacia el otro.
—¡¡Y LA GENTE ME HACE REVERENCIAS!!
Se incorporó de golpe, con el cabello rubio completamente despeinado.
—¡¿Qué clase de premio de consolación es este?!
Se llevó ambas manos al rostro.
—¡Morí por una bala perdida viendo un chisme de vecinos y desperté siendo una noble hermosa!
Se dejó caer nuevamente sobre la cama.
Abrazó una almohada.
—¿Será que tengo vestidos preciosos?
Sus ojos brillaron.
—¿Joyas?
Se incorporó.
—¿Una biblioteca?
Pensó unos segundos.
—Bueno... una biblioteca no me emociona tanto.
Volvió a recostarse.
—¿Carruajes?
—¿Bailes?
—¿Banquetes?
—¿Postres elegantes?
—¿Vacaciones en mansiones de verano?
Se quedó mirando el techo con una sonrisa cada vez más grande.
[Y nadie me puede decir que deje de ser curiosa.]
[Y ahora podré enterarme de los chismes de la nobleza.]
Se tapó la boca para contener un chillido.
[¡Los chismes aristocráticos!]
[¡Las intrigas familiares!]
[¡Las amantes secretas!]
[¡Los matrimonios arreglados!]
[¡Las damas criticándose con sonrisas falsas!]
Lágrimas de felicidad aparecieron en sus ojos.
[He nacido para esto.]
Abrazó con fuerza la almohada.
[Gracias, destino.]
[Prometo aprovechar esta oportunidad.]
[Pero también prometo averiguar quién era esta chica...]
Su emoción finalmente comenzó a disminuir.
El cansancio que había ignorado desde que despertó regresó lentamente.
La cama era tan suave.
Las sábanas olían tan bien.
Y aquella habitación era tan tranquila.
Sus párpados empezaron a pesar.
[Quizá debería descansar un poco...]
[Aunque cuando despierte voy a investigar cada rincón de esta mansión.]
[Y averiguar cuánto dinero tengo.]
[Y cuántos vestidos poseo.]
[Y si hay algún escándalo familiar interesante.]
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Y poco a poco se quedó dormida.
El sueño llegó de forma extraña.
No era oscuridad.
No era un vacío.
Era como observar escenas a través de una ventana.
Una niña corría por un jardín inmenso.
Rubia.
De ojos verdes.
Hermosa.
Rodeada de flores cuidadosamente podadas y fuentes de mármol.
Su vestido estaba confeccionado con las telas más finas.
Y los sirvientes la seguían a una distancia prudente.
—¡Más rápido! —ordenó la pequeña, señalando a una doncella que apenas podía alcanzarla.
La mujer inclinó la cabeza.
—Sí, señorita.
La niña levantó el mentón con orgullo.
Su nombre era...
Vesta Dupont.
Vesta Dupont.
La hija menor del conde viudo Vance Dupont.
Y hermana menor de Vincent Dupont.
La protagonista observó la escena con curiosidad.
[¿Esta era yo?]
Vesta creció rodeada de lujos.
Nunca le faltó nada.
Vestidos.
Juguetes.
Profesores particulares.
Dulces importados.
Joyas diminutas hechas especialmente para ella.
Cada uno de sus caprichos era satisfecho antes incluso de que terminara de expresarlos.
Su padre la adoraba.
Después de la muerte de su esposa, el conde había volcado gran parte de su afecto en sus hijos.
Sin embargo...
La pequeña Vesta era especialmente consentida.
—Padre, quiero ese pony.
—Lo tendrás.
—No me gusta esta institutriz.
—Buscaremos otra.
—Quiero un vestido igual al de la hija del duque.
—Mandaré hacerlo de inmediato.
Vesta sonreía satisfecha.
Y poco a poco comenzó a creer algo peligroso.
Que el mundo existía para complacerla.
Que su posición la hacía especial.
Superior.
Mejor.
—¿Por qué lloras? —preguntó una vez al ver a una criada.
—Mi madre está enferma, señorita...
Vesta la observó unos segundos.
Y simplemente respondió:
—Eso no tiene nada que ver conmigo.
La protagonista, observando el recuerdo, abrió mucho los ojos.
[¡Ay, no!]
[¡Era una niña insoportable!]
Otra escena apareció.
Una Vesta un poco mayor caminando por los pasillos de la mansión.
Las doncellas bajaban la mirada.
Los sirvientes se apartaban rápidamente de su camino.
—¿Por qué esa niña lleva un vestido tan sencillo? —preguntó Vesta señalando a la hija de un empleado.
—Porque no pertenece a una familia noble, señorita.
Vesta asintió.
—Entonces es normal.
Como si aquello fuera la respuesta más lógica del mundo.
La protagonista se llevó una mano a la frente.
[¡No, no, no!]
[¡No digas esas cosas!]
[¡No puedo reencarnar como la villana clasista de una novela!]
Sin embargo...
Vesta no era cruel por placer.
No disfrutaba haciendo sufrir a otros.
No golpeaba sirvientes.
No inventaba castigos.
No destruía vidas por diversión.
Simplemente...
Había crecido en una burbuja.
Convencida desde pequeña de que todos eran inferiores a ella.
Porque así había sido educada.
Porque nadie corrigió su arrogancia.
Porque nunca conoció otra realidad.
Y esa actitud altiva se convirtió en parte de su personalidad.
Hermosa.
Elegante.
Consentida.
Orgullosa.
Vesta Dupont.
La joya de la familia Dupont.
La pequeña noble que miraba al resto desde lo alto de su pedestal.
Y mientras los recuerdos continuaban desfilando frente a ella, la protagonista sólo pudo pensar una cosa.
[Estoy rica.]
Se tapó la cara dentro del sueño.
[Estoy rica y soy una ex niña insufrible.]
Suspiró profundamente.
[Bueno...]
[Pudo ser peor.]
[Podría haber reencarnado pobre.]
Abrió un ojo.
[Y además tengo un hermano llamado Vincent Dupont.]
[Y un padre conde llamado Vance Dupont.]
[Y una mansión enorme.]
Miró nuevamente a la pequeña Vesta, que exigía que cambiaran unas cortinas porque "el color le resultaba deprimente".
La protagonista soltó una risita.
—De acuerdo, Vesta —murmuró dentro del sueño—. Gracias por dejarme tu vida.
Luego cruzó los brazos con determinación.
[Pero a partir de ahora...]
Una sonrisa traviesa apareció en sus labios.
[Vamos a intentar ser un poco menos insoportables.]
[Porque seguiré disfrutando del chisme...]
[Pero quizá también podamos aprender a tratar a todos como personas.]
Hizo una pausa.
Y sus ojos volvieron a brillar con un entusiasmo casi infantil.
[Aunque primero...]
[Quiero conocer a mi familia rica.]
[Especialmente a ese tal Vincent Dupont.]
[Porque los hermanos mayores en las novelas suelen ser dos cosas.]
[O son adorables...]
[O son parte del problema.]
Y sinceramente esperaba que fuera la primera opción.