Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El error que no debía repetirse
Hikari terminó de exprimir el paño una última vez.
El pasillo del ala este, finalmente, estaba limpio.
El lodo había desaparecido.
El brillo de la madera había vuelto.
Y el sonido de la lluvia… ahora solo era un murmullo lejano detrás de las puertas cerradas.
Pero dentro de ella…
todo seguía revuelto.
Las palabras de Tomoe aún le pesaban.
“No es un huésped.”
“Eso puede traer problemas.”
Hikari bajó la mirada un segundo.
—…yo solo quería ayudar…
murmuró para sí misma.
Entonces—
pasos.
Firmes.
Inconfundibles.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Se tensó.
Kuro.
—Hikari.
Su voz no fue alta.
Pero no necesitaba serlo.
—Te quiero en mi oficina. Ahora.
No fue una invitación.
Hikari tragó saliva.
—…sí.
El camino hasta la oficina se sintió más largo de lo normal.
Cada paso pesaba.
Cada pensamiento… más.
Cuando llegó—
la puerta ya estaba abierta.
Entró.
Y se detuvo en seco.
El yokai de lluvia…
estaba ahí.
Su forma era más estable ahora.
Más definida.
Como si el espacio cerrado lo hubiera contenido.
Pero seguía siendo inquietante.
Silencioso.
Observando.
El aire dentro de la oficina era frío.
Tenso.
Kuro estaba de pie frente a él.
De espaldas a Hikari.
—Cierra la puerta.
Hikari obedeció.
El sonido al deslizarse fue lo único que rompió el silencio.
—¿Qué significa esto?
La voz de Kuro fue baja.
Demasiado calmada.
Pero Hikari ya sabía—
eso era peor.
—Yo… —empezó, apretando ligeramente las manos— pensé que era un huésped…
Silencio.
Kuro exhaló lentamente.
—Este yokai…
Se giró apenas.
Lo suficiente para que sus ojos violetas se clavaran en ella.
—…es un parásito.
La palabra cayó pesada.
Hikari sintió un pequeño nudo en el estómago.
—No puedes dejar entrar cualquier cosa a nuestro ryokan.
—Pero yo no sabía—
—¡Pues deberías!
La interrupción fue inmediata.
Firme.
El aire se tensó de golpe.
Hikari se quedó en silencio.
Kuro dio un paso hacia ella.
—Hikari…
Su voz bajó otra vez.
Pero no se suavizó.
—Deberías saber quiénes son tus huéspedes.
Otro paso.
—Conocerlos por sus nombres.
Sus características.
Más cerca.
—Así es como se lleva un ryokan.
Hikari apretó los labios.
—Necesitas aprender.
El silencio cayó.
Pesado.
El yokai de lluvia se movió levemente detrás.
Como si reaccionara a la tensión.
Hikari bajó la mirada un segundo.
—…lo haré.
Su voz fue baja.
Pero firme.
Kuro la observó.
Y algo en su expresión—
cambió apenas.
Muy leve.
Pero estaba ahí.
—No es suficiente con intención.
Más bajo ahora.
—Aquí… un error puede costar más que un regaño.
Hikari levantó la mirada.
—…lo entiendo.
Y esta vez—
no era solo una respuesta.
Lo sentía.
El silencio se mantuvo unos segundos más.
Luego—
Kuro se giró hacia el yokai.
Sus ojos se endurecieron.
—Te irás.
El aire se tensó de inmediato.
El yokai no se movió.
Pero el agua a su alrededor comenzó a agitarse.
—No perteneces aquí.
La presión en la habitación aumentó.
Hikari lo sintió.
En el pecho.
En la piel.
—…
El yokai se contrajo.
Como si estuviera siendo empujado por algo invisible.
Pero entonces—
se detuvo.
Y lentamente—
giró.
No hacia Kuro.
Hacia Hikari.
El tiempo pareció congelarse un segundo.
—Hikari…
El susurro volvió.
Más débil.
Más lejano.
—…recuerda…
El aire vibró.
Y en el siguiente instante—
se deshizo.
Agua.
Gotas.
Nada.
La oficina volvió a la normalidad.
Pero el silencio—
no.
Hikari se quedó inmóvil.
Porque esa palabra—
no había desaparecido con él.
“Recuerda.”
—…
Kuro no dijo nada por un momento.
Luego—
—Vete.
Seco.
Directo.
Pero esta vez—
no sonó igual.
Hikari asintió.
Se giró.
Y salió.
Pero su mente—
no estaba en el regaño.
No estaba en el error.
Estaba en otra cosa.
En el río.
En la mano que la sostuvo.
En los ojos violetas.
Y en esa voz—
que parecía conocerla…
más de lo que debería.
Hikari avanzó por el pasillo con paso firme.
O al menos… eso intentaba.
Por dentro, todo seguía moviéndose.
El regaño.
La mirada de Kuro.
Las palabras del yokai.
“Recuerda.”
Apretó ligeramente los puños.
—…no voy a cometer más errores…
murmuró para sí misma.
Y esta vez… lo decía en serio.
Giró hacia el área de recepción.
El espacio estaba en calma, como siempre.
Ordenado. Silencioso. Impecable.
Y ahí estaba ella.
Rie.
De pie detrás del mostrador, organizando unos papeles con movimientos precisos, elegantes. Sus alas plegadas con discreción, su expresión tranquila… como si nada en ese lugar pudiera sorprenderla.
Hikari se acercó con un poco de nervios.
—Ho… hola, Rie… ¿cómo estás?
Rie levantó la mirada.
Y su expresión cambió apenas.
Más suave.
Más cálida.
—Hola, señorita Hikari.
Su voz fue amable.
Serena.
—Muy bien… ¿y tú?
Hikari soltó una pequeña risa nerviosa.
Se rascó ligeramente la mejilla.
—Bien… no sería una palabra que me define en este momento… jeje…
Rie ladeó la cabeza con curiosidad.
Pero no preguntó.
—Verás… —continuó Hikari, un poco más seria ahora— quería saber sobre los clientes que tenemos hospedados en el ryokan.
El silencio cayó un segundo.
Rie no respondió de inmediato.
En cambio—
dejó los papeles a un lado.
Y la miró.
Directamente.
—Así que Kuro ya te regañó por lo del yokai de lluvia.
No fue una pregunta.
Hikari se quedó congelada un instante.
—…sí…
Rie suspiró suavemente.
Pero no con molestia.
—Era de esperarse.
Se inclinó apenas sobre el mostrador.
Su mirada se suavizó.
—Sabes algo, Hikari…
Una pausa.
—Kuro puede parecer muy seco.
Sus dedos tocaron ligeramente la madera.
—Pero en realidad… es una persona excepcional.
Hikari levantó la mirada.
—Se preocupa por todos.
Por este lugar.
Sus ojos se entrecerraron apenas.
—Y por ti.
Hikari parpadeó.
—¿…por mí?
Rie sonrió apenas.
—No lo malinterpretes por su dureza contigo.
Su voz fue más suave.
Pero firme.
—¿De acuerdo?
Hikari bajó la mirada un segundo.
Recordó.
La forma en que Kuro había intervenido.
Cómo había enfrentado al yokai.
Cómo… la había llamado.
—…sí…
respondió finalmente.
Pero no sonó completamente convencida.
Rie lo notó.
Pero no insistió.
En cambio—
giró ligeramente y tomó un pequeño libro del mostrador.
—Si quieres aprender…
Lo colocó frente a ella.
—empieza por aquí.
Hikari lo miró.
Un registro.
Nombres.
Características.
Tipos de yokai.
Sus ojos se abrieron un poco.
—¿Todo esto…?
—Son nuestros huéspedes.
Rie cruzó los brazos con elegancia.
—O al menos… los que deberían serlo.
Una ligera pausa.
—Aprende a distinguirlos.
Su mirada se volvió más aguda.
—Porque en este mundo…
no todo lo que entra…
se queda por las razones correctas.
El silencio se instaló.
Hikari tomó el libro.
Lo sostuvo con ambas manos.
—…gracias, Rie.
Rie asintió apenas.
—Es tu responsabilidad ahora.
Hikari respiró hondo.
Y por primera vez no se sintió perdida.
Solo…
al inicio de algo.
Pero cuando levantó la mirada—
Rie ya no la estaba viendo a ella.
Miraba hacia el pasillo.
Hacia el fondo.
Donde nadie más estaba.
Su expresión…
había cambiado.
Más seria.
Más atenta.
—…esto apenas comienza…
murmuró.
Muy bajo.
Lo suficiente para que Hikari…
no lo escuchara.