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En El Corazón De Jurubirá

En El Corazón De Jurubirá

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Amor eterno
Popularitas:653
Nilai: 5
nombre de autor: Yaneth González Hurtado

"En el pintoresco corregimiento de Jurubirá, en la exuberante región del Chocó colombiano, Aurora vive una vida sencilla y tranquila, ajena a los secretos que guarda su pasado. Rodeada de ríos cristalinos, selva vibrante y la calidez de su familia, cada día parece igual… hasta que la llegada de Pablo, un joven de la ciudad de Madrid, irrumpe en su mundo. Entre encuentros inesperados, emociones que desafían su corazón y secretos familiares que podrían cambiarlo todo, Aurora deberá enfrentar la diferencia de clases, los sentimientos prohibidos y la incertidumbre de un destino que jamás imaginó."

NovelToon tiene autorización de Yaneth González Hurtado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Ventilador de Doña Carmen

Llegar a la posada de Doña Carmen le tomó a Pablo el triple del tiempo que a cualquier habitante de Jurubirá. Sus zapatos italianos, ahora cubiertos de una fina capa de arena y salitre, se sentían como pesas de plomo. Cuando finalmente se detuvo frente a la estructura de madera azul, el sudor le bajaba por las sienes y su camisa de lino estaba arruinada.

—¡Ave María! ¡Pero si es un príncipe el que nos mandaron! —exclamó Doña Carmen, saliendo al porche con un trapo en el hombro—. Pase, muchacho, pase. No se me quede ahí parado que el sol de mediodía no perdona a los que tienen la piel de leche.

Pablo entró, esperando encontrar un lobby de mármol o al menos un ventilador de techo potente. En su lugar, se topó con una estancia pequeña, con olor a madera vieja y a estofado de coco.

—Mi habitación, por favor —dijo Pablo, tratando de mantener la dignidad mientras dejaba caer su maleta de cuero sobre el piso de tablas que crujió bajo el peso.

—Arriba, la número tres —indicó Carmen con una sonrisa de oreja a oreja—. Es la que tiene la mejor vista al mar. El ventilador hace un ruidito, pero si le da un golpe seco en el motor, se queda quietito.

Cuando Pablo entró al cuarto, se quedó de piedra. Una cama sencilla con mosquitero, una jarra de agua sobre una mesa de madera y un ventilador de plástico que giraba con una pereza desesperante. Se dejó caer en el colchón, que era mucho más suave de lo que esperaba, y cerró los ojos. El ruido de las olas afuera era constante, una música a la que no estaba acostumbrado.

En la casa de los Garcés, el almuerzo estaba casi listo. Aurora ayudaba a su madre a picar el cilantro, mientras Sofía no paraba de hablar del forastero.

—¡Ay, mamá! Tenías que verlo —decía Sofía, sentada a la mesa—. Tiene unos ojos... como el agua profunda. Y una forma de hablar que parece que estuviera dando una orden hasta para decir "buenos días".

—Todos los de la ciudad hablan así, Sofía —intervino Bertha, revolviendo el sancocho en la olla—. Creen que porque tienen el bolsillo lleno, la lengua les pesa más. Aurora, ¿qué tal te pareció el encargado?

Aurora se encogió de hombros, aunque todavía sentía el eco de la mirada de Pablo en su nuca.

—Un arrogante, má. De esos que creen que el mundo se acaba donde se acaba el pavimento. Me pidió que lo llevara a un lugar con aire acondicionado. ¡En Jurubirá! Casi me da un ataque de risa en toda su cara.

Julio entró en ese momento, dejando sus botas de caucho en la entrada.

—Pues el "arrogante" ese va a tener que aprender rápido si quiere cerrar ese negocio de la constructora. Doña Carmen me dijo que el muchacho no trajo ni repelente. Bertha, ¿por qué no le mandas un poco de este sancocho con las muchachas? El hambre amansa hasta al más fiero.

Bertha asintió. Para ella, la hospitalidad no se le negaba a nadie, ni siquiera a un señorito de Madrid.

—Está bien. Aurora, cuando termines aquí, llévale este portacomidas a la posada. No queremos que se nos desmaye el primer día y nos toque cargarlo hasta el muelle.

—¡Que lo lleve Sofía! —protestó Aurora—. Yo tengo que ir a ayudar a Santiago con las redes.

—Sofía tiene que ayudarme a lavar la ropa —sentenció Bertha con esa autoridad que no admitía réplicas—. Ve tú, Aurora. Y trata de ser un poco más amable, que la cortesía no quita lo valiente.

Aurora suspiró, tomó el portacomidas caliente y salió de la casa bajo el sol abrasador de la tarde. No sabía que, mientras ella caminaba por la arena, Pablo Rossi estaba arriba en su habitación, mirando al techo y preguntándose qué demonios estaba haciendo en un lugar donde su dinero no podía comprar ni un poco de brisa fresca.

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Yeiki Córdoba
🥰
Yeiki Córdoba
(⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠❤
Yeiki Córdoba
chocó 🇬🇦
Yeiki Córdoba
que bonita historia 🌹🥰/Wilt//Kiss/hola
Yeiki Córdoba: de nada señora Yaneth
total 2 replies
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