¿Puede un corazón de hielo derretir una maldición de sangre?
Devil lo tenía todo: una belleza insultante, una estatura imponente de 1.87 m y unos ojos violetas que eran la perdición de cualquier mujer en la capital. Pero su arrogancia lo llevó a cruzar el jardín equivocado. Tras un desafortunado encuentro con una hechicera, el joven seductor despierta atrapado en el cuerpo de un gato negro. La condena es simple pero devastadora: no recuperará su humanidad hasta que alguien lo ame de verdad.
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capítulo 15
El carruaje de los Blackwood esperaba en la escalinata principal del Palacio de Ashford, sus lámparas de aceite parpadeando como ojos dorados bajo la llovizna de la madrugada. El aire estaba cargado de un frío que calaba los huesos, pero la tensión que vibraba entre las columnas de mármol era mucho más sofocante.
Devil no estaba disfrutando de la vista. Se encontraba confinado en una jaula de hierro forjado con filigranas de plata, un "obsequio" especial del Duque para asegurar que el viaje de regreso de Lady Blackwood fuera "tranquilo y libre de acrobacias felinas". Tras el incidente de las dagas en la biblioteca, Suseth no había mostrado ni un ápice de piedad. Lo había encerrado personalmente, asegurándose de que los barrotes estuvieran lo suficientemente cerca como para que Devil solo pudiera rumiar su derrota en un espacio reducido.
Desde su prisión, Devil observaba la escena final con una impotencia que le quemaba las entrañas. Suseth estaba de pie frente al Duque, envuelta en su capa de viaje, pero su postura ya no era la de una viuda defensiva. Había algo en la forma en que sostenía la mirada del hombre de cabello blanco que gritaba rendición y desafío al mismo tiempo.
El Juego del Depredador
El Duque de Ashford se acercó a ella, rompiendo esa distancia de cortesía que la etiqueta dictaba. No le tendió la mano para un simple beso de despedida; en su lugar, colocó sus manos enguantadas sobre los hombros de Suseth, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada.
—Se va usted muy pronto, Suseth —susurró el Duque. Su voz, profunda y gélida, llegó a los oídos de Devil incluso a través de los cristales del carruaje—. El palacio se sentirá... lamentablemente silencioso sin el sonido de sus dagas buscando un blanco.
Suseth soltó un suspiro trémulo, un sonido que Devil jamás le había escuchado.
—La paz de mi hogar es necesaria, Excelencia. Aquí hay demasiadas... distracciones.
—¿Distracciones? —el Duque bajó la cabeza, su rostro quedando a milímetros del cuello de ella.
Devil comenzó a golpear los barrotes de la jaula con sus patas, emitiendo un siseo ronco que nadie escuchó. El Duque no la besó de inmediato. Comenzó a jugar con ella, rozando la punta de su nariz por la línea de la mandíbula de Suseth, aspirando el aroma a rosas y pólvora que ella desprendía. Susurró palabras directamente sobre su piel, frases que Devil no pudo captar pero que hicieron que Suseth cerrara los ojos y apretara los puños contra el pecho del Duque.
Era una danza de seducción lenta, cruel y perfecta. El Duque estaba marcando su territorio, demostrándole a Suseth —y al gato que observaba con ojos violetas inyectados en rabia— que él era el único que podía romper su armadura de hielo.
El Beso Robado (y Entregado)
Finalmente, el Duque tomó el mentón de Suseth con una firmeza posesiva.
—Espero —dijo, su aliento empañando el aire frente a los labios de ella— que mi próxima cacería sea en los terrenos de la Mansión Blackwood. No aceptaré un "no" como respuesta, Lady Blackwood.
—Entonces —respondió Suseth, su voz apenas un hilo de seda—, considere que la invitación ha sido extendida.
En ese instante, el Duque le robó el beso. Pero no fue un robo; fue una conquista. Fue un beso largo, cargado de la frialdad de sus ojos rojos y el fuego de sus naturalezas compartidas. Suseth no luchó; se aferró a las solapas del abrigo blanco del Duque, aceptando el sello de ese pacto silencioso.
Devil, dentro de la jaula, perdió el control. Se lanzó contra los barrotes, maullando con una furia primitiva, golpeando el metal hasta que sus patas empezaron a doler. Ver a su Suseth, la mujer que se suponía que no tenía corazón, entregándose a ese titán de marfil, era la humillación definitiva. No eran celos de mascota; era el rugido de un hombre que veía cómo su última esperanza de redención se vinculaba irrevocablemente con su mayor enemigo.
La Chispa de la Traición
Cuando el Duque finalmente la soltó, hubo un segundo de silencio absoluto. Suseth recuperó el aliento, sus labios más rojos que nunca, y le lanzó una última mirada al Duque. No era una mirada de despedida, era una promesa. Una chispa de entendimiento mutuo que dejó a Devil sintiéndose como un extraño en su propia historia.
El Duque se enderezó, recuperando su máscara de impasibilidad, y miró hacia el carruaje. Sus ojos rojos se cruzaron con los violetas de Devil a través de la ventana. El Duque sonrió, una curva lenta y maliciosa, y le hizo un pequeño gesto de despedida con la cabeza, como si disfrutara viendo al "león" enjaulado mientras él se quedaba con la "reina".
—Buen viaje, pequeño monstruo —dijo el Duque en voz alta—. Cuida bien de tu dueña... mientras yo no esté para hacerlo.
Suseth subió al carruaje sin mirar atrás. Se sentó en el asiento de cuero frente a la jaula de Devil, respirando agitadamente. Arthur cerró la puerta y el carruaje se puso en marcha, alejándose de los muros de mármol de Ashford.
El Silencio de la Viuda
Durante la primera hora del trayecto, Suseth no dijo una palabra. Se limitó a mirar por la ventana, con los dedos rozando sus propios labios como si aún sintiera la presión de los del Duque. Devil, exhausto por su ataque de rabia, se acurrucó en un rincón de la jaula, mirándola con una tristeza infinita.
Finalmente, Suseth desvió la mirada hacia él. Al ver a Devil encerrado, con el pelaje revuelto y los ojos violetas apagados por el deshonor, su expresión se suavizó un milímetro, pero su voz siguió siendo firme.
—No me mires así, Devil —dijo ella, recostando la cabeza en el respaldo—. Me has avergonzado durante tres días. Te has comportado como un animal salvaje y has intentado destruir la única conexión poderosa que he logrado en años.
Devil soltó un maullido bajo, casi un sollozo.
—Él vendrá a casa —continuó Suseth, y una pequeña sonrisa, real y aterradora, apareció en su rostro—. El Duque de Ashford vendrá a la Mansión Blackwood. Y más te vale que para entonces hayas aprendido que no eres el centro de mi universo. Eres un gato, Devil. Y él... él es el primer hombre que me hace sentir que estar viva no es una condena.
Devil cerró los ojos. La mansión, que antes era su refugio, ahora se sentía como el escenario de su ejecución final. Sabía que Mimi lo esperaba con su amor incondicional y su alegría calicó, pero el mundo de Devil se había vuelto pequeño y oscuro. El Duque no solo le había robado un beso a Suseth; le había robado a Devil el derecho a creer que él era el único que podía entenderla.
Mientras el carruaje avanzaba hacia el hogar, Devil juró que la visita del Duque no sería el final de su historia. Si tenía que ser un gato para sobrevivir, sería el gato más peligroso que el Duque de Ashford hubiera conocido jamás. Pero por ahora, el sonido de las ruedas sobre el camino era lo único que llenaba el vacío entre la viuda que empezaba a amar y el hombre que se negaba a desaparecer.
La forma en que transmites las emociones del personaje son tan reales y el crecimiento emocional que vemos en ellos WOW ¡¡Es fascinante!! La estructura de los acontecimiento, el orden con el que se desarrollan
...espero, deseo y agradezco que sigas compartiendo con nosotras historias tan magnificas como estas....🥰🤩😍