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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 15

La mañana en la residencia Blackwood amaneció con esa bruma densa que se pega a los cristales del ático, ocultando el bullicio de Manhattan bajo una capa de silencio artificial. Me desperté antes que el sol, una inercia de mis días de carencia que el lujo aún no lograba anestesiar. A mi lado, el peso de Alexander era una constante reconfortante; su brazo rodeaba mi cintura con una firmeza que incluso en sueños dictaba posesión.

Me quedé quieta, observando el techo de escayola artesanal. Estábamos a mitad del Bloque 2. Mi transformación de "la chica del orfanato" a la Matriarca de la familia no era solo un cambio de guardarropa; era un cambio de frecuencia interna. Cada vez que caminaba por los pasillos, sentía el poder vibrando bajo mis pies, un eco de la autoridad de Alexander que yo había aprendido a canalizar como si fuera propia.

Sentí a Alexander removerse. Sus dedos, largos y calientes, trazaron el contorno de mi cadera bajo la seda del camisón. Su aliento rozó mi nuca, provocando un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío matutino.

—Estás despierta —murmuró su voz, profunda y cargada de esa gravilla que solo aparecía al despertar—. ¿En qué parte del tablero estás moviendo fichas hoy, Luna?

Me giré entre sus brazos, quedando a escasos centímetros de su rostro. Sus ojos oscuros me examinaban con una lucidez depredadora. No había secretos entre nosotros, solo una ambición compartida que quemaba más que cualquier romance convencional.

—En la parte donde Liam entiende que su libertad tiene un precio que no puede pagar —respondí, pasando mi mano por su pecho desnudo, sintiendo el ritmo constante de su corazón—. Hoy es la auditoría de los gastos de representación de la boda. He citado a Elena y a él en el salón principal.

Alexander se incorporó levemente, apoyándose en un codo, permitiendo que la sábana cayera y revelara el torso que se había convertido en mi refugio y mi campo de batalla. Me tomó por la nuca, atrayéndome hacia un beso que sabía a café y a desafío. Su lengua exploró mi boca con una lentitud tortuosa, una promesa de lo que vendría después de que el trabajo del día estuviera hecho.

—No les des tregua —susurró contra mis labios—. Liam cree que por ser mi sangre tiene una red de seguridad. Enséñale que esa red la manejo yo, y que tú tienes las tijeras.

La sensualidad en nuestra habitación siempre estaba teñida de esa adrenalina del poder. Me hundí en su abrazo por unos minutos más, permitiendo que sus manos marcaran mi piel, antes de levantarme para enfrentarme al mundo. Al ponerme el traje de chaqueta de seda color crema, me sentí como una guerrera ajustándose la armadura.

A las once en punto, el salón principal estaba bañado por una luz blanca y aséptica. Liam y Elena estaban sentados en el sofá Luis XV, luciendo como dos niños que han sido llamados al despacho del director. Elena jugueteaba nerviosamente con su bolso de marca, mientras Liam intentaba proyectar una confianza que sus ojos inyectados en sangre desmentían.

Me senté frente a ellos, cruzando las piernas con una parsimonia que sabía que les ponía de los nervios. Sobre la mesa de mármol, coloqué tres carpetas rojas.

—Buenos días —dije, mi voz fluyendo con una calma gélida—. He revisado las propuestas para el banquete y el viaje de novios.

—Ya era hora, Luna —escupió Liam, intentando recuperar algo de terreno—. Elena necesita cerrar los contratos. No podemos esperar a que decidas si nos das el visto bueno o no.

Abrí la primera carpeta y deslicé una hoja hacia ellos.

—He cancelado el catering de 'Le Bernardin'. He contratado una empresa de suministros estándar. La calidad es aceptable y el costo es un ochenta por ciento menor.

Elena soltó un grito ahogado, como si la hubiera abofeteado.

—¡Es una boda Blackwood! ¡No podemos servir comida "aceptable"! ¡Mi familia tiene una reputación!

—Tu familia tiene deudas, Elena —respondí, mirándola directamente a los ojos hasta que bajó la vista—. Y esta casa ya no financia vanidades vacías. En cuanto al viaje de novios a las Maldivas... denegado. He reservado una suite en una de nuestras propiedades en Maine. Es discreto, elegante y, sobre todo, gratis para la familia.

Liam se levantó bruscamente, su rostro pasando del pálido al rojo violáceo. Se acercó a la mesa, apoyando sus manos sobre ella, invadiendo mi espacio. Podía oler el rastro de ginebra de la noche anterior.

—¡Estás pasándote de la raya! —gritó—. ¡Alexander no permitiría esto!

—Alexander me ha dado el control total de los gastos domésticos y de protocolo —me levanté yo también, sin retroceder un milímetro. La diferencia de altura no importaba; yo era la que sostenía el látigo—. Y según el protocolo de esta casa, un miembro de la familia que no aporta beneficios netos a la empresa no tiene derecho a lujos extravagantes. Estás en libertad condicional financiera, Liam. Si quieres las Maldivas, trabájalo. Si quieres a 'Le Bernardin', vende tu colección de relojes.

Me acerqué a él, bajando la voz. Elena observaba, paralizada por el miedo y la confusión.

—¿Recuerdas cuando me dijiste que yo no encajaba en tu mundo? —susurré, viendo cómo su mandíbula se tensaba—. Tenías razón. No encajaba porque este mundo es demasiado pequeño para mí. Ahora, yo soy la que dicta quién encaja y quién no. Y tú, sobrino, estás colgando de un hilo.

Liam perdió los estribos e intentó tomarme de los hombros, quizás para sacudirme, quizás para suplicar. Pero antes de que sus dedos rozaran mi chaqueta, la presencia de Alexander se materializó en el umbral de la puerta. No dijo nada, solo se quedó allí, con las manos en los bolsillos de su pantalón de sastre, pero el aire de la habitación se volvió irrespirable.

Liam retrocedió como si se hubiera quemado.

—Tío... ella está destruyendo la boda —balbuceó Liam, buscando una alianza que ya no existía.

—Ella está gestionando la casa como yo espero que lo haga —respondió Alexander, caminando hacia nosotros con una lentitud que infundía terror—. Si no te gustan sus decisiones, Liam, siempre puedes renunciar a tu apellido y buscarte la vida fuera de estas paredes. Pero sospecho que no durarías ni dos días sin el aire acondicionado de los Blackwood.

Alexander llegó a mi lado y pasó un brazo por mi cintura, un gesto de apoyo público que terminó de enterrar cualquier esperanza de Liam.

—Váyanse —ordenó Alexander—. Mi esposa y yo tenemos asuntos más importantes que discutir que el menú de una boda que, honestamente, me importa muy poco.

Elena salió casi corriendo, arrastrando a un Liam que parecía haber envejecido diez años en diez minutos.

Cuando la puerta se cerró, Alexander me giró para que quedara frente a él. Sus ojos ardían con una mezcla de orgullo y una lujuria que ya no intentaba ocultar.

—Has sido cruel —dijo, una sonrisa ladeada apareciendo en su rostro—. Maine en invierno es un castigo casi bíblico.

—Se llama austeridad estratégica —respondí, rodeando su cuello con mis manos, permitiendo que mis dedos jugaran con el cabello de su nuca—. Además, así tendrán tiempo para pensar en sus errores mientras se congelan frente a una chimenea que probablemente no sepan encender.

Alexander me alzó, sentándome en la mesa de mármol, sobre las carpetas rojas que acababan de sellar el destino de Liam. Sus manos subieron por mis muslos, deshaciendo la pulcritud de mi traje con una urgencia que me hizo soltar un suspiro entrecortado. En la penumbra del gran salón, mientras los ecos de la humillación de Liam todavía vibraban en las molduras del techo, Alexander me reclamó con una pasión que era nuestra verdadera celebración de poder.

No era solo el contacto de su piel contra la mía, o la forma en que sus labios buscaban los puntos más sensibles de mi cuello; era la validación mutua de que éramos los reyes de este pequeño y retorcido universo. En ese momento, sobre los papeles que dictaban la miseria de mi ex, me sentí más viva que nunca. La sensualidad era nuestra recompensa, el lenguaje secreto que hablábamos mientras el resto del mundo intentaba descifrar nuestras jugadas.

—Luna Blackwood... —susurró él contra mi boca, su aliento mezclándose con el mío—. Nunca dejes de ser tan implacable.

—Nunca —prometí, mis uñas clavándose en sus hombros mientras el mundo exterior desaparecía—. Porque el día que deje de serlo, habré vuelto al orfanato. Y yo nunca miro atrás.

 el sol finalmente rompiendo la bruma de Manhattan, iluminando a los dos arquitectos de una venganza que apenas estaba entrando en su fase más deliciosa. Liam estaba fuera, solo y derrotado; nosotros estábamos dentro, unidos y en la cima. El juego de las sillas continuaba, pero yo ya había reclamado el trono.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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