Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 11
...⚔️...
El tiempo para ambos dejo de existir, dos personas armadas, dos respiraciones entrecortadas y una historia rota en medio.
—Baja el arma, vindicta…—dijo Markus, con una calma que no encajaba con el caos que rugía fuera.
Los dos allí mientras afuera se escuchaban lluvias de disparos, explosiones, gritos, ninguno se movía ni se acercaban ni un solo centímetro.
—No la bajare—respondió con frialdad—y menos cuando estoy frente al asesino de mi padre.
El aire se volvió más pesado.
Markus apretó la mandíbula.
—Du bist immer noch dieselbe Person, die ich kannte. (sigues siendo la misma persona que conocí) lo mismo te digo tampoco la podre bajar sabiendo que estoy cara a cara con la responsable de la muerte de mi madre.
—No confundas las cosas Markus, yo no tuve nada que ver en su muerte porque si Erika se suicido es porque estaba demente, su enfermedad se encontraba mas avanzada de lo que todos pensaban además ustedes no le dieron suficiente atención.
—Los dos sabemos perfectamente que no es verdad, que todo fue parte de tu plan de infiltración.
Un segundo de silencio.
Tenso.
Cargado de todo lo que no se había dicho en meses.
—Lo que no entiendo… —continuó él— es qué haces aquí.
Chiara no apartó el arma.
—Vine por venganza.
Su voz no tembló.
—Por mi padre. Por mi familia. Por todo lo que ustedes nos hicieron.
Dio un paso al frente.
—Aunque me sorprende que tú estés aquí… ¿no deberías estar con tu esposa? Seguro Adelaide está preocupada.
El golpe fue directo.
Preciso.
Markus entrecerró los ojos.
—Tu corazón está ardiendo de odio… lo entiendo.
—No lo entiendes —lo interrumpió ella de inmediato—No sabes nada.
—No sabes por qué le disparé a tu padre.
Chiara apretó más el arma.
—No me interesa.
Su voz se volvió más baja.
Más peligrosa.
—Solo sé cómo terminó.
Silencio.
Pero no un silencio vacío.
Era un abismo.
—¿Sabes cuántas veces reviví ese momento?
—continuó ella—El disparo… mi padre cayendo… y tú sosteniendo el arma con esa mirada de odio…
Su respiración se volvió más pesada.
Eso es lo único que importa.
Markus la observó como si cada palabra le atravesara.
—No fue como crees, chiara.
—No me importa cómo fue —cortó ella sin dudar—Me importa lo que hiciste.
Las balas seguían resonando en la distancia.
Pero ninguno se movía.
Ninguno bajaba el arma.
Markus dio un paso más.
Ahora estaban peligrosamente cerca.
Podían sentir el calor del otro.
—¿Sabes qué es lo peor? —dijo él en voz baja
—Que todos los días sueño con ese momento.
Chiara no respondió.
—Recuerdo todo… nuestras conversaciones… cómo me mirabas… cómo te tocaba…
Su voz se quebró apenas.
—Todo, Chiara.
Ella lo miró.
Sin suavizarse.
—¿Y sabes cómo me despierto yo? —replicó—Agitada. Con miedo. Con la imagen del hombre que amé… matando a mi padre.
Silencio.
Pesado.
Irrompible.
Markus alzó la mano lentamente… y tomó su mentón.
Obligándola a mirarlo.
—Entonces dime… —susurró—¿Ya no me amas?
Chiara apartó la mirada.
Instinto.
Dolor.
Rabia.
Pero él no la dejó.
—Mírame —insistió—¿Es verdad?
Chiara lo miró.
Y esta vez… no hubo duda.
—¿Cómo voy a amar a alguien que destruyó mi vida? —dijo con una frialdad que cortaba—A alguien que pertenece a la familia que arruinó la mía.
Markus no se apartó.
—Nuestros corazones siguen ardiendo… lo sé.
Una pausa.
—A veces imagino cómo habría sido todo… si tú estuvieras en el lugar de Adelaide.
Chiara soltó una risa amarga.
—Nunca habría funcionado.
Su voz fue firme.
Definitiva.
—Habría sido un error desde el primer día.
Porque cada vez que te mirara… vería al hijo de Bruno Becker.
Dio un paso atrás.
Rompiendo la cercanía.
—Y no podría vivir con eso.
Markus la observó en silencio.
—Para eso existe el perdón.
Chiara negó lentamente.
—El perdón no existe en mi mundo.
Sus ojos brillaron con dureza.
—No cuando alguien mata al hombre que te dio la vida.
—Cuando amas… puedes perdonar cualquier cosa.
Chiara lo miró como si no lo reconociera.
—Entonces tú vives en un mundo distinto al mío.
Se incorporó completamente.
Recuperando su presencia.
Su poder.
Su posición.
—Para mí… Markus Becker murió el día que apretó ese gatillo.
Las palabras cayeron como una sentencia.
Sin retorno.
Markus no respondió de inmediato.
Pero su mirada cambió.
—Por eso viniste con Leonid Ivanov—dijo—¿Acaso él y tú…?
—No —cortó ella de inmediato—Él es un socio.
Nada más.
Hizo una pausa.
—No voy a volver a abrir mi corazón para que lo destruyan otra vez.
El silencio regresó.
Pero esta vez… definitivo.
Entonces, el teléfono de Chiara vibró.
Un mensaje.
Rápido.
Preciso.
“León azul, retirada.”
Chiara lo leyó sin apartar la mirada de Markus.
La guerra seguía.
Y ella no podía quedarse.
Pero antes de irse…
Dio un paso al frente.
Bajó ligeramente el arma.
No en señal de paz.
Sino de control.
—Esto no termina aquí —dijo—esto apenas está comenzando.
Markus la observó. Y lentamente… bajo su arma también. Pero no por confianza sino porque entendía que ella ya no era la misma. Ya no era su chiara.
Era algo más. Algo mas peligroso, algo que no podía controlar.
Chiara retrocedió un paso, luego otro.
Sin darle la espalda.
Sin perderlo de vista.
—La próxima vez… —añadió— No intente acercarse a mi porque lo primero que hare será pegarle un tiro en la frente, Markus.
Se giró.
Y salió.
Dejándolo atrás.
Entre el eco de disparos…
Y todo lo que nunca pudieron arreglar.
Markus se quedó inmóvil.
Con el arma baja.
Pero el pecho en llamas.
Porque en ese momento…
Entendió algo que no quería aceptar.
Chiara no planeaba perdonarlo.
Nunca.
Y esta guerra…
Ya no era solo entre familias.
Era entre ellos.
...CONTINUARÁ ...