Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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La Última Jugada
La madrugada cubría la ciudad con un manto grisáceo, y las luces de la mansión Ferrer parpadeaban como si respiraran con la tensión que llenaba el aire. Alessia revisaba por última vez el mapa del almacén donde Matteo Rinaldi guardaba la información clave. Cada marca, cada entrada, estaba calculada al milímetro.
—Todo listo —dijo Thiago, apoyando su mano en su hombro. Su cercanía le provocó un cosquilleo que no podía ignorar.
—Listo para qué —respondió Alessia, con una sonrisa apenas perceptible—, ¿para enfrentarte a él o para caer en su trampa?
Thiago sonrió, pero sus ojos permanecieron oscuros y serios.
—Para ambas cosas. Y esta vez, no hay margen de error.
Se desplazaron en silencio, como sombras entre los callejones del puerto. La brisa húmeda traía consigo olores de sal y metal oxidado, pero Alessia apenas lo notó. Su mente estaba centrada, pero el roce de la mano de Thiago mientras la guiaba la hacía estremecerse de manera que no podía controlar.
Al llegar al almacén, vieron a Matteo hablando con uno de sus hombres, extendiendo unos documentos sobre una mesa improvisada. Alessia contuvo la respiración. Thiago la miró, y con un leve gesto de su cabeza, le indicó que avanzaran.
—Recuerda —susurró él—. Precisión y silencio. No necesitamos que nos descubran.
Alessia asintió, y juntos se deslizaron entre las sombras, acercándose a la mesa donde Rinaldi revisaba los papeles. Cada paso era calculado, cada movimiento sincronizado con la respiración del otro.
De repente, un ruido metálico hizo que Matteo levantara la vista. Su mirada recorrió la oscuridad, pero no los detectó. Alessia sintió que su corazón latía con fuerza. Thiago apretó suavemente su mano, y ella respondió con un toque firme que decía: “Confío en ti”.
Thiago sacó un dispositivo que rápidamente desactivó las cámaras de seguridad del almacén, y Alessia, aprovechando la distracción, comenzó a fotografiar los documentos más importantes con su celular, enviando la información directamente a un servidor seguro que solo ellos podían acceder.
—Rápido —murmuró Thiago—. Solo un par de minutos más y nos vamos.
La tensión creció cuando uno de los hombres de Matteo se movió demasiado cerca. Alessia contuvo la respiración y se quedó inmóvil, mientras Thiago, con un movimiento silencioso, lo desvió hacia otro lado sin que nadie notara su intervención. Su cercanía le provocó un calor imposible de ignorar, pero Alessia mantuvo la concentración.
Finalmente, tras recoger la información clave, ambos se retiraron sigilosamente hacia la salida. Afuera, la brisa nocturna les dio un respiro, y Alessia se permitió un instante para mirar a Thiago.
—Lo logramos —dijo, dejando escapar un suspiro de alivio.
—Sí —respondió él, con una sonrisa que apenas iluminaba sus ojos—. Pero esto es solo el comienzo. Matteo no se detendrá fácilmente.
Sus manos se encontraron nuevamente, esta vez de manera más deliberada. El silencio entre ellos estaba lleno de palabras no dichas, promesas invisibles y una tensión que se negaba a disiparse. Alessia se acercó un poco más, y Thiago inclinó la cabeza hacia ella, rozando apenas sus labios en un gesto cargado de significado.
—Alessia… —susurró él—. Pase lo que pase, siempre estaré a tu lado.
Ella le devolvió la mirada, sintiendo que, entre sombras y secretos, había encontrado un refugio en él, un lugar donde incluso el miedo podía convertirse en confianza y en algo más profundo.
Mientras caminaban de regreso hacia la mansión, Alessia comprendió que su vínculo con Thiago había cambiado para siempre. La información que habían recuperado era solo una pieza del rompecabezas, pero la certeza de que podían enfrentarlo todo juntos se había convertido en la fuerza que necesitaban para lo que venía.
La guerra apenas comenzaba, y la próxima jugada decidiría no solo el destino de sus familias, sino también el de ellos como pareja. Alessia sonrió levemente, sabiendo que, aunque el peligro estaba cerca, el corazón podía ser su mejor arma.